ESTRENOS DE CINE

'Identidad borrada': cómo dejar de ser gay en 10 pasos

En una carambola temporal, el segundo filme de Edgerton llega a los cines la misma semana en que salta la noticia de que el obispado de Alcalá "celebra cursos ilegales para 'curar' la homosexualidad"

Foto: Lucas Hedges y Nicole Kidman son hijo y madre en 'Identidad borrada', de Joel Edgerton. (Universal)
Lucas Hedges y Nicole Kidman son hijo y madre en 'Identidad borrada', de Joel Edgerton. (Universal)

De un tiempo para acá, llegan a la cartelera películas de alto voltaje dramático que exhiben como sello de calidad, aparte de los nombres de un par o más de actores de currículo y alfombra roja, la evidencia de una historia basada en hechos reales. Por si el espectador dudase de la denominación de origen, antes de que el metraje dé paso a los créditos, se suceden fotografías caseras cedidas por las personas reales en las que se inspira la historia, aderezadas además con algún que otro dato sobre la incidencia de tal o cual enfermedad o tal o cual injusticia social en el censo estadounidense, para no dejar pasar el impacto moralizante y por si algún espectador despistado se extravía. Si a principios de año el director belga Felix van Groeninger se apoyaba en esta fórmula con 'Beautiful Boy' para aleccionar sobre los peligros del consumo de drogas, ahora el actor reconvertido en cineasta Joel Edgerton hace lo propio con las terapias de 'reorientación sexual' —o 'deshomosexualización', para evitar eufemismos— en 'Identidad borrada'.

En un caso de colisión entre realidad y ficción en una carambola temporal, el estreno del segundo filme de Edgerton como director llega a los cines españoles la misma semana en la que 'eldiario.es' publica que el obispado de Alcalá de Henares "celebra cursos ilegales y clandestinos para 'curar' la homosexualidad". Han pasado 15 años desde los hechos que Garrard Conley narra en el libro de memorias homónimo que ha inspirado 'Identidad borrada' y el relato es el mismo: patologización de la sexualidad, fomento de la presión grupal, coacción para fabricar falsos deseos heterosexuales, un entorno donde la religión tiene un peso dominante, sesiones dirigidas por personas sin formación y adolescentes —y no tan adolescentes— que se enfrentan a un maltrato psicológico —e incluso físico— que puede derivar en trastornos de ansiedad, depresión y tendencias suicidas.

Russell Crowe es el pastor Eamons, padre del chico protagonista. (Universal)
Russell Crowe es el pastor Eamons, padre del chico protagonista. (Universal)

La adaptación de las memorias de Conley hubiese sido mucho más sugerente si el director no hubiese desnudado de cualquier tipo de profundidad o doblez la historia que narra: todo está a la vista; es más, todo está subrayado. 'Identidad borrada' podría haber sido una magnífica película de terror en la que unos jóvenes intentan conservar su integridad frente un grupo de fanáticos religiosos desatados. Apunta, Jordan Peele.

Pero Edgerton ha optado por el naturalismo y por ser escrupulosamente fiel al relato de Conley, sacrificando la tensión dramática potencial de la película. En su lugar, esta tensión queda reemplazada por una banda sonora evidente e incesante que imita a Alberto Iglesias —que incluso refuerza los portazos— y continuos planos a cámara lenta sin más justificación que la estética. Si no fuese por la consistencia de los nombres y las interpretaciones de los protagonistas —Nicole Kidman, Russell Crowe y Lucas Hedges—, el filme no tendría mayores pretensiones que la de trascender el horario de sobremesa de cualquier cadena de televisión gratuita.

Otro momento de 'Identidad borrada'. (Universal)
Otro momento de 'Identidad borrada'. (Universal)

Edgerton plantea la contradicción del choque entre una fe que promueve el amor al prójimo y las creencias homófobas de la misma, que obligan a padres a renegar de sus hijos, a familias a romperse y a personas a amoldarse y fingir ser alguien que no son por motivos religiosos e ideológicos. Jared Eamons, el 'alter ego' de Conley, interpretado por Lucas Hedges, interpreta convincentemente a un joven reconcomido por el 'pecado' del deseo homosexual frente al conservadurismo moral de su familia: es hijo de un predicador baptista y de un ama de casa tradicional y devota de dios y de su familia. Después de que Eamons reconozca su orientación sexual, sus padres lo envían a este centro de reorientación en el que, mediante terapias cognitivo-conductuales, intentan despojar a los 'pacientes' de su sexualidad como si de una enfermedad se tratara.

Cartel de 'Identidad borrada'.
Cartel de 'Identidad borrada'.

Las tácticas que describe el director en 'Identidad borrada' van desde la sutil manipulación psicológica hasta castigos físicos, todo en un ambiente opaco y cerrado, al margen de la sociedad, que responde más a los códigos de una secta —vestuario, privación de relaciones personales, invasión de la intimidad, entrega ciega— que a cualquier disciplina remotamente parecida a la ciencia. Edgerton ha tratado la cuestión con tal solemnidad que el filme acaba siendo plomizo y puramente descriptivo, salvo en la resolución final y en ciertos 'flashbacks' en los que el director consigue transmitir el estado de confusión y culpa de los tres protagonistas. El resto: una sucesión monocorde de escenas en las que solo Kidman, Crowe y Hedges consiguen insuflar algo de vida.

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