el triunfo del galés

La supervivencia de Bale en el Real Madrid: de la matanza al jabón de Zidane

El plan de Bale ha sido un éxito rotundo en un verano ajetreado. Las presiones de Zidane han fallado. De tenerlo en la grada, buscar un comprador en China y por toda Europa a quedarse en el Real Madrid

Foto: Gareth Bale en el momento de la asistencia a Benzema. (Reuters)
Gareth Bale en el momento de la asistencia a Benzema. (Reuters)

Lo que no te mata te hace más fuerte. Es el caso de Gareth Bale. Protagonista destacado en la victoria (1-3) del Real Madrid en Balaídos contra el Celta, con elogios que parecía imposible que salieran de la boca de Zidane. El entrenador no tuvo reparos para destacar que estuvo solidario en el trabajo colectivo y confirmar que se queda. Después de no poder cargárselo en una de las estrategias más duras que se conocen de un entrenador contra un jugador, y con un representante (Jonathan Barnett) armado hasta los dientes para dar respuesta a cada una de las maniobras para forzar su salida, a Bale se le presentó la oportunidad de ser titular en el estreno de la Liga y marcó las diferencias. En el Real Madrid se ha pasado de la matanza al jabón de Zidane.

El galés, en la primera jornada, está muy por encima de cualquier otro jugador que tiene las piernas cargadas y acusa la dureza de la pretemporada. Bale es un purasangre, y con el físico engrasado es imparable. Otra cosa es cómo irá respondiendo su salud con el transcurso de la temporada por esa fragilidad que le caracteriza cuando se comprime el calendario. Nos deja tranquilos que Zidane no es una persona rencorosa y antepone los intereses del equipo a los personales. Se guardó el orgullo en Vigo y, con Eden Hazard lesionado, entendió que Bale es de lo mejor que tiene la plantilla para dar profundidad y peligro al ataque.

El disparate de haber sentenciado a Bale con meses de antelación tiene un único culpable: Zinédine Zidane. El entrenador tuvo una gestión nefasta del galés. De Zidane dicen que no se casa con nadie y que si cree que un jugador no merece tener minutos, lo deja en el banquillo, la grada o pide su salida a Florentino Pérez. Con Bale ha probado de todo. Banquillo, grada, pedir públicamente que se vaya lo antes posible y demostrarle que si se quedaba tendría meses muy duros por delante. El verano ha sido cruel para Bale. Se ha sentido ninguneado. Le han intentado colocar con una cesión con opción de compra, mandarlo al fútbol chino y plantear meterle en el paquete para abaratar el posible fichaje de Neymar. Parecía un apestado. Será por su apatía, frialdad o desconexión del mundo en habla hispana, pero el galés no da síntomas de estar mortificado. Tiene un carácter especial. A prueba de bombas. Cualquier otro, en su piel, se habría desmoronado. Estaría fuera del Madrid. Habría salido con la bandera blanca de rendición. Ejemplos hay en los últimos años: Di María, Özil, Higuaín... Gareth Bale es un superviviente en un club con mano de hierro de Zidane.

Bale y Zidane charlando durante el partido. (REUTERS)
Bale y Zidane charlando durante el partido. (REUTERS)

Espantar los fantasmas

La crisis de la temporada pasada no se lo ha llevado por delante y el tiempo ha ido corriendo a su favor por la mala planificación en el fichaje de un centrocampista (objetivo Paul Pogba) y la ausencia de ofertas por él y James, principalmente. El límite está en el 2 de septiembre (cierre del mercado), pero la orilla la ha alcanzado antes de tiempo. Ha logrado pasar lo peor sin caerse de su balsa. Aunque para tocar tierra no vale solo con que haya sido titular en la primera jornada y se lleve los elogios del entrenador. Bale es un simpapeles para un Zidane que desconfía de su sacrificio cuando llegan las grandes citas de la temporada.

Zidane tiene bastante con aclarar sus ideas después de una pésima pretemporada y las lesiones de Asensio y Hazard. El sistema (4-3-3) sacrificó a Isco y benefició a Bale y Vinícius, que acompañaron a Benzema en el tridente ofensivo. Aparcó la defensa de tres centrales y equilibró el equipo con una línea de cuatro defensas (Odriozola, Sergio Ramos, Varane y Marcelo). El centro del campo (Casemiro, Modric y Kroos) es fiable si las piernas acompañan a la cabeza. Respondió con exceso de actitud. Como Modric en su expulsión por golpear en el tendón de Aquiles a Denis Suárez (expulsión, según la nueva normativa). Con diez no se arrugó el Madrid y el otro cerebro (Kroos) se destapó con un golazo en un disparo lejano desde fuera del área. Imparable. Por la escuadra.

El cambio de actitud

El Madrid espantó los fantasmas de un error al final de la primera parte de Odriozola, que acabó en gol anulado al Celta de Brais Méndez, por el VAR. Era fuera de juego. Sin Modric, el equipo demostró estar enchufado, ordenado y concentrado. No se desintegró. Hizo un partido serio. Se jugó a lo que quiso el Real Madrid desde el gol de Benzema, en el minuto 12, originado por una excelente carrera de Bale. Con el 0-1 el Madrid replegó líneas, no dejó espacios y apenas recibió ocasiones del Celta. Cuando lo hizo encontró la respuesta de un acertado Courtois.

La función de Zidane en su segunda etapa en el banquillo del Real Madrid era hacer cambios estructurales en la plantilla e influir, con el poder que le otorgaba llegar en el momento más cruel de la crisis, en Florentino Pérez. Hacer y deshacer para crear algo nuevo con lo que reinventarse. Sorprender. Con sello propio. A su medida. Pero ha sido imposible. No ha conseguido, de momento, que el presidente le fiche a Pogba. En el estreno contra el Celta el once tiró de lo viejo, los que hicieron de la temporada pasada una pesadilla. Lo que sí cambió fue la actitud de unos jugadores que están escarmentados con los continuos fracasos en la Liga y la exigencia de un entrenador que busca la regularidad y da más importancia a esta competición que a la Champions.

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