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'Jack Reacher: nunca vuelvas atrás', el declive de Tom Cruise

Tom Cruise protagoniza junto a Cobie Smulders la segunda entrega de las aventuras cinematográficas del héroe nacido de la pluma de Lee Child

Foto: Fotograma de 'Jack Reacher: nunca vuelvas atrás'
Fotograma de 'Jack Reacher: nunca vuelvas atrás'

¿Resulta verosímil que un tipo de 54 años sea capaz de mantener la forma física de uno de 30 y de tumbar en una pelea a tres o cuatro o cinco fulanos a la vez, sin despeinarse? Posiblemente no, pero tampoco lo es que un vikingo extraterrestre viaje a la Tierra a través de un agujero de gusano y salve el mundo gracias a su martillo mágico, y no nos importa. Y, después de todo, Tom Cruise lleva años convertido exclusivamente en el mismo tipo de personaje que Thor. Y la otra saga que el actor lidera desempeñando ese rol de superhéroe, 'Misión Imposible', encarna a la perfección lo que una película de acción debería ser: una colección de coreografías demenciales estructuradas alrededor de un argumento que es estúpido pero también sutilmente consciente de serlo. Con 'Jack Reacher', lamentablemente, es distinto. Pese a la capacidad de Cruise para darlo todo en pantalla, aún está por ver qué es lo que hace a este otro héroe atractivo.

'Jack Reacher: nunca vuelvas atrás', el declive de Tom Cruise

Sobre el argumento de esta segunda entrega cinematográfica de sus aventuras no hace falta entrar en detalles puesto que, por supuesto, tiene muy poco de singular y mucho de predecible, y es solo una excusa para que, entre otras cosas, el héroe se enfrente a situaciones en las que exhibe su habilidad en el combate de forma casi siempre absurda. Lo que convirtió Jack Reacher en un fenómeno de la literatura de aeropuerto es el atractivo chulesco del propio Reacher, que no es sino una versión moderna del Hombre Sin Nombre o de Sanjuro: un 'ronin' que aparece misteriosamente allí donde se le necesita, y los malos hacen cola frente a él para que les parta la cara. Reacher hace justicia y luego se adentra en la distancia.

La película trata de penetrar en el inexpugnable mundo interior del héroe. El director Edward Zwick, que ya trabajó con Cruise en 'El último samurái' (2003), lo sitúa en el centro de algo parecido a una familia

Pero si 'Jack Reacher' (2012) dio al personaje la oportunidad para desplegar sus facultades investigadoras para resolver un misterio, 'Nunca vuelvas atrás' -coincidamos en que el título no es especialmente sugerente para una secuela- aligera el elemento detectivesco y, en cambio, trata de penetrar en el inexpugnable mundo interior del héroe. El director Edward Zwick, que ya trabajó con Cruise en 'El último samurái' (2003), lo sitúa en el centro de algo parecido a una familia. En su periplo para derrotar a los malos lo acompañan una 'sidekick', la Mayor Turner (Cobie Smulders) y una niña francamente irritante que quizá sea su propia hija. Y esos vínculos hacen que reevalúe su vida.

El problema es que el atractivo de Reacher está en el enigma. Es un personaje sin pasado y sin personalidad ni evolución aparente, una figura que podría definirse como zen de no ser por su tendencia a romperle las piernas a la gente, y por supuesto alguien incapaz de establecer relaciones humanas de relieve más que entre su puño y alguna mandíbula ajena. En la notable primera película el director Christopher McQuarrie entendió eso muy bien. Pero Zwick es el tipo de director proclive a buscar el sentimiento glaseado; en sus manos hasta una película sobre los crímenes nazis, 'Resistencia' (2008), acaba siendo una cursilada.

'Nunca vuelvas atrás' no tiene especial sentido del humor, sus escenas de acción carecen de personalidad o estilo y La intriga narrativa que la vertebra es simplista

Y, al rodear al héroe de una socia que le hace tilín y de una posible hija, Zwick no solo pone en cuestión sus rasgos -su condición vagabunda, su idiosincrásico código moral- cuando su versión cinematográfica todavía está en proceso de formación sino que también, peor aún, inmediatamente lo debilita. La clave de su talento está en su pragmatismo, algo que tener gente a quien proteger sin duda merma. Además, las circunstancias lo obligan a comportarse. No puede darle una paliza a nadie solo por diversión.

También es cierto que, por inapropiado que ese sentimentalismo resulte, sin él poca película quedaría. 'Nunca vuelvas atrás' no tiene especial sentido del humor, sus escenas de acción carecen de personalidad o estilo. La intriga narrativa que la vertebra es tan simplista -y se resuelve con tanta facilidad- que recuerda a un episodio de 'Navy: Investigación Criminal', en buena medida porque ninguno de sus villanos posee siquiera una décima parte del caricaturesco carisma aportado en la primera película por Werner Herzog en la piel de un gánster que para sobrevivir se arrancaba los dedos a mordiscos. Enfrentar a Reacher a estos antagonistas de saldo es como cruzar al Barça con un equipo de Tercera en la Copa del Rey.

Al final, 'Nunca vuelvas atrás' no es más que otro vehículo para que Tom Cruise se ahorre la cuota mensual del gimnasio, aunque uno que avanza a trompicones y en ese sentido, de forma sin duda involuntaria, funciona a modo de metáfora el declive que le espera al actor a menos que asuma cuanto antes que sus días como muñequito de acción se han agotado.

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