el francés no cede

El no de Dembélé y lo miserable de meterle en la operación de Neymar

Más problemas para el Barcelona en el fichaje de Neymar. Dembélé se niega a ser moneda de cambio. Bartomeu, en su improvisación, ya no recuerda cómo elogiaba al francés por encima del brasileño

Foto: Ousmane Dembélé, sonriente, en la grada del Camp Nou. (EFE)
Ousmane Dembélé, sonriente, en la grada del Camp Nou. (EFE)

La improvisación en la que se mueve el Barcelona con el asunto de Neymar provoca que tenga más detractores que apoyos. Dembélé es uno de los que dejan claro que no está dispuesto a ser moneda de cambio ni facilitar el regreso del brasileño. Bartomeu puede hacer todo el caso que quiera a Messi, buscar cómo complacer sus deseos, pero en toda esta historia tiene a parte del vestuario en contra. Ni Dembélé ni tampoco Rakitic se dan por aludidos cuando en la televisada operación del fichaje de Neymar se les señala como claves. En el caso de Dembélé, cobra más relevancia cuando el francés fue el relevo de Neymar.

Pedirle ahora a Dembélé que se haga cargo de la situación es una postura miserable. El chico fue el primero que le hizo un favor a Bartomeu en su búsqueda, a la desesperada, del sustituto de Neymar. Pagó una buena cantidad al Borussia Dortmund (105 millones de euros más otros 42 que figuran en conceptos de variables) y le dio el dorsal del brasileño (el ’11’). Con Dembélé, buscó Bartomeu tapar el agujero que provocó la traición de Neymar, y con Dembélé se apostó para armar un nuevo proyecto de presente y de futuro.

Neymar, junto a Mabppé, en un entrenamiento del PSG. (EFE)
Neymar, junto a Mabppé, en un entrenamiento del PSG. (EFE)

Hasta hace bien poco, el presidente del Barcelona decía que Dembélé era “mejor que Neymar”. ¿A qué se debe, entonces, el cambio y las presiones para empaquetar al francés en el Paris Saint-Germain? A la improvisación de Bartomeu. No quería ver ni en pintura al brasileño. Renegó del futbolista, la persona y su padre. Están en los tribunales. Son motivos suficientes como para que el Barcelona justifique ante sus socios que Neymar no merece volver a vestir la camiseta del Barça, por muy arrepentido que esté de su marcha y conserve la amistad con Messi y Luis Suárez.

El orgullo de Dembélé

El Barcelona, que ha tenido que pedir un crédito para el fichaje de Griezmann, ha ido dos veces a París para negociar por Neymar y ha caído en la trampa. El Paris Saint-Germain está llevando la negociación cada vez más a su terreno. Tiene claro que el precio de Neymar son 170 millones de euros y si hay que meter un jugador, el que mejor encaje tiene para el entrenador (Thomas Tuchel) es Ousmane Dembélé. Lo conoce de su etapa en el Borussia Dortmund y es el recambio del brasileño por ocupar la misma posición de ataque en el campo.

Dembélé puede desbloquear las negociaciones, pero no lo pone nada fácil. Su representante, Moussa Sissoko, es tajante cuando manifiesta (en 'Téléfoot') que “se va a quedar al cien por cien en el Barcelona. No hay posibilidad de que se vaya”. Palabras que hacen daño a Bartomeu y no ayudan para nada en la estrategia. En el Barcelona están hartos de los actos de indisciplina de Dembélé, con sus retrasos en los entrenamientos y el último episodio en el que se marchó de viaje, tras la derrota liguera en Bilbao en la primera jornada, lesionado. No acudió a la cita con los médicos.

Ya fue multado la temporada pasada cuando le recomendaron llevar una vida más ordenada y no hacía caso. Esto no justifica que se le quiera meter ahora en la operación de Neymar cuando en el club culé ya conocían cómo era la personalidad del francés. De llevar una vida caótica puede dar lecciones Neymar. En esto deberían recapacitar en el Barcelona cuando meten presión a Dembélé. El chico tiene personalidad, mucha autoestima y demasiado orgullo. Es el problema con el que choca el Barcelona.

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