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La Revolución Pasiva de Franco o la resaca de la Nochevieja del 69 que aún atenaza España
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La Revolución Pasiva de Franco o la resaca de la Nochevieja del 69 que aún atenaza España

"Todo está atado y bien atado", pronunció el dictador en el discurso de Fin de Año de 1969. Y así fue, pero no solo por la designación de Juan Carlos, según explica un nuevo y sorprendente ensayo

Foto: Franco pesca en el yate Azor en los años 50.
Franco pesca en el yate Azor en los años 50.

"Una vez más, en estas postrimerías del año en que recogidos en vuestro hogares os alegráis con la esperanza sobrenatural de la Navidad, me dirijo a vosotros para que examinemos juntos las vicisitudes del año que termina y descubrir en lo posible el horizonte de los años venideros". Es el 30 de diciembre de 1969, Francisco Franco se dirige a la nación en su tradicional discurso de Fin de Año, hace medio siglo. Será diferente de la matraca habitual, porque será trascendental para España. De hecho, vivimos aún inmersos en sus pliegues. Sí, aunque no lo crean, tal y como expresó Franco en la víspera de la nochevieja del 69, todo quedó "atado y bien atado" y no precisamente por la designación de Juan Carlos I como sucesor en la Jefatura del Estado cuando le sobreviniera la muerte, que ocurriría tan solo cinco años después. Sujétense a la silla.

La frase que procede de ese discurso se ha deformado con los años hasta la caricatura, pero resume en realidad la culminación de una década (1959-1969) que marca aún hoy gran parte del devenir de la economía y de la sociedad española. No consistió en el intento de perpetuar ese franquismo, ni tampoco en la supuesta restauración de la monarquía, porque en realidad, no se restauró nada. Puede parecer inaudito, pero la década que comenzó en 1959 es la de la Revolución Pasiva de Franco, una profunda reimaginación del Estado que pasa ahora desapercibida en la "memoria histórica", enterrada en los intentos de hacer reversible lo irreversible y de tomarse una revancha. ¿Apología del franquismo? Para nada. Quizás sea útil entender que ocurrió, más allá de los maniqueísmos.

Se explica ahora mucho la primera fase del franquismo, que fue la de la crueldad represiva y la violencia sin límites. Se olvida en cambio la segunda, que es la que permitió verdaderamente su triunfo, tanto en el interior como en el exterior. Por precisar: la dictadura duró desde el 1 de abril de 1939 hasta el 6 de diciembre de 1978: nada menos que 39 años. Por mucho que cabree no fueron todos a golpe de paredón, por lo menos no los treinta últimos. Así, las claves de esta 'Revolución Pasiva', según el concepto acuñado nada menos que por el teórico marxista Antonio Gramsci, se encuentran en una nueva obra, 'La Revolución Pasiva de Franco' del catedrático de Filosofía José Luis Villacañas (HarperCollins) que se sirve de sus 'Cuadernos' y también de 'El Príncipe' de Maquiavelo para explicarlo y que sale a la venta en febrero. Franco, por si no lo han adivinado, es ese príncipe medieval arcaico, astuto y victorioso y sus actos, como los del Condottiero, irreversibles. Su Revolución Pasiva salió adelante, pero lastra a España desde entonces según el autor.

La Transición no comenzó en 1975, sino en 1959 cuando inauguró el Valle de los Caídos

El Confidencial, que tiene una copia del nuevo ensayo, ha pedido al autor que lo explique. Para empezar, ni Vox ni Podemos han parecido entender nada según Villacañas, porque ejercer la nostalgia republicana o franquista es totalmente inútil ya que todo es irreversible. Más acertada ha sido Ayuso, prosigue el autor, que como Franco, se ha enfocado en la economía diluyendo las ideas políticas... Franco gestó una profunda transformación en esa década de los 60, que lo cambió todo y que sigue rigiendo en parte los destinos de la sociedad actual. La Transición, al fin y al cabo, no habría comenzado en 1975, a su muerte, sino en 1959, en vida, el día que inauguró el Valle de los Caídos. Sí, con el célebre anuncio de los '20 años de Paz'. La respuesta en este caso, no estaba en el viento, sino en la avalancha de leyes, decretos y reglamentos pensados y aprobados entonces y que perviven de una u otra forma aún hoy. ¿El resultado? España no tiene conciencia democrática y la élite actual surgió de sus entrañas. Atentos.

placeholder El profesor José Luis Villacañas.
El profesor José Luis Villacañas.

PREGUNTA. ¿Es posible que el revisionismo de izquierdas haya deformado la historia del siglo XX? Porque antes de entrar en el concepto de Revolución Pasiva de Franco resulta que hubo una revolución de izquierda, sin adjetivos, que comenzó en 1931 cuando se forzó la marcha de Alfonso XIII y que condicionó el devenir democrático de la Segunda República.

RESPUESTA. Bueno, en el 31 se busca realizar una revolución "activa", lo que significa ejercer un poder constituyente que produzca una transformación radical de las élites que han manejado el estado. Es decir, tiene lugar cuando se busca erradicar de manera total a las élites que lo han construido, en este caso las de la Restauración de la Monarquía de Alfonso XIII. Es lo que podemos llamar la irrupción de un poder constituyente. Yo creo que en el 31 hay una clara voluntad de activar un nuevo poder inédito en la Historia de España [no sería comparable al Sexenio Revolucionario ni a la Primera República].

Esto implica tal y como expresan los discursos de la época una transformación total del dominio de la tierra, de la propiedad agraria, el desalojo de la Iglesia Católica, de los elementos directivos culturales, una eliminación de la íntima vinculación de la aristocracia con el ejército y su radical disminución en los presupuestos del Estado [la Reforma del Ejército que lleva precisamente a cabo Manuel Azaña como ministro del Ejército en el gobierno de 1931] y como consecuencia de ello una nueva política educativa, cultural etc. En suma, una nueva hegemonía. De esto no queda duda. La gran cuestión es si los políticos republicanos fueron conscientes de que pusieron en marcha un movimiento que no eran capaces de ultimarlo. La República, mirada objetivamente, no estuvo en condiciones de producir un poder constituyente a la altura de sus exigencias. Y esto fue un elemento interno de fracaso. En el 36 se busca configurar de nuevo el bloque de poder constituyente ya con los anarquistas. Pero el proceso en ese momento ya estaba completamente degradado.

placeholder 'La Revolución Pasiva de Franco' (Harper Colllins).
'La Revolución Pasiva de Franco' (Harper Colllins).

P. Lo curioso es que, según explicas en el libro, Franco no sigue una revolución al uso según el modelo jacobino, política violenta, pero claro llega a través de una Guerra Civil. ¿Cómo se explica eso? ¿Cómo se puede llegar al concepto de Revolución Pasiva del periodo 1959-1969?

R. Lo primero es que hay dos fases en el franquismo, pero en cualquier caso, lo que ocurre es que efectivamente no nos damos cuenta de que la guerra civil no es una guerra de defensa de la legalidad por parte de nadie, es una guerra de poderes constituyentes entre sí. En este sentido, España hubiera sido completamente diferente si hubiera ganado la República porque la República habría establecido a su vez su poder constituyente como hizo Franco, distinto al que había. La forma en se produce ese enfrentamiento está argumentado por Gramsci como la 'Guerra de Cerco', que es una guerra total en la que los dos bandos ponen toda la carne en el asador y hacen uso de todos sus recursos y que genera la irreversibilidad. La forma en la que Franco utiliza su poder no es inmediatamente después de la guerra, sino siguiendo al pie de la letra los consejos de Maquiavelo.

P. Te refieres a ese concepto sobre la represión y la violencia que tú ligas a ese pensamiento medieval que consiste en aplicar toda la fuerza de una sola vez. En ese sentido es cierto que la represión de verdad se habría acabado en 1945. ¿Se está mal interpretando la historia de España? Según tu tesis, Franco ejerce la opresión desde otras formas mucho más sutiles.

R. No, es más o menos en el 51, pero sí, siguiendo este punto es una parte fundamental de la revolución pasiva: se tiene que destruir al pueblo republicano. Se genera ahí un momento de indecisión en el que, siguiendo los dictados de Maquiavelo, Franco se da cuenta que tiene que estar en condiciones de acumular todo el mal que pueda hacer al pueblo republicano al principio de su gobierno. Es mucho más valorado, como dice Maquiavelo, alguien que ha manifestado su maldad y que de repente comienza a aflojar. Es mejor apreciado por el pueblo que alguien que comienza siendo bueno y acaba siendo peor.

La Guerra Civil no fue una defensa de la legalidad por parte de nadie, sino de poderes

Así comienza a aflojar a partir de que Franco se da cuenta de que no se va a producir una invasión de los aliados después de 1945. Es cuando desactiva a Don Juan y el maquis que entra por los Pirineos y se da cuenta de que comienzan a producirse las tensiones entre el bloque de EEUU y el de la URSS: la Guerra Fría. Franco, sabiendo que ya ha destruido al pueblo republicano, cambia a una estrategia de no opresión. No es una estrategia de beneficiar, sino de no opresión directa, pero el problema que se encuentra es la situación económica deplorable: existe hambre, una extraordinaria precariedad y unas condiciones de vida extremadamente duras.

P. Antes de entrar en el fracaso de la autarquía y volviendo al concepto de Revolución Pasiva de Franco a partir del 59, ¿no es un poco como la dicotomía que plantean los pesimistas españoles en el XIX? ¿El reformismo frente a revolución presente en el pensamiento de Joaquín Costa por ejemplo? ¿Qué diferencia hay con los regeneracionistas?

R. Hay una diferencia que se entiende muy bien cuando uno lee la obra de López Rodó que explica claramente: "Nosotros vamos a hacer lo que los regeneracionistas comenzaron diciendo que iban a ser y no lograron". Eso no fue la revolución pasiva. Por este motivo, Franco tiene que romper su alianza con aquellas fuerzas que le hicieron vencer en la guerra, tiene que alterar completamente la estructura de la tierra, mecanizar el campo, producir otra comprensión de la explotación agraria, una emigración enorme del campo a la ciudad eliminando la mano de obra barata de todos los latifundios andaluces... Por lo tanto, Franco está erosionando las condiciones de vida, de propiedad y de riqueza de la aristocracia que le ayudó.

placeholder Laureano López Rodó presenta el Plan de Desarrollo.
Laureano López Rodó presenta el Plan de Desarrollo.

P. ¿La traición de Franco en pos del capitalismo católico que preparó desde la universidad el Opus Dei? Traición porque tampoco restituye a los actores de la restauración por mucho que en la Nochevieja de 1969 anuncia a bombo y platillo la consecución de esa Revolución con lo del rey...

R. De ahí una revolución. Porque cambia de forma radical las bases sociales y políticas sobre las que se está apoyando. Por supuesto, el hecho mismo de que el desarrollo de la concentración de población sea en las ciudades y en la costa porque solo en esa concentración de población se puede generar un proceso de industrialización y un proceso de mercado que implica una irrupción de nuevas prácticas sociales muy lejanas de las enseñanzas de la Iglesia Católica. Y Franco es perfectamente consciente de que la modernización de la estructura productiva y la concentración de poblaciones en las ciudades y en la costa y la irrupción del turismo va a cambiar la mentalidad católica del país, por lo que tiene que romper igualmente con la doctrina de la Iglesia Católica que le sirvió para la victoria. Por supuesto que el elemento plebeyo de la Falange siempre va a estar ahí como un elemento que va a dinamizar toda una retórica, pero que no va a ser la retórica del tradicionalismo, o sea, las fuerzas que le llevaron a la victoria a Franco.

P. Toda esta revolución se articula pues con la renovación económica en manos de una élite que pergeña la primera Transición. ¿Se ha olvidado esta parte del franquismo esencial ahora, puesto que es la que hemos heredado?

R. Yo creo que lo que lo que se ha olvidado aquí o lo que está mal planteado es que lo que lo que sucede en el 36 es la irrupción del fascismo. Franco tiene muchos disfraces porque es perfectamente consciente de la debilidad del Estado español. No, Franco no puede tener una línea propia en una situación internacional tan complicada. La clave de toda la historia, a mi modo de ver, es justamente el hecho de que quiere mantener un poder constituyente. Quiere tener en su mano el Estado y para esto se tiene que poner el disfraz de Mussolini. Se lo pone, por supuesto, pero inmediatamente después lo cambia. Lo percibe el embajador británico cuando en la primera visita, después del 45 o incluso un poquito antes de la derrota de Alemania, comprueba que el retrato que tiene Franco en su despacho es el del Papa. Ha abandonado completamente el disfraz del traje de fascista y se pone el de la Iglesia Católica. ¿Por qué? Porque Franco es consciente de que todo se juega en las relaciones internacionales y las relaciones internacionales en 1945, fundamentalmente para él es el Vaticano, que le abrirá la puerta de Estados Unidos.

"Produjo un capitalismo débil socialmente que es el origen de los problemas actuales"

Es el lobby católico norteamericano, el que empieza a tomar contactos en el interior de España a través de algunos americanos casados con españoles. El punto de aceleración, a mi modo de ver, de esa orientación, es justamente cuando el Plan Marshall es tan exitoso que las fuerzas más dinámicas desde el punto de vista económico, es decir fundamentalmente Cataluña y el País Vasco, empiezan a darse cuenta de que mientras que Europa despega con una velocidad extraordinaria, España se está quedando completamente atrás y que los parámetros de forma de vida entre Europa y España no tienen parangón. Es entonces cuando se produce la garantía, el movimiento que consiste en decirle "España no puede quedarse completamente atrás de ese proceso de capitalización y de industrialización, pero tenemos que hacerlo de tal manera que como proceso de acumulación capitalista, no den lugar a un proceso de malestar social, a un proceso de movilización de masas".

P. Sería lo que hemos heredado de aquel momento del 69...

R. El proceso de construcción política del franquismo es débil porque no existe una vinculación específica, popular, afectiva a los de la construcción de una mentalidad que soporte de manera adecuada ese crecimiento económico que es rápido, un capitalismo capaz de producir efectos inmediatos para que el movimiento social no se le vaya de las manos. Y esto es lo que hace que el capitalismo español tenga una planificación deficiente, porque todo está pensado en la promoción de un mercado lo más amplio posible, en los grandes centros de acumulación y construcción que lleva consigo el turismo y por lo tanto es un capitalismo que desde el punto de vista social es un capitalismo débil, aunque desde el punto de vista de la construcción del Estado es un capitalismo que funciona porque es el Estado el que con su revolución pasiva está produciendo una industrialización.

"Fracasa porque no está en condiciones de producir una mentalidad democrática genuina"

P. ¿El resultado sería un fracaso y al mismo tiempo una perpetuación de las consecuencias de esa Revolución Pasiva que hizo sobrevivir al Franquismo de algún modo?

R. Sí, la idea fundamental son las contradicciones internas porque esas contradicciones internas son las que nos afectan hoy en la construcción de un estado democrático real. No es el pasado fascista de Franco, es la dimensión constituyente de Revolución Pasiva de Franco, en la medida en que construye un capitalismo apresurado, un capitalismo que tiene que ir con la lengua fuera, detrás de Europa, y que tiene que incorporar de manera bastante improvisada todas las estructuras de modernización que en Europa tenían una base de capitalización humana y capitalización social mucho más grande. "Todo está atado y bien atado" significa que los parámetros del franquismo final son los parámetros en los que nos movemos en estos momentos, porque fueron constructivos, porque fueron constitutivos. Conocer la realidad en la que estamos procede de la política que se hace desde 1959 hasta ahora. Esto es lo que verdaderamente nos determina en estos momentos y desde este punto de vista, las relaciones políticas son verdaderamente las que ponen en peligro la dimensión constructiva y constitutiva de todo lo que ha sucedido en España en estos últimos 50 años.

El mayor déficit que tiene el franquismo en su forma de operar como Revolución Pasiva son de dos tipos. El primero es su forma de construir el mercado interno español, que ahora mismo es completamente inviable. Es decir, la construcción de un desierto interior inmenso, porque destruye la propia base castellana de la política franquista con un desplazamiento permanente de la población a las costas. Todo el centro, desde la costa de Málaga hacia el interior, Granada, Jaén, Ciudad Real y desde Madrid hasta la costa del Norte, es otro país que no puede ser atendido realmente desde el punto de vista de las exigencias de la modernidad. Y el segundo punto, que yo creo que es en el que fracasa la revolución de Franco, es que no está en condiciones de producir una mentalidad democrática genuina, una mentalidad que permita operar a un pueblo nuevo. En este sentido, esas dos debilidades territorial, político, cultural o político ideológica, es lo que nos está impidiendo canalizar un futuro específico de producción política y de producción económica adecuada. Algo que no se resuelve.

"Una vez más, en estas postrimerías del año en que recogidos en vuestro hogares os alegráis con la esperanza sobrenatural de la Navidad, me dirijo a vosotros para que examinemos juntos las vicisitudes del año que termina y descubrir en lo posible el horizonte de los años venideros". Es el 30 de diciembre de 1969, Francisco Franco se dirige a la nación en su tradicional discurso de Fin de Año, hace medio siglo. Será diferente de la matraca habitual, porque será trascendental para España. De hecho, vivimos aún inmersos en sus pliegues. Sí, aunque no lo crean, tal y como expresó Franco en la víspera de la nochevieja del 69, todo quedó "atado y bien atado" y no precisamente por la designación de Juan Carlos I como sucesor en la Jefatura del Estado cuando le sobreviniera la muerte, que ocurriría tan solo cinco años después. Sujétense a la silla.

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