victoria de los de zidane en salamanca

La pachorra de Bale en la celebración del gol del Real Madrid contra el Unionistas

En las rarezas de Gareth Bale está no celebrar un gol. Se mostró inexpresivo tras marcar el primero en el triunfo del Real Madrid contra el Unionistas en la Copa del Rey

Foto: Gareth Bale, en una acción de ataque en el partido contra el Unionistas. (EFE)
Gareth Bale, en una acción de ataque en el partido contra el Unionistas. (EFE)

Cinco minutos duró la gloria en el Unionistas y el susto en el Real Madrid. Del golazo de Álvaro Romero (57’) para empatar el partido al remate afortunado de Brahim Díaz (62’). Lo necesitaba este chico, que se niega a salir en el mercado de invierno. Definió mejor, más limpio, en el gol que cerró la victoria (1-3). El Madrid pisó el acelerador, ya sin Bale (autor del primer tanto y del que ahora hablaremos), con una internada y combinación de Benzema y Marcelo. Ganaron los de Zidane con un marcador más ajustado que las ocasiones generadas. Aun así, Areola tuvo una intervención para evitar más sustos. El Unionistas plantó cara a un Real Madrid que solo tuvo un despiste en el gol encajado con la caída de Militao y la poca contundencia de Nacho en la carrera de Álvaro Romero. El gol del Unionistas provocó un estallido volcánico. El de Bale quedó frío.

Los goles se suelen celebrar. Hasta en los partidillos de los entrenamientos se grita un tanto con más fuerza y efusividad. No sabemos (o sí lo podemos deducir) por qué Gareth Bale festejó con tal pachorra el primer gol del Real Madrid. Tiene su valor. Después del ridículo que hizo el Barcelona en Ibiza se multiplicaron las alarmas en el equipo de Zidane. Pero a Bale no le debió ser suficiente abrir el marcador para amarrar el pase a los octavos de final de Copa. Marcó de un derechazo y puso una cara como el que saca la basura maloliente. Ni con la llegada de los compañeros para unirse a la celebración cambió el gesto. Dejó la sensación de quitárselos de encima.

James, en el partido contra el Unionistas. (EFE)
James, en el partido contra el Unionistas. (EFE)


Habrá quien diga que no es un gol para volverse loco o que a Bale se le mira con demasiada meticulosidad. Pero sus gestos corporales le delatan. Da motivos. Un gol es un gol. No se trata de que salga corriendo y se dé una vuelta por la pista de atletismo que rodea el campo del Unionistas. Pero la reacción de indiferencia confirma que Bale tiene sus rarezas. Muchas de ellas son más que conocidas y le han costado no tener el reconocimiento que se merecía. Como por ejemplo, la amenaza de marcharse después de marcar dos goles en la final de la Champions contra el Liverpool en Kiev.

James le puso ganas

Lo de Salamanca es un capítulo menor en el historial del bohemio Bale. Marcó y estuvo inexpresivo. No fue a más. Es su forma de reivindicarse. Viene de no estar convocado en el último partido de Liga contra el Sevilla en el Bernabéu y de no participar en la Supercopa de España por una infección respiratoria. Conoce cómo se las gasta Zidane e intuye que lo que queda de temporada no estará entre los imprescindibles del entrenador. En cuanto regrese Eden Hazard de la lesión (se está haciendo largo) y se vuelva a entonar Benzema encajarán las piezas. Bale tendrá dificultades y la mejor manera para revertir su situación (si no ha tirado la toalla ya) es mostrar más interés en la celebración de un gol.

Llevaba 143 días sin marcar por culpa de una lesión y la desconfianza que le da a Zidane. Es otro motivo para haberse mostrado más efusivo. A no ser que quisiera transmitir su hartazgo. Tampoco va sobrado de goles esta temporada. Lleva solo tres. En fin, que Bale hizo lo mejor (marcar) y dio la nota por no celebrar el tanto. Si el gol de Bale lo marca Vinícius no tengan dudas de que el brasileño lo festeja con bastante más entusiasmo. El galés se marchó cojeando en el inicio de la segunda parte y entró Brahim Díaz.

Benzema inicia un ataque en el partido contra el Unionistas. (EFE)
Benzema inicia un ataque en el partido contra el Unionistas. (EFE)

Le puso más pasión James. Otro que lleva tiempo sin dar buenas noticias. El colombiano llegó a quitarle una falta a Bale para ver si encontraba su gol. El galés ni se inmutó. Se la dejó. James estuvo voluntarioso, participativo y sin puntería. Envió un balón al larguero. En la segunda parte falló una ocasión clarísima solo ante el portero. Necesita recuperar el tiempo perdido, volver a convencer a Zidane de que tiene sitio y está comprometido. Empezó bien la temporada. De titular, pero las lesiones y la irrupción de Fede Valverde, más la recuperación de Isco, le devuelven al vagón de cola.

El Real Madrid logra la clasificación para los octavos de final en un partido que se tomó muy en serio. Desde Zidane con una alineación de estrellas hasta el último de los veteranos. Marcelo, por ejemplo, jugó como si estuviera pasando las pruebas en la cantera. Esta actitud habla bien del segundo capitán. Su puesto está amenazado por Mendy. El Madrid salió enchufado, con ganas y la seguridad de tener en el frío césped a dos jugadores que se tiran al suelo sin importarles si el piso es una lija. Casemiro y Fede Valverde desactivaron el sueño del Unionistas. Zidane saca adelante su partido trampa. En el Unionistas se quedan sin el tatuaje que se habían prometido si eliminaban al Real Madrid. Habían hablado de inmortalizar la fecha del partido.

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