apenas hay positivos entre los futbolistas

Dopaje en el fútbol: "Los jugadores toman sustancias que los laboratorios no detectan"

Al contrario que otros deportes como el ciclismo o el atletismo, el fútbol se zafa de controles antidopaje exigentes y se practica la regla de las tres eses: secreto, silencio y solidaridad

Foto: El dopaje en el fútbol.
El dopaje en el fútbol.

Los jugadores de la Juventus de Turín se doparon sistemáticamente al menos entre 1994 y 1998. Una sentencia de 2004 lo confirmó. En ese periodo, la Juve conquistó tres ligas italianas, una Champions League y una Copa Intercontinental. No ganaba la liga nacional desde 1986.

Los futbolistas de la selección alemana recibieron más de 3.000 inyecciones durante la disputa del Mundial de México 1986 por orden del controvertido profesor Heinz Liesen. Los alemanes perdieron la final con la Argentina de Diego Armando Maradona. Franz Beckenbauer, el gran capitán de los combinados victoriosos del Bayern de Múnich y Alemania en los setenta, admitió varias veces ante los micrófonos el uso de fármacos y transfusiones de sangre en sus equipos, métodos que hoy están en la lista de prohibiciones de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

El fútbol español no es ajeno a algunos casos de positivos. El jugador del Athletic Carlos Gurpegui fue pillado en un control antidopaje en 2002 y fue sancionado durante dos años sin jugar partidos oficiales. Había consumido nandrolona, un anabolizante prohibido por la AMA.

Kit de control antidopaje de orina explicado por un responsable de la Aepsad. (M. G. R.)
Kit de control antidopaje de orina explicado por un responsable de la Aepsad. (M. G. R.)

Por su lado, el diario francés ‘Le Monde’ publicó en 2006 un reportaje en el que informaba de que el famoso médico Eufemiano Fuentes estuvo trabajando a comienzos de siglo con el FC Barcelona y el Real Madrid. El autor de esa investigación y redactor jefe de Deportes del periódico francés, Stéphane Mandard, contó a El Confidencial en 2016 que él pudo ver con sus ojos la planificación de dopaje para esos dos clubes españoles en el despacho de Fuentes, ubicado en Las Palmas de Gran Canaria. Tras la publicación, ambos clubes demandaron judicialmente a ‘Le Monde’ y este medio fue condenado en primera instancia a indemnizarlos económicamente con más de 300.000 euros en total. La condena definitiva está pendiente.

Los deportistas toman sustancias que los laboratorios no detectan y los laboratorios buscan sustancias que los deportistas no toman

Eufemiano no me permitió ni fotografiar ni copiar aquellos documentos y luego no quiso colaborar en el juicio con nosotros, por eso perdimos”, explicó a este diario Mandard, quien se muestra seguro de la fiabilidad de su trabajo periodístico. Los planes ‘médicos’ para Real Madrid y Barcelona habrían incluido el suministro de sustancias dopantes como EPO, hormonas de crecimiento y esteroides.

¿Existe un dopaje sistemático en el fútbol español e internacional? ¿Son rigurosos y eficaces los controles antidopaje en el deporte rey? ¿Por qué son escasas las muestras de sangre que se recogen de los jugadores? ¿Por qué en España se realizan menos controles a los futbolistas que en otros países de su nivel como Reino Unido, Italia o Alemania? El Confidencial ha consultado informes y fallos judiciales, ha analizado estadísticas y ha hablado con expertos médicos, empleados de agencias antidopaje y futbolistas para ofrecer al lector algunas respuestas en un asunto donde impera la ley del silencio.

Una de las observaciones versadas más concluyentes que hemos recabado es la siguiente: “Los deportistas toman sustancias que los laboratorios no detectan o no buscan y los laboratorios buscan sustancias que los deportistas no toman. Entonces, el resultado más habitual en los test de las agencias antidopaje año tras año es el de cero positivos”. Quien asegura esto no es un cualquiera, se trata de Jean-Pierre de Mondenard, médico deportivo e historiador especializado en dopaje. El autor del célebre libro ‘Dopage dans le football’ (2010, no traducido al español) añade: “El dopaje es usado en el mundo de los deportistas de alto nivel, pero quienes luchan contra el dopaje no son de alto nivel”.

En España, la situación de la lucha contra el dopaje en el fútbol profesional no es óptima. “Los controles de dopaje en el fútbol en general no son eficaces debido a la carencia del número de controles”, explica un técnico de laboratorio que trabajó en nuestro país y que prefiere ocultar su identidad.

Los datos señalan que el número de muestras de orina y sangre analizadas no está entre los más altos del mundo. En 2017, se realizaron 616 análisis, según informan la AMA y la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (Aepsad), único organismo competente en el control antidopaje desde 2013. Entre primera y segunda división, más de un millar de futbolistas jugaron en 2017. España se sitúa en el décimo lugar en el listado por países, muy por detrás de Reino Unido (4.195 muestras), Italia (3.439) o Alemania (2.129).

La Aepsad estuvo de manos atadas durante 2016 y el comienzo de 2017 y no pudo realizar controles antidopaje en el balompié español porque la AMA había suspendido sus competencias. La razón fue que la legislación no estaba adaptada a las exigencias internacionales, circunstancia que se palió en febrero de 2017 con la publicación del Real Decreto-ley 3/2017. La recogida de muestras está externalizada. El servicio lo provee desde 2015 la empresa germana PWC Professional Worlwide Controls, compañía internacional contratada para realizar los controles en multitud de eventos deportivos y agencias antidopaje como la propia de Alemania.

Otro dato revelador es que los controles en el fútbol español descendieron a la mitad entre 2012 y 2017. El número menguó de 1.198 a 616, mientras que el número de muestras analizadas en Reino Unido se incrementó de 1.668 a 4.195.

“El gran problema del fútbol son las cifras de muestras obtenidas de orina y sangre, ya que las estadísticas evidencian que las federaciones de ciertos deportes recolectan muchas más muestras en términos relativos que las de fútbol, mientras que el número de futbolistas es significativamente mayor que en deportes como el ciclismo o el atletismo”, comenta a este medio Douwe de Boer, biólogo especializado en dopaje de la Universidad de Maastricht. Las estadísticas de la AMA para 2017 refieren que se realizaron en el mundo un total de 36.158 muestras en el fútbol con un total de 159 positivos, 31.483 en atletismo con 295 resultados adversos y 23.575 en ciclismo con 280 positivos.

Pocos e ineficaces controles de sangre

Jugadores como Zinédine Zidane o Maradona acudían todos los años a la clínica italiana Palace Merano Espace Henri Chenot. El cantante Johnny Halliday reconoció en 2003 en un programa de Canal+ Francia que allí le practicaban transfusiones de sangre para reoxigenar sus células. “Como también va allí dos veces al año Zidane, y yo le comprendo”, añadió el músico francés.

Beckenbauer, triple campeón de Europa con el Bayern entre 1974 y 1976, manifestó a los diarios ‘Stern’ y ‘L’Equipe’ en mayo de 1977: “Para los jugadores de la primera división, todo lo que permita mejorar su rendimiento es lícito. En la Bundesliga, se ponen inyecciones y se toma todo tipo de pastillas”. En relación al dopaje hematológico, el Káiser reconoció lo siguiente: “En Múnich, nos limitamos esencialmente a recurrir a lo que se mejora con la biología. En lo que me concierne personalmente, tengo un método particular que me mantiene jugando a alto nivel: la transfusión de mi propia sangre. Varias veces por mes, mi amigo Manfred Koehnlechner [médico] me tomaba sangre de un brazo para inyectarla posteriormente en una nalga, lo que me provocaba una inflamación artificial. Entonces, los glóbulos blancos y sobre todo los glóbulos rojos se multiplicaban y mis defensas se movilizaban en todo el organismo”.

Carlos Gurpegui, durante una rueda de prensa. (EFE)
Carlos Gurpegui, durante una rueda de prensa. (EFE)

A pesar de los muchos antecedentes probados, llama la atención el escaso número de controles de sangre que se realizan en el fútbol. En países de gran tradición en este deporte como Argentina, Portugal, Uruguay u Holanda, no se tomó ni una sola muestra de sangre en 2017. En España, de los 616 análisis realizados, únicamente 58 fueron de sangre.

Con suma amabilidad, Jesús Alberto Muñoz-Guerra, jefe del Departamento de Control de Dopaje de la Aepsad, se toma su tiempo para explicar la metodología usada para recabar muestras de orina y sangre a los futbolistas, y luego cómo se envían al laboratorio oficial de esa agencia para que sean analizadas. “Técnicamente, con la orina se pueden identificar el 90% de los sustancias dopantes (también la EPO), por esa razón se hacen más análisis de orina, porque el menú de sustancias detectables es más amplio”, argumenta Muñoz-Guerra.

El experto holandés Douwe de Boer contradice las palabras del responsable de la Aepsad. “Están infravalorando la importancia de las muestras de sangre, probablemente por dos motivos fundamentales: la falta de dinero y la carencia de conocimiento”, afirma el profesor de la Universidad de Maastricht. “Si las autoridades antidopaje se centran principalmente en la recolección de muestras de orina, los clubes de fútbol lo saben y no se arriesgan a suministrar sustancias que sean fáciles de descubrir mediante la orina”.

"Están infravalorando la importancia de las muestras de sangre por dos motivos: la falta de dinero y la carencia de conocimiento", dice De Boer

Sin embargo, Muñoz-Guerra reconoce que mediante el análisis de las muestras de orina no se puede detectar ni el consumo de hormonas de crecimiento —usadas para aumentar la masa y la fuerza muscular— ni las transfusiones de sangre. Básicamente, estas pueden ser homólogas, cuando se reciben de otra persona, y autólogas, cuando al deportista se le inyecta su propia sangre. Ambas técnicas están prohibidas desde los Juegos Olímpicos de los Ángeles de 1984.

Muñoz-Guerra explica que las transfusiones autólogas de sangre no se pueden descubrir en los controles antidopaje. Solo 115 futbolistas que juegan en España tienen el pasaporte hematológico o esteroideo. Pero el primero, el que puede detectar las transfusiones de sangre de otras personas (homólogas), lo tienen muy pocos de esos 115. “Sería muy costoso que todos los jugadores tuvieran un pasaporte hematológico”, subraya Muñoz-Guerra.

Pero lo más preocupante es que para las transfusiones de la propia sangre aún no hay un método analítico validado internacionalmente para detectarlas. “Esto es verdad, son muy difíciles de detectar y son muy utilizadas”, comenta un técnico que lleva trabajando muchos años en laboratorios de detección del dopaje en países europeos.

De la decena de expertos consultados para este reportaje, todos coinciden en que las autotransfusiones siguen estando a la orden del día en el deporte profesional en general, pero también de modo particular en el fútbol. “Somos conscientes de que se está usando mucho esta técnica de dopaje, sobre todo en deportes de resistencia individuales”, dice Pedro Manonelles, catedrático de la Universidad Católica San Antonio de Murcia y presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte.

La EPO no se ha ido: microdosis

De forma natural, el riñón genera la hormona eritropoyetina o EPO, cuya función es mantener constante la concentración de glóbulos rojos en la sangre. Cuando el deportista recibe pinchazos de EPO sintética, sus músculos están mejor oxigenados y la fatiga aparece más tarde.

“La EPO se suele usar en deportes de resistencia; los anabolizantes y la hormona de crecimiento, en deportes explosivos. En el fútbol se dan ambas situaciones, ya que un centrocampista o un lateral corren más de 10 kilómetros por partido, por lo que a estos les iría mejor la EPO; mientras que a un delantero centro le hace falta más explosividad y fuerza”, explica Muñoz Guerra.

"La suma de microdosis de EPO más transfusiones autólogas tiene efectos increíbles en el rendimiento deportivo", señala el catedrático Pedro Manonelles

Según el médico deportivo Jean-Pierre de Mondenard, “la EPO fue muy usada entre 1995 y comienzos de siglo en todos los deportes, pero cuando los laboratorios la comenzaron a buscar y a encontrarla, entonces se volvió a las transfusiones sanguíneas”. Añade el experto francés que cuando la transfusión homóloga comenzó a ser detectable en 2004, entonces la EPO volvió en microdosis, que “no es tan eficaz como las macrodosis, pero también ayuda”.

El fenómeno de las microdosis de EPO es perfectamente conocido, según cuenta Pedro Manonelles. “Sabemos que la suma de microdosis de EPO más transfusiones autólogas tiene efectos increíbles en el rendimiento deportivo y ambas son casi imposibles de detectar”, señala este catedrático de Medicina Deportiva. Explica que para detectar esas transfusiones no hay método científico validado, mientras que la vida de la EPO en el cuerpo es de solo seis horas. Es decir, si a un futbolista se le inyecta una microdosis de EPO y no se le hace un análisis casi en el momento, ese producto se hace indetectable al muy poco tiempo.

Regla de las tres eses

“Secreto, silencio y solidaridad” son los elementos de la regla de las tres eses que acuñaron los autores del libro ‘La face cachée du foot business’ (2007, ‘La cara oculta del negocio del fútbol’), Patrick Mendelwitch y Jérôme Jessel, y que según la valoración docta de algunos expertos entrevistados por El Confidencial se ajusta a la realidad de la lucha contra el dopaje en el deporte rey.

La lucha antidopaje siempre va en el vagón de atrás del tren, mientras que los tramposos van en la locomotora. Es todo una farsa

Esa ‘omertà’ quedó patente en los testimonios de los jugadores de la Juventus en el juicio que concluyó en 2004 con la condena a 22 meses de cárcel al jefe de los servicios médicos del club Riccardo Agricola. El juez Giuseppe Casalbore interrogó a varios futbolistas de la Juve —Zinédine Zidane, Paolo Montero, Gianluca Vialli, entre ellos—, pero apenas les pudo sonsacar que la práctica de inyecciones intravenosas de sustancias mediante goteo fue sistemática entre los años 1994 y 1998. El juez instructor de la causa, Raffaele Guariniello, aportó un listado de 281 sustancias que se requisaron en la farmacia del equipo transalpino, ocho prohibidas. Entre ellas, había EPO.

Zidane reconoció ante el juez que tomaba vitaminas vía intravenosa: “Me hacían falta para disputar 70 partidos al año” (véase el minuto 26:30 del vídeo).

Ni los futbolistas ni los médicos de los clubes se prestan a hablar en España. Hemos localizado a un exjugador de equipos de Segunda B y Tercera división que ha querido conversar con el compromiso de no revelar su identidad. En esas categorías apenas se toman muestras (solo 12 durante la temporada 2017-2018). Cuenta que en uno de los equipos de Segunda B donde jugó, después de los partidos tomaban anabolizantes y proteínas para recuperarse. “El médico iba repartiendo bidones y nos decía: ‘Tú toma esto, tú toma menos’, la dosis variaba en función del puesto de cada uno en el campo y nuestras características fisiológicas”.

En los entrenamientos tomaban anabolizantes, como la creatina, para ganar músculo. La creatina no está en la lista de sustancias prohibidas de la AMA, pero el debate sobre este producto que ayuda en ejercicios explosivos siempre está abierto. Describe cómo también ingerían L-Carnitina en cápsulas para eliminar grasas y coger musculatura. “No me sentaban bien porque me musculaba rápidamente y me hacía muy lento”, cuenta. “Antes de los partidos, tomábamos dos pastillas de nitroso [óxido nítrico], una media hora antes, lo que te hace circular más rápidamente la sangre y la oxigena. Yo veía que era peligroso porque te ponía a mil”, señala ese exjugador. Aún conserva en su casa botes de anabolizantes que muestra a los periodistas.

El silencio se acomoda en muchas ocasiones a los intereses económicos. La cafeína estaba en la lista roja de sustancias prohibidas en los años sesenta. Una investigación de científicos neozelandeses publicada en 2009 demostraba que la cafeína es una sustancia dopante porque, entre otros beneficios, incrementa el rendimiento cognitivo de los futbolistas, la precisión en el pase y el tiro a puerta, y ayuda a saltar mejor para rematar de cabeza. El experto francés Jean-Pierre de Mondenard se pregunta por qué desapareció la cafeína de la lista roja de la AMA en 2004: “¿Será porque Coca-Cola es uno de los anunciantes principales de organizaciones internacionales como el Comité Olímpico Internacional?”.

El exjugador Fernando Mendes relata pormenorizadamente en su libro autobiográfico 'Jogo sujo' (2012, 'Juego sucio') cómo el dopaje es moneda común en el fútbol de elite de Portugal. Se saltó la regla de las tres eses. “En cierta ocasión que estaba en el vestuario antes de un partido que jugábamos en casa, fui a sentarme en una silla que estaba tapada con una toalla. Entonces, el masajista me gritó: 'No te sientes ahí encima'. Se preocupó porque debajo de las toallas había jeringuillas para poner inyecciones a los caballos antes de que entrasen al campo”, relata Mendes, exfutbolista de hasta seis equipos de la primera división portuguesa, entre ellos, el Oporto o el Benfica. Su mujer le abroncaba cuando llegaba a casa con los brazos negros debido a los pinchazos de sustancias dopantes.

La sensación tras realizar este trabajo es que la lucha contra el dopaje en el fútbol español y mundial es muy mejorable. “Los deportistas que se dopan se adaptan a los métodos de los controles, y así la lucha antidopaje siempre va en el vagón de atrás del tren, mientras que los tramposos van en la locomotora. Es todo una farsa”, concluye De Mondenard, que lleva más de 40 años investigando el dopaje en el deporte.

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