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'La reina Victoria y Abdul': ¡viva el imperialismo!

Del mismo modo que poner un par de granos de caviar encima de un ganchito no lo convierte inmediatamente en una delicia, la presencia de Dench en un filme no hace que esta valga la pena

Foto: Judi Dench protagoniza la última película de Stephen Frears. (Universal)
Judi Dench protagoniza la última película de Stephen Frears. (Universal)

Es lógico asumir que, en el mundo actual, una película favorable al colonialismo es sencillamente inconcebible, pero, a pesar de que se esfuerza por derrochar voluntad de tolerancia e integración en cada uno de sus planos, 'La reina Victoria y Abdul' a punto está de ser esa película. En ella el director Stephen Frears recrea la sorprendente amistad que la soberana del título estableció al final de su reinado con un secretario indio —y musulmán— inicialmente desplazado a Gran Bretaña para participar en los actos de homenaje de sus 50 años de reinado y de la que nada se sabía hasta que los diarios que él escribió salieron a la luz en 2010.

Al menos durante un rato, en que la monarca nos es presentada como una vieja gruñona que ronca en los banquetes y come como una marrana, la película funciona como escaparate de una interpretación mayúscula de Judi Dench. Pero del mismo modo que poner un par de granos de caviar encima de un ganchito no lo convierte inmediatamente en una delicia, la presencia de Dench en una película no hace automáticamente que esta valga la pena.

Esos primeros compases, decimos, son sin duda lo mejor de la película, en tanto que ofrecen algunos detalles divertidos sobre los rituales diarios de la realeza británica de finales del XIX —por ejemplo, que a los invitados a la mesa de la reina no se les permitía acabar de comer sus platos si ella había acabado ya— y tratan las primeras etapas de la amistad entre los protagonistas con cierta jovialidad. El toque ligero, eso sí, no hace sino enfatizar la blandura con la que los conflictos de raza, clase y poder son tratados por Frears, aparentemente determinado a que nada en la película luzca tanto como los trajes y el mobiliario.

Según los rituales de la realeza británica del XIX, los invitados a la mesa de la reina no podían acabar de comer sus platos si ella había terminado ya

Dench de nuevo encarna a Victoria —ya lo hizo en 'Su Majestad Mrs. Brown' (1997), que exploraba otra relación afectiva protagonizada por la reina tras enviudar— como una mujer solitaria, harta de lo que a su juicio es una existencia fútil, decepcionada con sus hijos y urgentemente necesitada de compañía. Su creciente cercanía a Abdul —incluso después de enterarse de que el joven está casado, y de que el líder musulmán de la India ha decretado una 'fatwa' contra ella— le da la fuerza necesaria para enfrentarse a los chupópteros y conspiradores que, empezando por su propio hijo Bertie —futuro rey Eduardo VII—, revolotean a su alrededor.

Una completa ignorante

Frears parece querer caracterizar a Victoria como un ejemplo de amplitud de miras, pero en realidad queda más bien retratada como una completa ignorante, que al parecer ignora las consecuencias políticas esenciales de acontecimientos sucedidos durante su reinado o del tratamiento mismo que Gran Bretaña da a la colonia india y a sus habitantes. Y de ese modo no solo exime a la monarca de culpa sino que además priva a la historia de buena parte de su potencial dramático. La película, en todo caso, no tiene interés real en explorar seriamente el legado colonialista británico, y también lo demuestra retratando a los miembros de la Casa Real como meros villanos de 'cartoon' que sacan espuma por sus racistas bocas nada más cruzarse con Abdul.

'La reina Victoria y Abdul'.
'La reina Victoria y Abdul'.

Y, hablando de Abdul, poco aprendemos de él en toda la película, aparte de que está contentísimo de servir a la reina. Vendría a ser algo parecido a lo que los anglosajones conocen como 'magical negro', un personaje de color a menudo dotado de poderes casi sobrenaturales puestos al servicio del personaje blanco —piénsese en títulos como 'La leyenda de Bagger Vance' o 'La milla verde'—, aunque también es comparable a otros estereotipos ofensivos como el noble salvaje o el tonto sabio. “La vida es como una alfombra persa”, afirma el indio en un alarde de sapiencia orientalista, pero bien podría haber dicho “la vida es como una caja de bombones”.

Pretende ser un ataque contra las actitudes colonialistas y acaba siendo tan condescendiente como quienes muestran esas actitudes

Cartel de 'La reina Victoria y Abdul'.
Cartel de 'La reina Victoria y Abdul'.

¿Por qué se muestra el joven tan agradecido con el imperio que ocupa su tierra natal? ¿Qué tipo de trato cree que recibiría en la India tras haberse aliado con el enemigo? ¿Cómo se siente alguien que pasa de ser un sirviente a tener sirvientes? 'La reina Victoria y Abdul' en ningún momento se para a considerar quién es él como persona, y de ese modo se revela como una obra profundamente hipócrita: pretende ser un ataque contra las actitudes colonialistas, pero acaba siendo tan condescendiente como quienes en la película muestran esas mismas actitudes.

Asimismo, hay algo involuntariamente nostálgico en su retrato de la relación que Inglaterra e India mantenían bajo el Imperio británico. Cuando Victoria se refiere a sí misma como emperatriz de la India mientras Abdul sonríe a su lado, la película a punto está de posicionarse a favor de ese 'statu quo'. Cierto que un intertítulo final nos recuerda que “India obtuvo su independencia en 1947”, pero en lugar de eso nos podría haber informado de que "Ferran Adrià cerró El Bulli en 2012". Habría tenido la misma relación con la historia que se nos cuenta.


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