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El problema de Zamora con la inmigración es que hasta los que llegaron de fuera huyen de allí
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¿Qué hacer cuando tu población solo cae?

El problema de Zamora con la inmigración es que hasta los que llegaron de fuera huyen de allí

El nuevo Gobierno de Castilla y León centra su política migratoria en una llegada 'controlada', pero el problema de varias de sus regiones sigue siendo que todos se van

Foto: Dos vecinos de Benavente, junto a uno de los tantos carteles de 'se vende'. (Emilio Fraile)
Dos vecinos de Benavente, junto a uno de los tantos carteles de 'se vende'. (Emilio Fraile)
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En Benavente llevan décadas con un objetivo entre ceja y ceja que no consiguen alcanzar: llegar a los 20.000 habitantes. La cifra que separa el pueblo de la ciudad. "Lo necesitamos para contar con más recursos de la Administración central, más fondos y, por tanto, más desarrollo, servicios y oportunidades", dicen desde su ayuntamiento. Para superar la barrera, han intentado de todo. Incluso, a principios de este siglo, su anterior alcalde pidió que los ciudadanos de los pueblos de alrededor se empadronaran allí como tirón final, pero ni con ello lo consiguieron. Se quedaron en 19.200 en 2012. Desde ahí empezaron una caída libre hasta los 17.500 actuales. No hubo forma de librarse del mal que recorre Zamora, la provincia a la que pertenece Benavente, en la que la despoblación es una herida que no deja de sangrar.

Este enclave situado en plena A-6, a medio camino entre Madrid y A Coruña, es un ejemplo del problema de la provincia fronteriza, y en general de buena parte de la España vacía con la despoblación. Se trata de un lugar con ventajas que muchos desearían, pegado a una autovía principal, con espacio para funcionar como centro logístico y con varias capitales a corta distancia. Eso le permitió ir creciendo en población hasta bien entrado el siglo XXI, asentarse como segunda ciudad de la provincia, rozar los ansiados 20.000 habitantes y vislumbrar un futuro incluso más prometedor que el de la propia capital, pero con la crisis de 2008 su curva también giró. Han entrado en la espiral que asola el territorio. Menos población supone menos recursos, menos recursos lleva a menos oportunidades y menos oportunidades lleva a más salidas. Hasta llegar a tal punto que no te salva ni la inmigración, que en Zamora cae a la misma velocidad que la población autóctona, o aún más rápido.

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño
El agujero que queda en una ciudad cuando El Corte Inglés la abandona
Antonio Villarreal. Linares Ángel Villarino. Guadalajara Infografía: Laura Martín

En esta mañana de jueves de abril, la huella del éxodo se nota rápidamente en la cantidad de locales cerrados y carteles de 'se vende' que hay en toda la ciudad. Edificios enteros vacíos. "Los extranjeros se van por lo mismo que el resto, porque no hay trabajo", asegura uno de los vecinos al ser preguntado por las razones de esta salida. Es una sensación general, pero que ponen en duda en el Centro Integral de Inmigrantes del Ayuntamiento de Benavente. Un centro puntero en la comunidad, y que da una idea de la apuesta de esta población por la multiculturalidad. Ofertas hay, y se necesita gente, pero otra cosa son los detalles de esos trabajos. "Aquí no quedan fábricas ni nada así, sobre todo hay huecos en el campo y en hostelería. Son trabajos difíciles y que no son para cualquiera", comenta Mari Luz, una de las trabajadoras del centro. El trabajo, dicen fuentes municipales, es fundamental, pero el problema no tiene una explicación tan simple y no para de empeorar.

Esta administración nacida en 2017 como un punto para integrar y atraer a más población de cualquier parte del mundo a Benavente, ayudando en su adaptación, es testigo claro de lo que sucede. Mientras el nuevo Gobierno de Castilla y León de PP y Vox se construyó con el control de la inmigración como uno de sus pilares, el problema en Zamora, pero también el de León o Ávila, es que ni siquiera la gente que llega de fuera frena la despoblación. Según la última actualización del padrón nacional, publicada hace unos días en el INE, Zamora ha perdido en torno al 12% de la población nacida en España y el 14% de los que han nacido fuera en 10 años. Es la provincia que más población ha perdido en la última década y también se ha convertido en la que menos extranjeros tiene en sus calles, unos 9.000, superada incluso por Palencia.

En un país, España, en el que la mayor parte de las regiones sostiene sus saldos positivos poblacionales gracias al aumento de la inmigración, o al menos palia así la hemorragia, perder tanto población nacida aquí como llegada de fuera es una señal de que el final se acerca. En Benavente, Antonio Vega, concejal de Bienestar Social, asegura que su localidad aún no ha llegado a esa situación, que hay más población llegada de fuera que hace unos cuantos años, aunque no da cifras, pero sí confiesa que no es suficiente, que la despoblación les devora como al resto. "Ayuda que venga gente, porque además la mayoría son jóvenes, que es algo importante porque nuestra población está muy envejecida y su integración es clave, pero la despoblación no se puede frenar solo con esto", añade.

Lo que sí explican en su centro trabajadoras como Amina, de origen marroquí, pero asentada desde hace décadas en la población castellana, es que ha habido un cambio claro en el origen de la población extranjera. En los últimos años, han pasado de una mayoría rumana y búlgara, que sigue siendo mayoritaria pero menguada, a una marroquí y americana, que sigue creciendo. "Los marroquíes que se asentaron aquí son de zonas rurales más acostumbradas a trabajos de ganadería y similares, por lo que se mantienen, pero muchos de Europa del Este vinieron en la época de la construcción y ese trabajo se ha perdido", comentan. El problema es que, al menos a nivel regional, esta sustitución ni siquiera es suficiente para que el saldo sea positivo.

placeholder Amina y Mari Luz, trabajadoras del Centro Integral de Inmigrantes del Ayuntamiento de Benavente. (Emilio Fraile)
Amina y Mari Luz, trabajadoras del Centro Integral de Inmigrantes del Ayuntamiento de Benavente. (Emilio Fraile)

"Han venido muchos latinoamericanos, muchos centroamericanos y ahora también estamos notando la llegada de ucranianos, pero es difícil saber cuántos se quedarán. Por ejemplo, los ucranianos que hemos ido recibiendo ven la situación como algo temporal y están deseando volver en cuanto la guerra acabe", añade Mari Luz. Zamora, dicen, tiene fama de ser un lugar relativamente sencillo para realizar todo el proceso burocrático que permite a una persona continuar en el país, "imagino que es porque hay menos demanda", añade Mari Luz, pero no saben cuántos de esos llegados se quedarán. "Una persona que viene de fuera necesita algo de arraigo o lazos que le ayuden a asentarse en el lugar. Cuanta menos gente hay, más difícil es encontrar esos lazos", añaden desde el centro.

El agujero de rumanos y búlgaros

Un ejemplo de ese arraigo es el caso de Daniela, que también es testigo del mayor éxodo vivido en estos años, el de sus compatriotas búlgaros. Un 53% de los nacidos en este país del este de Europa que vivían en Zamora en 2012 ha dejado la región. De 1.744 han pasado a 806, y Daniela lo confirma. "Muchos se han ido, algunos de vuelta a nuestro país, pero otros han pasado a otros países, como Francia o Alemania", comenta esta benaventana que lleva 23 años en el municipio. "Allí les ofrecen mejores condiciones o tienen familia o amigos que han montado negocios y les ofrecen trabajos más seguros", añade. Aquí, al menos en Zamora, asegura, el trabajo escasea y en la lógica de expatriados es difícil elegir quedarse. "Al final, si te ofrecen mejores condiciones y lo hace gente de tu confianza, pues te vas", comenta.

Daniela, que pasea acompañada de su hija, ya nacida en España y con acento de la localidad, es un caso peculiar, pero que muestra la evolución de la población inmigrante en buena parte del país. Llegó para unos meses, atraída por unos familiares de su misma ciudad que le dijeron que podía conseguir trabajo —"ahora esto está lleno de gente de mi pueblo"—. Pero esos meses se convirtieron en años, se casó con un venezolano y tuvieron hijos. Ahora se siente una más de la comunidad, incluso es propietaria de un piso. "Yo estoy muy a gusto aquí, no te digo que sea fácil porque es verdad que el trabajo escasea y cuesta, yo por ejemplo tengo un contrato de pocas horas, pero bueno, la vida no es muy cara, tienes acceso a todos los servicios y al final pues acabas construyendo tu vida aquí. Pero entiendo las razones de muchos para irse. Además, ahora la pandemia ha sido un nuevo impulso, porque en otros países les daban más ayudas".

placeholder Daniela, búlgara que lleva más de 20 años en Benavente. (Emilio Fraile)
Daniela, búlgara que lleva más de 20 años en Benavente. (Emilio Fraile)

Esa falta de oportunidades parece clave para la marcha de regiones como la zamorana, pero también influye el tipo de trabajo que queda en la zona. Muchos de los búlgaros y rumanos que llegaron a esta región en los años grandes del 'boom' inmobiliario lo hicieron para trabajar en la construcción y derivados, eso se ha acabado y el campo, que es lo más pujante ahora mismo aquí, no es para cualquiera. "Muchos de los marroquíes que han llegado en estos años y que van camino de convertirse en la población mayoritaria entre los migrantes residentes aquí vienen de zonas rurales, saben lo que es trabajar el campo y la ganadería y se adaptan bastante a ello. Otros no podrían hacerlo tan fácilmente", comentan desde el ayuntamiento.

El crecimiento de la población marroquí sí se ve en las calles de Benavente, y desde el consistorio aseguran que llevan años trabajando en su integración. "Hay mucha paz en el pueblo y buena relación, pero es verdad que la comunidad marroquí tiende más a cerrarse y cuesta más su integración. Pero, bueno, vamos poco a poco", añaden. La tienda de Cherkaui es un ejemplo del crecimiento y también de posibles salidas para un lugar en el que no paran de aparecer locales cerrados. Este joven marroquí llegó hace un año a Benavente y montó una carnicería convertida en supermercado para sus compatriotas. Por el lugar no paran de pasar compatriotas que de paso charlan y comparten impresiones.

Sobre si el local marcha, Cherkaui, que aún no se atreve demasiado con el castellano, tiende a realista. "A ver, hay días con más y otros con menos trabajo, pero, bueno, vamos marchando. Justo hace unos días cumplimos un año con el local abierto, y aquí seguimos". El empresario cuenta que llegó a la ciudad tras vivir tres años en Lyon y dice que esto es tranquilo y acogedor. Lo mismo opina uno de los compatriotas que se asoman por el lugar. "Yo llegué hace ocho años, y aquí no éramos más de 10, ahora hay, no sé, más de 50 seguro". La cifra en la región es de 907, un 31% más que en 2012.

placeholder Cherkaui, en su tienda. (Emilio Fraile)
Cherkaui, en su tienda. (Emilio Fraile)

Su crecimiento ayuda a paliar las cifras alarmantes de la despoblación, aunque si ha habido un grupo que ha crecido en esta década, es el de los latinoamericanos. Además de esos trabajos de campo que exigen muchas horas por escaso dinero y condiciones duras, también queda trabajo cuidando a los mayores que van quedando en una región cada vez más envejecida, pero de nuevo no es un trabajo para cualquiera. "Mucha de la población latinoamericana que llega acaba en estos trabajos, y es necesario porque cada vez va envejeciendo más el municipio, pero de nuevo son trabajos que no gustan a todos, difíciles y con condiciones que pueden no ser muy buenas", añaden.

Sobre si esta subida de, sobre todo, colombianos, venezolanos, cubanos y paraguayos va a ayudar a fijar población, es pronto para saberlo, pero según locales y expertos esto no se puede conseguir si no hay una política activa para intentar girar de nuevo la curva.

¿Hay remedio?

Algunos, como el sociólogo residente en la capital zamorana Ángel Martín, van más allá y creen que para encontrar una posible solución habría que ir incluso a la raíz del sistema, al modelo económico. "Es difícil dar una explicación exacta para el fenómeno de la despoblación, pero es un asunto profundo y un proceso que viene de atrás, relacionado con el crecimiento del actual modelo productivo y económico neoliberal. En un mundo en el que todo es mercado y todos somos mercancía, como estas regiones han dejado de ser atractivas, el sistema las hunde", explica el miembro de la Asociación Profesional de Sociología de Castilla y León.

Para el experto, el sistema actual tiende a concentrar todo en ciertos puntos de atracción que se llevan todo el protagonismo y los recursos y dejan el resto en un proceso de muerte imposible de frenar. "En el caso de los migrantes es más claro, porque la mayoría llegan buscando oportunidades y si estas se acaban es lógico que acudan a otros lugares a encontrarlas. Aquí hubo un amago de despertar con el 'boom' de la construcción, pero desde 2008 eso ha desaparecido".

placeholder Dos mujeres con velo caminan por Benavente. (Emilio Fraile)
Dos mujeres con velo caminan por Benavente. (Emilio Fraile)

Desde su punto de vista, los distintos partidos políticos han tomado decisiones bienintencionadas para intentar frenar la huída, pero es como si intentaran poner una tirita a una gran herida que no para de sangrar. "La clave no está en encontrar el punto de sutura, sino el lugar donde poner el torniquete para que deje de sangrar. Pero, claro, para eso necesitas tiempo y recursos, y son dos cosas que no se tienen con el tipo de política actual en que se juega todo en tiempos cortos y más con palabras que con actuaciones", añade. En esa política de palabras e imágenes enmarca al nuevo Ejecutivo autonómico, que de momento ha hablado mucho de lo que quiere hacer, pero ha hecho poco. "Así es imposible solucionar un problema como este".

Martín, desde fuera, cree que estas regiones no estarán del todo sentenciadas si de verdad hay un cambio general y una apuesta clara por un cambio de modelo en un contexto de crisis energética y alimentaria como el actual. Ahí, estos espacios pueden encontrar una oportunidad. "Si se organiza bien la apuesta por las energías y por la relocalización, estas zonas pueden tener una opción de recuperación, pero, claro, con el modelo actual es muy difícil. Se necesitaría apostar por la economía local y que la propia normativa, que durante las últimas décadas ha beneficiado a grandes multinacionales y a la concentración, cambie de tornas y ayude a la producción local", termina.

En Benavente llevan décadas con un objetivo entre ceja y ceja que no consiguen alcanzar: llegar a los 20.000 habitantes. La cifra que separa el pueblo de la ciudad. "Lo necesitamos para contar con más recursos de la Administración central, más fondos y, por tanto, más desarrollo, servicios y oportunidades", dicen desde su ayuntamiento. Para superar la barrera, han intentado de todo. Incluso, a principios de este siglo, su anterior alcalde pidió que los ciudadanos de los pueblos de alrededor se empadronaran allí como tirón final, pero ni con ello lo consiguieron. Se quedaron en 19.200 en 2012. Desde ahí empezaron una caída libre hasta los 17.500 actuales. No hubo forma de librarse del mal que recorre Zamora, la provincia a la que pertenece Benavente, en la que la despoblación es una herida que no deja de sangrar.

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