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Dos siglos del último chantaje de Argelia: 319.000 duros para evitar al corso berberisco
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Dos siglos del último chantaje de Argelia: 319.000 duros para evitar al corso berberisco

En junio de 1822, la Regencia de Argel, enclave de piratas contra los que combatía España en el Mediterráneo desde el XVI, declaró la guerra a nuestro país

Foto: Dos jabeques argelinos atacan a una goleta española del siglo XIX. (Antonio Barceló)
Dos jabeques argelinos atacan a una goleta española del siglo XIX. (Antonio Barceló)

En 1582 el sol no se ponía en nuestro imperio —como cantaban Los Nikis y estudiamos en EGB—, pero los corsarios de Argel hostigaban a nuestros barcos en el Mediterráneo y lo seguirían haciendo sin descanso incluso en su decadencia, cuando la llamada Regencia de Argel, el 6 de junio de 1822, hace ahora 200 años, nos declaró la última guerra del corso berberisco en el norte de África. Una contienda totalmente desconocida de España, enterrada por los siglos anteriores de hazañas y también derrotas con los Oruj, Jaradrín Barbarroja y sus herederos de la regencia pirata.

Entonces, como ahora con la última maniobra agresiva de Argelia, el inicial conflicto 'diplomático' tenía un claro trasfondo económico. Los piratas de Argel chantajearon a la Corona por unas supuestas deudas contraídas por judíos súbditos de España con comerciantes de Orán: la excusa para plantear una compensación económica a cambio de no asaltar a la armada española en el Mediterráneo.

Foto: Misa celebrada en la iglesia de San Nicolás, Bilbao el 20 de junio de 1937. (Cedida)

Así, en 1820, 40 años después de la última expedición de castigo de la armada española que devastó Argel en 1782, enviada por el ministro Floridablanca en nombre de Carlos III, el cónsul José Ortiz de Zugasti avisaba a España de que el nuevo 'dey' argelino, Houssein, había retomado el pulso de las presas en el mar. El despacho de Ortiz de Zugasti a Madrid a principios de año era clarísimo: "Debemos considerarnos en guerra con la Regencia y [el 'dey'] avisa que cuando salgan los corsarios lo harán a por barcos españoles atropellando el derecho de gentes".

"El 17 de mayo las amenazas al cónsul español se cumplieron y cinco buques corsarios salieron de Argel por primera vez desde el siglo XVIII, con la orden de apresar buques de Hamburgo 'dantrik' y españoles" —Juan Luis Quintana, 'Los últimos años del corso berberisco (1815-1830) a través de la correspondencia consular española', y 'A shoot away. Los últimos años del corso berberisco' (Libros.com)—.

El cónsul de Argel

Ortiz de Zugasti, el cónsul español, no cejó en su empeño esos años de que Madrid enviara buques de guerra a la zona en previsión de lo que pudiera pasar, pero la realidad es que el corso berberisco, en sus últimos coletazos, se había reactivado y amenazaba no solo a España, sino a todos los barcos europeos. Los piratas del Mediterráneo habían vuelto. ¿Cuál era la estrategia de los argelinos? ¿La guerra en el mar? ¿Los botines de los barcos europeos?

Foto: La batalla naval de Lepanto, según Andrea Vicentino (1580).

En realidad se aprovechaban de la debilidad militar del reino de España tras la guerra de Independencia, de la situación interna —ya que acababa de comenzar el trienio liberal que tuvo que aceptar el absolutista Fernando VII—, con el objetivo de un nuevo chantaje: dinero a cambio de una paz que garantizase que los barcos españoles navegasen por el Mediterráneo sin la amenaza de los corsarios berberiscos. Aun así, necesitaban un 'casus belli' contra España —la supuesta deuda con un prestamista judío—, porque además las potencias europeas se podían juntar de nuevo para barrer a los corsarios berberiscos del mar, una historia muy antigua: se había logrado en fecha tan lejana como 1572 con la Santa Alianza, sí, la Batalla de Lepanto y las que siguieron. Argel, era un nido de piratas desde hacía tres siglos, uno que habían robado precisamente a la corona española, en posesión de Orán desde los tiempos de Fernando el Católico.

placeholder Jaradrín Barbarroja.
Jaradrín Barbarroja.

Fueron dos hermanos aventureros de la isla de Lesbos, Oruch y Jaradrín Barbarroja, los que forjarían ese reino de corsarios, "un simple aventurero de proveniente de los suburbios del Imperio otomano", que como corsario se instaló con su hermano en 1516 pactando con los turcos y atrayendo a toda suerte de piratas que "al olor de la ganancia y sabiendas de que les otorgaban un puerto seguro para la rapiña y posibilidades a la vista de los resultados ilimitados (...) los corsarios habían sido tan solo mercenarios y huéspedes de los poderes locales, pero con ellos, Argel significaba la creación de una entidad nueva hecha a su imagen y semejanza" —Ramiro Feijoo, 'Corsarios berberiscos. El reino corsario que provocó la guerra más larga de España' (Belacqva)'—.

Argel atrajo a renegados griegos o albaneses, moriscos, turcos, incluso algún marino alejandrino

Una entidad corsaria que atrajo a "corsarios berberiscos, renegados griegos o albaneses, incluso a alguno italiano, español o portugués, moriscos, turcos de pura cepa otros, incluso algún marino alejandrino. Son las escorias de todos los yunques", tal y como narra Feijoo. Jaradrín forjó a la muerte de su hermano Oruch una gran armada de corsarios, que era "imposible de mantener solo con el aporte de aventureros turcos y orientales, por lo que recurre a los niños cristianos que hace tiempo ha cautivado en sus demoledoras expediciones de corso, ya que son materiales maleables a los que se puede educar con facilidad tanto en una nueva fe como en tareas marítimas o de gobierno".

El último conflicto corsario

Los Barbarroja habían forjado un reino corsario precisamente contra el vasallaje a España, lo que daría lugar a esos trescientos años de guerra en el Mediterráneo, la más larga del reino. Tres siglos después de Lepanto, el corso que vive precisamente ya de los tratados de paz con las potencias europeas y el pago del peaje para esa paz, las potencias europeas contemplan como de nuevo salen a la mar los barcos corsarios contra sus buques comerciales.

Después de intrincadas negociaciones para llegar a la paz de 1782, España había abandonado Orán, incluso por el gran coste que suponía mantenerlo y por el terremoto de 1792, que incluía además la reconstrucción entera del puerto y la ciudad en poder de España desde que en 1510 la tomaran los Reyes Católicos. Sin embargo, el ‘dey’ Hussein, en plena guerra con los griegos y turcos, consideró necesario revisar el acuerdo, es decir, pedir más dinero, por lo que inició la campaña bélica, el último conflicto corsario.

El 'dey' reclamaba la deuda de un comerciante español con el prestamista judío Jacob Bacri

Para ello se sirvió de unas supuestas deudas de un comerciante súbdito español, Sebastián Patrón, con un prestamista judío, Joseph Bacri, ligado a la regencia de Argel y al 'dey' Hussein, que ascendían a 20 millones de duros. Tal y como explica el experto Juan Luis Quintana, la deuda no era del estado español, pero entonces se podía entender que en caso de impago y respecto a los tratados firmados con España, tuviera que hacerse frente, tal y como haría Francia ante un chantaje similar.

placeholder El bombardeo de Argel (1816).
El bombardeo de Argel (1816).

El cónsul Ortiz de Zugasti, que acabaría suicidándose poco después de que el 'dey' declarase la guerra, se opuso repetidamente a ni siquiera considerar el pago, sino una expedición militar de castigo en su lugar, pero estaba claro que el fin de toda la intriga era una renegociación de las cantidades que debía abonar España para la seguridad en el Mediterráneo:

"Espero que hayan llegado a sus manos las dos cartas mías de 7 de abril y 15 de mayo, en las que contestando a las suyas de 1 de octubre de 1819 y 14 de enero de 1820 le informaba detalladamente de la supuesta deuda a favor de Jacob Bacri, del mal estado de nuestras relaciones con esta regencia, de sus malas intenciones respecto a nosotros, de la salida de sus corsarios, y por último le manifestaba la necesidad de terminar unos negocios que de no hacerlo nos habían de dar mucho que hacer en perjuicio de la nación entera".

Protectorado francés

Diversas comisiones negociadoras durante los dos años siguientes fracasaron y el 'dey' Hussein declaró la guerra a España el 6 de junio de 1822. La última con un enemigo contra el que se había luchado incesantemente durante tres siglos. Entre 1822 y 1827 numerosos barcos españoles fueron apresados por el corso berberisco, no hubo acción de guerra y sí negociaciones para poner fin al conflicto. Finalmente, el ministro de Estado, Cea Bermúdez, estimó que se debía transigir a las peticiones argelinas, enviándose en dos ocasiones negociadores españoles.

El cónsul francés Deval tuvo un serio incidente con el 'dey', quien llegó a golpearle con un cazamoscas, lo que originó un conflicto militar

Pero al final, con el pago de 319.000 duros, en 1827 se puso fin a la guerra. Ese mismo año se produjo un giro inesperado: el cónsul francés Deval tuvo un serio incidente con el 'dey', quien llegó a golpearle el rostro con un cazamoscas, lo que originó un conflicto militar que, tres años después, concluyó con la invasión francesa de 1830 y el final de la regencia argelina. Sin duda, de no haber mediado el conflicto con Francia y la invasión, la Regencia de Argel habría vuelto con nuevas demandas, pero al mismo tiempo, de no haber pagado la guerra, hubiera costado más. España, después de las victorias de antaño, se encontraba en una posición de debilidad que se agravaría aún más en adelante con la pérdida de las colonias.

En 1582 el sol no se ponía en nuestro imperio —como cantaban Los Nikis y estudiamos en EGB—, pero los corsarios de Argel hostigaban a nuestros barcos en el Mediterráneo y lo seguirían haciendo sin descanso incluso en su decadencia, cuando la llamada Regencia de Argel, el 6 de junio de 1822, hace ahora 200 años, nos declaró la última guerra del corso berberisco en el norte de África. Una contienda totalmente desconocida de España, enterrada por los siglos anteriores de hazañas y también derrotas con los Oruj, Jaradrín Barbarroja y sus herederos de la regencia pirata.

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