el error de jugar con miedo ante la juventus

La orden de Simeone que hundió al Atlético de Madrid o por qué se habla de 'cagada'

Jugó con fuego y se abrasó. Simeone quiso pasar ante el equipo de Cristiano Ronaldo con las rentas de los dos goles de la ida. Eligió jugar mal para pasar porque tenía el escarmiento del Girona

Foto: Simeone, en el banquillo, durante el partido entre la Juventus y el Atlético de Madrid. (EFE)
Simeone, en el banquillo, durante el partido entre la Juventus y el Atlético de Madrid. (EFE)

Se habla en el Atlético de Madrid de cobardía, miedo y 'cagada'. Los jugadores compitieron como un equipo menor contra la Juventus y se fueron a casa eliminados. Pretendió vivir de las rentas de los dos goles de la ida en el Metropolitano con un planteamiento exageradamente conservador que tuvo un resultado catastrófico. No disparó a portería. Se suicidó en su guarida con una orden tan nefasta como reprochable. Simeone, que pareció poner un once con intenciones ofensivas —con Saúl, Koke, Lemar, Griezmann y Morata—, decidió que había que dormir el partido. Metidos atrás, atrincherados, sin dejar espacio para evitar los contragolpes de Cristiano Ronaldo, con la idea de aguantar y que corriera el tiempo, sin presión para recuperar la pelota, sin transiciones ni una idea de asumir riesgos para finalizar jugadas. Jugó con fuego y se abrasó.

Hay una acción en la primera parte que define a qué jugó el Atlético de Simeone. En pleno ciclón juventino, en la primera parte, le cayó un balón a Griezmann en campo rival y se detuvo a congelar la jugada. El francés evitó lanzarse al área de los italianos en busca de un gol. Pidió calma a sus compañeros con unos gestos que delataron a qué quería jugar su equipo. Una cosa es aminorar el ritmo intenso y vertiginoso que propuso la Juventus y otra es renunciar al ataque con el descaro que se vio en Griezmann. Fue un equipo retraído. Cayó en la resignación.

La desgracia se hizo mayor en otra noche en la que confundió su identidad. Reconoció Saúl, al final del encuentro, que no dieron ninguna patada. Ejemplo claro de que faltaron carácter, pierna dura y contundencia. El equipo rocoso, incómodo e impenetrable que se esperaba que fuera en el Juventus Stadium acabó siendo aplastado con balones colgados al área de Oblak y cabezazos de Cristiano Ronaldo. De las declaraciones más relevantes hay que quedarse con las palabras de Griezmann. “Hemos elegido mal día para cagarla”, dijo el francés para culparse por su mal partido y, para quien lo quiera interpretar, desvelar que la táctica de defender el 2-0 de la ida fue como inmolarse. A Griezmann le gusta jugar como Francia en el Mundial de Rusia. Replegados, juntitos y al contragolpe.

El mal ejemplo del Girona

Simeone dio órdenes equivocadas en un día grande donde hay que dar la cara y tener más personalidad, temperamento y garra. Tenía el escarmiento del palo que se llevó en la eliminación de la Copa del Rey contra el Girona. El tercer gol que recibió le echó de la competición y el Cholo no se perdonó que el equipo no supiera cerrar el partido. Se sinceró con esta afirmación tras el partido: “Siempre digo que se juega a veces bien y no se pasa. Yo prefiero jugar mal y pasar siempre. No tengo ninguna duda”. A Turín salió a jugar feo e intentar pasar con la renta de los dos goles del Metropolitano. Un error que ha vuelto a pagar carísimo con una eliminación en la que no es el único culpable, pero sí el máximo responsable, y al final del partido la única autocrítica que realizó fue la de decir que “ellos fueron mejores”.

El Atlético de Madrid jugó, incomprensiblemente, con miedo en Turín cuando en Madrid le funcionó un planteamiento más agresivo. Echó de menos la fiereza de Diego Costa. Seguro. Pero ninguno de los que estaban en el campo hicieron por intimidar y desafiar a la Juve. Respetaron el guion de Simeone. Conservar la renta y dormir el partido era la consigna. Se asustó y regresóaron a Madrid con los bolsillos vacíos. El estilo del Cholo vuelve a estar cuestionado. No ya tanto porque sea inservible. Le ha dado muy buenos resultados en los siete años que lleva de entrenador rojiblanco. Hoy tiene jugadores de un perfil diferente y no son los adecuados para interpretar las exigencias. Está obligado a revisarlo o evolucionar.

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