"No estaba dispuesta a rendirme"

La defensa de la Selección: Celia, la ingeniera aeronáutica que emigró de Jaén a Alabama

La jugadora del Seattle Reign, de la máxima división del 'soccer' americano, debutó con 15 años en Primera División y empezó a construir sus primeros aviones con cajas de cereales

Foto: Celia Jiménez, en un partido contra Finlandia clasificatorio para el Mundial de Francia. (EFE)
Celia Jiménez, en un partido contra Finlandia clasificatorio para el Mundial de Francia. (EFE)

Jiennense, de 23 años, Celia Jiménez es uno de los mayores talentos del fútbol femenino español. La lateral diestra del Seattle Reign, de la prestigiosa NWSl americana, la mejor liga del mundo, no es brillante solo en el plano deportivo, también en el académico. Con tan solo 15 años, debutó de la mano del Real Jaén en la Primera División y a los 18, una vez comprobó que en la península era complicado poder dedicarse profesionalmente al balón, decidió lanzarse a la aventura: empaquetó sus cosas y cruzó el charco para asentarse en el estado de Alabama, donde compatibilizó el deporte rey con otra de sus pasiones, la ingeniería aeronáutica.

Construir cosas le viene casi de serie. De pequeña, la caja de cereales no era solo el ingrediente esencial de su desayuno, también era un buen material con el que moldear figuras: como coches o aviones. Ahí le empezó a picar el gusanillo y ella, cabezota por naturaleza, bregó hasta conseguirlo. “Estos últimos años han sido muy cargados porque tenía muy poco tiempo para mí misma, pero a esa edad tomé la decisión de luchar por mis sueños. No estaba dispuesta a rendirme, quería ser jugadora de fútbol e ingeniera. He tenido que realizar grandes esfuerzos y tener mucha disciplina en jornadas muy largas de trabajo. He intentado aprovechar cada minuto que tenía libre para estudiar, pero ya tengo la tranquilidad de tener mi carrera terminada, que me servirá para un futuro. Ahora mi atención está única y expresamente dedicada al fútbol”, comenta la jugadora de la Selección española a El Confidencial desde la habitación de su hotel, en la localidad francesa de Deauville, tras un entrenamiento.

No será su primera participación en un mundial, ya estuvo en Canadá 2015, donde el combinado nacional cayó a las primeras de cambio bajo el mandato técnico de Ignacio Quereda. “El equipo ahora es mucho más maduro y compacto. Con Vilda hemos mejorado a todos los niveles. Muchas de nosotras tenemos aquella experiencia guardada en la recámara y eso nos da un bagaje. También coincidimos con gente joven que viene de categorías inferiores y ya ha jugado finales. Este mundial lo afrontamos con mucho peso”. No es para menos, la cita de Francia cae en un momento idóneo para el fútbol femenino español, que nunca en su historia había acaparado tantas miradas. “La diferencia entre 2015 y hoy es increíble. Se hizo una apuesta muy fuerte hace años y ahora estamos recogiendo esos frutos. Creo que también el movimiento social que hay en torno al empoderamiento de la mujer es oportuno, nos ha llevado en volandas, y los resultados acompañan. Equipos como Atlético o Barça van llenando sus estadios y rompiendo récords a nivel mundial. Además, en categorías inferiores se están marcando metas nunca antes fijadas. Somos campeonas del mundo y Europa en Sub-17, por ejemplo, y también de Europa Sub-19”, afirma orgullosa la joven, que fue parte de ese grupo de vencedoras.

Celia Jiménez (d), junto a sus compañeras, en un entrenamiento de la Selección en Cartagena. (EFE)
Celia Jiménez (d), junto a sus compañeras, en un entrenamiento de la Selección en Cartagena. (EFE)

Fue escogida mediante 'draft'

Celia empezó a darle patadas a una pelota a los siete años animada por sus hermanos. Durante un tiempo, ganar los partidos que se disputaban en el recreo, donde era la única chica, era su único objetivo. Su madre, policía, le enseñó a no sentirse diferente por ello, a no tener barreras y a no distinguir a las personas por su género. Más tarde, pasó a las inferiores del ADV Alcaudete y de ahí al Infantas de Jaén, primero, y al Real Jaén, después, donde dio sus primeros pasos en Primera División. “Asumí el debut con total naturalidad. Cuando tenía 11 años jugaba con las chicas de mi edad y también con las sénior, que me sacaban más de dos cabezas y eran muy fuertes físicamente. Me hice a mí misma al compartir espacio con ellas y cuando me tocó dar el salto ya estaba acostumbrada. Jugar en la máxima división me ha permitido desarrollar un fútbol competitivo desde muy temprano. Ha sido todo un curso acelerado, y la experiencia, intensa”, comenta una futbolista que nunca tuvo referentes en el seno de su deporte: “Ni chicas ni chicos, soy poco dada a idolatrar a nadie”.

Luego llegó su fichaje por el Sevilla, donde se rodó hasta la mayoría de edad, y más tarde, su embarque hacia Estados Unidos, a 7.000 kilómetros de casa: “Me fui sola y sin conocer a nadie que se fuera a estudiar y competir a la vez. Me dio bastante vértigo. Recuerdo que mi madre, estando ya en el aeropuerto, me dijo que si al llegar allí no encontraba a ese entrenador con el que habíamos hablado durante meses, que la llamara pronto para solucionar las cosas”, dice entre risas. Pasó por diferentes equipos universitarios y en 2018 los Seattle Reign de la máxima categoría del 'soccer' le dieron la oportunidad de su vida al escogerla en el 'draft' —fue la primera española en ser seleccionada por este sistema—, que recuerda con nervios y mucha emoción. No ha sido hasta este 2019 cuando por fin se ha vestido con la camiseta del equipo, una vez terminado su proyecto de fin de carrera, que era su prioridad. Antes, aprovechando el parón de la NWSL, cumplió un viejo anhelo: probar la Champions con el Rosengard sueco. “Me gustan los retos. Con 15 años ya había salido de mi casa para jugar al fútbol con el Jaén, por lo que esa independencia de tener que llevar más o menos una casa, plancharme la ropa, cocinarme y demás ya la había adquirido. En Estados Unidos, la transición no fue muy dificultosa. Lo que más me costó fue ir a clases y que todo fuera en inglés. La mayoría de veces me perdía. Este pasado año en Suecia ya me pilló más madura y me adapté rapidísimo”, indica la internacional.

Lo que más le impresionó del país de las hamburguesas: el nivel de profesionalismo, mucho más alto que el europeo: “Las jugadoras tienen sus propios contratos publicitarios, los horarios están perfectamente ajustados como aquí en LaLiga los chicos, se construyen estadios para ellas, las facilidades que tienen en cuanto a fisios, gimnasios, rehabilitación… Es impresionante. En ese sentido, me siento muy afortunada de disfrutar de ese nivel de profesionalidad. Nos queda mucho por hacer en España en este sentido”. Ella, por ejemplo, dispone de apartamento y coche propios facilitados por su franquicia, que la cuida en todos los aspectos.

La jiennense, durante un partido contra Portugal válido para la Eurocopa de 2017. (EFE)
La jiennense, durante un partido contra Portugal válido para la Eurocopa de 2017. (EFE)

Aun así, la defensa no cree que a escala de fútbol la Selección esté lejos de las más grandes. Por primera vez, España ha tenido una preparación en condiciones donde ha podido palpar su nivel respecto a campeonas del mundo, como Estados Unidos o Japón, y subcampeonas de la talla de Brasil: “La diferencia que nos separa es cada vez menor. Lo hemos visto en la preparación previa a este mundial. El equipo por fin empieza a competir y es capaz de jugar de tú a tú. Hemos interiorizado un estilo de juego muy definido, que pasa por el toque, antes de esta cita y estamos sobradamente capacitadas. Yo así lo veo”. Celia apuesta por pasar una fase de grupos donde no hay rival fácil y destacan especialmente Alemania y China: “Cada una tiene sus puntos fuertes, pero nosotras tenemos un muy buen equipo. Va a ser una batalla importante. Sacar el partido de Sudáfrica para que nos dé un plus de confianza es fundamental y lo necesitaremos”.

La construcción de la escalera

La jugadora insiste en que, poco a poco, se está siguiendo la senda correcta hacia una mayor visibilidad del fútbol femenino, aunque algunos temas se estén demorando demasiado, como la aprobación de un convenio que esperan que se haga efectivo antes de finales de año. “Hemos dejado de pasar inadvertidas. Que la reina Letizia asista a la final de Copa da buena cuenta de que nos empiezan a tomar en serio. Estamos muy contentas que desde la Corona nos apoyen, nos reconozcan y se valore nuestro trabajo porque, al final, somos igualmente futbolistas. Para mis compañeras de la Real Sociedad fue muy emotivo recibir el trofeo de Su Majestad”, sostiene. La jugadora no cree en casualidades y justifica que todo lo bueno que rodea a su deporte es resultado de un conjunto de ideas bien trasladadas a la práctica: “No creo que sea un milagro que el Barça haya llegado a una final de Champions. En los últimos años, vienen peleándola muy fuerte, invirtiendo mucho dinero y desarrollando un programa de cantera. Es el resultado del buen hacer. No es una bola pasajera, estamos construyendo una escalera y subiendo peldaño a peldaño de forma constante”.

La jiennense, que considera a su familia parte fundamental de su éxito, espera poder vivir un verano inolvidable y clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (solo las tres mejores selecciones europeas obtendrán el pase). “Queremos salir al campo al 100% e imponer nuestro estilo de juego”, manifiesta sin mojarse con un pronóstico claro para el sábado. Mira al futuro con ilusión, pues cuando su carrera deportiva toque a su fin espera poder dedicarse la ingeniería, sector que le motiva y para el que se ha preparado a conciencia. Ese será su segundo sueño, el de crear “pájaros de hierro” con los que seguir recorriendo el mundo.

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