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'¡Shazam!': el superhéroe favorito de absolutamente nadie

Lo que '¡Shazam!' cuenta es la historia de un chaval de 14 años que no tiene más que exclamar “¡shazam!” para convertirse en un adulto hipermusculado y dotado de superpoderes

Foto: '¡Shazam!'.
'¡Shazam!'.

El protagonista de '¡Shazam!', reconózcase, es un personaje que nació en el ámbito de los tebeos con la espuria intención de plagiar a Superman; que posee una historia de origen extraña y confusa, y que probablemente sea el superhéroe favorito de absolutamente nadie. Para colmo, su verdadero nombre, Capitán Marvel, ni siquiera puede ser pronunciado, porque de lo contrario Marvel Comics haría una llamada a su bufete de abogados. Ninguna de esas cosas, por otra parte, ha evitado la existencia de esta película. Y lo más sorprendente no es eso sino que, en realidad, es una película bastante buena, porque traslada intacta a la pantalla esa combinación de heroísmo liviano y desmelene argumental que en su día hizo los tebeos famosos, y porque saca buen partido de la ridiculez consustancial al personaje.

Resumida en pocas palabras, lo que '¡Shazam!' cuenta es la historia de un chaval de 14 años que no tiene más que exclamar “¡shazam!” para convertirse en un adulto hipermusculado y dotado de superpoderes —dicho de otro modo, es como 'Big' (1998), o lo sería si, en 'Big', Tom Hanks fuera capaz de atrapar autobuses con las manos—. Se trata de un huérfano llamado Billy Batson (Asher Angel), que al principio de la película recala en su enésima familia adoptiva. Allí congenia de inmediato con Freddy, un chaval obsesionado con los superhéroes.

Un día, un mago ancestral convoca a Billy en la Roca de la Eternidad y allí le otorga un magnífico don: la posibilidad de convertirse a voluntad en un chicarrón de treinta y tantos (Zachary Levy) dotado de la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio. Las facultades le resultarán de gran utilidad cuando llegue el momento de proteger la Tierra de la furia del malvado doctor Thaddeus Sivana (Mark Strong), poseído por los espíritus de los siete pecados capitales. Cuando Sivana amenaza con dañar a su nueva familia, Billy tendrá que descubrir cómo ser un héroe y cómo confiar en el amor y el apoyo de los demás.

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Hasta entonces, contemplarle disfrutando de capacidades recién adquiridas como volar y disparar rayos con el dedo —o comprar cerveza sin que le pidan el carné de identidad— resulta francamente entretenido, en buena medida por el inventivo lenguaje corporal desplegado por Levy en la piel de un mocoso aún no habituado a pasear el físico de un adulto y mucho menos el de un superhombre —también por la química que comparte con Grazer; las escenas que comparten están llenas de energía cómica—. De hecho, '¡Shazam!' en buena medida es eso, la peripecia de un chico que trata de averiguar el tipo de héroe que quiere ser y, por extensión, la clase de ser humano en la que debe convertirse.

'¡Shazam!'.
'¡Shazam!'.

También es una oda a los inadaptados. Freddy tiene una discapacidad que lo limita a la hora de andar, y los otros chicos de la familia de acogida sufren sus diversos daños psicológicos. Por su parte, Billy vive resentido por los fantasmas del pasado. Nunca tuvo el apoyo que necesitaba, y los traumas que esa carencia provocó no son fácilmente reparables, ni siquiera con superpoderes. Parte de su viaje implica la búsqueda de su madre, de la que se vio separado con solo cinco años, y los momentos que la ilustran están dotados de eficaz gravedad emocional.

Quizás el mayor problema de la película es que no puede limitarse a ser la historia de un muchacho de 14 años y su peculiar 'alter ego'

El director de '¡Shazam!' es David F. Sandberg, un tipo curtido en el terreno del cine de terror —en concreto, en títulos como 'Nunca apagues la luz' (2016) y 'Annabelle: Creation' (2017)—, y probablemente eso explique que algunas de las escenas que orquesta posean una oscuridad que choca con el tono jovial y relajado del resto de la película. Y, hablando de contrastes agresivos, resultan chirriantes las diferencias de personalidad existentes entre Billy y Shazam, que en realidad nunca logran convencernos de ser la misma persona en dos cuerpos distintos. Aunque quizás el mayor problema de la película es que no puede limitarse a ser la historia de un muchacho de 14 años y su peculiar 'alter ego'. También tiene que ser un relato de superhéroes, y por tanto debe incluir un villano de saldo, un estúpido MacGuffin y un puñado de monstruos creados con efectos digitales tan toscos como los de esos anuncios que nos saltan en el móvil cuando usamos una 'app' gratuita.

Cartel de '¡Shazam!'.
Cartel de '¡Shazam!'.

En cualquier caso, por otra parte, es una película llena de humor afilado, personajes capaces de generar empatía y secuencias de acción dotadas de envergadura, ritmo y claridad. También es bastante tonta, pero lo sabe perfectamente y, decimos, lo usa a su favor. Y es gracias a esa autoconsciencia, sobre su propia estupidez y sobre la falta de enjundia de su protagonista —similar a la que ya lució 'Aquaman' (2018)— lo que la convierte en uno de los mejores títulos hasta la fecha producidos en el contexto de esa cosa llamada Universo Extendido de DC (DCEU), y un nuevo paso en el camino a seguir por la compañía para sacudirse de encima la mala fama que se granjeó por culpa de sus personajes de cabecera.

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