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'A War: la otra guerra': ¿protector de soldados o asesino de inocentes?

Con la intervención europea en Afganistán como telón de fondo, 'A War' se aproxima a la encrucijada moral y judicial a la que se enfrenta un comandante del ejército tras una decisión 'in extremis'

Foto: 'A War: la otra guerra' está dirigida por Tobias Lindholm. (Studio Canal)
'A War: la otra guerra' está dirigida por Tobias Lindholm. (Studio Canal)

El cine bélico ha funcionado desde siempre como un terreno fértil para plantear dilemas éticos extremos. Conflictos concretos que suelen conllevar una lectura más general sobre la naturaleza humana y el sinsentido de las guerras. En 'A War', Tobias Lindholm propone un caso de este tipo. Comandante destacado en Afganistán, Claus Michael Pedersen (Pilou Asbæk, el actor danés de moda tras interpretar al 'spin doctor' de 'Borgen' y a Euron Greyjoy en 'Juego de tronos'), contempla al principio del filme cómo uno de sus soldados muere tras pisar una mina. Él supervisaba la operación desde el centro de control y decide que a partir de ahora acompañará a sus hombres en todas las patrullas. Cuando otro de los miembros de su pelotón es herido de gravedad en una emboscada de los talibanes, Pedersen ordena sobre el terreno bombardear el pueblo más cercano para asegurarse la cobertura aérea necesaria para la evacuación del moribundo. En el ataque fallecen 11 víctimas civiles. Al día siguiente, el comandante es acusado de crímenes de guerra por haber dado las instrucciones sin saber a ciencia cierta si ese poblado era un objetivo enemigo.

Durante el juicio que se desarrolla en el último tercio del filme, un oficial arguye en defensa de Pedersen hasta qué punto los civiles ignoramos la presión que siente y vive un soldado en pleno fragor del combate. A lo largo de todo el metraje anterior, Lindholm justo pretende acercarnos a esta experiencia para que entendamos mejor las circunstancias que llevan al comandante a tomar su decisión. De hecho, toda la película está construida para justificar desde el lado humano su postura. 'A War' no ahonda en la rutina de un ejército desplazado a un territorio enemigo, tampoco profundiza en la psicología de los soldados. Ni mucho menos se pregunta si la presencia del ejército danés en Afganistán tiene razón de ser. Todos las escenas de la película están pensadas para exponer el caso del protagonista y situar al espectador en su bando.

La película no ahonda en la rutina de un ejército desplazado a territorio enemigo, tampoco profundiza en la psicología de los soldados

En la primera parte, lo vemos en acción en Afganistán. El cineasta nos dibuja a un comandante preocupado ante todo por la seguridad de sus soldados, más tras ver cómo uno de ellos moría en un accidente. Pedersen se perfila como una figura protectora y al mismo tiempo desbordada por las circunstancias. Cuando una familia de civiles afganos le solicita ayuda para pasar la noche, se ve obligado a negársela a fin de no poner en peligro a sus hombres.

La línea del frente

Lindholm permanece tan atento a la línea del frente como a la retaguardia en Dinamarca. Las escenas en Afganistán se combinan con la propia guerra que vive la esposa del protagonista, Maria, intentando sacar adelante ella sola a los tres hijos menores de ambos. En su visión utilitarista del cine, el director también concibe el relato familiar en función del conflicto del protagonista. Así, fuerza un paralelismo entre las víctimas civiles en Afganistán que el comandante no ha podido proteger como deseaba con la escena en que uno de sus hijos sufre un pequeño accidente doméstico y, por tanto, también se convierte en 'víctima' de la ausencia de este padre que no llega a todo. Por supuesto, en el momento más oportuno, la esposa le reprochará a su marido que no esté donde tenga que estar y le exigirá que haga lo posible para no acabar en la cárcel.

Lindholm realiza un proceso de manipulación emocional para que el público sienta la máxima empatía por él

La manera en que Lindholm fuerza al espectador a que se sienta próximo al personaje principal recuerda a lo que ya llevó a cabo en otra película que no dirigió pero sí escribió, 'La caza de Thomas Vinterberg', ese filme en que el personaje interpretado por Mads Mikkelsen es acusado falsamente de pederastia y se convierte en el objeto del linchamiento de todo un pueblo. La principal diferencia es que aquí la acusación que pesa sobre el protagonista sí es cierta, pero Lindholm realiza a cabo el mismo proceso de manipulación emocional para que el público sienta la máxima empatía por él.

Cartel de 'A War'.
Cartel de 'A War'.

Es en las secuencias del juicio de 'A War' donde el simplismo del planteamiento resulta más evidente. El director convierte a la fiscal en un personaje que solo puede caer antipático por su actitud ante el acusado, a pesar de que todos sus requerimientos resultan de lo más justificados en un proceso de este tipo y de que la razón está de su lado. La fiscal acaba representando a esa sociedad incapaz de meterse en la piel de los soldados, a ese Estado que juzga a quienes no es capaz de proteger tras enviarlos a situaciones extremas. Llegados a este punto, el director ha renunciado ya a cualquier reflexión realmente profunda sobre las paradojas humanas y éticas que propicia cualquier guerra para quedarse en una loa superficial del compañerismo militar y en la defensa sin ambages del repliegue familiar. ¿Y las víctimas? No importan.


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