SESENTA AÑOS DEL PLAN DE ESTABILIZACIÓN

Joan Sardà, el hombre que salvó a España (y al franquismo)

Sesenta años cumple el Plan de Estabilización que salvó a España del colapso económico. El sumo sacerdote fue Joan Sardà desde la sala de máquinas del BdE

Foto: Joan Sardà recibiendo la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña. (Wikipedia)
Joan Sardà recibiendo la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña. (Wikipedia)

Es paradójico que el economista que sacó a España de la autarquía y pusiera al país en el tren de la modernidad (y de paso salvar a la dictadura) fuera, precisamente, un estudioso de Keynes, el cerebro de la socialdemocracia que resucitó al capitalismo del colapso tras el desastre de 1929.

Juan Sardà (o Joan, como se prefiera) no conoció personalmente al sabio de Cambridge durante su estancia en la London School of Economics durante los primeros años 30, pero de él dijo: "El keynesianismo fue naturalmente la revelación de mis años de juventud, y de aquí deriva mi especialización hacia la cuestión monetaria".

No confundir con un primo suyo, el cura carlista Félix Sardà y Salvany, que publicó un incalificable opúsculo titulado 'El liberalismo es pecado', que tuvo notable éxito en su tiempo, y en el que preguntaba con indudable aplomo: "¿Qué es el liberalismo? En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideas".

El Sardà economista (1910-1995) no era socialdemócrata, ni franquista, ni liberal en el sentido ortodoxo del término, aunque esto pueda parecer una contradicción; ni, por supuesto, era partidario de la planificación soviética con sus planes quinquenales aprobados dócilmente por el politburó. De hecho, como ha escrito la profesora Rocío Sánchez Lissen, se proclamaba un 'liberal pragmático'.

Sardà, sin embargo, era también un poco de todo eso, como lo era el propio el Plan de Estabilización de 1959 (del que se cumplen ahora 60 años), y que diseñó desde su puesto como jefe del servicio de estudios del Banco de España, junto a un selecto grupo de tecnócratas, muy vinculados al opus dei. Y que a la postre serían los estrategas del gran salto adelante del franquismo. Un antes y un después que sacó del subdesarrollo al país, al que la guerra y la propia dictadura, enemiga de la libertad, habían sometido. Un país que sobrevivía a duras penas con la 'ayuda americana' tras los acuerdos militares con EEUU y la consiguiente instalación de bases militares.

Cómo acabar con la autarquía

En realidad, todo empezó hace ahora 60 años con una célebre 'Nota dirigida al Ministerio de Hacienda por el director del Servicio de Estudios del Banco de España', en la que Sardà, junto al economista Gabriel Ferrás, director del departamento para Europa del FMI, advertía del inminente colapso de la economía española y de la necesidad de abrirla al exterior, y que se materializaría poco tiempo después cuando en junio de 1959 llegó a España una delegación presidida por el propio director gerente del FMI, Per Jacobsson, para entrevistarse con el jefe del Estado y convencerlo de que era hora de liquidar la autarquía y de reestablecer el equilibrio entre ahorro e inversión. Nada más, y nada menos.

Joan Sardà, junto al economista Gabriel Ferrás, advertía del inminente colapso de la economía española y de la necesidad de abrirla al exterior

Lo que decía la 'Nota' es que era el momento de unificar el tipo de cambio y su fijación a un nivel realista (léase devaluación de la peseta); la liberalización de una parte considerable del comercio exterior; la financiación de la inversión pública por métodos no inflacionistas; medidas de restricción del crédito bancario; eliminación de subsidios a los precios y, por último, flexibilidad para las inversiones extranjeras.

Como han señalado muchos economistas en una definición que se ha hecho canónica, aquel Plan supuso el paso del Rubicón de la economía española. Y su Julio César fue Sardà, junto a los Navarro Rubio (Hacienda), Ullastres (Comercio) o López Rodó (comisario del Plan de Desarrollo), que realmente fueron los artífices de una obra imponente, en la que el profesor Fuentes Quintana ocupó un papel relevante.

Atrás quedaba la autarquía y el dirigismo neofascista del sistema productivo, representado en el Instituto Nacional de Industria (INI) como el símbolo más elocuente del capitalismo de Estado. España volvía al mercado. O lo que es lo mismo, volvía a mirar a Europa, el viejo sueño de la tercera España que perdió la guerra pero que décadas después ganó la paz sin pegar un solo tiro.

La familia de Sardà pertenecía a la alta burguesía catalana que vivió intensamente la Reinaxença

¿Quién era Joan Sardà? Como ha afirmado el profesor Velarde Fuertes, lo primero que hay que decir es que su familia pertenecía a la alta burguesía catalana que vivió intensamente la Reinaxença, aquel periodo de modernidad catalanista que inspiró la construcción nacional. Buena parte de este catalanismo, que primero tuvo un carácter cultural y después político, se refugió en la Universidad de Barcelona, donde Sardà se matriculó en Derecho después de aprobar el bachillerato con apenas 15 años.

La polémica más agria

Algunos expertos en su obra sitúan su interés por la economía en la célebre polémica entre Cambó y Calvo-Sotelo sobre la paridad de la peseta. Calvo-Sotelo, en plena euforia por la bonanza económica que disfrutó la dictadura de Primo de Rivera tras la I Guerra Mundial, quería vincularla al patrón oro, como Churchill, pero Cambó, siempre representando a los industriales catalanes, se opuso, produciendo, como dijo el economista Domingo Solans, una de las polémicas más agrias de la época.

Al final, como se sabe, fue una Orden ministerial dictada en enero de 1929 la que zanjó la cuestión del patrón oro dando un portazo a la descabellada idea de Flores de Lemus, precisamente, uno de los maestros de Sardà.

Esa dura política de tipos de interés llevó al propio Sardà a sugerir a principios de 1960 la necesidad de dulcificarla para que la recesión no fuera tan severa

Ese episodio fue, sin duda, el que marcó su trayectoria económica ya que el monetarismo, política de tipos de interés muy elevados para contener la inflación y favorecer así la entrada de capital extranjero, estuvo en el centro del Plan de Estabilización. La estrategia monetaria fue tan allá que esa dura política de tipos de interés (con estrictos límites al crecimiento del crédito) llevó al propio Sardà a sugerir a principios 1960 la necesidad de dulcificarla para que la recesión, que había obligado a emigrar a cientos de miles de españoles a Europa, no fuera tan severa.

Entre otras cosas, porque la convertibilidad de la peseta con el dólar (60 pesetas) exigía un papel riguroso y determinante del Banco de España en política económica, donde Navarro Rubio, hasta que cayó en desgracia por lo más recalcitrante del régimen, imponía su ordeno y mando. Primero como ministro de Hacienda y después como gobernador. Sardà, de hecho, había estudiado con una beca de la Generalitat el marginalismo, especialmente de Carl Menger, fundador de la Escuela Austriaca.

Sardà prestó servicios en el bando republicano, participando en la batalla de Teruel. Colaboró en el diseño de la autoridad monetaria de Cataluña

El ideólogo del Plan de Estabilización, y aquí está la paradoja, venía del republicanismo burgués catalán, en el que se situaba más cerca de ERC, en cuyo órgano había publicado varios artículos, que de la Lliga. Como ha escrito la profesora Sánchez-Lissen, al comenzar la guerra civil, Sardà prestó servicios en el bando republicano, participando en la batalla de Teruel en 1938. Incluso, colaboró en el diseño de la autoridad monetaria de Cataluña, con la creación de un banco central (¿les suena?), así como en la integración de esa región en el sistema monetario y financiero de la República. Su implicación con Cataluña fue total y en 1935 fue nombrado vicesecretario de la Asociación de Banqueros de Barcelona, y, posteriormente, de la Federación de Bancos y Banqueros y de la Junta Local de la Banca, también de Barcelona.

Su especialización en política monetaria puede parecer irrelevante, pero está en el centro del Plan de Estabilización que él diseñó, toda vez que la autarquía dejó las arcas del Estado tan exhaustas como se las encontró tras la guerra, lo que obligó a pedir préstamos en el exterior para financiar la incipiente industrialización. Ese tren que tantas veces se le había escapado a España.

Los planes de desarrollo

Sardà, de hecho, y a instancias del editor Manuel Torres, había ya teorizado en 1953 sobre la utilidad de las uniones monetarias e, incluso, planteó ese año las oportunidades que ofrecía una unificación económica europea. Esa misma Europa que por entonces despreciaba el franquismo, que acabó por apartarlo del servicio de estudios en 1965 porque los planes de desarrollo, mucho más dirigistas se habían alejado de lo que había alumbrado el primer Plan de Estabilización.

Sardà había teorizado en 1953 sobre la utilidad de las uniones monetarias y planteó las oportunidades que ofrecía una unificación económica europea

El capital extranjero, el gran enemigo del primer franquismo, pasaba así a convertirse en la palanca del cambio económico para equilibrar la maltrecha balanza de pagos. Una tarea hercúlea que necesitó cuatro años de disposiciones legales para completar el célebre decreto ley de 1959 que, en sus primeras líneas, como un aviso a navegantes, reivindicaba la "guerra de liberación". Una cosa era liberalizar la economía y otra bien distinta abrir la mano a la democracia.

El decreto, en todo caso, perseguía la liberalización progresiva de la importación de mercancías, y, en paralelo, facilitar el comercio interior, autorizando al mismo tiempo la convertibilidad de la peseta (el cambio anterior era 42 pesetas por dólar) y una regulación del mercado de divisas. Además de facultar al Gobierno para modificar las tarifas de determinados impuestos, y al ministro de Hacienda para dictar normas acerca del volumen de créditos. Es decir, dar la vuelta a la política económica del franquismo después de que la dictadura fuera reconocida internacionalmente e ingresara (1958) en el Fondo Monetario Internacional. Y ahí, el Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME), dirigido por López Bravo, jugaría un papel esencial, siempre con el aval del Estado.

En una entrevista de Navarro Rubio con Franco en el Pardo, este le dijo al ministro de Hacienda que era bueno no quedarse corto en la devaluación

El tipo de cambio era esencial, y se cuenta que durante una entrevista de Navarro Rubio con Franco en el Pardo, este le dijo al ministro de Hacienda que era bueno no quedarse corto en la devaluación, por lo que sugirió que quizá fuera mejor fijar una paridad de 62 o 63 pesetas que los expertos desecharon.

El oro de Moscú

Ser jefe del servicio de estudios del Banco de España (accedió al cargo en 1956 después de trabajar varios años en Venezuela para el banco central) sin ser franquista (él fue quién redactó el Memorándum que España envió en junio de 1959 al FMI y a la vieja OECE para integrar a la economía en la modernidad) no debía ser fácil. El economista Fabián Estapé llegó a recordar que en una ocasión un directivo del Banco de España le espetó: "No veo la necesidad que tiene el Banco de España de un economista del Orinoco". No es para menos teniendo en cuenta que Sardà, en línea con lo que demostró el historiador Ángel Viñas, había desmontado la versión oficial del franquismo sobre el paradero del famoso 'oro de Moscú'.

El apellido Sardà es sinónimo de una escuela de economistas muy críticos con el régimen

Sardà aguantó el tirón, y, como ha dicho el gobernador Pablo Hernández de Cos, en el informe anual de 1958 del Banco de España, se atrevió a afirmar que la situación económica era "insostenible" (sic), por lo que urgía a las autoridades a adoptar medidas. Ahí empezó todo. O casi todo, porque el apellido Sardà es, también, sinónimo de una escuela de economistas muy críticos con el régimen.

Entre ellos, el exgobernador Luis Ángel Rojo (siempre pegado a un pitillo), a quien nombró adjunto tras acceder a la cátedra de Teoría Económica que había dejado vacante por fallecimiento Manuel Torres. Es decir, dio carta de naturaleza a una escuela de macroeconomistas que, en realidad, han sido los que han mandado en este país en las últimas cinco décadas. Y Sardà, a quien el profesor Fuentes Quintana denominó "el más cosmopolita de los economistas españoles de su generación", era el sumo sacerdote.

Obras consultadas

Joan Sardà Dexeus, por Rocío Sánchez-Lissen. Universidad de Sevilla. Asociación Española de Historia Económica (AEHE).

Joan Sardà Dexeus. Juan Velarde Fuentes. Real Academia de la Historia.

La biblioteca de economía de Manuel Torres, por Manuel Martín Rodríguez. Asociación Española de Historia Económica.

60 aniversario del Plan de Estabilización. Banco de España.

El liberalismo es pecado. Félix Sardà y Salvany.

Tres economistas catalanes y la Real Academia. Fabián Estapé. Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Economía

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