el club ha terminado pidiendo un crédito

Por qué ninguna empresa quiere poner su nombre al Santiago Bernabéu

Dave Hopkinson fue fichado por Florentino Pérez para buscar una gran empresa que financiase la reforma del estadio a cambio de ponerle el nombre, pero no ha tenido ningún éxito

Foto: Florentino Pérez, en la asamblea para la aprobación del crédito para la reforma del Bernabéu.
Florentino Pérez, en la asamblea para la aprobación del crédito para la reforma del Bernabéu.

A finales de la última primavera, el Real Madrid fichaba a Dave Hopkinson, un gurú del 'marketing' canadiense, para bucear en el mercado de los patrocinadores de cara a encontrar una firma solvente que, a golpe de talonario, diera el respaldo financiero que el club blanco necesita para la modernización del Santiago Bernabéu. Pero las primeras impresiones traen nubarrones grises a las gestiones de Hopkinson y la desagradable sensación de pinchazo en hueso en toda regla. Al Bernabéu nadie quiere ponerle un apellido. ¿Por qué?

Como contó El Confidencial en su día, Florentino Pérez apuntó a lo grande y se trajo a uno de esos grandes virtuosos del 'marketing' que pululan por los mercados deportivos norteamericanos. Dave Hopkinson aterrizó en el Real Madrid procedente de Maple Leaf Sports & Entertainment (MLSE), grupo canadiense dueño de varias franquicias del deporte norteamericano, como los Raptors (NBA), los Toronto Maple Leafs de la NHL y el equipo de fútbol Toronto FC, campeón de la MLS en 2017. Un tipo hecho a sí mismo y con resplandor luminoso de genio de las finanzas, reconocido en todo el mundo, sobre todo en su país, donde recibió en 2012 la Medalla del Jubileo de Diamante de Isabel II, en reconocimiento a sus contribuciones a Canadá.

Florentino Pérez, como se pudo comprobar en la última asamblea de socios, necesita dinero para acometer las reformas y modernización del Santiago Bernabéu, para lo que necesita liquidez, pues el presupuesto para tales obras superará con creces los 400 millones de euros. De ahí que el presidente madridista no moviera una ceja a la hora de traer bajo el brazo a Hopkinson, cuyo contrato superará las siete cifras, además de una suculenta lista de variables por objetivos. El principal objetivo marcado: encontrar un patrocinador para poner un apellido al estadio o, definitivamente, cambiar su nombre, los famosos 'naming rights'.

Pero lo que iba a ser un caramelo a gusto de todos se ha vuelto una piedra en el riñón. Porque el peso del Santiago Bernabéu es lapidario y los expertos no quieren arriesgar que el peso brutal de la leyenda tire por tierra una faraónica inversión. De ahí que hayan pegado la espantada las firmas de países petrolíferos sondeadas y los grandes inversionistas que siempre estuvieron ligados al Real Madrid. Nadie le quiere dar la espalda al club blanco, pero ninguno de sus tradicionales amigos pondrá un euro para convivir con la leyenda, pues saben que más pronto que tarde quedarán engullidos por el nombre.

Nombres de demasiado peso

Dave Hopkinson. (MLSE)
Dave Hopkinson. (MLSE)

Existen clubes con nombres en sus estadios tan inamovibles como sus colores y sus escudos. Uno de ellos es el Santiago Bernabéu. O el Manchester United y su Old Trafford. O el Liverpool y su Anfield. Son estadios únicos cuyas leyendas se encuentran por encima de cualquier aventura financiera.

Los grandes inversores le hicieron ver a Florentino Pérez, y por ende a Dave Hopkinson, que sería distinto si el Real Madrid construyera un nuevo estadio desde sus cimientos, muy lejos de su leyenda, tal y como han hecho el Bayern de Múnich (Allianz Arena), el Arsenal (Emirates Stadium) o, más cercano, el Atlético de Madrid (Wanda Metropolitano). Pero los planes de Florentino Pérez, como se vio en la última asamblea, no van por esos derroteros.

Tampoco parece muy satisfecho Dave Hopkinson (que aparece en la intranet del club, a cuyo cargo está Indra, como director de 'ticketing'; es decir, director de venta de entradas), porque hasta el momento los llenos en el Bernabéu tardan en aparecer. Los resultados tampoco acompañan al equipo, muy lejos de los mares goleadores que propiciaba Cristiano Ronaldo y con resultados que disgustan a su hinchada. En el clásico Real Madrid-Atlético, sobraron 3.000 entradas. El nuevo ejecutivo madridista, hombre simpático y con fama de trabajador incansable, le sigue dando vueltas a su olla mágica en busca de la poción ideal. Florentino espera inmutable, lo suyo es la paciencia.

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