le falta autocrítica

El victimismo de Bale que no soportan en el Real Madrid y por qué no escarmienta

En Gales ha soltado lo que llevaba dentro y se hace el mártir. Bale no entiende por qué le echan la culpa del fracaso del Real Madrid en la pasada temporada. La falta de autocrítica no gusta en el club

Foto: Gareth Bale en la concentración de la Selección de Gales. (Reuters)
Gareth Bale en la concentración de la Selección de Gales. (Reuters)

En su hábitat sale el verdadero Gareth Bale. El galés parece no tener remedio. Sorprenden las declaraciones que hace en este parón de selecciones en la concentración de Gales. Le vuelven a dejar en mal lugar y confirman las sospechas de sus problemas en el Real Madrid. Sigue sin integrarse y le falta más compromiso. En el Real Madrid no pueden entender cómo después de la guerra que les ha dado este verano no cambia su discurso. Es el momento oportuno para recuperar la confianza de Zidane y la de los aficionados que no soportan su apatía. Pero decide asumir un papel de víctima. Otro error más del jugador que mejor sueldo tiene en la plantilla (17 millones de euros netos). Bale está molesto por lo mal que se lo han hecho pasar en este mercado de verano y cómo ha tenido que resistir para quedarse en el Real Madrid.

No cierra las heridas ni pone de su parte para que se le vea con otro propósito. La ambición y la responsabilidad que tiene que asumir un líder. Ha decidido soltar el dolor de haber sido señalado por Zinédine Zidane como uno de los descartados y está enfadado porque se le hace culpable del fracaso de la pasada temporada. No sé sabe muy bien qué quiere Bale. Ese es el malestar en el club. Sigue en su burbuja. Fuera de la relidad. Por un lado pide cumplir su contrato y, por otro, continua dando la sensación de que no quiere salir de su zona de confort. No es, precisamente, lo que más le gusta a Florentino Pérez y Zinédine Zidane cuando se plantearon la continuidad del galés. No llegó una oferta rotunda y el presidente tomó la decisión de no mal venderle.

Bale, sonríe, en el entrenamieno con la Selección galesa. (Reuters)
Bale, sonríe, en el entrenamieno con la Selección galesa. (Reuters)

Las palabras del sonriente Gareth Bale no tienen desperdicio. Con Gales suelta la lengua. En el Real Madrid se le ve mohíno. Habla poco y se prodiga menos en los medios de comunicación. Su actitud vuelve a poner en alerta al Madrid cuando se hace pasar por una víctima y se presenta como un damnificado. Bastantes quebraderos de cabeza dio durante el embrollo en las conversaciones con su representante, Jonathan Barnett, para encontrar una solución. No ha escarmentado. Debería cambiar el discurso y provocar otro sentimiento a esos aficionados que le siguen mirando con recelo por su frialdad y falta de carácter en el campo. No se discuten sus condiciones físicas y técnicas. Lo que fastidia ahora es que en su país se haga el afligido. Al madridismo más exigente le desespera su fragilidad. Los que ponen en duda su salud y en qué momento tendrá una de esas lesiones musculares que le frenan en seco. Los técnicos, no solo Zidane, priorizan la estructura sólida del equipo a Bale. Le sucedió algo similar en la breve etapa de Solari. Bale y su anarquía táctica son un problema para los entrenadores que necesitan un bloque compacto.

Vive en su mundo

Se ha equivocado el galés cuando dice en la concentración de su Selección que “me hicieron más culpable que al resto y la temporada pasada fui el chivo expiatorio”. Lo pone todavía peor cuando asegura que “no estoy jugando feliz, pero soy un profesional”. Estas declaraciones son otra prueba más de que Bale no se ha enterado de nada y vive en su mundo. Al margen de un vestuario que insiste en cerrar filas y recuperar el nivel para volver a ser competitivos y la ilusión de los aficionados. Bale no quiere hacer autocrítica. Debería tener claro en qué condiciones se ha quedado. Tener humildad y lanzar un mensaje ambicioso. Hablar de nuevos desafíos y borrar lo negativo de un pobre rendimiento individual durante la pasada temporada. Bale se ha quedado y juega en el once por la desgraciada lesión de Marco Asensio y la que ha sufrido Hazard en el inicio de la Liga. Hará goles y será determinante porque es un buen jugador. Parece evidente que no tiene la raza ni el liderazgo de Cristiano Ronaldo.

Tampoco tiene que sorprender este papel de mártir de un profesional que hace unos meses manifestó que “los futbolistas somos robots”. Se quejó de no poder elegir lo que hacer en cada momento. “Nos dicen todo. Dónde y cuándo estar, a qué hora hay que comer, a qué hora hay que entrenar… Es como si perdieras el control de tu vida de alguna manera”, se sinceró en una entrevista en ‘State of Play’ en el mes de mayo. Es para no quedarse tranquilos si buscas a un profesional que viva con pasión este deporte y sea uno de los mejores pagados del mundo. Su pasatiempo es el golf y se queja de las críticas que recibe por practicar su hobby. “No sé qué tiene de malo”, se pregunta. Lo malo está en que es un jugador que sigue sin enterarse cuál es la exigencia en el Real Madrid y no es un referente.

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