tiene tokio 2020 como meta

La fe en el tirano Alejandro Valverde (o por qué es mejor que Peter Sagan)

Alejandro Valverde ha logrado poner a afición, rivales y compañeros de equipo de acuerdo a la hora de señalarle como un ciclista especial y legendario. Su oro de este domingo lo refrenda

Foto: Alejandro Valverde y su abrazo con el carismático Peter Sagan. (EFE)
Alejandro Valverde y su abrazo con el carismático Peter Sagan. (EFE)

Hace 15 meses, Alejandro Valverde se miró su pierna izquierda, comprobó que no podía ni ponerse de pie y pensó que su carrera como ciclista “se había acabado”. Así lo reconoció posteriormente. Era el prólogo del Tour de Francia, estaba tumbado sobre el asfalto mojado de Düsseldorf, tenía una raja enorme en su espinilla, la rodilla partida en dos y otra herida en la zona anal. Sus emociones eran diametralmente opuestas a las de este domingo por la tarde, cuando Peter Sagan le colgó en su cuello la medalla de oro, el metal que acompaña al maillot arcoíris que distingue al campeón del mundo de ciclismo.

Lo suyo es inconcebible. Un auténtico campeón. Ha vivido varias generaciones de ciclistas y él sigue ahí venciendo. No hay otro como él”, reconocía Peter Sagan al inicio de la Vuelta de este año en 'Marca'. Y el eslovaco, al que ya era costumbre verle vestido con el maillot que durante un año lucirá Valverde, quiso subir al podio para ser él mismo el encargado de darle el oro. Un gesto que habla del reconocimiento y la admiración del que había sido campeón durante los tres últimos años. Se saltó el protocolo porque había ganas de que el Bala se llevase el Mundial, su objetivo desde que en 2003 esprintara por primera vez en la carrera de un día más dura del mundo y se llevase la plata. Después llegarían otra plata más y cuatro bronces. “Estoy sin palabras, no me lo creo todavía. Han sido tantos años luchando por él y al fin se ha conseguido. Es un sueño para mí. En el último kilómetro, sabía que no podía fallar”, se expresaba, emocionado, Valverde al cruzar la línea de meta.

Llorando como magdalenas

“Ha sido increíble. No sé si estoy más contento hoy o cuando hace dos semanas subí al podio de la Vuelta. Hemos llorado como magdalenas; después de una vida luchando por un arcoíris, en uno de sus últimos años, lo ha conseguido, y es una pasada. Hemos convivido en Sierra Nevada, en Granada, de risas y cachondeo; a la hora de trabajar, trabajábamos, pero el grupo que hemos hecho ha sido impresionante. Hay que dar la enhorabuena también a Javier Mínguez, el que organizó todo esto de hacer la concentración y de descansar bien. Él sabía que era el Mundial de Alejandro y así ha sido”. Enric Mas, la grata sorpresa de la pasada ronda española, mostraba de esta manera tan natural la alegría que se respiraba en la selección española. Los de Mínguez, que en otras ocasiones habían sido criticados por hacer cada uno la guerra por su cuenta (época de Purito, Valverde y Contador), en Innsbruck trabajaron en bloque por y para Alejandro.

La fe del equipo en el murciano estaba apoyada en su propia autoconfianza. A pesar de su reciente pájara en La Gallina, donde 'tiró' el podio en la Vuelta, aseguraba estar en “buena forma” y esa seguridad en sí mismo va a misa. “Era una de las últimas balas y Alejandro lo ha conseguido. Vamos a echar muchísimo de menos a Valverde, y no solo por carreras como esta: él siempre está entre los favoritos”, reflexionó Óscar Freire este domingo, grabando allí mismo con su propio móvil, a escasos metros el podio, la ceremonia del cuarto español que se proclama campeón del mundo.

Unas 25 victorias al año

Alejandro, entre otras, ha ganado cuatro Liejas, cinco Flechas Valonas, tres Voltas a Catalunya, una Vuelta a España (y cinco podios), ha logrado un tercero en el Tour de Francia y otro en el Giro de Italia, además de dos títulos como el mejor ciclista del mundo en la UCI World Tour (2014 y 2015). Es una leyenda, un 'tirano' que, como apuntaba Tom Boonen hace dos años, tiene algo que ni el mismísimo Peter Sagan posee: “Valverde gana unas 25 carreras por temporada de todas las formas y maneras posibles. Eso es talento de verdad. Sagan no deja de ser un 'sprinter' que puede hacer un poco más. No gana tanto. Es un muy buen corredor, pero no alguien que marque tanto la diferencia”.

El político catalán Gabriel Rufián se animó este domingo a regalarle unas palabras bastantes representativas: “Alejandro Valverde no necesitaba una medalla en el pecho para ser un campeón. Pero ya la tiene. Enhorabuena, Bala”. Pocos dudaban ya de que este oro es un premio que se ajustaba perfectamente a su perfil, un 'clasicómano' capaz de competir y ganar en grandes vueltas, un todoterreno como el tenista que gana en pista dura, tierra batida o lo que le echen.

Tiene contrato hasta 2019 con el Movistar y aunque la palabra 'retirada' parezca desde hace un tiempo su segundo apellido, si se encuentra bien correrá hasta Tokio 2020, cuando tenga 40 primaveras, quién sabe, si con alguna medalla más colgada al cuello. “Quedar campeón del Mundo era un sueño para mí. Por fin se ha podido conseguir… Con esta victoria, ya me puedo retirar tranquilo, casi había tirado ya la toalla”. Con más vidas que un gato, si en julio de 2017 atravesó uno de los peores momentos de su carrera (aparte de su aparición en la operación puerto de 2009) tirado en el asfalto empapado de Düsseldorf, este domingo ha hecho realidad el deseo de quien se subiera por primera vez a una bicicleta a los seis años: 32 años pedaleando para esto, y aún le queda un par.

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