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Sanar y violar en el nombre de Dios
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Documental en Netflix

Sanar y violar en el nombre de Dios

El fascinante 'Curandero y criminal' desenmascara a Joan Texeira, un gurú milagrero y depredador que abusó de centenares de mujeres

Foto: Fotograma del documental 'Curandero y criminal'.
Fotograma del documental 'Curandero y criminal'.

Un año y cuatro meses ha estado en prisión el curandero Joao de Deus. Le condenaron a 63 años por haber abusado de centenares de mujeres, pero la edad —es octogenario—, la precariedad de su salud y las recomendaciones de la pandemia han derivado el castigo al arresto domiciliario, la misma situación de confinamiento en que han permanecido sus propias víctimas, precisamente por las restricciones de movimientos que impuso el covid.

El sarcasmo explica la indignación de las mujeres violadas en el recinto espiritual de Abadiania, a dos horas de Brasilia. Se aprovechó de ellas cuanto quiso y como quiso el médium brasileño, no ya ejerciendo sus presuntas cualidades milagreras, sino amenazándolas con la represalia de la magia negra en caso de que osaran denunciarlo.

placeholder Fotograma del documental.
Fotograma del documental.

Es el contexto de credulidad y de superstición en que Joao Texeira de Fabra, he aquí su nombre verdadero, fue capaz de convertirse en gurú, líder espiritual de Brasil y fenómeno de masas. Lo idolatraron las grandes personalidades nacionales, incluidas Lula da Silva y Ronaldo. Estrechó amistad con Bill Clinton. Y hasta Oprah Winfrey acudió a reportar sus proezas. Joao de Deus adquiría un estado de trance que le permitía sanar enfermos incurables, paralíticos incorregibles, ciegos irreparables.

La Iglesia católica lo consideraba un hereje, un farsante, pero el carismático curandero se identificaba a sí mismo como expresión vehicular de las antiguas santidades. Tanto obraba en nombre del rey Salomón como verificaba los milagros transfigurado en san Ignacio de Loyola. Las llamaba “entidades”. Y tanto le permitían curar un cáncer de páncreas como le facultaban para eyacular en el siniestro cuarto oscuro donde citaba a sus víctimas. No era esperma, les decía, sino ectoplasma.

Sus milagros le facultaban para eyacular en el siniestro cuarto donde citaba a sus víctimas. No era esperma, les decía, sino ectoplasma

Cuenta la historia un fascinante y estupefaciente documental que acaba de estrenarse en Netflix. No solo porque impresiona la impunidad y euforia mística en que logró desenvolverse el depredador sexual, sino porque el dolor de las presas y el imperio comercial que engendró el santuario no contradicen la reputación sanadora que allegados, testigos y hasta mujeres violadas atribuyen a la siniestra bipolaridad de Joao de Deus.

Denuncia de las mujeres

Santo y diablo a la vez. Milagrero y sátiro. El gurú curaba y violaba en nombre de Dios. Fue necesaria la valentía de unas pocas mujeres que se atrevieron a desenmascararlo. Y el fin de la 'omertá' dio lugar a que la Fiscalía concediera credibilidad a 600 mujeres que acreditaron los abusos sexuales.

Lo que no sucedió fue un proceso penal respecto a las tareas terapéuticas y sanadoras. Y no por falta de motivos. Más allá de la impostura, de la curandería, el documental traslada todas las evidencias de una metodología insalubre. Porque el santero no se limitaba a la prosaica imposición de manos. Utilizaba cuchillos, bisturíes y hasta útiles de veterinaria. Sangraban sus pacientes. Y se producían unas escabechinas impresionantes.

El santero no se limitaba a la prosaica imposición de manos. Utilizaba cuchillos, bisturíes y hasta útiles de veterinaria. Sangraban sus pacientes

Es una estupenda alegoría de la eficacia y depredación con que Joao Teixeira levantó en un erial una suerte de imperio milagrero, más o menos como hizo el gurú indio Osho en la tierra baldía de Oregón.

Quiere decirse que el impostor brasileño convirtió la credulidad en la coartada de un negocio fabuloso. Cobraba comisión a los taxistas y a los hoteleros. Vendía agua bendita como si fuera Coca-Cola. Amontonaba joyas, dinero negro, propiedades inmobiliarias. Y organizaba, incluso, imponentes actuaciones multitudinarias. El documental que han dirigido Mauricio Dias y Tatiana Villela —'Curandero y criminal'— expone la ceremonia de masas oficiada en Lima —allí lo agasajó el presidente Fujimori— y el gentío que acudió a venerarlo como a un dios en una kermés organizada en Nueva York.

placeholder El documental está disponible en Netflix.
El documental está disponible en Netflix.

Estuvo cerca de sentirse impune e inmune el santero. Porque ejerció la magia durante 40 años. Y porque acaso alcanzó a creerse sus grandes proezas. Por eso estremece el testimonio de su propia hija. Y la elocuencia con que evoca la ferocidad del incesto. Joao de Deus empezó a abusar de ella a los nueve años. Y la mantuvo secuestrada psicológicamente hasta que las primeras denuncias tambalearon el trono del milagrero.

Estremece el testimonio de su propia hija. Y la elocuencia con que evoca la ferocidad del incesto. Empezó a abusar de ella a los nueve años

La versión del depredador es diferente. No ya por sentirse víctima de un proceso justiciero y ejemplarizante, sino porque el tormento judicial y el escarnio de la sociedad le sirven de pretexto para sentirse en la piel y las llagas de Jesucristo. “También a él lo colgaron en la cruz siendo inocente”.

Un año y cuatro meses ha estado en prisión el curandero Joao de Deus. Le condenaron a 63 años por haber abusado de centenares de mujeres, pero la edad —es octogenario—, la precariedad de su salud y las recomendaciones de la pandemia han derivado el castigo al arresto domiciliario, la misma situación de confinamiento en que han permanecido sus propias víctimas, precisamente por las restricciones de movimientos que impuso el covid.

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