fue segundo en la vuelta a españa

Desmontando a Enric Mas, el cuadriculado mallorquín que hace bromas sin cámaras

El ciclista mallorquín se integró en la fundación de Alberto Contador y fue conducido a la élite por el Quick-Step, un equipo que ahora puede quedársele corto para sus ambiciones

Foto: Enric Mas celebra su victoria en Andorra. (EFE)
Enric Mas celebra su victoria en Andorra. (EFE)

Da igual a quien le preguntes, dentro del planeta ciclismo todo el mundo es consciente de las enormes cualidades de Enric Mas. Este año ya había plasmado unas cuantas pinceladas sobre el lienzo, como en el País Vasco o en Suiza, peleándose con los hombres que preparaban el Tour, pero el brochazo definitivo, ese que le ha permitido llegar al gran público, se lo estaba reservando para la Vuelta a España: ganador de etapa en Andorra y segundo puesto en la clasificación general tras una última semana para enmarcar. Tiene 23 años y la obra no está definida, pero pinta bien. Este domingo, en el Mundial de Innsbruck, hay otra oportunidad para verle (en principio ayudará para que Alejandro Valverde pelee por el oro).

En Mallorca la hazaña del joven Mas ha sido tan comentada como el undécimo Roland Garros de Rafa Nadal o la triple corona mundial de Mario Mola, otras de las joyas deportivas de las que presume la isla. Ni que decir queda de Artà, su municipio natal. Pero si hay alguien al que le ha hecho especial ilusión la “machada” del de Quick-Step, ese ha sido a Antonio Vallori. “El revuelo que se ha montado con todo esto me parece surrealista, cuando yo gané pasé desapercibido”, comenta entre risas.

Hasta hace nada Vallori, de 69 años, ostentaba el “triste sambenito” de ser el último balear en levantar los brazos en una etapa de la Vuelta; concretamente, la disputada entre Cambrils y Barcelona en 1976, cuando corría dentro de la estructura del Novostil. Otros muchos lo intentaron a posteriori, como Joan Horrach o Toni Tauler, pero han tenido que pasar 42 años -70 si tenemos en cuenta el último podio de Bernardo Capó- para que un oriundo saboreé las mieles del éxito de nuevo. “Hubo un tiempo que los ciclistas de aquí dominábamos, pero cuando se extendió el turismo por toda nuestra isla hubo un bajón importante. Asustaba salir en bicicleta, hoy todavía pasa –advierte- pero por suerte ha llegado Enric para retirarme”.

De aquel día, su única victoria en una grande, recuerda que hacía mucho frío y que consiguió escaparse del pelotón a 80 kilómetros de meta: “En el grupo me dijeron de todo menos bonito porque querían pasar un día tranquilo y yo lo impedí. Decidí probar porque había que dar espectáculo”. Coronó el Ordal a un ritmo decente, sin vaciarse, y se tiró con todo en el descenso. “Fue muy bonito, la venía persiguiendo con ahínco y el día de antes ya me había dejado caer del grupo de favoritos para reservar fuerzas”, explica emocionado.

Enric Mas, con su premio por el segundo puesto en La Vuelta. (EFE)
Enric Mas, con su premio por el segundo puesto en La Vuelta. (EFE)

Cuadriculado y disciplinado

Vallori conoció a Mas este mismo año en una marcha cicloturista, la Mallorca 312. Apenas cruzaron unas pocas palabras, pero el de Artà le prometió que intentaría algo grande en el mes de septiembre. “No me sorprendió, él tiene todas las condiciones para conseguir lo que se proponga. Además – asegura- este es el típico mallorquín cuadriculado y disciplinado que sabe lo que tiene que hacer”.

Desde bien pronto a Enric su tierra se le quedó pequeña. En escuelas dominaba con mano de hierro a todos los corredores locales, tanto en ruta como en pista, y en edad cadete ya emprendió su primera aventura lejos de casa, en el AEL valenciano, antes de entrar a formar parte de uno de los equipos más potentes en categoría junior, el Castillo de Onda. “Yo no lo quería – afirma con contundencia José Cabedo, por aquel entonces su director en Castellón y hoy manager del Burgos BH- había tenido baleares en años anteriores y es un tema difícil en cuanto a logística y tiempo, ya que cada vez que tenía que ir al aeropuerto para recogerlo o llevarlo perdía cuatro horas”. Sin embargo, desistió: “Mis corredores me convencieron, fueron muy pesados”. Entre los que le envalentonaron, Cristian Torres, ahora en las filas del Escribano Sports amateur, que vio en Mas el compañero perfecto.

Cabedo era consciente de que se encontraba ante un ciclista distinto. Desde el principio fue una de las grandes sensaciones del calendario con victorias de peso en el Circuito Cántabro o la Vuelta a Pamplona, poco antes de proclamarse campeón nacional en contrarreloj: “Junto con Cortina, dominaba la escena y ya en su primera temporada compitió en europeos y mundiales. Estaba muy por delante de gente más experimentada”.

Los excelentes resultados le abrieron de par en par las puertas del equipo de la Fundación Alberto Contador, que le cautivó con una oferta prácticamente irrechazable, pues le cubrían todos los gastos de desplazamiento, más el material. “Me quedó un sabor agridulce cuando se fue a la fundación”, señala antes de contar una de las anécdotas que más le impactaron. “La primera carrera que ganó con ellos fue el Trofeo Cabedo que yo organizo. Nos pasó por encima, no me lo podía creer. ¿Cómo me hace eso?”, se pregunta con guasa el técnico, que no olvida que el día previo a la competición estuvo durmiendo en su casa.

Bajo el amparo del campeón de Pinto, Enric quemó su última etapa en juveniles y afrontó dos como amateur, dejando constancia de una enorme calidad y nivel de progresión. Su instructor desde cadete, el exprofesional Toni Colom, es testigo directo de sus entrenamientos y reconoce que trabajar con él da gusto porque es “muy meticuloso y no se arruga ante nadie”. Un ejemplo del carácter ganador y atrevido que ha ido forjando encima de la bicicleta se puede extraer de la siguiente conversación, según el buñolí: “Me llamó para comunicarme que iba a entrenar con Alberto y me preguntó si debía seguir su rueda. Yo le dije que ni lo dudara, que lo diera todo hasta que le soltara”. Y concluye: “La realidad fue que en aquella concentración Contador asfixió a todos los chavales, pero tuvo que exigirse mucho para distanciarle a él”.

Un filial del Quick-Step

Preparando ya su salto a la máxima categoría del ciclismo, en 2016, con 21 años, fichó por el equipo checo Klein Constantia, de categoría continental profesional y filial del Quick-Step belga. Fue Joxean Fernández ‘Matxín’, entonces ojeador de la estructura y ahora manager del Team Emirates de Fabio Aru, quien le dio la oportunidad de cumplir su sueño. “Llevo muchos años en esto y te garantizo que es uno de los jóvenes que más me ha llamado la atención –reconoce con franqueza- le seguía desde Onda y vale para todo: carreras de un día, de una semana y hasta casi de un mes”.

Como no podía ser de otra manera, su año volvió a ser bestial con las victorias en Alentejo y el Tour de Savoie, más un segundo puesto “engañoso” en el Valle de Aosta. “Puso pie a tierra por un calambre cuando le faltaban 50 metros para llegar a meta y ganarlo. No lo consiguió, pero si le preguntas a cualquiera de los que estuvieron allí te van a decir que el mejor ciclista fue Enric”, aclara el vasco, por si las dudas. Pese al interés de Movistar, en 2017 debutó en el circuito World Tour con el azul de Quick-Step, deslumbrando especialmente en Burgos, donde fue segundo en la clasificación final, solo superado por Mikel Landa; y en la Vuelta, en la que echó un capote a su maestro Contador en la mítica subida al Angliru.

Sin embargo, ha sido este el año de su consagración. “No me sorprende –expresa Cabedo- hablé con él antes de que empezara la Vuelta y ya me insinuó que buscaba la general”. Lo que no entraba en las quinielas de nadie era el podio. “Me ha superado, ser el más fuerte en la última semana de una grande es un caso excepcional en una persona tan joven, más sabiendo que venía corto de preparación tras su lesión en el Tour de Valonia”, indica Matxín.

Efectivamente, una tendinitis de rodilla le mantuvo una semana parado, tal y como confirma Colom, que tuvo que meterle una “caña increíble” para que su pupilo llegara en óptimas condiciones a la salida de Málaga. Luego, una bronquitis en el transcurso de la carrera casi lo deja fuera de combate en La Covatilla. “Esa noche, en el hotel, después de haber perdido casi un minuto con los gallos le vi bastante afectado, con la cabeza gacha y la mirada perdida”, recuerda Cabedo.

Detallista con el recorrido

Lejos de renunciar a sus metas, el balear siguió en competición, recuperando sensaciones y afrontando las etapas decisivas delante, con los mejores. “Fue de los pocos que estuvo reconociendo detenidamente la crono y pegándose una paliza tremenda con sesiones de alta intensidad”, admite con sinceridad el ex de Astana, entre otros, que tampoco titubea cuando revela los entresijos que gestaron la victoria en La Gallina: “Tras Naturlandia, él mismo me reconoció que tenía que haber sido más valiente con Yates. Solo restaba una jornada y quedamos en que no desperdiciaría la ocasión de distanciarle e ir a por la etapa”. Dicho y hecho. Como premio extra, el podio en Madrid. “¡Aposté a que ganaba la Vuelta!”, exclama Colom.

Mas no quiere disparar las expectativas de quienes se atreven a compararle con Alberto Contador, entre otras cosas porque sabe que le queda mucho por descubrir en un mundo ansioso por tropezar con nuevas estrellas. “No podemos ser tan radicales, antes no le conocía nadie y ahora parece que vaya a ganarlo todo. Hay que darle espacio y que él mismo se vaya marcando objetivos”, recomienda un Matxín que admite haberle llamado “el nuevo Contador” en el primer informe que remitió a la dirección de Quick Step. En la misma línea se mueven Cabedo y Colom, que instan a no cargarle sobre los hombros una “mochila de piedras”.

Mas, en la Itzula. (EFE)
Mas, en la Itzula. (EFE)

¿Un cambio de equipo?

Su actitud en público, distante, a veces frío y parco en palabras, choca con la realidad. “Es reservado, pero dista mucho de lo que se ve en televisión. Normalmente es alegre y bromista, en el cara a cara gana”, matiza un Cabedo consciente de que su comportamiento pasa por ser el de cualquiera al que le toca asumir una herencia que no ha elegido. “Es maduro e inteligente, está dispuesto a soportar la presión”, agrega.

A corto plazo, su futuro pasa por Innsbruck, donde si bien el recorrido se adapta a sus características puede pesarle la longitud y el desgaste; a largo plazo, el Tour de Francia. “Tiene que ir, mirar y aprender de los Froome y compañía, pero como huela sangre va a degüello porque es de todo menos conformista”, apunta su entrenador, que asegura que el mallorquín está haciendo números similares a los marcados por los favoritos en la pasada ronda gala.

Los escépticos auguran que dentro de Quick Step, un equipo pensado para las clásicas y las llegadas masivas, tiene pocas posibilidades de afrontar una grande con garantías, más en el Tour, con el Sky sometiendo a los rivales a golpe de rodillo. “No sé hasta qué punto piensan los belgas cambiar su filosofía. Por un lado, le han dado la oportunidad de crecer, pero por otro no tienen un buen equipo para arroparle en la montaña”, reflexiona Cabedo. Matxín suscribe sus palabras, aunque añade que es mejor esto que trabajar para otro gallo: “Mira a Marc Soler en Movistar”. No obstante, el de Basauri cree que los de Patrick Lefevere se reforzarán para cumplir con el español y, por si acaso, ya anuncia que estará atento al mercado en 2019, cuando Enric termine su vinculación contractual. Su igual en Burgos BH tira de humor: “Ojalá pueda quedármelo yo, ¡seguro que con eso conseguimos que nos aumenten el patrocinio!”

Hasta entonces: un nuevo año ilusionante, un calendario más exigente y unas expectativas que cumplir. “Es bueno y lo sabe, no se esconde. Si me preguntas qué es el talento te contesto que todo aquello que no se puede comprar. Eso en Enric, incalculable”. Palabra de Matxín.

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