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Negros muertos, marroquíes buenos
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'Trinchera cultural'

Negros muertos, marroquíes buenos

Pedro Sánchez ha derramado elogios para la actuación de la policía marroquí en la frontera de Melilla, que se saldó con 18 muertos. La moral progresista cambia con los "amigos"

Foto: Decenas de migrantes entran en Melilla tras romper la puerta de paso fronterizo. (EFE/Paqui Sánchez)
Decenas de migrantes entran en Melilla tras romper la puerta de paso fronterizo. (EFE/Paqui Sánchez)

Ahora que Marruecos es nuestro mejor amigo, los negros muertos en el intento de saltar la valla de Melilla (18 cadáveres confirmados cuando escribo esto, más 13 heridos graves) vuelven a ser eso: negros muertos, nada. No le quitan el sueño a Pedro Sánchez, el mismo que cuando gobernaba el PP consideraba unas vallas con alambre de espino el equivalente español a Auschwitz, el mismo glotón que se llena la boca con derechos humanos, el que decía "personas migrantes". Ha declarado 'The President':

"Vean las imágenes, en las que la gendarmería se ha empeñado a fondo para intentar evitar el asalto violento. Es importante reconocer el extraordinario trabajo de las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad en Melilla y Ceuta, y la lucha contra migración irregular en general, y también por parte del Gobierno marroquí en coordinación con nosotros para tratar de frenar un asalto violento, que ha estado bien organizado, perpetrado, y bien resuelto por los dos cuerpos de seguridad".

Foto: Tres inmigrantes se dirigen al Centro de Estancia Temporal tras saltar la valla. (EFE/ Paqui Sánchez)

Bien. Hagamos caso a nuestro presidente. De la parte del lado marroquí y su gendarmería, vean las imágenes. Estas son las que ha publicado la Asociación Marroquí de Derechos Humanos de Nador:

Las del asalto son ciertamente violentas. Unos dos mil subsaharianos se lanzaron como una horda contra el puesto fronterizo de Melilla en su "intento desesperado" de resultar estafados en nuestro país. En España les espera, en el mejor de los casos, la recogida del tomate y la sandía en invernaderos infernales o el miserable top manta, y el hacinamiento en condiciones infrahumanas, mientras lo que hay a la izquierda del PSOE entona el canto de las fronteras abiertas tras una sobredosis de Manu Chao.

¿Fronteras abiertas, para qué? ¿Para que no falten negros empujando carritos de chatarra en Barcelona? ¿Para que siempre haya un hombre joven, fuerte, que culmina su aventura homérica, digna de aparecer en forma de poema épico, tirado en el suelo, en la puerta del supermercado y suplicando una limosna? ¿Para eso? Lo cierto es que esa pobre gente, esos jóvenes, que son quizás lo más prodigioso de los países que abandonan, no le importan a casi nadie. Luego alguno se dedica a la delincuencia, y hay quien hace aspavientos. ¡Qué sorpresa!

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Unos los ven como conquistadores en edad militar que disuelven nuestras esencias culturales, otros como almas puras en tránsito desde la nada hacia la nada: pero cuando se trata de la inmigración ilegal, de lo único que se habla es de fronteras. Están los partidarios de acorazarlas y los partidarios de abrirlas y cubrirlas con una pancarta de "Refugees Welcome". Pero una vez que han llegado, lo mismo daría que se hubieran ahogado en el mar. Desaparecen. Nadie los mira en la calle, salvo los cuatro gatos realmente comprometidos con organizaciones humanitarias. A esos, gracias.

Foto: Rabee, César y Mahamadou. (Enrique Villarino)

Una idea: comprad campañas de publicidad con dinero público y emitid anuncios en la televisión de todos los países de los que viene esta inmigración ilegal. Cubrid de carteles pueblos y ciudades, de modo que no quede un habitante allí que no haya visto las condiciones en las que viven estas personas en España. La información es poder, y es información lo que les falta. Te lo dice cualquier inmigrante ilegal al que le preguntes por la calle. Informar allí, mostrar allí, sería un primer paso para contrarrestar esa tragedia. La cooperación al desarrollo tiene que ser también informativa.

El resto es discurso pomposo. Estoy hasta los cojones de constatar que el mismo progre que me reprocha el uso descarnado de las palabras, en la mesa de terraza chic en la que tomamos cañas de tres euros, no se digna ni a levantar los ojos cuando viene un negro tratando de vender una pulsera. Esto, os lo juro, me ha pasado unas cuantas veces. Lo importante es cómo hablamos, lo demás es aire. Ni para desviar el equivalente a una cañita al bolsillo de ese tipo vale la retórica.

Foto: Un inmigrante recupera algunas pertenencias después de que un incendio arrase el asentamiento en el que vivía en Palos de la Frontera. (EFE/Julián Pérez)

En Marruecos, donde viví cuatro años, pude ver también a los aventureros descansando, entre porquería, preparados para dar el salto a España. Allí reciben palos y en España indiferencia. Se los considera material humano defectuoso, estorbos en un lado y otro, un problema que Marruecos utiliza como misil estratégico en los vaivenes de la diplomacia de la crueldad con España, y que en España (en Europa) nadie sabe cómo afrontar. ¿Cuál fue la última vez que pisaron un gueto?

En fin. La forma en la que Pedro Sánchez y su corte de hipócritas han reaccionado a "las imágenes" que nos llegan del lado marroquí de la frontera me suena. Es el mismo tipo de reacción "donde dije digo" de la superizquierda feminista con la imputación de Mónica Oltra. Del "yo sí te creo, hermana" han pasado al "cállate, pécora". Un paso de danza demasiado vertiginoso para ser visto.

Foto: Oltra, en la sede de Compromís, con Joan Ribó, Alberto Ibáñez, Àgueda Micó y Juan Ponce. (EFE/Ana Escobar)

Todo lo que machacan en su guerra cultural es pura flatulencia ideológica, propaganda barata. Ningún principio fundamental, ningún derecho humano, ninguna línea maestra aplica cuando cambia la estrategia. Ahora nos toca ser amigos de Marruecos, y todo lo que haga Marruecos está bien. Como está bien todo lo que haga nuestra amiga Oltra, incluso cuando existe la sospecha de que intentó enterrar el expediente de una chica violada por su ex bajo la tutela del Estado.

Si las imágenes que Pedro Sánchez me recomienda ver se hubieran producido con un partido de derechas en el gobierno, entonces Sánchez y sus amigos habrían dicho otra cosa. Pondrían el grito en el cielo con la misma intensidad que si el PP cambiara de la noche a la mañana la postura del Estado respecto del Sáhara. O si se sospechara que bajo el gobierno de Camps se ha producido un abuso sexual con la colaboración de la Consellería. Por Dios, qué asco todo.

Si vamos a ser inhumanos, si no nos queda otra que serlo, de acuerdo: pero entonces que dejen de dar la murga. ¿Uso palabras muy duras? Pues idos a protestar un rato contra el lenguaje no inclusivo engalanados con vuestras preciosas camisetas de cinco euros cosidas en Bangladesh. Ale, adiós.

Ahora que Marruecos es nuestro mejor amigo, los negros muertos en el intento de saltar la valla de Melilla (18 cadáveres confirmados cuando escribo esto, más 13 heridos graves) vuelven a ser eso: negros muertos, nada. No le quitan el sueño a Pedro Sánchez, el mismo que cuando gobernaba el PP consideraba unas vallas con alambre de espino el equivalente español a Auschwitz, el mismo glotón que se llena la boca con derechos humanos, el que decía "personas migrantes". Ha declarado 'The President':

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