LA MUERTE DE UNO DE LOS CLÁSICOS DEL DAKAR

"Te quiero, Gonçalves". Por qué los más duros lloran cuando muere un piloto de motos en el Dakar

Veterano de la prueba desde su debut en 2006, la muerte en accidente del veterano y querido piloto portugués Paulo "Speedy" Gonçalves ha conmocionado a la caravana del Dakar

Foto: El piloto portugués Paulo Gonçalves fallecía en un accidente en el Dakar, uno de los pilotos más queridos de la caravana.
El piloto portugués Paulo Gonçalves fallecía en un accidente en el Dakar, uno de los pilotos más queridos de la caravana.

“¡Um guerreiro! ¡Descanca em Paz!”. De compatriota a compatriota. Antonio Félix da Costa, el más internacional de los pilotos portugueses, despedía en Twitter a Paulo Gonçalves, fallecido en la séptima etapa del Rally Dakar. Aún cuesta creerlo.

Permitan por una vez una columna más personal, fruto de la admiración a estos guerreros cuajada durante más de dos décadas de cobertura televisiva diaria del Dakar, Guerreros todos, los protagonistas de la moto en el Dakar. Admiración que nace tras encariñarte con ellos una edición tras otra a través de avatares, aventuras, alegrías, penas, lesiones y, desgraciadamente, también fallecimientos. Por ello sienta como un puñetazo en el estómago la caída en combate de uno de ellos. Piensas que la experiencia de miles de kilómetros sobre una moto escribe con caligrafía débil un salvoconducto contra la muerte. Para nada. Paulo Gonçalves no es el primero en caer entre los veteranos. Ni será el último. Las lágrimas de Marc Coma, duro entre los duros y que ya conoce trances similares, serían suficientes para entender el impacto que supone la muerte de un ‘motero’ del Dakar, de una magnífica persona como Gonçalves. Suele decirse lo mismo de alguien al morir. En su caso era totalmente cierto.

Filosofía espartana de la vida

Porque además de su larga trayectoria dakariana, Paulo Gonçalves llevaba la bonhomía escrita en los surcos de su curtida cara. Era otro rocoso pero amable guerrero de este singular ejercito de hoplitas sobre ruedas. Al piloto portugués todo el mundo le quería. Poco trascienden hacia el exterior las diferencias y rencillas entre los grandes protagonistas de la moto, que las hay, pero quedan en el vestuario de una cofradía hermética unida por unos códigos únicos, por la certeza absoluta de las graves lesiones y la omnipresencia de la espada de la muerte flotando sobre sus cascos. No es dramatismo al calor de la muerte de Gonçalves, porque la suya es una nueva constatación de la realidad.

Con Gonçalves y sus colegas recibes cada año enormes y numerosos ejemplos de resiliencia física y mental. Se forjan en una filosofía más espartana de la vida. Los medios de comunicación españoles saben, por ejemplo, de esa amable distancia de Marc Coma o Joan Barreda. No los desdeñan, tampoco los buscan. Simplemente viven en otra onda despegada de superficialidades. El ego de los deportistas de élite existe, pero poco vedetismo verás en un motero dakariano. Gonçalves era un ejemplo perfecto de ello. Y, de repente, un clásico del Dakar te dicen que ya no está.

"Un piloto es alguien frágil"

Estos días, Hubert Auriol "El Africano” visitaba el Dakar. Una de sus leyendas, el primer piloto ganador en dos y cuatro ruedas, protagonista de increíbles momentos sobre la moto. En 1987 luchaba con Cyril Neveu por la victoria en una dura pugna diaria. Pilotandos ambos como posesos, en la penúltima jornada Auriol se enganchó con una pierna en un tronco. Se destrozó las dos en la subsiguiente caída. Volvió a subir a la moto y llegó a meta, donde comprobó que no podía mantenerse en pie, entre lágrimas y gritos de dolor porque, lesiones aparte, también se le había escapado el triunfo en el Dakar.

“Los pilotos de motos dan una especial dimensión a esta carrera. Porque un piloto es alguien frágil y tiene que afrontar todo a solas", explicaba Auriol estos días. "Toma las decisiones solo. Navega solo. Repara la moto solo. Está a cargo de todo. Hay una parte heroica en los pilotos de motos. Es algo increíble ser capaza de terminar la carrera en una moto”. Entonces, uno recuerda ahora a Paulo “Speedy” Gonçalves estos días para personificar las palabras de Auriol. Este año había dejado la todopoderosa Honda para fichar por Hero. En la tercera etapa se rompía el motor de su montura. Tuvo que esperar más de tres horas a que llegara la asistencia, desmontarlo, rehacerlo y llegar a la meta. También solo. Logró seguir en carrera, aunque ya sin opciones para la clasificación general. Al día siguiente llegaba entre los primeros. A pesar del tiempo perdido, no debía de haber bajado el ritmo para sufrir semejante accidente mortal.

"Me cuidaste como un hermano"

Presente en el Dakar desde 2006, la muerte de “Speedy” Gonçalves duele. Como la del maravilloso Fabrizio Meoni, como la de Richard Sainct, números uno en el momento de caer en combate. Gonçalves era un clásico, un gladiador profesional del Dakar. Había corrido en África, Sudamérica y ahora también en Arabia Saudí. Fue segundo detrás de Marc Coma en 2015. Ha abandonado varias veces la carrera con fracturas y caídas. En 2017 paró para ayudar a Matthias Walkner tras un grave accidente del austríaco. “Tenemos un código de fair-play que es respetado por todos, no tengo ninguna duda que otro colega si me viera en la misma situación no dudaría en parar también. Ninguno deja a un amigo atrás en pleno desierto sin ayuda”. Pocos días después abandonaba inconsciente tras el accidente que también sufrió. Lesionado días antes de la edición de 2018, abandonaba por otra caída el pasado año. Este ha fallecido cuando ya nada se jugaba. Son de otra pasta.

El francés Adrien Van Veberen salía por los aires nada más comenzar la presente edición. Hace dos años tenía la carrera ganada y se machacó en una caída. El pasado año lloraba ante el motor roto de su montura cuando tenía opciones para ganar. Como lloraba el americano Ricky Brabec en 2019 con la victoria a la vista y su moto noqueada mecánicamente. Como Kevin Benavides este viernes, también derrumbado en lágrimas sobre su moto cuando otra avería le ha dejado sin victoria. Tipos duros que derrochan trabajo y una preparación hercúlea, arriesgan a velocidades increíbles entre piedras, rocas y arena, acompañados en muchas ocasiones, literalmente, por el dolor físico. A diferencia de otras categorías, los 'moteros' lloran cuando pierden el Dakar por tanto que ponen en juego. Imaginemos entonces cuándo un compañero se va. Solo hacía falta ver caer de rodillas en lágrimas a varios de sus colegas, de escucharles este domingo, a Laia Sainz, a Joan Barreda u otros. Además de un gran piloto, se ha ido un buen tipo.

El castellonense es otro vivo exponente dakariano. Un diablo sobre la moto, machacado por las lesiones, tocado por una caída justo antes de llegar al Dakar, superando las dos sufridas durante esta edición, fue hasta el año pasado y durante mucho tiempo compañero de equipo de Speedy Gonçalves. Hablábamos en este espacio días atrás de los boletos y la lotería del Dakar en moto. Le ha tocado a su amigo. “Aún no puedo creer que esto haya pasado. No sé ni que decir”, escribía en Twitter el castellonense. “Me cuidaste durante todos estos años como un hermano. Recuerdo la inmensidad de horas que pasábamos solo en el desierto, cuidándonos a 100 metros el uno del otro, permanecerán siempre en mi alma. Te quiero, Paulo”.

Fórmula 1

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios