ENTREVISTA CON EL AVENTURERO LEONÉS

"¡Aguanta, Jesús (Calleja), aguanta, que quiero acabar este puto Dakar…!"

Jesús Calleja reflexiona sobre la aventura vivida en el Dakar, que ha ido más allá de sus expectativas y las de muchos otros. Una carrera a la que quiere volver para doblegarla

Foto: Jesús Calleja durante su participación en este Rally Dakar 2018.
Jesús Calleja durante su participación en este Rally Dakar 2018.

Jesús Calleja acababa de aterrizar en España después de tres días de un complicado periplo tras su participación en el Dakar. Todavía con sus sensaciones frescas en el cuerpo y a pesar del cansancio acumulado, parte de su espíritu sigue todavía en la carrera. El Dakar parece haber atrapado a un aventurero que ha vivido tantas experiencias en diferentes entornos duros y exóticos. “Volveré el año que viene, y mejor preparado todavía”. La conversación con El Confidencial pudo haber durado horas, incluso fue el propio periodista quien, ya a altas horas de la noche, se sintió obligado a interrumpir la amabilidad de Calleja para respetar el descanso después de la paliza del retorno.

Sorprende la actitud de Calleja antes, durante y después del Dakar. Marchas por el Polo Norte, alpinismo en el Himalaya, espeleología… El automovilismo podría ser solo una faceta más que colorea al personaje y a su afán por probar nuevas experiencias. Pero no, Jesús Calleja es más piloto de lo que parece. Su enfoque es el de un profesional de las carreras. “Soy muy tenaz, es decir, cuando hago algo en mi vida, me gusta la radicalidad. Hago muchas cosas, pero solo me detengo en ciertos campos que me impactan. Y el automovilismo ocupa una parte muy importante de mi vida, me gusta mucho pilotar. Y considero que el Dakar es el rallie más duro del mundo. Por eso tengo que acabarlo, si no, no me quedo a gusto”.

"Me he 'atollado' menos que Peterhansel"

En primer lugar, se siente satisfecho porque la preparación de este año ha dado sus frutos. “La primera vez fui sin ninguna experiencia. Esta segunda, con mucha. He querido ir muy preparado y sin miedo. Y he ido tranquilo, divirtiéndome. Me atollado tres veces reales, menos que Peterhansel, porque como tampoco llevo la presión y velocidad de ellos, me paro a veces con el copiloto y observamos por dónde ir. Esto hace que no me quede atrapado tanto”. El leonés siempre ha sido muy sincero frente a esta carrera, sin divismos ni poses para la galería. Sus conclusiones son 100% profesionales. “Al Dakar no se puede ir con un coche como el mío, de 200 cv, y literalmente toda la mecánica es de serie. Y siempre es el dinero. Voy a tener un año por delante para intentar volver, pero tengo que ir de otra manera, con los coches que aguantan en carrera que tienen un programa de mantenimiento donde se cambia lo que hace falta”.

Recién llegado, ya está pensando en la edición de 2019. “Quería dar las gracias a nuestros patrocinadores porque hemos vivido la experiencia gracias a ellos. Ahora tengo que buscar un coche para terminar el Dakar, y necesito fiabilidad mecánica. Me encantaría hacer un llamamiento aquí para ver si alguien me quiere apoyar, porque hemos demostrado que tenemos manos para conducir. En la tercera etapa era el 37 en la general, por encima de coches de 400 cv con un coche como el mío de serie. Que me echen patrocinadores una mano, porque vamos a hacer un gran Dakar”. Y también agradecía esa llamada de interés de Carlos Sainz en los momentos más duros de la carrera, o los mensajes de apoyo de Fernando Alonso a través de las redes sociales.

"¡Esto va a volcar, y verás!"

“Ha sido duro, pero muy bonito, creo que tienen que ser así, una gran aventura que superar. Donde había mucha arena, lo que identificaba el Dakar. Sinceramente, los anteriores Dakar creo habían perdido un poco de identidad”. Para quien ha recorrido todo tipo de paisajes, también había sitio para la sorpresa. “Habrá habido más dunas que en la propia África cuando se corría allí. Yo no había visto nunca una duna de 950 metros de altura. La tuve que subir y bajar. Son montañas gigantescas, no imaginaba que existiera esto. Hablando con David Casterá y director del Dakar, dijo que nunca en su cabeza había pensado meter la carrera por esas dunas. “Nos parecía que era una locura y Marc Coma lo ha hecho, y eso me gusta. El Dakar no puede ser cómodo nunca, te tiene que costar dormir, comer, sufrir, te tiene que costar todo”.

Tras escuchar a Calleja, parece que al leonés todavía le quedaba espacio dentro de sí para sorprenderse a pesar de tantas aventuras en su vida. “Te das cuenta que eres capaz de aguantar cosas increíbles. Por ejemplo, cuando nos llevó el camión remolcándonos con una eslinga a 100 km/h, porque ahí empezaron mis males. De los bandazos que dio el coche salía disparado el culo, se cruzó dos veces y casi nos matamos, el tío no se enteraba de nada. Iba con un camión de 1000 cv y me decía, “esto va a volcar, y verás…”. Cómo sería que nos desllantaron dos ruedas y el tío que conducía ni se enteró, íbamos en las llantas. Estaba a punto de tocar el botón del Sentinel (aviso acústico de vehículo a vehículo) para que parara, pero me decía a mí mismo, “aguanta, aguanta, porque quiero acabar este puto rallie”. Y te juegas el pellejo y hasta la vida. Eres capaz de todo, no comer, no dormir, sufrir, pasarte toda la noche tirado por ahí... Y sigues, y sigues, y se convierte en una gran aventura. Me gusta esa dureza”.

"Nos parámos y nos dimos un abrazo..."

¿Fue este el peor momento del Dakar? “Soy muy optimista, ¿eh? Pero me estresó mucho aquel día que salíamos tres y horas y media más tarde que el resto. Sabes que luego te vas a quedar por la noche en la ruta, con averías, nevando, te pilla la noche y el barro... Aquel día fue duro, porque después de lo que habíamos pasado y superado pensaba que nos echaban por llegar tarde. Y llegamos por menos de un minuto. Al día siguiente llegué a la siete de la mañana. Pero también desde aquí es muy importante el compañerismo, lo que supone vivir esto”, y tiene palabras de recuerdo para sus colegas que siguen en carrera, como Cristina Gutiérrez u Óscar Fuertes, que están sufriendo lo indecible para seguir. "Estoy flipando mucho, pero mucho, con Cristina. Tengo debilidad por ella. Va a ser una revolución de mujer, es dura física y mentalmente, y pilota de cojones. Y luego, que Oscar aguante lo que está aguantando…”.

El Dakar también es convivencia diaria con el propio coche y, sobre todo, con tu compañero a la derecha durante decenas de horas cada día, en un estrecho habitáculo. ¿Cómo ha vivido esta experiencia el aventurero leonés? “No quiero darme un mérito que no merezco. La mitad de este Dakar es Jaume Aragall y el resto yo. Tiene una capacidad para navegar que es brutal. Le debo todo, que me haya enseñado a manejarme en dunas, que me haya metido está pasión. Me da una seguridad que no te puedes imaginar". ¿Broncas? "Cuando nos damos una bronca que siempre es chorra, dura treinta segundos. Es más, tuvimos una que duró un minuto, me paré, nos quitamos los arneses y nos dimos un abrazo. No podía pilotar si no le daba un abrazo. Cuando tenemos una bronca así tengo que apagarla en el acto, si no, no puedo continuar”.

Jesús Calleja en su Jeep por el desierto de Perú.
Jesús Calleja en su Jeep por el desierto de Perú.

"Lo de ir con mi hijo ha sido increíble"

Cada aventura ha ido dejando un poso personal de experiencias y emociones en la vida de Calleja, de lecciones que han enriquecido su mochila vital. ¿Qué ha echado dentro de ella este Dakar? “Es una grandísima aventura en la que te enfrentas a una soledad especial. Hay lugares donde tienes la sensación de estar totalmente aislado. Esta es una aventura con mayúsculas, llevas el coche a lugares que son increíbles, donde llevas el cuerpo al límite. Llegas tan tarde siempre, no duermes, preparas 'road book', reparar, durante tres días no paramos de arreglar el coche… Llegas a las cinco y media de la madrugada y a las siete tienes que salir otra vez... Y yo me decía que iba a pelear contra todo y nunca iba a tirar la toalla, porque estás agotado, el cuerpo quiere irse. Y te dices, le dices al cuerpo: "Vas a hacer lo que yo te diga”.

Y una guinda final. “Lo de ir con mi hijo ha sido increíble, increíble... Ha sido mi maravilloso, me quiere tanto, y yo a él, y te protege... Me ha ayudado absolutamente a todo. Ha sido un viaje que tenía que vivir con mi hijo, en un algún momento dado tenía que hacer esto, y me ha gustado mucho. Ha sido un Dakar muy especial para mí”.

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