UNA ERRÁTICA Y DESCONCERTANTE GESTIÓN

La F1, ¿negligente? El GP de Australia es solo un aviso de lo que vendrá para todos

La Fórmula 1 ha reproducido en su crisis del coronavirus el desconcierto al gestionar la entrelazada red de intereses económicos en peligro ante una pandemia desconocida

Foto: Mientras que Red Bull siempre quiso correr el GP de Australia, Wolff cambió de opinón, y Ferrari se negó desde el principio (REUTERS)
Mientras que Red Bull siempre quiso correr el GP de Australia, Wolff cambió de opinón, y Ferrari se negó desde el principio (REUTERS)

“Como carrerista, esta es la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Como CEO, ha sido la más fácil”. Así reflexionaba Zak Brown sobre los eventos vividos por su equipo en el ya abortado Gran Premio de Australia. Para los máximos responsables de la Fórmula 1 resultó todo lo contrario.

¿Debía haber viajado la Fórmula 1 a Australia? Ante los antecedentes globales en multitud de eventos dentro y fuera del deporte, Liberty y compañía cometían un grosero error de cálculo. Como tantos gobiernos, instituciones públicas y particulares en estos desconcertantes tiempos, ya que no existen precedentes de una pandemia en una economía globalizada. Pero mientras está primera fase de la crisis del coronavirus exige previsión y atención sanitaria, la segunda oleada llegará en las próximas semanas con el impacto económico de sus efectos sobre la sociedad. Con su intrincada red de intereses en juego, la Fórmula 1 lo ha visibilizado también globalmente.

¿Peca Hamilton de ingenuo?

“Estoy muy sorprendido de estar aquí…Parece que el resto del mundo está reaccionado, quizás un poco tarde. Pero esta mañana hemos visto a Donald Trump cerrando las fronteras de Europa a los Estados Unidos, la NBA ha sido suspendida. Pero la Fórmula 1 sigue”. Luego le preguntaron a Lewis Hamilton por qué se mantenía el Gran Premio de Australia: “El dinero es el rey. Sinceramente, no lo sé”. La gestión del evento se presentaba así como otra lacerante prueba de la jerarquía de los intereses económicos sobre otros de naturaleza social. Hamilton fue el más directo y crudo al expresarlo. Numerosos periodistas criticaban la política seguida por los responsables de Liberty ¿No entraba ya medio mundo en acción, y el resto a punto de tocar a rebato como para haber cancelado tiempo atrás la carrera? ¿Obviaba la Fórmula 1 consideraciones de primer orden, como la salud, ante intereses más cuestionables?

Independientemente de sus bienintencionadas palabras, sorprende la ingenuidad en el planteamiento del piloto británico. No tanto por el fondo, como por la forma de expresarlo. A buen seguro, Chasey Carey o Toto Wolff no estarían muy satisfechos con la particular sinceridad de uno de los diez deportistas mejor pagados del mundo. Gracias a la capacidad de la Fórmula 1 para generar miles de millones como pocos espectáculos o deportes en el planeta. Porque, efectivamente, el dinero “es el rey” en la F1. Como en cualquier otro deporte.

La F1 también son los equipos

La Fórmula E fue el primer campeonato en cancelar una carrera, en Sanya, China, hace ya un mes. El resto (Moto GP, fútbol y otros muchos campeonatos) han empezado a reaccionar en estos últimos diez días. Multitud de eventos deportivos y sociales ya estaban borrados del mapa en numerosos países. ¿Por qué no haber tomado la decisión una semana antes? ¿Por qué esa incomprensible incertidumbre hasta horas antes de la primera sesión de libres? ¿No justificaba el contexto decisiones rápidas como la de Zak Brown?

La pasada semana, dentro del podcast “Dentro del Paddock” en El Confidencial, el periodista español José María Rubio revelaba que miembros de Williams le confesaron en Montmeló que, de no celebrarse los dos primeros grandes premios, el equipo podría no participar en el campeonato 2020. ¿Qué tipo de presiones habrán ejercido los equipos sobre Liberty para agotar todas las posibilidades de celebración del Gran Premio? De no haber sido por el positivo en el seno del equipo McLaren, posiblemente el Gran Premio se hubiera celebrado. Pero tras hacerse público, los equipos se dividieron entre quienes querían correr, y los que no. Mercedes estaba a favor de seguir. hasta que una llamada de Toto Wolff a la cúpula de Daimler le hizo cambiar de opinión.

La tela de araña de intereses

Pero no se trataba sólo de Liberty. Australian Grand Prix Corporation organiza un gran premio cuya celebración depende de dinero público. Cancelarlo suponía devolución de entradas después de inversiones millonarias para poner en pie unas instalaciones que ahora deben retirarse, además de acuerdos comerciales locales... Para la cobertura de sus intereses había que agotar todas las opciones, de aquí la interminable jornada del jueves. En definitiva, nadie quería que le se atribuyera incumplimiento de un contrato. ¿Fuerza mayor? también necesita fijarse legalmente. Los espectadores ya se agolpaban en la puerta cuando el gran premio se cancelaba.

No solo se trataba del organizador local. También entran en juego los contratos con las televisiones de todo el mundo, con desembolsos millonarios en régimen de ‘pay per view’ muchas de ellas ¿Quién soporta ahora las pérdidas de una cancelación? ¿Y los contratos publicitarios de estas con empresas anunciantes? Imaginemos también las obligaciones legales entre un equipo y sus diferentes patrocinadores ¿Pagar a un equipo en una carrera no celebrada? ¿Pagará ahora Australian Gran Prix Corporation el canon a la Fórmula 1? Si Liberty no recibe ingresos ¿cómo cubrirán los equipos sus presupuestos e inversiones sin los ingresos derivados de su participación en el campeonato?

Desde la perspectiva de los valores primordiales ante la crisis del coronavirus, la Fórmula 1 ha fallado en su gestión e imagen derivada de ella. Pero tampoco debería extrañar que entidades con intereses dispares y entrecruzados pugnen en su defensa hasta donde las circunstancias lo permitan. Está en el singular espíritu e historia de la Fórmula 1 una especial resiliencia para superar todo tipo de obstáculos. Pero la lección final de este episodio también ilustra que estos días solo han visibilizado las consecuencias del impacto global que esta crisis supondrá para entidades, empresas y particulares. Algo de lo que Lewis Hamilton, magnífico en su fibra humana pero sorprendente a veces en su ingenuidad, debería ser plenamente consciente. Es el mundo en el que vivimos. Pregunten a los politicos en España.

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