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'Holmes & Watson': dos tontos muy tontos en el Londres victoriano

El director y guionista Etan Cohen ('Dale duro', 2015) es el responsable de esta comedia olvidable basada en los personajes más icónicos de Arthur Conan Doyle

Foto: John C. Reilly y Will Ferrell, en 'Holmes & Watson'.
John C. Reilly y Will Ferrell, en 'Holmes & Watson'.

En 'Holmes & Watson', la hache es la clave. Pero no la de Holmes, sino la del director Etan Cohen, que no Ethan Coen. Ojalá. Cohen empezó su carrera como guionista en 'Beavis & Butt-Head', serie de culto de los noventa para paladares cáusticos y subversivos, se curtió en el formato televisivo —con paso por 'El rey de la colina' y 'Padre made in USA' incluido— y dio el salto al cine con la coescritura del 'libreto' de 'Idiocracia' (2006), una sátira sobre cómo el 'american way of life' de comida basura, culo sentado y sexo paleto desprotegido puede acabar con la aparición de la especia humana más estúpida de la cadena evolutiva. Una gran premisa, un desarrollo mejorable. Con el guion de 'Tropic Thunder' (2008) tocó techo —también hay que reconocer que Ben Stiller es un director de comedia a reivindicar sin complejos— en materia de humor incorrecto y mordaz, sin escatimar en gags sobre minorías raciales y minusvalías, y en 2015 se estrenó como director de largometraje con 'Dale duro', protagonizada por Will Ferrell.

Además de la trampa de la hache, 'Holmes & Watson' juega sucio con las expectativas de reunir a Ferrell y John C. Reilly como dúo cómico virtuoso —'Pasado de vueltas' (2006), 'Hermanos por pelotas' (2008)—. Pero nada más lejos de las comedias del primer Adam McKay. Esta parodia de los detectives de Conan Doyle es, de principio a fin, un despropósito: los gags son reciclados y previsibles y Cohen se encomienda a la escatología y al histrionismo de los actores para provocar unas risas que nunca llegan. Chicharras en un secarral manchego.

Una escena de 'Holmes & Watson'.
Una escena de 'Holmes & Watson'.

La —discutible— comicidad de la película de Cohen recuerda a las peores secuelas de 'Scary Movie'. Como ejemplo: una secuencia en la que varios personajes enumeran 'ad infinitum' diferentes locuciones para referirse a una paja. Tampoco faltan las gracias sobre el vómito; ¡extra, extra! Ese género ya alcanzó su cénit con 'Este chico es un demonio 2' (1991) y la anciana fascista de 'Little Britain'. Sorprende que actores como Ralph Fiennes, Rebeca Hall, Steve Coogan, Rob Brydon o Hugh Laurie, aparte de los protagonistas, hayan aceptado participar de un desastre previsible desde el germen.

Hay incluso una secuencia en la que varios personajes enumeran 'ad infinitum' diferentes locuciones para referirse a una paja

Para ser los detectives más reputados de todo Londres, Sherlock (Ferrell) y Watson (Reilly) son dos tontos de baba que sorprende que no hayan muerto por heridas autoinfligidas. El primero es, además, una diva petulante. Y si en 'El secreto de la pirámide' (1985) Barry Levinson imaginaba un primer encuentro entre ambos personajes en su época de estudiantes, aquí Cohen propone una amistad cimentada en un equívoco causado por un sentido del oído poco agudo: Watson se quiere suicidar tirándose de un tejado y, en caso de hacerlo, iría a caer sobre un calabacín gigante cultivado por Sherlock con esmero durante años; Sherlock quiere evitar la destrucción del calabacín y Watson entiende que lo que quiere es disuadirle de saltar, todo esto alargado hasta el desquicie.

Una amistad construida sobre un calabacín gigante. (Sony)
Una amistad construida sobre un calabacín gigante. (Sony)

Hay un asesino en serie suelto por el Londres victoriano, una mente aviesa que solo Sherlock puede detener: Moriarty (Fiennes). En la fiesta de cumpleaños de Sherlock, aparece un cadáver dentro de una tarta gigante y, después de una serie de tretas absurdas incluso dentro de la falta de coherencia de la película, él y Watson comienzan una investigación para detener al supuesto autor del crimen antes de que cumpla su amenaza de matar a la reina Victoria (Pam Ferris). Cohen lleva entonces a los personajes por los rincones más aleatorios de la ciudad proletaria, desde un gimnasio de hombres tatuados por un tatuador manco (Coogan) hasta el Titanic —sí, el Titanic—, con cameo especial incorporado.

Para engordar la trama sucinta, Cohen añade dos personajes femeninos

Para engordar la trama sucinta, Cohen añade dos personajes femeninos que inician la habitual subtrama romántica de contrastes: los detectives se cruzan con dos jóvenes estadounidenses, la doctora Grace Hart (Hall) y su sujeto de estudio, Millie (Lauren Lapkus), una mujer con la inteligencia de un niño pequeño, o de un roedor, más bien. El director y guionista reincide una y otra vez, como un cliente borracho a un camarero hastiado, en un chiste sobre la incredulidad de Holmes y Watson ante la posibilidad de que una mujer pueda ser médica. La insistencia en la gracia fallida duele.

Cartel de 'Holmes & Watson'.
Cartel de 'Holmes & Watson'.

Lo único que no hace que el barco se hunda hasta el fondo es la química existente entre los dos actores protagonistas —y el excelente reparto, en general— y alguna secuencia metarreferencial, como la idea de una autopsia romántica o un número musical imprevisto. No hay demasiado más donde rascar: resulta difícil creer que el guionista de 'Tropic Thunder' y el responsable de 'Holmes & Watson' sean la misma persona. Y por la falta de entusiasmo de su doblaje al castellano, a Santiago Segura y Florentino Fernández tampoco parece haberles convencido.

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