el cambio a mejor del seleccionador

Luis Enrique encuentra la motivación para sacar a España de las tinieblas futbolísticas

Acostumbrado a trabajar en la abundancia, decide que está en un momento de su vida, personal y profesional, en el que necesita luchar y divertirse para ser feliz

Foto: Luis Enrique, muy sonriente, durante un entrenamiento de la Selección española. (Efe)
Luis Enrique, muy sonriente, durante un entrenamiento de la Selección española. (Efe)

El fútbol español atraviesa uno de sus peores momentos a nivel de clubes. Preocupante, una vez visto el bajón competitivo en la Champions del Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid y que, solo gracias al Sevilla, fue posible acabar la temporada con la cabeza alta y el orgullo de haber ganado una nueva Europa League. El problema que nos atañe es la carencia de excelentes jugadores españoles que se les pueda situar entre los mejores del mundo. ¿Quién es el mejor futbolista español? La pregunta sirve para darse cuenta del empobrecimiento. ¿Sergio Ramos, a sus 34 años? ¿Morata, Saúl, Koke o Isco? No han sido convocados para los partidos contra Alemania y Ucrania de la Liga de Naciones. Las consecuencias de este empeoramiento las paga la Selección y el trabajo que tiene Luis Enrique, obligado a encontrar o recuperar lo bueno. Puede ser desagradable si no da con la tecla.

Aún así, Luis Enrique encuentra la motivación en un escenario de tinieblas y penurias. Un tipo acostumbrado a trabajar en la abundancia decide que está en un momento de su vida, personal y profesional, en el que necesita luchar y divertirse para ser feliz. De la pasión y el atrevimiento, rasgos que le caracterizan, pretende sacar lo mejor en un grupo de trabajo con varios estrenos. Con una actitud infatigable busca generar un mensaje ganador. Incluso de resistencia para superar las adversidades. Una Selección que se califica como plana necesita la agitación de un hombre que ha cambiado su visión de la vida. Si antes era considerado como racial en el campo, ahora es de exprimir cada segundo del día en cualquier actividad.

Por eso ha vuelto Luis Enrique al banquillo de España. Ya se le conocía por su osadía. Desde que se volvió a hacer cargo de la Selección, tras el fallecimiento de su hija, en la concentración de España destacan un vigor fuera de lo habitual. Una actitud, que de por sí ya es optimista por naturaleza, más guerrera y tremendamente competitiva. Luis Enrique es un apasionado de las aventuras que tienen riesgo. Se trata de un líder natural. Está por encima de la presión, gracias a una personalidad tan fuerte y atrevida como la que demostró en su etapa en el Real Madrid y después en el Barcelona. Se le reconoce como un profesional exigente y ahora, cade vez más, como una persona que ha sido incapaz de hundirse con un problema personal.

El lifting a la nueva España

Lo que tiene entre manos con la Selección española no es que sea un proyecto del que se espera poco por ser complicado, es que parece una utopía pensar que hay alguna posibilidad de ganar algún título en un futuro a corto plazo. No es una visión catástrofista. Es un ejercicio de humildad y sinceridad que ha hecho el propio Luis Enrique y por el que tomó la decisión de rejuvenecer y revolucionar la Selección con caras nuevas. Ahí está Ansu Fati, con 17 años. Unai Simón, Eric García, Mikel Merino, Ferran Torres, Óscar Rodríguez y Adama Traoré (baja por coronavirus). Buenos, interesantes y prometedores jugadores que todavía hoy parecen desentonar con el recuerdo de la mejor España.

En menos de un año se disputa la Eurocopa que fue cancelada, si lo permite el coronavirus, y Luis Enrique ha empezado con fuerza y mucha energía en su etapa en el banquillo nacional. Los dos partidos, ante Alemania y Ucrania, de la Liga de Naciones nos dirán si hay esperanzas para recuperar la ilusión o no hay nada que hacer, pese al entusiasmo que le pone en cada uno de los entrenamientos y volver a verle dar instrucciones desde el andamio.

Donde hay una lista de jugadores de un nivel medio para enfrentarse a las grandes potencias, Luis Enrique señala que quiere construir un equipo competitivo, incómodo y guerrero. Es más importante que presumir de figuras y luego llevarse desengaños. Es razonable que se sienta capacitado para dar los instrumentos tácticos y de juego a un equipo en el que no sobresalen estrellas. Lo que es admirable es cómo convence y hace creer, a los propios jugadores, que esta nueva etapa se caracteriza por un desafío apasionante. España ha dejado de ser favorita, pero hay que apostar por una nueva España. Ahora es un equipo en manos de un seleccionador explosivo que tiene que empezar a coger vuelo.

Luis Enrique abraza a Eric García y Ansu Fati. (Efe)
Luis Enrique abraza a Eric García y Ansu Fati. (Efe)

No hay un crack. Luis Enrique dio una lista en la que dejó sin convocar un delantero centro y después decidió llamar a Gerard Moreno, el máximo goleador nacional, por la baja de Oyazarbal (por coronavirus). Se ha caído Marco Asensio (la eterna promesa) por un edema en la rodilla operada. ¿Qué tiene España que le haga diferente? ¿Con qué estilo nos podemos sentir más seguros? La portería (De Gea y Kepa) está sin definir. Igual que la pareja de Sergio Ramos (lleva doce acompañantes desde que desapareció Piqué). Y en el centro del campo sigue Busquets.

Lo que hace Luis Enrique es tirar con su entusiasmo para adelante con una idea de esfuerzo, trabajo, sacrificio y compromiso de los más viejos e ir probando a los jóvenes. Señas de identidad con las que se identifica para poner los cimientos de una nueva Selección. La antigua España, la del Mundial y las dos Eurocopas, jugaba sola. De memoria. Tenía la fluidez y las ideas claras para someter a los adversarios. Ahora, la receta de Luis Enrique, pasa por hacerle un lifting, quitarle las arrugas en algunas posiciones, suprimir la posesión estéril y picar piedra. Su motivación es el motor para volver a llevar a España a estar entre los mejores del mundo.

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