el desgarrador relato de LA EXGIMNASTA

Gloria Viseras: "He vuelto a tener pesadillas esta semana"

La exgimnasta Gloria Viseras denunció en el 2012 a su antiguo entrenador, el entonces seleccionador nacional, Jesús Carballo, por trato vejatorio y abusos sexuales

Foto: En la imagen, la exgimnasta Gloria Viseras.
En la imagen, la exgimnasta Gloria Viseras.

El mismo día que en Míchigan comenzaba el juicio contra Larry Nassar, el mayor depredador sexual de la historia del deporte, que ha sido condenado por abusos sexuales a una pena de 40 a 175 años de prisión, el Tribunal Supremo fallaba a favor de Gloria Viseras y otros dos denunciantes, la también exgimnasta Irene Martínez y el entrenador Toni Llorens, que habían sido condenados por la Audiencia Provincial en el 2017 a pagar una indemnización a Jesús Carballo por intromisión ilegítima al derecho al honor.

Gloria Viseras denunció en el 2012 a su antiguo entrenador, el entonces seleccionador nacional, Jesús Carballo, por trato vejatorio y abusos sexuales cuando era menor de edad, de los 12 a los 15 años. Irene Martínez aseguró que fue testigo de esos abusos una noche en la habitación de hotel que compartía con Gloria durante una concentración en 1979. También fue el año en el que Toni Llorens afirma haber visto como en un entrenamiento Carballo tocaba el pecho y besaba en el cuello a Viseras. Gloria, que fue campeona de España con 15 años, participó también en los Juegos Olímpicos de Moscú y tras un breve paso por Bulgaria dejó definitivamente la gimnasia. Pasó casi dos décadas fuera de España, en Estados Unidos, donde obtuvo una doble licenciatura en Comunicación y Filología inglesa, se casó, tuvo tres hijos y durante 30 años no habló de lo que le había sucedido con nadie. Era su secreto, su gran secreto. Y cuando decidió dar el paso, la denuncia fue sobreseída porque los posibles delitos habían prescrito, ya que habían pasado 20 años. Ahora, más de cinco años después, ha llegado su primera victoria con el fallo del Tribunal Supremo, pero, pese a todo, Gloria ha vuelto a tener pesadillas.

Pregunta. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta. Bien, más o menos, contenta. Han sido cinco años muy duros, extremadamente difíciles. Desde que pusimos la denuncia he sufrido insultos, humillaciones, nos han llamado mentirosas, perras, de todo. Lo archivaron porque los posibles delitos habían prescrito y luego él nos denunció por haber dañado su honor. Entonces él parecía la víctima y nosotras las malvadas, las criminales, y fue cuando decidimos aceptar participar en 'Informe Robinson' contando nuestra historia para que la gente lo pudiera entender.

Los insultos

P. ¿Qué no se entendía?

R. Pues nada en general. Ahora, solo cinco años después, las cosas han cambiado un poco, pero entonces era un tabú tremendo. Tuvimos un juicio en el juzgado de Villalba en el 2015 que ganamos, pero él recurrió y después nos pegaron el palo tremendo de condenarnos a pagarle 10.000 euros cada uno. La gente no se da cuenta de lo que es eso. Y otra vez los insultos, aguantando de todo. Ha sido durísimo. Tengo hijos a los que he tenido que controlar para que no entraran al trapo de contestar esos insultos y humillaciones contra mí, tengo una madre que no lo supo hasta que salió mi nombre y mi cara en el 2013. Ahora por lo menos estoy algo más tranquila. Esperemos que esto se acabe ya y poder cerrar por fin este capítulo.

P. ¿Cuántos años tienen sus hijos?

R. Tengo uno de 25, otro de 23 y una niña de 11. A los mayores se lo dije cuando también se lo conté a mi madre, cuando iba a salir mi cara y mi nombre en los medios en el 2013.

Tras poner la denuncia a Jesús Carballo, he sufrido insultos, humillaciones, nos han llamado mentirosas, perras, de todo...

P. ¿Y a su hija de 11 cómo se lo ha dicho?

R. Cuando ella nació todo en mí se revolvió muchísimo, me removió por dentro. Ya estaba yo otra vez en España y un día, por ejemplo, cuando tenía 6 años me dijo que quería hacer gimnasia y para mí eso fue horroroso. Me fui a un gimnasio de una amiga en Pozuelo, no quería volcar mis miedos con mi hija, tenía que permitir que lo intentara, pero me daba pavor. Me tiré días, días y días allí sentada viendo muchos entrenamientos antes de dejarla ir. Probó un año, dijo que no le gustaba, lo dejó y ahora practica baloncesto. Le he contado lo que me pasó de una manera que ella lo pueda entender a su edad, pero sin entrar en detalles. Ya me irá preguntando.

En la imagen, Jesús Carballo. (Cordon Press)
En la imagen, Jesús Carballo. (Cordon Press)

P. ¿Por qué decidió dar el paso de denunciar a Carballo cuando ya habían pasado 30 años?

R. Espero que se entienda que cuando te sucede algo así, tan grave, siendo una niña, lo primero que haces es negarlo. Sientes vergüenza, sientes culpa, te sientes responsable, todo es un largo proceso, pero la cuestión no es por qué los niños tardan años en hablar. Los niños tienen derecho a estar protegidos y sanos en entornos libres de violencia y esto es responsabilidad de los adultos. La pregunta es por qué los adultos no protegieron a las niñas, no por qué las niñas no lo cuentan. Yo decido contarlo tras una reunión con las compañeras de entonces, que no nos habíamos visto en años y jamás habíamos hablado de ello. Y ya como mujeres adultas comenzamos a comentar entre nosotras y el 'shock' fue comprobar cómo las demás también lo habían sufrido. Empezamos a hablar con gente y vimos que había muchos que tenían sospechas, que la Federación Española de Gimnasia fue informada. ¿Y qué hacemos?, nos preguntamos, porque este señor seguía entrenando a niñas. No podíamos quedarnos calladas, aunque nos aterrorizaba contarlo y al final nos ha pasado lo que tanto temíamos, que nos llamaran mentirosas. Fuimos al Consejo Superior de Deportes, que nos apoyaron y nos acompañaron a la Policía para que nos explicaran qué pasa cuando denuncias 30 años después con un posible delito prescrito, pero denunciamos porque debíamos proteger a esas niñas.

Todavía tengo pesadillas. Esta última semana, con el juicio de Nassar y tras el fallo del Supremo, he tenido una muy gorda

P. Y a partir de ese momento, ¿qué sucedió?

R. Irene Martínez, Toni Llorens y yo fuimos los que salimos en primera línea, al CSD y a la Policía declararon también otras mujeres que no quisieron salir a la luz pública. En el informe policial se dio total veracidad a nuestras denuncias. Ellos, como expertos en la Unidad de delitos sexuales contra las mujeres dijeron que consideraban los hechos denunciados totalmente veraces y ahí ya fue cuando el CSD le prohibió a Carballo el acceso a las instalaciones, al CAR (Centro de Alto Rendimiento) y a la Residencia Blume.

"No se lo deseo a nadie"

P. ¿Entiende que otras compañeras suyas no siguieran adelante?

R. Perfectamente. Esto es muy duro y no se lo deseo a nadie. Creo que hay incluso algunas que no se atreven a dar el paso porque han visto lo que me ha pasado a mí. Sobre todo respeto a cada superviviente. Cada una lo sufre y lo vive a su manera. Si no respetas eso…

P. ¿Y entiende que puedan prescribir los casos de abusos a menores?

R. No. Es increíble. Existen ahora además muchos estudios que afirman que en los abusos a menores se tardan años en denunciar. Me parece injusto que no le podamos juzgar a él y él en cambio sí a nosotras por haber dañado su honor. Estoy en varios proyectos para conseguir que este tipo de casos contra menores no prescriban, pero es muy difícil. Trabajo con el Consejo de Europa, con la Comisión Europea y también comenzando otro con el Consejo Superior de Deportes, todos ellos para proteger a menores.

Es increíble que prescriban los casos de abusos a menores; muchos estudios afirman que tardan años en denunciar los hechos

P. Después de todo lo que ha sufrido, ¿se arrepiente de haber presentado la denuncia?

R. Hay veces que me culpo por todo. Las mujeres en general nos culpabilizamos mucho y en las deportistas de élite, con la disciplina y el afán por la perfección, todo se multiplica por 100. De lo primero que me arrepiento es de no habérselo dicho a mis padres, pero es que no lo pude verbalizar y no sé explicarlo aún… No estaba preparada para ello.

P. Bueno, era usted una niña.

R. Sí. Una niña y además entre algodones, no había tenido una evolución normal porque me había pasado toda mi vida metida en un gimnasio y no entendía lo que me estaba pasando. Ten en cuenta además que con 12 años yo estaba con un señor al que se suponía que tenía que querer más que a mi padre. Sientes una gran confusión, te sientes mal, pero no sabes por qué, no tienes ni la madurez ni la experiencia. En el deporte somos de sufrir mucho, obedecer sin rechistar, la disciplina, no te dejan cuestionar nada y este tipo de cosas hacen que te metas en una espiral de la que eres incapaz de salir para pedir ayuda. Pero no, de haber puesto la denuncia no me arrepiento porque era lo que debía hacer. Ojalá lo hubiera hecho antes, ojalá hubiera estado preparada para hacerlo antes y así poder juzgarle.

Vivaldi, Mozart...

P. Cuando escucha a Carballo defender su inocencia y jurar por Dios que no hizo nada, ¿qué siente?

R. Me pongo mala. Físicamente enferma. Durante años no podía ni ver la gimnasia por televisión porque si le veía enfermaba. Mala, mala… Entiendo que se defienda, aunque me hubiera gustado que se comportara decentemente y hubiera reconocido el daño que nos hizo, pero bueno, no quiero comentar sus declaraciones ni sus reacciones. Él sabrá lo que hace.

P. ¿Sigue escuchando música clásica para evadirse cuando se angustia o le vienen malos recuerdos?

R. Sí. Siempre. Escucho todo lo que pillo, Vivaldi, Mozart... Me sé piezas de memoria, las escucho… y me voy.

P. ¿Sigue teniendo pesadillas?

R. Sí. Esto no se va. Son menos frecuentes, pero va por fases. Esta última semana, con el juicio de Nassar y tras el fallo del Supremo, he tenido una muy gorda.

Me pongo mala, físicamente enferma, cuando escucho a Jesús Carballo defender su inocencia y jurar por Dios que no hizo nada

P. ¿Le estamos haciendo daño los periodistas cuando esta semana la estamos llamando para contar de nuevo su historia?

R. Sí, pero quiero hacerlo. Se me revuelve el cuerpo, pero cuando empecé a contarlo, a verbalizarlo, no podía hacerlo sin llorar ni venirme abajo y ahora ya no. Llevo también cinco años de terapia y esto me ha ayudado a entender y también a perdonarme a mí misma y a hablar de ello de una manera más serena. Pero sí, sí que lo estoy pasando mal y creo que es por esto por lo que vuelvo a tener pesadillas.

P. ¿Hasta hace cinco años no recibió ningún tratamiento psicológico?

R. No. Es que cuando digo que no se lo conté a nadie fue tal cual: a nadie. Era mi secreto. Era negarlo, pensar que yo podía con ello sola y con todas las consecuencias de salud que vas sufriendo y que están asociadas al abuso. Crees que eres rara hasta que no te explican que lo que te está pasando es consecuencia del abuso que sufriste de niña.

P. Todas las deportistas que testificaron en el juicio contra Nassar relataron esas secuelas que…

R. Sí, sí. La depresión, las crisis de ansiedad, pesadillas, las ideas suicidas, los desórdenes alimenticios. Todo, todo y más, pero eso sí que no lo quiero contar. Sobre todo porque mis hijos y mi madre leen y quiero protegerles. Tampoco creo que ayude ya el que revele determinadas cosas. Quiero centrarme en el futuro, en lo que estoy haciendo para que se produzcan cambios. Espero por fin cerrar un capítulo, aunque todavía veo comentarios de gente…

Amparo ante el Constitucional

P. ¿A qué se refiere exactamente?

R. A un grupo que le apoya incondicionalmente y que siguen llamándonos mentirosas. Me llega porque me lo dicen, yo no lo veo porque me hace daño, pero bueno, espero seguir adelante. Aunque la sentencia del Supremo es firme, él puede pedir amparo ante el Constitucional, así que espero que se haya terminado, pero no me fío de nada. Voy a cumplir 53 años y llevo toda mi vida con esto encima. Es muy duro.

P. Pues hablemos del futuro. ¿Cómo se pueden evitar los abusos a menores en el deporte?

R. Hay que dejar de culpar a los padres por no enterarse, a los deportistas por no hablar y hacer que las instituciones pongan los mecanismos de control para detectar los entornos potencialmente abusivos antes de que se produzcan y hay una serie de marcadores muy claros que deben hacer saltar todas las alarmas.

Hay que dejar de culpar a los padres por no enterarse y hacer que las instituciones detecten entornos potencialmente abusivos

P. ¿Por ejemplo?

R. Entornos muy cerrados en los que una o dos personas controlan espacios, tiempos, niñas, lo que comen, lo que escuchan, lo que hacen. Adultos, entrenadores o 'fisios' que se quedan a solas con menores en habitaciones cerradas, es que esto está normalizado en el deporte y hay que poner controles. Debemos aprender de lo que ha pasado y anticiparnos, detectarlo, porque es tremendo que, por ejemplo, hasta que no han pillado a Nassar con miles de imágenes de pornografía infantil y le denunciaron 160 veces nadie hizo nada al respecto. A Rachael Denhollander —la primera que salió públicamente a denunciar a Nassar en el 'Indianapolis Star'— la insultaron también y decían que buscaba notoriedad y dinero, cuando al principio solo consigues que te humillen. ¿Yo para qué me habría metido en este lío si tenía, tengo, mi vida hecha con mi familia, mis hijos y mi profesión? Pues para proteger a los menores y por una cuestión moral, de justicia. Ni más, ni menos. Cuando vas a la Policía a poner a una denuncia te arriesgas a tantas cosas... A que no te crean, a que te insulten, a que te denuncien a ti por dañar su honor… Una no se levanta un día por la mañana y dice 'pues me he levantado atravesada y tengo ganas de denunciar a alguien'. No. No es así.

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