solo vinícius parece aire fresco

El Real Madrid del fútbol insuficiente se topa ahora con el calamitoso uso del VAR

La Real Sociedad ganó 0-2 en el Bernabéu en un partido en el que el Madrid mereció más, mostró sus carencias crónicas y se encontró con un árbitro que ni siquiera revisó un penalti

Foto: Vinícius se lamenta de un gol. (Miguel Berrocal)
Vinícius se lamenta de un gol. (Miguel Berrocal)

Aunque a Solari le valen los empates, suponemos que no las derrotas. El Real Madrid perdió contra la Real Sociedad en un partido raro. Es cierto, no mereció caer, sus esfuerzos fueron, cuando menos, para sacar unas tablas. Así es la vida, así es el fútbol, no siempre los esfuerzos se transforman en recompensa. Y eso, una derrota, es un clavo más en el ataúd de un equipo que está desconectado de la Liga en una tormenta perfecta que incluye una nefasta gestión institucional, desde el banquillo y, también, una apabullante apatía de los futbolistas. Todos puntos, para una entidad como el Real Madrid, inaceptables.

Antes de todo eso, de tratar de diseccionar el tumefacto estado del club, una consideración sobre el arbitraje y el VAR, que a buen seguro será sujeto de la conversación estos días. Es incomprensible lo que ocurrió en el Bernabéu. Vinícius, tan alegre él, se disparó camino del gol, Rulli le trabó la pierna, cayó. Cuando se mira el vídeo, se ve penalti. En otros tiempos era posible decir "no lo vio", pero da la casualidad de que ahora hay un montón de cámaras y unos señores vestidos de árbitro en una habitación para alertar al colegiado de estas cosas. No lo hicieron y es difícil de explicar. El tema es que el VAR ha servido, se supone, para que los árbitros perciban cosas que antes se les pasaban. Bien, es el uso lógico, el problema es que cuando no lo hacen, como en este caso, el error parece todavía peor. Es peor, porque se pasa de un error concreto a algo parecido a la prevaricación. Si hay unos jueces que han tenido la opción de ver una acción unas cuantas veces repetidas y han decidido no verla, el error parece malicioso. Habrá quejas del Madrid y serán razonables, porque ni siquiera fue a mirar la pantallita para ver un penalti que era bastante evidente. Antes le habían pitado uno en contra —que era— y una expulsión a Lucas Vázquez, rigurosa pero aceptable.

Lo del árbitro es importante e incluso es posible que hubiese cambiado el norte del partido. Marcar desde el punto fatídico hubiese puesto el marcador en empate y cambiado el estado de la cuestión, pero resumir los males del Real Madrid en la negligencia arbitral sería mirar el dedo cuando apunta al cielo. Los errores son mucho más profundos, de muerte, los típicos que mandan al campeón de Europa al quinto puesto. Una derrota puede ser un tropiezo, la sucesión de resultados que acompaña al Real Madrid en los últimos meses tiene mucho mayor calado, es una disfunción completa.

Lo bueno fue Vinícius, que dejó en el banquillo a Isco y demostró que es un jugador que lo intenta, con velocidad y verticalidad. No brillante, está por hacer, pero su solo esfuerzo ya supone un cambio importante con lo demás que se ve en el paisaje blanco. Y ese precisamente es el primer síntoma de que todo va fatal. Las ganas de Vinícius contrastan con sus compañeros, que siempre parecen inmersos en una partida infinita del escondite inglés. No se mueven, no la piden, intentan estar en las zonas del campo en las que no está el balón, que en estas circunstancias parece una bola de fuego que evitar. Pueden poner los nombres que quieran, porque es un mal común, hay un montón de jugadores que la piden al pie y se desentienden.

Claro que todo eso puede ser explicado también desde el físico, porque la apatía a veces no es más que sobrepeso. Los jugadores, todos, parecen lentos. El caso más flagrante es el de Marcelo, que en otras épocas se mostró como el más dinámico y feliz de los futbolistas del Madrid. Le cuesta horrores subir, y bajar, no lo intenta, no encara, está desdibujado. Él, que pintó de colores chillones tantas tardes aburridas, parece ahora un funcionario gris de los que salen en los relatos de Gogol. Se ha convertido en un bulto que ni canaliza, ni sorprende ni nada que se le parezca. Un estorbo al que le está salvando que su suplente sea Reguilón: a nadie se le ocurriría meter al chaval para arreglar todo este desaguisado.

Pero está bien que la cosa no se detenga en Marcelo. Casemiro, pongamos otro ejemplo. Aprovechó el minuto dos para hacer uno de los penaltis más absurdos de la Liga. Un jugador en una posición sin trascendencia y él entrando como un elefante en una cacharrería. Penalti con la mano, con el pie y con estulticia. Claro que, en todo lo demás, tampoco estuvo mucho mejor. El equipo está poroso, desequilibrado y deja entrar a los rivales con cierta facilidad. Tapar todas esas cosas es la razón por la que ese jugador se está ganando la vida, no es técnicamente un primor, pero se supone que lo compensa con un esfuerzo que no aparece en el campo en tiempos recientes.

El mercado abierto

No le beneficia tampoco que Kroos y Modric estén a por uvas. Tuvieron algún rato medianamente bueno, buscando a Vinícius, pero por lo general están desangelados. Siempre fueron estrellas de esto del fútbol y no iría mal que empezasen a demostrarlo, por más que si se enchufan ahora puede que lleguen demasiado tarde.

Lucas, por más que lo intente, nunca llegará a ser un jugador a la altura del Real Madrid. De él se dice poco más o menos lo mismo que de Casemiro, que es esforzado, que se mueve y que brega. Vale peor la definición para un extremo, que debería generar peligro. No es el caso, rara vez le sale un regate, no es fino en la última parte del campo, y por más que se revuelque, eso no es suficiente para este club, para ese presupuesto y para esas ambiciones. Es titular porque Solari valora mucho esa buena actitud, también porque no anda sobrado de opciones.

Y en eso la culpa está en el palco. Quizás han acertado con Vinícius como estrella del futuro. Quizá también con Brahim. En todo caso, ha cometido el presidente, Florentino Pérez, plenipotenciario también en esta faceta, un error flagrante, y es pensar que el presente en el Real Madrid es secundario. No, no, en absoluto, el Madrid no solo tiene que aspirar a ganar en una proyección, tiene que hacerlo domingo tras domingo, martes tras martes. Por una variedad importante de factores, cualquier otra cosa que no sea ganar no forma parte de la esencia de este club, por más que ahora Solari haya propuesto el empate como algo aceptable. Ese bandazo no puede ser solo una frase de un entrenador, es casi digno de que se discuta en asamblea extraordinaria y suponga un cambio de estatutos. El mercado está abierto.

Solari, por cierto, no ha cambiado nada del gris oscuro casi negro de Lopetegui. No juega a nada el equipo y la pachanga del mundialito es poco más que un espejismo. Lo que se ve cada vez que salen los suyos al campo es preocupante, y tampoco su pasado en el Castilla da como para defenderle. Ramis, su antecesor, está haciéndolo de cine con el Albacete. Igual habría que preguntar al director deportivo cuál fue el criterio y cómo se ha llegado a todo esto. El VAR y el árbitro mal, sí, más o menos igual que el Real Madrid.

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