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Los Masters del Universo con los que jugabas de niño pueden costar hoy miles de euros
  1. Cultura
por el poder de la nostalgia

Los Masters del Universo con los que jugabas de niño pueden costar hoy miles de euros

El coleccionismo de figuras de acción es cada vez más común, y responde a un motor económico y cultural que va más allá del 'orgullo friki': la nostalgia

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Antes de que eBay fuera una opción, los coleccionistas de juguetes se las arreglaban como fuera para encontrar sus tesoros. Con el listín telefónico, buscaban jugueterías antiguas y cerradas desde hace años. Acudían allí como arqueólogos, organizados en partidas, y registraban los antiguos almacenes. Sus ánforas romanas eran una Barbie de los 80 o un Madelman en su envoltorio original. Hace décadas, esos juguetes podían encontrarse abandonados en un almacén o en un puesto del rastro por un precio irrisorio. Hoy, algunos de ellos se venden en internet por varios miles de euros. La nostalgia, al parecer, cotiza cada vez más alto.

Como en todo tipo de coleccionismo, los aficionados adultos a los juguetes tienen sus santos griales. Y uno de ellos es un caso particular, porque se trata de unas figuras que solo se fabricaron y vendieron en España e Italia: He-Man Espada Luminosa y Skeletor Ojos de Fuego. Para la mayoría de los niños crecidos en los 80, esos dos nombres no necesitan más presentación. En torno a ellos se extiende una mitología creada en una serie de animación, cómics y todo el 'merchandising' que pueda imaginarse. ‘Masters del Universo’ se convirtió en la serie animada más exitosa de su productora, Filmation. Y las figuras de acción de He-Man y Skeletor, entre otros, en uno de los mayores activos de la juguetera Mattel.

Pero los niños crecían y dejaban atrás los juguetes de su infancia. Mattel vio cómo el éxito de He-Man menguaba año tras año, y decidió cancelar su producción en Estados Unidos en 1988. Por suerte, estos muñecos habían desembarcado unos años más tarde en Europa y al final de los 80 seguían teniendo cierto tirón en el mercado. Así que la juguetera, en un intento de resucitar a los Masters del Universo, creó esos dos diseños exclusivos que se venderían en Italia y España. “Conseguí un Skeletor Ojos de Fuego cuando no esperaba conseguirlo. Lo encontré en 2004, en una librería-juguetería que llevaba tiempo cerrada. Tuve suerte, porque es una de las figuras más cotizadas de toda la colección. Si está en perfecto estado y dentro de su embalaje, ahora se vende por unos 1.500 euros”, explica Adolfo Saro, coleccionista de juguetes y uno de los mayores expertos de ‘Masters del Universo’ en España.

Saro, conocido como Kromic Bruck en redes sociales, acaba de publicar un libro sobre la historia de las figuras y de la serie de animación: ‘El poder de los 80: He-Man y los Masters del Universo’ (Dolmen, 2021). Y cuenta con una colección de juguetes, juegos de mesa, cómics y otros artículos de la que ya no lleva la cuenta. “Antes tenía mi excel con todo lo que iba comprando, pero dejé de hacerlo porque yo principalmente colecciono por pasión”.

Como los de su generación, Saro conoció los ‘Masters del Universo’ en el año 1984, cuando comenzó a emitirse la serie animada basada en las figuras de acción. Después de un parón durante la adolescencia, se reencontró con las figuras durante una mudanza. “Buscando mis cosas, me encontré con los juguetes de cuando era un chaval. En realidad, nunca los había olvidado. Me vinculan a los recuerdos felices de infancia, a personas queridas que ya no están en mi vida, y que entonces me los regalaban. Creo que empecé a coleccionar de adulto por recuperar esa parte feliz de la niñez”.

Saro —Kromic Bruck— es uno de otros tantos hombres adultos que coleccionan juguetes de su infancia. No es raro que se reúnan, que destinen a ello sus recursos y se ‘regalen’ ahora lo que tanto desearon de niños. “Me convertí en lo que soy: un coleccionista muy friki. He vivido épocas muy diferentes. Empecé a finales de los 90, cuando no era una afición tan extendida ni tan aceptada. Entonces, sí que éramos raros. Los que nos íbamos al rastro los domingos, íbamos a mercadillos en busca de juguetes… Nos miraban raro. He tenido comentarios desagradables de algún conocido que viene a casa y ve la colección. Como desprestigiándolo o quitándole valor. Pero en los últimos años he notado que es algo mucho más compartido. Casi nadie lo critica. Hay quienes, al conocer lo que pueden llegar a costar ciertas figuras, lo ven incluso como una inversión”.

Adolfo Saro lleva más de 20 años inmerso en el coleccionismo y relata un cambio notable en el negocio que rodea a los juguetes. “Las figuras de ‘Masters del Universo’ que solo salieron en Italia y España pueden alcanzar los 2.000 euros en puja, a veces cantidades superiores. Hay otras del mismo año, como Titus y Megator, por las que se piden hasta 15.000 euros. Yo he visto pagar 5.000 euros por esas dos figuras. Tienen precio de artículos de lujo”, cuenta este coleccionista.

Se trata de un 'hobby' caro, reconoce Saro, y cada vez lo es más. Las mismas figuras que en 2005 costaban 50 euros, ahora pueden encontrarse por 400. “Hay gente que se gasta esas cantidades en un abono del fútbol o en un vino. A los frikis se nos señala como raros porque nos disfrazamos para el estreno de una película, por ejemplo, pero todo el mundo se disfraza para ver jugar a su equipo los domingos”, defiende.

"Las figuras de ‘Masters del Universo’ que solo salieron en Italia y España pueden alcanzar los 2.000 euros en puja, a veces más"

El coleccionismo de figuras de acción es cada vez más común, y responde a un motor económico y cultural que va más allá del 'orgullo friki': la nostalgia. Hoy son más los que encuentran figuras de acción antiguas, se informan de su precio en el mercado y las subastan en internet. “Sí es cierto que, en los últimos años, la especulación y el negocio en torno a este mundo han crecido. Alguna vez, hasta precios absurdos e inalcanzables... Pero creo que muchos seguimos siendo niños, y ahora tenemos el poder adquisitivo para darnos los caprichos que entonces no pudimos darnos. Puede que tenga que ver con el poder de la nostalgia”, opina Adolfo Saro.

En su caso, es la nostalgia la que dirige cada paso de su relación con la colección. Hace años, Saro disfrutaba archivando y catalogando los artículos con cuidado. Ahora, se limita a entrar en su santuario y admirar las figuras. “Si tengo el día nostálgico, me voy directamente a las de mi infancia. Si tengo el día friki, miro los embalajes, les doy la vuelta… Me sumerjo en ellas, me siento otra vez como un niño en una juguetería”.

Un He-Man de los 80, una magdalena de Proust

La nostalgia es una emoción agridulce. Lo constata la etimología de la palabra: del griego 'nostos' —'regreso, retorno al hogar'— y 'algia' —'dolor'—. Fue acuñada por unos médicos suizos en el siglo XVII para dar nombre a la condición psicológica que padecían los soldados al añorar el hogar. Adolfo Saro cuenta que el coleccionismo le reconforta, y esa es la razón por la que empezó a cultivar su afición. “Mi madre falleció cuando yo tenía 12 años. Mi infancia terminó cuando creo que no estaba preparado. Descubrí muchos años después que, acercándome a esas figuras que me regalaron de niño en Reyes o en Papá Noel, me sentía más cerca del recuerdo de mi madre. Quizá porque lo único que compartí con ella fueron mis años de infancia. Recordando a mi madre a través de los objetos, di un paso más allá y me adentré en el coleccionismo. Me hacía sentir feliz porque me acordaba de esas personas queridas”.

Este coleccionista, que se acerca a un He-Man de los 80 para adentrarse en la infancia perdida, tiene algo de proustiano. Las figuras de acción y la mitología creada en torno a ellas podrían compararse, en clave cultural, con lo que el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott llamó 'objeto transicional'. Winnicott estudió el apego de los niños por los primeros objetos de su infancia. Y en 1953 llamó objeto transicional a los peluches, mantas, sonajeros, juguetes y un largo etcétera con los que los niños identifican a sus progenitores y palian la angustia que para todos supone el crecimiento, la separación.

Foto: 'Star Wars: Una nueva esperanza' fue la película que cambió el concepto de cultura friki

Simbología freudiana a un lado, el analista Matt Hills relacionó en su obra ‘Fan cultures’ (2002) los ‘objetos culturales’ de la infancia —películas, series de televisión, figuras de acción— con la teoría de Winncott. Así, los fans se identifican con esos objetos transicionales porque formaron parte de la construcción de su identidad adulta. A esa identificación, poderosa como lo es la nostalgia, parece responder el reciente fenómeno de los ‘remakes’ en el mundo audiovisual. Al menos, así lo explican Irene Raya y Javier Lozano, investigadores de la Universidad de Sevilla y la Universidad Loyola Andalucía, respectivamente. Las figuras de acción de ‘Masters del Universo’ no han sido una excepción.

En julio de 2019, Netflix estrenó ‘Masters of the Universe: Revelation’, una serie que se presentó como una continuación directa de la animación emitida en los 80 y dirigida a los niños, ahora adultos, que crecieron con ella. La producción se enmarca en el mismo lugar que muchos otros ‘remakes’, ‘reboots’, secuelas y ‘spin-offs’ nostálgicos de los últimos años. ‘Mulan’, ‘Dune’, ‘Cazafantasmas’, ‘Aladín, ‘Dumbo’ o la reciente ‘West Side Story’ son solo algunos de los títulos reestrenados. Para Raya y Lozano, el fenómeno comercial de la nostalgia no es nuevo.

“Es algo que se reactiva especialmente en los periodos de crisis, porque fomentan el retorno a un pasado más feliz, o al menos que nosotros percibimos como más seguro. Pero no es un fenómeno realmente nuevo, simplemente ahora se ha disparado a raíz del convulso comienzo del milenio, parejo también al incremento de producción”, explica Irene Raya. El caso de ‘Masters del Universo’ no contentó a algunos de sus fans adultos porque He-Man, el protagonista omnipresente en la animación de los 80, moría en el primer capítulo. En su lugar, la carga de la trama recaía sobre la guerrera Teela, su compañera femenina. "Creced de una puta vez", llegó a escribir en Twitter Kevin Smith, su director, en respuesta a la horda de fans enfurecidos.

Foto: Imagen de 'He-Man y los 'Masters del Universo'. (Mattel)

Muchos criticaron la serie por no guardar las esencias del pasado y alterarlas en favor de una perspectiva feminista o de género. “Me considero un fan de mente abierta. La serie de Kevin Smith era necesaria, porque la franquicia llevaba años oxidada y anclada en una mitología que necesitaba cierta revisión. Y esta nos ha llegado con nuevos protagonistas”, opina el coleccionista Adolfo Saro. “Cuando se estrenó la primera parte, obtuvo muchísimas críticas. De hecho, tuve que marcharme un par de días de Twitter por la cantidad de comentarios hirientes y amenazas que me llegaron al defenderla…”.

La nostalgia es un motor económico y cultural, pero también un pozo de odio. “Ser fan significa tener un vínculo muy emocional y personal con el producto amado. Ser fan comprende una serie de rituales, reconocimiento de patrones en la ficción y el recuerdo de imágenes concretas que pierden su ‘poder sacro’ si son mínimamente modificados”, opina Raya. Para explicar el lado oscuro y dogmático de la nostalgia, estos dos académicos se apoyan en una tipología acuñada por la ensayista Svetlana Boym.

"Ser fan comprende una serie de rituales, reconocimiento de patrones en la ficción y el recuerdo de imágenes concretas"

“De un lado está la nostalgia restaurativa, conectada con el 'nostos', la vuelta al pasado, a lo tradicional, la reconstrucción… De otro, está la nostalgia reflexiva, que está dispuesta a dialogar con el pasado", explica Javier Lozano. Los 'remakes' en los que la narrativa se modifica, actualiza o enriquece de algún modo se situarían, según estos dos investigadores, en el poder de la nostalgia reflexiva y dialogante. "El caso de 'Masters del Universo' fue un cambio en el foco de la trama. Es cierto que, en su momento, era una serie muy dirigida a un público masculino, como las figuras de acción. Es posible que parte de ese público quiera revivir ahora el arquetipo de serie de su infancia y no sea eso lo que han encontrado", opina Lozano.

El poder emocional, cultural y económico de la nostalgia se manifiesta de muchas formas: estaría detrás del 'remake' audiovisual, del auge del coleccionismo y de la división que suscita la relectura de mitos ficticios de la infancia. Todos anhelamos el pasado en cierto modo, como lugar feliz, idealizado y utópico por inalcanzable. Cabría preguntarse si vivimos ahora en un tiempo más nostálgico que otros. Svetlana Boym califica el anhelo del pasado como un síntoma de la modernidad, una mirada atrás que va de la mano del progreso. Y cita un dicho ruso contemporáneo, que afirma que el pasado se ha convertido en un lugar más impredecible que el futuro. En sus palabras, "la nostalgia es paradójica porque el anhelo puede hacernos más empáticos con nuestros semejantes. Pero en el momento en que tratamos de reparar el anhelo con la pertenencia, la pérdida con un redescubrimiento de la identidad, a menudo nos separamos y ponemos fin al entendimiento mutuo. 'Algia' —'dolor'— es lo que compartimos, pero 'nostos' —'el regreso a casa'— es lo que nos divide".

Antes de que eBay fuera una opción, los coleccionistas de juguetes se las arreglaban como fuera para encontrar sus tesoros. Con el listín telefónico, buscaban jugueterías antiguas y cerradas desde hace años. Acudían allí como arqueólogos, organizados en partidas, y registraban los antiguos almacenes. Sus ánforas romanas eran una Barbie de los 80 o un Madelman en su envoltorio original. Hace décadas, esos juguetes podían encontrarse abandonados en un almacén o en un puesto del rastro por un precio irrisorio. Hoy, algunos de ellos se venden en internet por varios miles de euros. La nostalgia, al parecer, cotiza cada vez más alto.

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