El espíritu del seleccionador

El coraje de Luis Enrique y por qué sus ánimos son una terapia en la crisis sanitaria

Si a alguien le cambió la vida con un fuerte golpe es a Luis Enrique y su familia. Ahí está espoleando a un país, un año después de que le comunicaran la gravedad de la enfermedad de su hija

Foto: Luis Enrique durante la entrevista telemática con aficionados.
Luis Enrique durante la entrevista telemática con aficionados.

En esto del fútbol el que se merece el aplauso solidario es Luis Enrique. Su ejemplo nos sirve de terapia. Bravo por el seleccionador que aparece, aunque sea en una entrevista telemática con aficionados, a dar ánimos a los afectados por el coronavirus, sus familiares, el personal sanitario y los diferentes cuerpos de trabajadores (policía, bomberos, transportistas…). Esta era la semana para haberle dado ese aplauso de bienvenida a un tipo que nos representa en esta crisis sanitaria por su entereza para afrontar los varapalos que te da la vida. Hay ganas de volver a verle subido en el andamio de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas dirigiendo los entrenamientos. Se hará larga la espera hasta que llegue la prueba definitiva, la Eurocopa en 2021, y maneje una Selección que se quedó en reconstrucción desde que se finiquitó el gran proyecto en el Mundial de Brasil de 2014.

Desde entonces, el fútbol español atraviesa a nivel de selección una larga crisis. Ni los últimos coletazos de Vicente Del Bosque (fracasó en la Eurocopa de Francia), ni la esperanza que teníamos en Julen Lopetegui (despedido a dos días del Mundial de Rusia) han servido para aclarar cuál es el potencial del fútbol español. El trabajo de Luis Enrique se vio interrumpido. Cogió el relevo Robert Moreno y vuelta a empezar. Luis Enrique, con sus principios de lealtad, se desprendió de Moreno y cada vez que reaparece en público (son pocas las ocasiones) transmite buen rollo, ganas de irse a vivir una temporada con él y empaparse de su coraje.

Es un líder. A su manera y con sus peculiaridades. Para algunos un antipático o borde y para otros un tipo carismático. De lo que no se puede dudar es que Luis Enrique está hecho de otra pasta. Con un carácter y una personalidad arrolladora. Una energía y un espíritu de combate admirable. Se le necesita en estos tiempos difíciles para la sociedad española y para el fútbol. Sale a hablar, en la segunda semana de estado de alarma, un padre que perdió a su hija (Xana) con solo 9 años y vuelve a demostrar que ha recuperado la pasión, las ganas, la ilusión y el optimismo para seguir adelante.

Una fuerza interior extraordinaria

Si a alguien le cambió la vida con un fuerte golpe es a Luis Enrique y su familia. Ahí está espoleando a un país, un año después de tener que coger un avión de Malta a España, en la víspera de un partido, y empezar a asumir la enfermedad de su hija. Con una fuerza interior fuera de lo normal, la unión, el apoyo familiar y la energía de un fuera de serie pasó por lo más duro que le puede suceder a unos padres. El fallecimiento de una hija. Un año después es uno de los rostros públicos que lanzan un mensaje de esperanza para salir de la crisis del coronavirus. ¿Merece o no un aplauso? Al coraje de Luis Enrique se une su credibilidad.

El fútbol español entra en pánico. Está en crisis. De dinero, por el parón de la competición, y de valores cuando se cuestiona si los futbolistas más millonarios se tienen que rebajar el sueldo y aplicarles un ERTE. Hoy faltan referentes con los que empatizar, pese a que aparezcan campañas solidarias y sepamos que algunas de estas estrellas donan dinero para la compra de material sanitario. Urgen buenos discursos y no han venido, precisamente, de los dirigentes de la Federación Española de Fútbol (Luis Rubiales) ni el de la Liga y (Javier Tebas), que siguen siendo incapaces de comparecer juntos y tirarse los trastos a la cabeza. Nos quedamos con Luis Enrique.

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