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Macaulay, contra Isabel II: Franco usó un nombre falso para atacar a la reina por visitar Gibraltar
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Macaulay, contra Isabel II: Franco usó un nombre falso para atacar a la reina por visitar Gibraltar

El dictador, que usó el pseudónimo en el diario 'Arriba' por el historiador británico del XIX Thomas B. Macaulay, la trató con cortesía y culpó a sus consejeros

Foto: La reina Isabel de Inglaterra y el duque de Edimburgo, con la roca de Gibraltar al fondo en 1954. (Cedida)
La reina Isabel de Inglaterra y el duque de Edimburgo, con la roca de Gibraltar al fondo en 1954. (Cedida)

"Nadie le habrá señalado a Su Majestad que La Línea es un barrio bajo de la Roca y que Gibraltar tira su basura a La Línea: que durante dos siglos Gran Bretaña ha explotado la miseria de La Línea pagando menos a los trabajadores de ese pueblo y, lo que es peor, que se ha aprovechado de la necesidad engendrada por la pobreza para satisfacer las ansias animales de los soldados y marineros de Su Majestad, la reina Isabel II". Así se despachaba Macaulay el 17 de mayo en el diario 'Arriba' sobre la primera visita de Isabel II a España en 1954, asumiendo la tesis de la territorialidad española, ya que la primera oficial no sería hasta 1988.

"Si la reina comprendiera la realidad de la situación se le llenaría el corazón de amargura", añadía Francisco Franco, que además trataba de echar leña al conflicto: "Esta visita puede causar un daño importante a las relaciones entre los dos países, dándose el agravante de que en el viaje de la soberana se han excluido lugares como Chipre y Guayana, por existir en ellos estados de opinión contrarios a la presencia británica". -Macaulay, "Siempre Gibraltar", diario 'Arriba', 21-2-1954.

placeholder Francisco Franco, en 1954. (Cedida)
Francisco Franco, en 1954. (Cedida)

Macaulay no era más que el pseudónimo que usaba el mismísimo general Francisco Franco para interpelar directamente a la monarca británica, un apodo inspirado en el historiador británico del XIX Thomas Babington Macaulay, según desvelaba el 'New York Times' días después, ya que para menesteres económicos utilizaba a su vez el de Hispanicus. La visita y las reprimendas del dictador apuntaban, después de unos años de deshielo, precisamente a Reino Unido y EEUU a propósito del reconocimiento del régimen franquista en la ONU y las posibles alianzas con la OTAN durante el periodo 1950-1954, lo que sentó especialmente mal al Caudillo, que se despachó con tres artículos seguidos en el diario 'Arriba' firmados por Macaulay: "Siempre Gibraltar" (21 de febrero de 1954), "Ocaso de Gibraltar" (19 de febrero de 1954) y "Visita inconveniente" (7 de marzo de 1954). -'Francisco Franco, articulista de incógnito (1945-1960)', Juan Carlos Sánchez Illán y Daniel Lumbreras Martínez, Universidad Carlos III.

Franco, que ya había escrito otros artículos contra Gran Bretaña usando el mismo apodo, afiló la pluma, aunque se mostró en el tono siempre cortés con la reina Isabel, tal y como hicieron notar la agencia Reuters citada en el 'New York Times': "El artículo de hoy, cortés en todas las referencias a la monarca británica, decía que los jóvenes de Falange no habían realizado manifestaciones antibritánicas durante su visita porque decían que estaba involucrada una dama y esto hubiera sido una descortesía". El artículo además sugería que los consejeros de la reina le habían señalado "la diferencia entre la vida ordenada de Gibraltar y el desorden del pueblo en expansión de La Línea, que casi se puede tocar con la mano gibraltareña", sin hacer notar la pobreza y el abuso que ejercían los súbditos británicos.

"Gibraltar es un centro de contrabando"

De esta forma, Franco hacía notar que "Gibraltar es un centro de contrabando del que los recaudadores de impuestos británicos obtienen unos ingresos tan satisfactorios que cubren casi todos los gastos locales" y que "la visita de la Reina ha unido a los españoles en la triste decisión de que Gibraltar no siga viviendo a expensas de España", pero lo más relevante estaba en sus líneas finales, en donde el dictador acusaba directamente a Gran Bretaña de haber incumplido el pacto de devolver la fortaleza a España si permanecía neutral durante la Segunda Guerra Mundial. La cuestión es que, tras conocerse el contenido, motivó una interpelación en la Cámara de los Comunes al primer ministro Winston Churchill en la sesión plenaria del 20 de mayo de 1954 por parte de tres diputados laboristas, Ernest Davies, Arthur Henderson y George Jaeger.

"La visita de la Reina ha unido a los españoles en la triste decisión de que Gibraltar no siga viviendo a expensas de España"

La polémica se remontaba a la Segunda Guerra Mundial, cuando, bajo los auspicios del embajador británico en España, el conservador Samule Hoare, en cierta medida simpatizante con el régimen —razón de su elección por parte de Churchill—, se había generado la ilusión de que España pudiera recuperar realmente la Roca tras la derrota del Tercer Reich. El asunto, que no formaba parte en ese momento de la política exterior en el contexto de la progresiva reincorporación de España a la Europa Occidental tras el ostracismo de la posguerra, recobró fuerza con la 'visita inconveniente', en palabras del propio Franco, de la recientemente fallecida Isabel II. Con el tiempo, la casa real británica seguiría provocando a España, como ocurrió durante la luna de miel del ahora rey Carlos III con su primera esposa Diana Spencer, Lady Di, que comenzó en 1981 en el mismo Peñón.

placeholder Isabel II en Gribraltar, en 1954, da de comer a uno de los monos del Peñón. (Cedida)
Isabel II en Gribraltar, en 1954, da de comer a uno de los monos del Peñón. (Cedida)

El rifirrafe de 1954, según el biógrafo de Franco, el hispanista británico Paul Preston, tuvo más de pataleta que otra cosa: "En enero de 1954 se autorizó a una manifestación estudiantil del Sindicato Español Universitario ante la embajada británica en Madrid, en protesta por la visita de la reina Isabel II al Peñón". Franco y la dirección de Falange habían dirigido a las juventudes falangistas insistentes llamamientos de tipo ultranacionalista, xenófobo e imperialista para que adoptaran una actitud viril y patriótica por el insulto que constituía la visita regia a Gibraltar.

Preston anota que la aportación a la manifestación "incluyó un camión de piedras de tamaño conveniente para ser arrojadas. Sin embargo, en mitad de la protesta, temerosa de que la cuestión se le escapara de las manos, la policía cargó contra los estudiantes y estos acabaron empleando las piedras contra las autoridades". Esto, que había ocurrido en enero con el anuncio, motivó quizá también que Franco/Macaulay advirtiera de que durante la visita no se realizarían demostraciones de este tipo por resultar indecorosas con una dama.

De hecho, a pesar del profundo malestar que le causó la visita de Isabel II, acabó silenciando las protestas públicas más fuertes, en parte para disminuir la agitación en las universidades y ante el inequívoco apoyo de EEUU en la OTAN sobre Gibraltar. El asunto se enfrió, en realidad, a partir de la visita, no como se ha escrito en otras ocasiones, y Franco abandonó en sentido estricto esa posición habiendo sellado las relaciones con EEUU. Así, su deseo expresado en 'Arriba' de Gibraltar: "Ya no será escenario de la recreación licenciosa de la soldadesca británica", no se cumplió y el posterior cierre de la valla solo fue un gesto diplomático sin esperanza real en que fuera más allá.

"Nadie le habrá señalado a Su Majestad que La Línea es un barrio bajo de la Roca y que Gibraltar tira su basura a La Línea: que durante dos siglos Gran Bretaña ha explotado la miseria de La Línea pagando menos a los trabajadores de ese pueblo y, lo que es peor, que se ha aprovechado de la necesidad engendrada por la pobreza para satisfacer las ansias animales de los soldados y marineros de Su Majestad, la reina Isabel II". Así se despachaba Macaulay el 17 de mayo en el diario 'Arriba' sobre la primera visita de Isabel II a España en 1954, asumiendo la tesis de la territorialidad española, ya que la primera oficial no sería hasta 1988.

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