los problemas del equipo azulgrana

El teléfono escacharrado de Quique Setién: todo lo que prometió y no está haciendo

"No sabemos salir bien desde el saque de puerta en algunos momentos en los que ellos presionan mano a mano", dijo Busquets tras el Madrid-Barça. El mensaje de Setién no ha calado

Foto: Quique Setién se lamenta tras una ocasión fallada por el FC Barcelona en el partido contra el Real Madrid. (EFE)
Quique Setién se lamenta tras una ocasión fallada por el FC Barcelona en el partido contra el Real Madrid. (EFE)

Pocas veces se le han visto tanto las costuras al FC Barcelona como en los primeros minutos de la segunda parte contra el Real Madrid. La jugada se repitió en varias ocasiones: Ter Stegen, plantado en la frontal del área, con el balón controlado, esperando a encontrar un compañero libre para pasarle el balón. La presión madridista, casi jugador a jugador, evitaba una salida cómoda. La solución fue apoyarse en el portero alemán, que terminó el partido con 50 pases. Sus golpeos en largo fueron la forma más eficaz que encontró el Barça para superar esa presión, pero también fue su condena conforme avanzó el partido y el Madrid metió una marcha más.

"No sabemos salir bien desde el saque de puerta en algunos momentos en los que ellos presionan mano a mano", declaró en Movistar Sergio Busquets tras el encuentro. "Cuando te presionan así, está claro que si sales tienes mucha ventaja porque tienes casi todo el campo y prácticamente mano a mano, si no superioridad. Pero si no también es peligroso en nuestra contra. Queremos asumir riesgos, porque creo que tenemos jugadores para ello. Luego sí que es verdad que a veces no estás acertado en algún balón y corres ese peligro que he dicho antes".

Las declaraciones de Busquets chocan porque son como reconocer que el Barça ya no es el Barça. Si hay algo ha caracterizado al equipo desde hace más de una década, más allá de Leo Messi, es su capacidad para circular el balón como ningún otro. Una habilidad y una precisión que casi siempre le permitían superar cualquier tipo de presión contraria. La receta más habitual para contrarrestar al Barcelona, más que salir a buscarle en su propia área, era esperar en la propia. Como hizo el Nápoles la semana pasada o tantos equipos en la época de Pep Guardiola.

El segundo gol del Real Madrid en el partido contra el FC Barcelona jugado este domingo. (Reuters)
El segundo gol del Real Madrid en el partido contra el FC Barcelona jugado este domingo. (Reuters)

Eso ha cambiado, en parte porque el equipo es menos sólido en defensa, como demuestran las dos últimas eliminaciones en la Champions League, y en parte porque ha perdido la capacidad de superar una presión tan alta mediante la circulación. Seguramente porque ya no tiene los jugadores que tenía hace unos años (Xavi e Iniesta), pero también porque no está tan bien trabajado. Y ahí tiene mucha responsabilidad Quique Setién, como antes la tuvo Ernesto Valverde.

El fichaje del cántabro se vendió como una vuelta a la ortodoxia del juego azulgrana, pero mes y medio después apenas se ve una evolución. Partidos sencillos contra rivales inferiores, buenos ratos contra obstáculos más importantes, como este domingo en el Bernabéu durante la primera parte, pero sin actuaciones redondas, más allá de que Messi tenga el día y juegue su propio partido.

Ni siquiera se ve un cambio en las alineaciones, donde es titular Arturo Vidal, un jugador cuyo futuro con el Setién no parecía muy halagüeño. Seguro que el entrenador cántabro coincide con Busquets en la radiografía de los problemas del Barcelona en el Clásico. Igual que tendrá claro qué hizo mal el equipo en Nápoles para no superar salvo en el gol de Griezmann la defensa del equipo de Gattuso.

"Hay algunas cosas que todavía no interpretan bien o no las explicamos bien. Lo que hemos visto hoy a ninguno nos gusta. El Valencia nos ha cerrado bien y posicionalmente hay cosas que debemos corregir. Nos han impedido profundizar, hemos dado muchos pases sin profundidad. Hay cosas para analizar y tratar de corregirlas", dijo Setién tras la derrota en Valencia. Fue menos crítico tras el empate en Nápoles y la derrota de este domingo. "Hubo veces que conseguimos superar esa presión y pudimos marcar, pero en la segunda parte entramos en una dinámica de errores", dijo.

"Yo solo garantizo que mi equipo va a jugar bien", dijo el día de su presentación. Esa contundencia y su aparente claridad de ideas se le están volviendo en contra porque lo que se ve en el terreno de juego no se corresponde con lo que dice en la sala de prensa. O bien el mensaje no está llegando bien a sus jugadores o bien no es el correcto. En cualquiera de los casos, el Barcelona tiene un problema.

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