'Érase una vez...': ¿qué pasaría si Peter Pan y Alicia fueran hermanos?
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'Érase una vez...': ¿qué pasaría si Peter Pan y Alicia fueran hermanos?

Brenda Chapman, la directora de 'Brave', de Pixar, se estrena en la ficción con actores reales con un pastiche de la obra de Carroll y Barrie

Foto: Angelina Jolie y David Oyelowo, en un fotograma de 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)
Angelina Jolie y David Oyelowo, en un fotograma de 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)

Ni siquiera los más acérrimos admiradores —sobre todo, los más acérrimos admiradores— pidieron nunca un cruce entre los mundos de Lewis Carroll y J.M. Barrie, pero en una industria en que las ideas originales son cada día un bien más preciado, a la guionista Marissa Kate Goodhill le pareció digna de premisa la idea de entremezclar los mundos de 'Peter Pan' y 'Alicia en el País de las Maravillas' en una apología en favor de la imaginación carente de imaginación. 'Érase una vez...' es un ejercicio puramente estético de recreación de un universo de cuento victoriano, una colección de tópicos inane y desabrida que sería difícil de concebir fuera de la necesidad de contenidos audiovisuales a granel de la burbuja audiovisual. "¿Qué pasaría si Alicia y Peter hubiesen sido hermanos?", reza el 'logline' de la película. La respuesta: nada.

Tráiler de 'Érase una vez...'

La primera incursión en el cine con actores reales de la directora de 'El príncipe de Egipto' (1998) y 'Brave' (2012), Brenda Chapman, es un producto perfectamente envasado —cuenta con la participación de Angelina Jolie, David Oyelowo y Michael Caine en el reparto—, pero insípido y sin sentido, que no sabe si dirigirse a un público infantil, que acabará aburriéndose mortalmente con este melodrama sobre el duelo y la pérdida, o a un público adulto, que no encontrará la reflexión buscada sobre dos de los autores británicos más importantes del siglo XIX. Poco más que una exhibición de ambientación, arte y vestuario de época, una muestra de que ya no es necesario tener algo que contar, sino simplemente que vender.

Otro momento de 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)
Otro momento de 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)

Además, los mimbres de los que parte 'Érase una vez...' son los de la visión edulcorada y naíf de la obra de Barrie y Carroll, una relectura basada en el imaginario Disney donde no caben los recovecos siniestros y perversos de dos autores que —sexualidad aparte— construyeron un universo literario complejo y aberrado. Si los cuentos antiguamente servían para prevenir a los niños de los peligros de las malas decisiones y del mundo adulto, actualmente aparecen desvestidos de cualquier desafío o provocación, no vaya a ser que los niños acaben traumatizados.

El principal reclamo del filme es una Angelina Jolie que en la última década ha limitado su carrera como actriz a proyectos para toda la familia y que junto a David Oyelowo interpreta a los Littleton, una pareja fuera de las convenciones de la época, que se niega a plegarse a los estrictos códigos morales victorianos y que ha educado a sus tres hijos —Alice (Keira Chansa), David (Reece Yates) y Peter (Jordan A. Nash)— en libertad y el incorformismo. Y si bien se explicita en varias ocasiones las diferencia de clase de la pareja, no se hace mención ninguna a la interracialidad del matrimonio, una anomalía —como mínimo— en la Inglaterra de la reina Victoria. Los Littleton han fomentado, sobre todo, la fantasía de los pequeños, que pasan las horas libres inmersos en mundos imaginarios de hadas y piratas.

Gugu Mbatha-Raw, Carter Thomas y Ava Fillery, en 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)
Gugu Mbatha-Raw, Carter Thomas y Ava Fillery, en 'Érase una vez...'. (DeAPlaneta)

Pero la película hace un extraño viraje al drama lacrimógeno con la muerte de David, que, además, está rodada de una forma grotesca en la que no queda muy claro qué es lo que ha sucedido. El padre, que hasta entonces se había dedicado a la construcción de maquetas de barco, entra en una espiral de juego y desesperación, lo que lleva a la familia a contraer una deuda con Charlie (Michael Caine). Por su parte, la madre se convierte en un alma taciturna y alcohólica, que vuelve el hogar de los Littleton en un lugar invivible. Y no es hasta pasada la mitad del metraje cuando 'Érase una vez...' entra en los códigos del cuento.

Cartel de 'Érase una vez...'.
Cartel de 'Érase una vez...'.

Y la guionista se limita a confeccionar un pastiche con los momentos más icónicos de 'Alicia' y 'Peter Pan', sin aparente orden, ni intención ni concierto. Tampoco ofrece explicación al tránsito hacia la fantasía, con la aparición de los niños perdidos y la Reina de Corazones, y justifica pobremente la separación de los hermanos para ejercer de protagonistas de sus respectivas historias. Nada queda de la esencia transgresora de las obras originales y resulta penoso observar cómo el tamiz homogeneizador convierte cualquier ímpetu subversivo en un producto vacuo y sin alma.

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