la cruda realidad de la selección

La España de los huevos de oro se agota: ¿por qué hemos dado vergüenza?

España pasa primera de grupo, pero con una victoria sufrida y por la mínima contra Irán y un empate agónico ante Marruecos. ¿Dónde está la identidad que nos hizo los mejores?

Foto: Carvajal intenta llegar a un balón ante la mirada de De Gea durante el partido contra Marruecos en Kaliningrado. (EFE)
Carvajal intenta llegar a un balón ante la mirada de De Gea durante el partido contra Marruecos en Kaliningrado. (EFE)

Los análisis, cuanto más realistas y exigentes, mejor. Se tardará menos tiempo en encontrar las soluciones. El balance de España en la fase de grupos es vergonzoso porque ha olvidado la identidad en su juego, no tiene el control de los partidos, le han perdido el respeto los rivales y no asusta. La Selección ya no pone los huevos de oro que tanta envidia generaban entre nuestros adversarios. Era la marca registrada de la España que decidió apostar por el ‘tiqui-taca’ y nos hizo campeones del Mundo y de Europa. Hoy no quedan más que las cascaras. La gallina parece que envejece con celeridad y a marchas forzadas nos cuesta poner esos otros huevos que te permiten salir del atolladero.

España no ha sido capaz de ganar a Marruecos y consiguió una victoria por la mínima, con mucho sufrimiento, contra Irán. El empate ante Portugal tiene un pase porque son los campeones de Europa y jugaron con la mejor versión de Cristiano Ronaldo. El primer puesto del grupo no puede tapar las vergüenzas del fútbol ramplón, plano, sin alma, insolvente e inseguro, en defensa más que en ataque. Hierro tiene un grave problema. Lo primero que tiene que hacer es hacer fuerte al equipo en defensa porque es una chirigota. Le han marcado cinco goles (tres los lusos y dos los marroquíes) y la broma de la inconsistencia ya no hace gracia. Hay que tomarse muy en serio lo de defender con mejor actitud, contundencia y atención.

España está despistada atrás, hace el ganso en el centro del campo y sobrevive con la inspiración de Isco, el carácter combativo de Diego Costa y la rebeldía de Iago Aspas. Nada más. Jugaremos contra Rusia en los octavos de final con la vergüenza de no haber ganado a Marruecos, una selección muy inferior que no se jugaba nada, y que le puso más coraje que los españoles. Reconoció Isco tras el partido que salieron “dubitativos”. Mal síntoma para un equipo que no impone su estilo de calidad y desequilibrio arriba y que se abandona atrás. España tiene que ponerse las pilas porque ataca andando, a cámara lenta.

Diego Costa pugna por un balón con Amrabat. (EFE)
Diego Costa pugna por un balón con Amrabat. (EFE)


Solo se salvan Isco y Costa

La suerte que tiene España, si se le puede llamar así, es que no tendrá enfrente a Uruguay. Tocará Rusia, la anfitriona, que tiene más defectos que virtudes para competir e impone menos que los uruguayos. Otro gallo cantaría si enfrente estuvieran los Luis Suárez, Cavani, Godín y compañía. Miedo y pánico da pensar que las lentejas habría que jugárselas ante unos jugadores que rebañan el plato. Si no queremos volver a hacer el gallina hay que espabilar, desde Fernando Hierro -que invente otro plan-, De Gea, Sergio Ramos y todo el equipo con humildad y modestia. A De Gea, menos culpable ante Marruecos, le cuesta coger el pulso a los partidos. Sergio Ramos y Piqué han perdido la jerarquía y el liderazgo que deben tener dos caciques. Jordi Alba y Carvajal se quedan a medio camino en su recorrido por las bandas. Lo peor que le puede pasar a un lateral. Ni fuertes atrás ni con profundidad arriba. Busquets es el llanero solitario y tampoco Thiago le da equilibrio y buena salida y circulación a la pelota.

Iniesta se rebela contra las canas que asoman en su cabeza y los partidos se le hacen cuesta arriba. En las segundas partes entra en la alta montaña y queda rezagado. David Silva es un misterio. Apagado. Quedan Isco y Diego Costa, los más rebeldes, orgullosos y enchufados. Pero si tanto cuesta encontrar soluciones, lo suyo es que Hierro empiece por plantearse que ya no somos tan buenos con la pelota en los pies y que conviene juntar al equipo para recuperar la solidez. Por fallar, hemos perdido la presión arriba para recuperar la pelota. En fin, que solo con un cambio de actitud y más mala leche podremos mejorar nuestras opciones pese a que juguemos peor y perdamos la fantasía. No es tiempo de engaños y sí de ponerle ‘huevos’.

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