INFORME DEL SERVICIO DE ESTUDIOS DE LA CAIXA

La clase media sucumbe ante el avance de las rentas altas y bajas

La transformación es lenta, pero segura. La clase media pierde peso en la estructura social en favor de las altas y las bajas. Lo acredita un informe del servicio de estudios de La Caixa

Foto: Imagen: EC.
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No es noticia que la clase media ha sufrido con la crisis económica (en todo caso, menos que la baja). Lo que es significativo es que una década después de que explotara la burbuja de crédito, aún no haya recuperado sus niveles de prosperidad. En 2017, en concreto, un adulto de clase media en España ingresaba en promedio 18.100 euros anuales, y aunque ha recuperado más de 1.000 euros con respecto del mínimo percibido durante la crisis, sus ingresos todavía se sitúan por debajo del máximo alcanzado antes de la crisis (18.400 euros en 2008).

Esto es lo que asegura un reciente informe del servicio de estudios de La Caixa, que pone negro sobre blanco una verdad incómoda. Cada vez es más evidente el ensanchamiento de la desigualdad, que se manifiesta en el hecho de que en los países desarrollados (también en España) aumenta, por un lado, el peso de lo que los especialistas denominan ‘clase alta’, mientras que, en paralelo, también lo hace la ‘clase baja’. La clase media, por lo tanto, pierde protagonismo en la estructura de clases.

En concreto, en el caso español, el peso de la clase media se ha reducido en 3,7 puntos porcentuales en las últimas tres décadas, mientras que el de las clases bajas crecía en la misma proporción. Aun así, sostiene el informe, realizado por el economista Josep Mestres, la clase media todavía representa el 59,3% de la población en 2017, una proporción que se sitúa por debajo de Alemania, Suecia e incluso Portugal, pero en línea con la media de los países de la OCDE, que reúne a las naciones más ricas del planeta.

Lo que ha sucedido en los últimos años, según el informe, es que con la crisis los hogares de clase media vieron mermados sus ingresos en menor grado que el resto de la población. Concretamente, sus ingresos se redujeron un 8,5% entre 2008 y 2013, mientras que en los hogares de clase baja se redujeron un 13% y en los de clase alta, un 13,2%. En este último caso, lógicamente, con un mayor ‘colchón’ para hacer frente a la adversidad económica. Mucho más ancho que en el caso de la clase media y, por supuesto, sensiblemente más voluminoso que en el caso de la clase baja.

Percepción individual

¿Qué se entiende por clase media? El informe hace suyo una definición de la propia OCDE, que clasifica como clase media a aquellos hogares con una renta situada entre el 75% y el 200% de la renta media de su región y año. Es decir, se trata de una medida relativa, lo que explica la confusión que existe a menudo alrededor de este concepto. Entre otras cosas, porque la percepción individual sobre dónde se sitúa cada uno es subjetiva. En la mayoría de los países, se consideran clase media más personas de las que realmente lo son (no es el caso de España).

Así, por ejemplo, mientras que en Andalucía formar parte de la clase media supone tener unos ingresos situados entre 10.578 y 28.207 euros al año, en Madrid, esta horquilla se mueve entre 15.917 y 42.444 euros. A partir de estos datos, y para el conjunto del país, se llega a la conclusión de que Navarra es la comunidad con mayor porcentaje de clase media (71,6%), seguida de la Rioja (67,4%) y Aragón (64,8%), mientras que, en el polo opuesto, se encuentran Canarias (51,1%), Andalucía (56,9%) y Galicia (57,7%).

Entre las causas de esta disparidad se encuentra, fundamentalmente, la educación, que es lo que acrecienta la desigualdad entre regiones, ya que los salarios dependen en buena medida del nivel de formación. Esto se manifiesta en un dato incuestionable.

El porcentaje de hogares de clase media en los que el cabeza del hogar tiene un título de educación superior (32%) duplica al de la clase baja, aunque es claramente superado por el de la clase alta (68%), como dice el estudio de CaixaBank Research. Este hecho está en consonancia con la literatura económica, que asegura que “la clase media acostumbra a invertir bastante en educación, lo que suele ser un motor para el crecimiento económico a través de la acumulación de capital humano”.

Llegar a fin de mes

La crisis, en todo caso, ha pasado factura, como lo demuestra que en el peor momento de la recesión alrededor de un tercio de los hogares de la clase media española llegó a tener dificultades para afrontar gastos imprevistos o para llegar a fin de mes.

La situación ha mejorado en los últimos años, pero, aun así, casi un 20,3% de los hogares de clase media declaraba en 2018 tener dificultades para llegar a fin de mes, ya por debajo del porcentaje de 2008 (26,3%). Es decir, uno de cada cinco individuos no consigue ser financieramente solvente pese a ser considerado de clase media, lo que, al menos en teoría, debería significar una mayor protección en caso de la llegada de una situación adversa desde el punto de vista económico.

En el momento más duro de la crisis, como recuerda el informe, un 7,8% de los hogares de clase media se retrasaba en el pago de la hipoteca, prácticamente un tercio que el 21,5% de los hogares pobres con el mismo problema.

No hay que olvidar que la propiedad de la vivienda continúa siendo una de las señas de identidad del individuo para ser considerado clase media. Y esto se manifiesta en el hecho de que la mayor parte de los incluidos en este segmento continúa teniendo una vivienda en propiedad (79,2% en 2018), una proporción mucho mayor que la que se da entre la clase baja (64%).

Ahora bien, en los últimos cinco años, el porcentaje que vive de alquiler ha aumentado en cinco puntos porcentuales, hasta el 15,5%, mientras que el 26% de la clase baja alquila su vivienda. Es decir, cuanto menos ingresos, menos vivienda en propiedad, lo que es un factor muy visible de desigualdad, al tratarse de un bien esencial que hay que pagar durante toda la vida (no sucede lo mismo cuando se ha cancelado la hipoteca).

El otro factor que explica la pertenencia a uno u otro grupo social es el empleo y, en general, las condiciones laborales. Según el estudio, cerca del 80% de la población activa de la clase media trabaja por cuenta ajena, lo que supone un porcentaje casi idéntico al de la clase alta, pero muy por encima del 49% de la clase baja, que sufre un nivel de desempleo muy elevado.

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