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'Salt and Fire', la catastrófica ficción ecologista de Werner Herzog

El cineasta alemán viaja hasta el Salar de Uyuni en Bolivia para lanzar un mensaje contra la degradación de la naturaleza por parte del ser humano

Foto: Fotograma de 'Salt and Fire'
Fotograma de 'Salt and Fire'

Werner Herzog ha perdido el 'mojo'. O al menos parte de él. Porque 'Salt and Fire', su última película de ficción -el documental 'Into The Inferno' se proyectó en Toronto el mes pasado-, mantiene la caída en barrena del cineasta alemán cuando últimamente abandona el género documental. Al inicio del film, la sala Tramuntana del Festival de Sitges aplaudía la aparición del nombre de Herzog en pantalla. A la salida, una mayoría de caras de incredulidad y estupefacción. Una película catastrófica sobre una catástrofe ecológica.

'Salt and Fire', la catastrófica ficción ecologista de Werner Herzog

'Salt and Fire' tiene buenas intenciones. Es un nuevo aviso, un mensaje en favor del respeto de la naturaleza y la búsqueda de la sostenibilidad, enfatizando en lo irreversible de muchas de nuestras acciones y de la destrucción que éstas provocan: estamos condenando a las próximas generaciones. Tenemos que dejar de reducir los problemas medioambientales a simples datos estadísticos y concienciar a la población de la crisis ecológica de una forma más orgánica, más humanista, más efectiva. Aprovechar que de momento tenemos las arenas movedizas por los tobillos y que quizás todavía no estemos sentenciados. 

'Salt and Fire' es un mensaje en favor del respeto de la naturaleza y la búsqueda de la sostenibilidad, enfatizando en lo irreversible de muchas de nuestras acciones y de la destrucción que éstas provocan

Y para lanzar este mensaje de auxilio, Herzog se ha trasladado al Salar de Uyuni en Bolivia, el mayor desierto de sal del planeta con una superficie de más de 10.582 kilómetros cuadrados, una localización apabullante y bellísimamente retratada, en gran medida gracias a un director de fotografía (Peter Zeitlinger) con un buen ojo y mejor mano. Y ahí es donde todavía se puede translucir la maestría de Herzog a la hora de capturar la fuerza de la naturaleza y la espectacularidad de sus paisajes, de volver a intuir la chispa del genio de un director tan especial como el que sacó adelante, de forma artesanal, visceral y genuina obras maestras como 'Aguirre' (1972) o 'Fitzcarraldo' (1982). Porque si algo caracteriza a Herzog, es la comunión con la naturaleza y la fisicidad en su obra. No importa que haya que irse al fin del mundo, subir la montaña más alta, padecer mal de altura, coger una infección o una diarrea, no importa. Lo que importa es la grandiosidad de la tierra, de los elementos, de la materia. Su belleza. Y el enamorado Herzog no quiere perderla y avisa. Su final será nuestro final

En 'Salt and Fire', la extinción del ser humano viene de mano de la sal y el fuego. La sal que va comiendo terreno a los lagos, a la tierra y que se extiende varios miles de hectáreas cuadradas al año y que acabará convirtiendo al continente americano en un manto yermo y blanco inabarcable. Y el fuego del volcán Uturuncu, que duerme bajo sus laderas y que se está preparando para asomarse al exterior acompañado de una gran nube tóxica que cubrirá toda la atmósfera. 

Fotograma de 'Salt and Fire'
Fotograma de 'Salt and Fire'

La profesora Laura Sommerfeld (Veronica Ferres) es la líder de una expedición de científicos enviados por la ONU a Bolivia para investigar el desastre de Diablo Blanco, un vertido tóxico provocado por una corporación que provocó la salinización de las aguas de un lagos hasta convertirse en una salina y que derivó en malformaciones congénitas entre las poblaciones locales. Cuando la delegación, de la que también forman parte el doctor Fabio Cavani (Gael García Bernal) y el doctor Meier (Volker Michalowski), aterriza en un aeropuerto boliviano, una pintoresca banda de encapuchados encabezada por Matt Riley (Michael Shannon) secuestra al grupo de científicos y, a partir de aquí, cualquier justificación del argumento carece de sentido y entra en una espiral absurda, tanto por el tono, por los gags descolocados, como por el comportamiento de los personajes. Humor a base de sillas de ruedas y diarreas. Descacharrante para el director, desconcertante para el espectador.

Toda la extrañeza que envuelve el desarrollo de la película emana también en gran parte de las interpretaciones. Sutileza cero. Diálogos escritos a machetazos, gritados y escupidos, que buscan erráticamente una emoción. Una Veronica Ferres en piloto automático -al menos en la primera mitad de la película- y un Gael García Bernal que tiene que cargar a cuestas con el cadáver de un personaje insalvable, por obvio y detestable. Y es que cuando Herzog se enfrenta a la dirección de actores convencionales, fracasa estrepitosamente.

Herzog consigue volver a insuflar aire a la película con la aparición de dos niños ciegos que transmiten la verdad de los no actores

Sin embargo, Herzog consigue volver a insuflar aire a la película con la aparición de dos niños ciegos que transmiten la verdad de los actores no profesionales, terreno seguro para el cineasta alemán. Herzog captura los juegos, las expresiones espontáneas, las risas de los chicos que desencorsetan la recitación de los adultos profesionales. Y aquí, la chispa vuelve a vislumbrarse. Herzog es un gran captador de la realidad, pero cada vez se desenvuelve peor en el lenguaje de la ficción convencional. 

Fotograma de 'Salt and Fire' con los dos niños ciegos y la actriz Veronica Ferres
Fotograma de 'Salt and Fire' con los dos niños ciegos y la actriz Veronica Ferres

A la espera del estreno en España -si se produce- de 'Into The Inferno', el documental en el que Herzog ha explorado volcanes activos en Islandia, Etiopía, Indonesia y hasta Corea del Norte, el último Herzog deja mal sabor de boca. Sin embargo, sigue siendo loable su compromiso y su amor confeso, una y otra vez, por la naturaleza. Al menos, aunque las formas son deficientes, el fondo es necesario. Como dice el personaje de Shannon en 'Salt and Fire', "quizá sea en 20.000 años, en 200 o en 20", lo cierto es que vamos de cabeza hacia la autodestrucción.

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