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Los políticos no saben lo que es la clase media. Y tú tampoco
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'TRINCHERA CULTURAL'

Los políticos no saben lo que es la clase media. Y tú tampoco

La clase no es más que un estado aspiracional. Algo que se percibe de manera más notable si sabes lo que es la movilidad social

Foto: Decenas de personas, en una terraza en Madrid. (EFE/Mariscal)
Decenas de personas, en una terraza en Madrid. (EFE/Mariscal)

En la clase media se está calentito en invierno y duermes tapado en verano. En la clase media se vive bien, te puedes quejar del jefe cretino, lo cara que está la vida, lo que te deprimen los telediarios, lo sucia que está la calle. Pero en la clase media también te das tus homenajes, esa ración de jamón ibérico, porque la vida son dos días y duran un fin de semana. Te coges los puentes y en alguno aprovechas para un viajecito. En la clase media hay cerveza fría, pizza para ver el fútbol en plasma grande, hay comidas familiares que acaban con gin-tonic en copa de balón y chuches. En la clase media todos los políticos son iguales, cobras menos de lo que mereces, pagas más impuestos de los que debes.

Siempre que sale el tema dices que eres clase media porque nadie quiere mirarse al espejo y tener cara de media baja. Y en el fondo, aunque te dé apuro reconocerlo, tampoco quieres ser clase media. Lo que quieres es ser clase alta para consumir, pero en materia fiscal quieres más recibir que dar, que te salga a devolver cuando digan que llaman de la Agencia Tributaria.

Foto: Juanma Moreno y Ximo Puig en una imagen de archivo. (EFE/Raúl Caro)

Es muy probable que cuando un político habla de clase media no sepa de lo que está hablando. Y tú tampoco. No hay una definición precisa. No existe una fórmula matemática que te diga si perteneces o no a ese equipo.

La clase media no existe, porque tiene que ver más con la percepción que tenemos de nosotros mismos que con nuestro nivel de ingresos. Porque es imposible establecer una horquilla que va de los 20.000 euros anuales a los 60.000. Como si se viviera igual con una cifra que con la otra. Como si no hubiera que valorar otras circunstancias, alejadas del salario que percibes. Tu nivel de deuda, el número de personas con las que vives, el entorno con el que te compares.

La politóloga y especialista en investigación social Aida Santos recuerda que entre 1992 y 2017 el Centro de Investigaciones Sociológicas formulaba a los españoles la siguiente pregunta: "¿A qué clase social diría usted que pertenece?". La respuesta más repetida en toda la serie era la media, entre otras cosas, porque las personas entrevistadas rehúsan ser los últimos de la jerarquía.

La clase es un concepto que tiene más que ver con la sociología. No solo son los ingresos, también el prestigio, la autoridad, el poder

"El problema de la clase media es que se hace demasiado caso a los economistas, y es un concepto que tiene que ver más con la sociología. Porque la clase no alude solo a los ingresos, sino a tu prestigio, tu autoridad, tu poder. Y todos nos acabamos creyendo clase media porque nos rodeamos de gente similar a nosotros", explica María Miyar, investigadora de Funcas y profesora de Estructura Social en la UNED.

Santos propone hacer un ejercicio. Compararnos con distintos entornos. El familiar, el de los amigos, el de los compañeros de gimnasio, el laboral… "Si eres el que más gana en todos ellos, eres rico; si es al revés, tienes un problema", aclara. Miyar, por su parte, relaciona el concepto de clase con dos aspectos: la estabilidad en los ingresos y las perspectivas. "Un empleado de hostelería y un funcionario pueden ganar 1.200 euros al mes, pero la percepción que tenemos de ellos es muy distinta", aclara.

Foto: Las colas del hambre durante la pandemia. (EFE/Ismael Herrero)

Porque somos como nos perciben los demás y la clase no es más que un estado aspiracional. Algo que se percibe de manera más notable si sabes lo que es la movilidad social porque lo has vivido. Cuando eres hija de padres sin estudios que han crecido en familias que no eran clase media, sino pobres. Y te crees clase media porque encajas en la definición que hace el periodista Julio Embid en su libro 'Hijos del hormigón': "Cuando hay que poner ortodoncia al niño y no hay drama en casa".

Y te das cuenta de que llevas desde enero soltando 100 euros al mes para que a la tuya le ajusten los hierros. Y no ha pasado nada. Y también puedes pagarte una de jamón y otra de almejas. Y tienes una casa en propiedad. Y te comparas con aquellos con los que has crecido y te gusta lo que ves en el espejo. Como para no querer ser clase media, aunque nadie sepa lo que es.

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En la clase media se está calentito en invierno y duermes tapado en verano. En la clase media se vive bien, te puedes quejar del jefe cretino, lo cara que está la vida, lo que te deprimen los telediarios, lo sucia que está la calle. Pero en la clase media también te das tus homenajes, esa ración de jamón ibérico, porque la vida son dos días y duran un fin de semana. Te coges los puentes y en alguno aprovechas para un viajecito. En la clase media hay cerveza fría, pizza para ver el fútbol en plasma grande, hay comidas familiares que acaban con gin-tonic en copa de balón y chuches. En la clase media todos los políticos son iguales, cobras menos de lo que mereces, pagas más impuestos de los que debes.

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