ganó por 29-23 la final disputada en croacia

España tumba a Suecia y conquista por primera vez el trono europeo del balonmano

Tras cuatro finales perdidas, España pudo por fin saborear el triunfo en un Campeonato de Europa. Sterbik, Ribera y la mezcla de veteranía y juventud fueron las claves del éxito

Foto: A la quinta fue la vencida: la selección masculina española ganó el oro europeo de balonmano. (Reuters)
A la quinta fue la vencida: la selección masculina española ganó el oro europeo de balonmano. (Reuters)

España es campeona de Europa de balonmano. Esa frase, tan simple y a la vez tan complicada, era hasta ahora solo un sueño que no se había hecho realidad por más que hubiera habido oportunidades de sobra para que así hubiera sido. Cuatro finales europeas había jugado la selección masculina y todas habían acabado en derrota, la última hace solo dos años en Polonia. Este domingo, la maldición se rompió después de vencer a Suecia por 29-23 en la final disputada en Zagreb (Croacia).

El equipo que ha conquistado dos veces el mundo ya es también profeta en su continente. Le ha costado casi un cuarto de siglo y un río de lágrimas, pero por fin posee el título de campeón de Europa. Es algo que no consiguieron aquella selección de los noventa que colocó a España en la élite ni el equipo que conquistó el primer Mundial en 2005. Ambos se encontraron enfrente con dos selecciones legendarias, Suecia y Francia. El otro verdugo fue Alemania, que en 2016 borró a los españoles de la pista en un partido que dejó muy mal sabor de boca.

La sensación tras este domingo es diferente, y no solo por la victoria. Igual que hizo en el último partido de la segunda fase y en la semifinal ante Francia, España alcanzó un nivel de juego altísimo con el que aplastó a su rival. La defensa y el acierto en la portería de Arpad Sterbik fueron los cimientos de 30 minutos espectaculares tras el descanso. España empezó el segundo tiempo por detrás en el marcador y acabó ganando con suficiencia a una Suecia impotente.

Sterbik acabó con ocho paradas y un 38% de efectividad. (EFE)
Sterbik acabó con ocho paradas y un 38% de efectividad. (EFE)

Arpad Sterbik, héroe en la portería

La historia en el primer tiempo había sido diferente. El portero que destacaba era el sueco, Appelgren, que detuvo la mitad de los lanzamientos de los españoles. Eso y los contragolpes dieron las primeras ventajas a Suecia. A España le costó tapar esa vía, pero cuando lo hizo consiguió meterse en el partido, primero, y dominarlo después. En el segundo tiempo, Sterbik se lució en la portería y Álex Dujshebaev y los extremos se encargaron de sentenciar.

La del portero del Vardar ha sido una actuación apoteósica en el tramo final del campeonato. Hasta el jueves, ni siquiera estaba convocado, pero la lesión de Gonzalo Pérez de Vargas obligó a llamarlo de urgencia. Él, que a sus 38 años lo ha ganado casi todo, acudió veloz para ayudar a ganar una medalla. En la semifinal ya destacó al detener tres penaltis a Francia, y este domingo fue una de las claves tras sustituir a Rodrigo Corrales, menos acertado que en el resto del campeonato.

Jordi Ribera fue manteado por los jugadores de la selección española de balonmano. (Reuters)
Jordi Ribera fue manteado por los jugadores de la selección española de balonmano. (Reuters)

Jordi Ribera a los mandos

Los tres últimos partidos del campeonato han sido los tres mejores de España (quizá solo el de Macedonia puede entrar en la discusión). Contra Alemania, Francia y Suecia, el equipo ha dado tres lecciones, ha completado tres actuaciones redondas. Uno de los principales responsables es Jordi Ribera, una de las mejores mentes del balonmano español, y al mando de los Hispanos desde 2016. Con esta medalla se consagra al máximo nivel, pero en su larga trayectoria hay varios ejemplos de su talento. Se curtió durante más de dos décadas en la Asobal, y en 2005 se fue a Brasil, donde se convirtió en el principal culpable del crecimiento del balonmano en ese país.

Siempre comedido y poco generoso en sus declaraciones públicas, no es solo un estudioso de este deporte, un entrenador que analiza como pocos a los rivales y prepara muy bien los partidos, como demostró en la semifinal contra Francia, es también un entrenador valiente. Esa valentía se demuestra en decisiones como dejar fuera de este campeonato a Víctor Tomás, uno de los pesos pesados del equipo. En su lugar convocó a Ferran Solé, que ha sido el máximo goleador de España, elegido mejor extremo derecho del torneo.

En el Mundial de 2017 ya hizo algo parecido, entonces con otro extremo derecho, David Balaguer. Son dos ejemplos del recambio generacional que Ribera ha acelerado desde su llegada al banquillo de la selección en 2016. Más de la mitad del equipo campeón de este domingo no estaba presente en el título logrado hace cinco años en el Mundial de España. La cifra habría sido mayor si Aitor Ariño y Arpad Sterbik, campeones en 2013, no hubieran tenido que sustituir a los lesionados Ángel Fernández y Gonzalo Pérez de Vargas. La mayor parte del equipo, por tanto, es nueva.

Tras dos platas, en 2006 y 2016, Raúl Entrerríos ganó el oro europeo con la selección española. (Reuters)
Tras dos platas, en 2006 y 2016, Raúl Entrerríos ganó el oro europeo con la selección española. (Reuters)

Veteranía y juventud, mezcla perfecta

Mirando al futuro, Pérez de Vargas y Rodrigo Corrales aseguran un nivel muy alto a medio plazo en la portería. En los extremos no paran de sacar grandes especialistas. Y la primera línea tendrá el apellido Dujshebaev, con el ya asentado Álex (mejor lateral derecho del torneo) y Dani, debutante en un campeonato internacional. El pequeño de la saga abandera una generación campeona del mundo júnior en 2017 a la que Ribera irá dando salida poco a poco.

Esa sangre nueva se mezcla con la experiencia de las grandes referencias del equipo, como Raúl Entrerríos, Julen Aginagalde, Virán Morros o Joan Cañellas, que ya sabían lo que era perder una final europea. En el caso del central del Barcelona, dos veces, pues ya estaba en la selección en la final de 2006. Entonces era casi un novato y ahora es la referencia, el capitán, el jugador al que todos miran en los momentos calientes y que siempre aparece. Él ha sido el faro que ha guiado a un equipo que ha hecho historia.

La mezcla de esas dos generaciones ha resultado perfecta. Si España lleva tanto tiempo al máximo nivel (13 medallas internacionales en 23 años) es porque los procesos de renovación nunca han sido traumáticos. Con algunos altibajos, la renovación ha sido constante y la selección no ha tenido periodos muy largos sin subirse al podio. Siempre ha habido relevo. Y lo seguirá habiendo: el futuro del balonmano masculino español, dicen los entrenadores de las categorías de formación, pinta mejor que nunca. El presente, después del primer oro europeo de su historia, también.

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