mutko, sancionado, corre libre por los palcos

Rusia, rival de España, es la selección más vigilada por doping... y la que más corre

El equipo ruso fue el que más kilómetros recorrió en las dos primeras jornadas del Mundial. FIFA asegura que han investigado y no hay problemas de dopaje, pero voces independientes dudan

Foto: Cheryshev celebra un gol ruso. (Reuters)
Cheryshev celebra un gol ruso. (Reuters)

Rusia sorprendió a todos en los dos primeros partidos de su grupo. Llegaba al Mundial como el equipo más bajo del ránking de FIFA y en la Eurocopa de hace dos años el naufragio fue absoluto. No ha cambiado demasiado en estas dos temporadas, pero en Moscú y en San Petesburgo lo que se vio no correspondía al recuerdo que se tenía de los organizadores. Dos victorias claras, rotundas, contra la muy débil Arabia Saudita y también contra Egipto. El equipo de los faraones apuntaba a favorito en aquel partido, pero cuando quisieron darse cuenta ya habían recibido tres golpes y estaban en la lona sin posibilidad de retorno.

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No es que de repente en Rusia haya surgido un talento insospechado, sigue siendo un equipo con limitaciones técnicas evidentes, pero las carencias de precisión y talento se compensaron con un derroche de energía brutal. 118 kilómetros recorridos contra Arabia y 115 contra Egipto. Ambos datos suponen el máximo en el campeonato y convierten a los anfitriones en los más corretones del Mundial con bastante diferencia.

Paralelamente, aunque también para sorpresa de nadie, el 'Mail on Sunday' británico publicaba esta semana que la FIFA había encubierto casos de dopaje de futbolistas rusos y que al menos uno de ellos habría pertenecido a la lista previa que el seleccionador había confeccionado. La institución presidida por Gianni Infantino niega tajantemente las acusaciones, aunque el diario asegura tener documentación que demuestra lo publicado. El Mail da incluso un nombre, el de Ruslan Kambolov, quien no superó el corte final para el equipo. Explican que dio positivo por esteroides, que fue encubierto dentro del sistema nacional montado en los últimos años y puesto en relieve por el informe McLaren, la investigación sobre el dopaje de estado ruso que llevó a la suspensión del país en los Juegos Olímpicos al considerar que se incurrió en una trampa sistematizada. El proceso está detallado minuciosamente en el artículo, pero no es más que uno más de los muchos similares que se conocen.

Dzuyba reclama en el partido contra Uruguay. (EFE)
Dzuyba reclama en el partido contra Uruguay. (EFE)

La ausencia de una investigación independiente

La FIFA ha declarado en diversas ocasiones que investigaría el fútbol ruso y estaría en especial alerta porque las sospechas en el caso no pueden ser más que abrumadoras. Richard Pound, expresidente de la Agencia Mundial Antidopaje, expresa sus dudas sobre la diligencia de la institución en sus pesquisas y, más aún, sobre el interés de la FIFA en desprestigiar al país que está organizando el campeonato.

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"Tendrían que haber hecho una investigación independiente, o al menos con algún independiente en el equipo con alguna capacidad. La FIFA es una institución que nunca ha tenido una política anti-dopaje sólida", explicaba el antiguo dirigente. Pound tampoco está descubriendo la pólvora, es obvio que el fútbol se ha tomado el dopaje siempre de manera relajada y eso, más que nada, explica la escasa cantidad de positivos que se conocen en este deporte, casi siempre por drogas recreativas. No está de más recordar que La Liga española, como desveló El Confidencial, se pasó casi un año sin controles de dopaje y ni siquiera se montó una gran polvareda cuando se desveló el caso.

Con lo que se conoce del dopaje y Rusia, es muy sorprendente que se llegase a conceder este campeonato al enorme país euroasiático. Travis Tygart, director de la agencia antidopaje de Estados Unidos, así lo manifestaba hace escasas fechas. "Sería ingenuo pensar que Rusia no violará las normas antidopaje durante la Copa del Mundo", explicaba el influyente dirigente a 'The Guardian'. "Rusia no debería albergar este evento, porque claramente ha violado las normas. Mucha gente está frustrada por esto, y aunque es demasiado tarde para hacer cualquier cosa al respecto, al final lo que se hace es mandar un mensaje negativo a los atletas limpios", recalcaba Tygart.

Un reportaje reciente de la cadena deportiva 'ESPN', ahondaba más aún en las contradicciones de la FIFA y su incapacidad para atajar las sospechas sobre Rusia de una manera fiable. Explicaba, entre otras cosas, que Infantino designó al portugués Miguel Maduro para dirigir el comité independente de gobernanza, en principio con la idea de darle carta blanca para que afrontase los muchos problemas que tenía la institución, temblando como estaba después de que el FBI la arrasase entre sospechas de corrupción. La sorpresa de Maduro fue grande cuando unos meses después el propio Infantino le pidió que dejase a Vitaly Mutko presentarse al Consejo de la FIFA. Dos problemas evidentes, el primero es que las normas prohíben cualquier injerencia política y Mutko era vicepresidente ruso; el segundo, que estaba en proceso de ser suspendido por el COI ya que era el máximo responsable del deporte del país en el momento en el que construyeron el mayor sistema estatal de dopaje conocido hasta el momento.

El sancionado Mutko (d), en un entrenamiento de Rusia. (EFE)
El sancionado Mutko (d), en un entrenamiento de Rusia. (EFE)

Los tejemanejes de la FIFA

Mutko no se pudo presentar finalmente, pero Infantino logró que la última plaza del Consejo fuese para Alexey Sorokin, que no encontró oposición al puesto después de que Geir Thorsteinsson, de Islandia, retirase su candidatura. Unos meses después el comité que presidía Maduro desaparecía y el portugués salía de la FIFA mucho más desencantado de lo que llegó a su puesto. En cuanto a Mutko, tuvo que dejar la presidencia del comité organizador del Mundial cuando fue suspendido de por vida por el Comité Olímpico Internacional para cualquier actividad deportiva. Eso no le ha impedido dejarse ver durante el campeonato, tanto en los palcos como en los entrenamientos del equipo ruso.

El reportaje también ponía en solfa el poco interés que tuvo siempre la FIFA en el informe McLaren sobre el dopaje sistemático en Rusia. El propio McLaren así lo expresa, asegura que solo le llamaron una vez y que en ningún caso parecieron interesados en las conclusiones de la investigación. En los papeles que se conocen se habla de que el dopaje sistemático también salpica al fútbol ruso y se habla de una gran cantidad de muestras irregulares en este deporte. El último comunicado de la FIFA dice que han levantado "hasta la última piedra" buscando dopaje en el fútbol ruso, sin encontrar nada. Contrasta radicalmente con lo expresado por Richard McLaren: "Me sorprende, creo que un montón de muestras irregulares siguen ahí y no han sido analizadas, pero la FIFA dice que ha analizado 155 de su deporte y yo me lo tengo que creer. Creo que han relajado mucho siempre su investigación".

Y, con todo eso de fondo, llegó el Mundial y los jugadores rusos empezaron a correr como liebres. El fútbol tuerce la cabeza cuando de dopaje se habla, mira hacia otro lado y alega que este es un deporte de artistas, no de atletas. Como si la falta de aliento en el minuto 80 no pudiese resolverse con sustancias ilegales. Stanislav Salamovich Cherchesov, que así se llama el entrenador de Rusia, da su propia versión de la fortaleza física de los suyos. "Hay una motivación por jugar el Mundial con el apoyo del público". Si se le pregunta algo más, dice que ya el año pasado, en la Copa Confederación, los suyos fueron incansables. Sobre los controles antidopaje, que también fue preguntado, no encontró respuesta alguna.

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