el piloto DE TORO ROSSO no seguirá en la f1

La cara más despiadada de la Fórmula 1 o el conmovedor adiós de Brendon Hartley

En una carta de final de temporada, el neozelandés Brendon Hartley cuenta su experiencia personal, esa vida oculta tan habitual para la mayoría de los pilotos de la parrilla de F1

Foto: Brendon Hartley durante una conferencia de prensa. (Reuters)
Brendon Hartley durante una conferencia de prensa. (Reuters)

Un piloto de Fórmula 1 entra en un paddock como protagonista admirado. Los fotógrafos y las cámaras se lo confirman. Manejará una sofisticada máquina de millones de euros envuelto en la estética de un guerrero moderno. Los aficionados le buscarán para un selfie, un autógrafo, mientras los patrocinadores le llevarán de un lado a otro para cumplir su papel. Su imagen llegará a millones de personas en todo el mundo. Quizás, gane millones al año… Sí, pero no…

Brendon Hartley ha visto cómo su sueño en la Fórmula 1 se ha evaporado. Y en una suerte de desahogo emocional, el neozelandés ha soltado el lastre arrastrado durante toda la temporada con una carta como el paciente en el sillón de su psiquiatra. Necesitaba compartir y exteriorizar esa vida oculta que tantos pilotos sufren entre ese artificial fulgor que envuelve a esta trituradora humana que es la F1. Escuchar a Hartley también es conocer mejor un mundo donde para sobrevivir hace falta talento, algo de suerte, y alma de titanio.

Las bombillas intercambiables

Para empezar, conviene tener clara la premisa inicial. En una parrilla de un Gran Premio, los Hartley son mayoría. “Se habla mucho de la lucha por el título pero para los equipos de mitad de tabla, que están luchando literalmente por sus puestos de trabajo, sus carreras, hay un tipo diferente de intensidad que no siempre se capta por la cámara”. En el caso que nos ocupa, la mayoría de quienes se ponen al volante han de asumir que Ferrari tenía razón: “Los pilotos son bombillas intercambiables”. En esta Fórmula 1 moderna, más incluso que en su época.

Hartley ha querido escribir una carta de agradecimiento, pero también revelar la situación en la que se desarrolló su temporada. Con diferentes condicionantes y circunstancias no muy diferentes a las de otros muchos pilotos de la parrilla. La opinión pública e incluso los periodistas no conocen las múltiples derivadas que condicionan el rendimiento y el resultado de un piloto, factores ajenos a su talento y rendimiento entre tanta sofisticación, dependencia tecnológica. Hartley hablaba de "golpear pájaros, ser sacado en las primeras vueltas, penalizaciones de motor, fallos de suspensión y otros problemas que no eran mencionados en público”. Algo fallaba, no siempre por culpa suya, pero en Fórmula 1 no son las justificaciones sino los resultados quienes sentencian.

"Un aficionado lo sabe, un piloto lo vive"

Hartley habla de la historia de “una presión como nunca antes había vivido”. Red Bull es el entorno ideal para experimentarla, máxime si tus resultados no llegan por cualesquiera razones. El neozelandés lo descubrió al llegar a Mónaco, sexta carrera de la temporada. “Lo que siempre recordaré es andar por el paddock para ver a la prensa el miércoles antes de que comenzara el fin de semana, y recibir un buen puñado de preguntas sobre mi futuro. Aquí estoy, con solo unas carreras de Fórmula 1, y ya me están preguntando por el final. Pero peor fue descubrir al final del día que había algo de verdad en los rumores. Después de algunas carreras, parecía que alguna gente no me quería. Seré sincero. Fue un shock. Después de llegar con mucha experiencia, dos títulos de campeón del mundo del WEC, una victoria en Le Mans y superar a mi compañero de equipo en dos de las tres primeras carreras, era duro asumir que se hablaba de sustituirme tan pronto”.

A partir de aquí, la historia de Hartley en la Fórmula 1 es la de una espada de Damocles amenazando su cuello y su cabeza. Bueno, dirán algunos, más duro es bajar a una mina a diario o trabajar con enfermos terminales. Y es cierto, pero no exime el grado de intensidad con el que se ve forzado a vivir un deportista en este entorno. “La vida es dura en la Fórmula 1. Hay tanto dinero en el deporte y tanta gente involucrada que es natural que haya tanta política. Si eres un aficionado, lo sabes. Si eres un piloto, lo vives”. Es bueno recordarlo una vez más bajo las vivencias de uno de ellos.

El Toro Rosso de Brendon Hartley. (EFE)
El Toro Rosso de Brendon Hartley. (EFE)

"Si me tiraba un pedo..."

Porque la vida de Checo Pérez -que tuvo que actuar legalmente contra su equipo- de Sirotkin, de Eriksson incluso de Bottas, tampoco era muy diferente. Por no hablar de Esteban Ocon, ese piloto que ganó a Verstappen en la Fórmula 3, que tenía un pie en Renault y que hoy está fuera de la parrilla pasmo mediante del mismísimo Toto Wolff, a quien le hicieron una envolvente que aún tiene clavada. Por no hablar de Carlos Sainz, quien vivió durante buena parte de la temporada maniatado legalmente, sin margen de maniobra, y sin poder decir una palabra más alta que otra. Algún día se conocerá mejor la historia de cómo se consiguió “salvar al soldado Ryan” español.

Pero Hartley no se compadece de esa presión “única que nunca había experimentando antes”, sino que disfrutaba intentando superarla con las armas en su mano. Mejor que lo explique él mismo: “Así son las cosas. Cada piloto o atleta profesional debe manejar esa presión, y cada uno tendrá su propia manera de hacerlo y de convertirla en algo positivo. La presión llega desde todos los ángulos de la Fórrmula 1, pero la sensación de estar constantemente bajo el microscopio es algo que nunca había experimentado antes. Parecía que si me tiraba un pedo en el coche iba a haber alguien que lo comentara o escribiera sobre ello. Me vi endureciéndome, siendo más egoísta con mi tiempo en los fines de semana, y preocupándome menos de lo que los otros pensaran”.

Andar sobre cáscaras de huevo

Al final, los rumores se hicieron realidad. Quizás Brendon Hartley solo había sido una solución provisional para Helmut Marko. Quizás, el austríaco pensaba que no tenía el cuajo necesario para sobrevivir a la presión de este mundo. Quizás solo fuera un peón más en el tablero de ajedrez de Red Bull. “Este es el tema de la política en la Fórmula 1, puede ser un poco… difícil. Todo el mundo parece como si anduviera sobre cáscaras de huevo, y nunca hay claridad”. Una hora después de terminar el Gran Premio de Abu Dabi le llamaron para una reunión: "Muchas gracias y adios".

Charles Darwin hubiera encontrado un campo de estudio más idóneo en los pilotos de Fórmula 1 que con sus pinzones de las Galápagos. Con todo, la historia de Brendon Hartley nos recuerda una vez más que dentro de un casco de brillantes colores sigue latiendo el corazón de un ser humano. Pero también nos ayuda a comprender qué aleación late en el seno de quienes triunfan en este universo tan despiadado.

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