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'Kingsman 2': espías, el secuestro de un Elton John desfasado y droga para todos

Los agentes de la agencia Kingsman regresan en una secuela llena de secundarios de lujo, humor gamberro y mucha acción

Foto: 'Kingsman: el círculo de oro' está protagonizado por Taron Egerton. (Fox)
'Kingsman: el círculo de oro' está protagonizado por Taron Egerton. (Fox)

Un hombre, sentado en el taburete rojo de un típico 'diner' años cincuenta —todo muy cuco y muy colorido—, contempla con gesto de pánico la hamburguesa que le ha servido la sonriente dueña del establecimiento. Un panecillo, una cama de lechuga, un grueso y jugoso filete de carne picada, una loncha de queso y otro panecillo salpicado de minúsculas semillas de sésamo. Un sudor frío le empapa la frente. Intenta reprimir una arcada. ¿Qué problema tiene el atribulado cliente? ¿Será intolerante a la lactosa? ¿Celíaco? ¿Vegetariano? ¿Vegano? La respuesta está en las dos piernas vestidas con pantalones de pinza azulones y mocasines brillantes que salen de uno de los extremos de la picadora de carne. Y es en ese tono de humor, bordeando el mal gusto, entre el desbarre, la parodia y el regodeo en la casquería, donde se mueve 'Kingsman: el círculo dorado', la secuela de esta vuelta de tuerca posmoderna al género de espías 'jamesbondianos'. Ese terreno que borda su prima hermana en forma de serie de animación, la irreverente 'Archer'.

El director y guionista Matthew Vaughn ya dejó claro con 'Kick-Ass' que lo que a él le motiva como cineasta es el humor gamberro y algo gore, mucha acción y combates imposibles a cámara lenta sustentados en una metralleta de virguerías perfectamente coreografiadas. En 2012, el guionista Mark Millar —autor del cómic de 'Kick-Ass'— y el dibujante David Gibbons publicaron 'El servicio secreto', un cómic repleto de escenas de muerte y destrucción contadas con mucha gracia en el que se mezclaban las aspiraciones de clase de un Billy Elliot cualquiera, que acaba convirtiéndose en un espía del servicio secreto, con el secuestro por parte de una organización criminal de estrellas del cine de ciencia ficción, entre ellas, Mark Hamill. Pepitas de oro para Vaughn, que solo dos años después estrenaba la adaptación al cine: 'Kingsman: servicio secreto', gracias a la cual el mundo pudo contemplar a un Jules Winnfield —bueno, en realidad a Samuel L. Jackson— sin peinado afro pero con una gorra ladeada de rapero y mucho 'flow' y un plan para acabar con el cambio climático poco ortodoxo y muy letal. Buenos y malos: una cuestión de puntos de vista.

Julianne Moore es una villana atípica en 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)
Julianne Moore es una villana atípica en 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)

En 'Kingsman: el círculo de oro', la amenaza a la que se debe enfrentar la humanidad es otra y tiene una amplia sonrisa y unas dotes culinarias maravillosas a la hora de hacer hamburguesas con carne de topo traidor: Poppy (Julianne Moore) es una narcotraficante que vive escondida en medio de la selva camboyana, lamentándose por la injusticia que comete con ella una sociedad que permite el negocio de alcohol y tabaco pero que ilegaliza la venta de MDMA, speed, farlopa, heroína, crack y familia.

Poppy (Julianne Moore) es una narcotraficante que vive escondida en medio de la selva camboyana

¿Bajo qué criterio?, se pregunta. ¿No es una forma de condescendencia y paternalismo para con el ciudadano adulto? ¿No es una forma de coartar las libertades individuales? ¿No es una forma de impedirle a ella convertirse en una empresaria multimillonaria y famosa en el mundo entero, como un Bill Gates lisérgico o el Carlos Slim de los estupefacientes? Lo dicho, todo es cuestión de puntos de vista.

Taron Egerton, Colin Firth y Pedro Pascal, en un fotograma de 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)
Taron Egerton, Colin Firth y Pedro Pascal, en un fotograma de 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)

La aviesa Poppy —que además ha secuestrado a Elton John, al que obliga, como hizo Pablo Escobar con José Luis Perales, a actuar para ella— tiene un plan aparentemente infalible: adulterar las drogas que produce con un virus letal y obligar al presidente de los Estados Unidos —un tipo ególatra, cínico, displicente, que viste una corbata roja de tamaño considerable, ¿les suena?— a firmar un decreto para legalizar la venta de drogas si quiere conseguir un antídoto para la población afectada, que, todo hay que decir, los consumidores son muchos, de toda clase social y pelaje. El problema: al político cínico y moralista le viene perfecto que los consumidores de droga desaparezcan de la faz de la tierra: hora de tirar la basura, piensa.

Poppy ha secuestrado a Elton John y quiere obligar al presidente de Estados Unidos a firmar un decreto para legalizar la venta de drogas

Así que los únicos que pueden salvar al mundo son los espías de la agencia Kingsman de Londres, caballeros muy bien vestidos, con mucha flema, un acentazo que ni Henry Higgins, la última tecnología y licencia para disparar, acuchillar, bombardear y lo que surja. Tras un 'ligero problemilla' en la agencia, los espías Eggsy (Taron Egerton) y Merlin (Mark Strong) viajan a Estados Unidos para encontrarse con sus homólogos americanos —muy americanos y mucho americanos—, lo que propicia una serie de gags y chascarrillos regionalistas sobre el contraste entre unos británicos finos y estirados que se excitan con repasar las normas de protocolo y unos 'cowboys' de Kentucky que escupen tabaco y conviven con un problema normalizado de alcoholismo.

Pedro Pascal es Whiskey en 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)
Pedro Pascal es Whiskey en 'Kingsman: el círculo de oro'. (Fox)

A partir de ahí, 'Kingsman: el círculo de oro' se convierte en una cadena de planes a cada cual más desfasado para detener a Poppy y sus secuaces: entre ellos —palabrita del niño Jesús—, el que consiste en rastrear a uno de los enlaces de los malos (interpretado por la 'it girl' Poppy Delevingne) con un dispositivo que solo puede acoplarse en las mucosas vaginales. Gracias a la providencia, el enlace es una festivalera de Glastonbury con muchas ganas de fiesta y una predilección por la estimulación genital digital.

Cartel de 'Kingsman: el círculo de oro'.
Cartel de 'Kingsman: el círculo de oro'.

Aunque 'Kingsman: el círculo de oro' no cuenta con el efecto sorpresa de su predecesora, la película mantiene su dosis de frescura, subversión y descaro. Sin olvidar una trama heredera del Bond de los setenta y una puesta en escena salida del mundo del cómic, colorista y dinámica. 'Kingsman' es una macarrada, además de muy entretenida, muy bien hecha, que cuenta con un reparto de secundarios de lujo: Colin Firth, Jeff Bridges, Channing Tatum, Halle Berry y Pedro Pascal, entre otros. ¿Como pega? El metraje excesivo y la infrautilización de alguna de sus estrellas. ¿Como punto álgido? Un Elton John autoparodiándose en un ataque de divismo y mala leche en una escena realmente desopilante. Entretenimiento puro, sí, pero con un extra de queso y pepinillos.

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