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Fernando Aramburu: "Me da igual que me citen PSOE y PP, yo no voy a lamerle la mano a nadie"
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Entrevista

Fernando Aramburu: "Me da igual que me citen PSOE y PP, yo no voy a lamerle la mano a nadie"

Tras el éxito de 'Patria' el escritor regresa con otro novelón, 'Los vencejos', la historia de un hombre desencantado y hastiado con el mundo que quiere poner fin a sus días

Foto: Fernando Aramburu (EFE)
Fernando Aramburu (EFE)

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) está de vuelta con una novela, lo que en sí mismo es un acontecimiento. Después del exitazo de 'Patria' -más de un millón y medio de ejemplares vendidos, una serie en HBO y un reconocimiento casi mundial- regresa y no con un texto menor: 'Los vencejos' (Tusquets) es una historia de casi 700 páginas que cuenta el día a día de Toni, un profesor de Filosofía resentido, hastiado del mundo (y sobre todo de su exmujer, y su hermano, y su madre y su padre y sus alumnos) que ha decidido poner fin a su vida. Demasiadas piedras en la mochila y un cierto pasotismo.

Toni tiene ecos de cierto varón inadaptado a la modernidad (y a las mujeres), pero hay que llegar hasta el final porque Aramburu ha puesto trampas, como a él le gusta. Algo desgrana en esta entrevista en Madrid, donde sitúa la novela y donde lleva unos días antes de una promoción que tiene visos de ser extenuante. Y es curioso: vive desde hace más de treinta años en Alemania, donde ha trabajado como profesor, pero su acento y sus expresiones suenan como si nunca hubiera salido de Euskadi.

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'Los vencejos'

PREGUNTA: Es verdad que el éxito de 'Patria' no le pilló con 20 ni con 30 años, pero ¿cómo se repone uno de eso y se planta delante del ordenador para volver a escribir? ¿Cómo lo hace después de todo lo que pasó?

RESPUESTA: Lo dices muy bien: después de todo lo que pasó con ‘Patria’, que es algo que no puedes prever. Yo no digo, voy a escribir una novela que va a ser un bombazo. Estoy muy agradecido porque he conseguido lo que cualquier escritor quiere que es tener lectores, se me ha prestado atención… Lo que no necesito es repetir el mismo destino. Y despues de 'Patria' he publicado tres libros de géneros poco o nada comerciales, pero que me requieren el mismo o más esfuerzo, y me permiten jugar la carta que me gusta, que es la de la literatura. Yo sigo siendo un ingenuo que pretende hacer arte con las palabras. No puedo permitir que nada intenso, ya sea positivo o negativo, influya en lo que hago. Por otro lado, esta novela la he escrito en una situación óptima. A mí la pandemia me ha venido de perlas porque me ha librado de viajes, compromisos, invitaciones, interrupciones continuas. Y si estás cortando una novela continuamente, se pierde el ritmo, luego vienen las incongruencias… 'Los vencejos' la escribí de una manera muy intensa trabajando mañana, tarde, noche y los fines de semana. Y entusiasmado como un niño.

P: Es una novela gruesa...

R: Lo sabía de antemano. Sabía que iba a constar de 365 secuencias correspondientes cada una de ellas a un día del año, e hice cuentas y dije: uf, aquí tienes para cinco años. Pero luego como me encerré se redujo el tiempo de trabajo a tres.

P: En 'Patria' las protagonistas eran dos mujeres sufrientes. Aquí es un hombre muy resentido. Ellas me parece que canalizaban mucho mejor su dolor y su ira que él.

R: Bueno, cada historia es distinta. Pero cuidado con este hombre que, además de ser varón y al que le ocurren ciertas cosas y que ama y odia, es también el narrador. Y eso puede tener un poquito de trampa. Pero sí sigo esta tendencia de presentar al personaje principal de una manera antipática. Presento flancos negativos y, cuando creo que ya ha suscitado un prejuicio en los posibles lectores, lo voy salvando. Hay que tener cuidado conmigo porque a veces creo expectativas que luego no cumplo.

"A veces imito el estilo de alguien, de algún columnista, escritor, sin nombrarlo"

P: Toni, este protagonista, me recuerda a un columnista. O a alguien en twitter (un hombre) resentido. ¿Es esa voz española la que oye desde Alemania? ¿Ese es el ruido que hacemos?

R: Sí, os veo así porque os leo. Y me gusta que digas eso porque es un nivel de lectura al que acceden muy pocos. Sí, a veces imito el estilo de alguien, de algún columnista, escritor, sin nombrarlo. Y pienso que el lector no se va a dar cuenta. Tengo cierta mano para imitar estilos. Y esto me da mucho placer. Y sí, percibo desde Alemania, donde hay un observatorio magnífico, el batiburrillo y las peleas, y veo mucho material para novelas.

P: ¿Nos ve enfadados y desencantados?

R: Un poquillo sí. Quizá por causa de la pandemia hay un cansancio en el debate. Antes de la pandemia, con la irrupción de Podemos y después de Vox, había una virulencia retórica que se percibía a todas horas. Después llegó la pandemia y parece que algunos continuan con esa inercia, pero entre tanto ha desaparecido bastante gente del panorama político. Y sí que hay un desmadejamiento en el debate. Es mejor estar fuera para medir la temperatura social y política y cultural del país porque si estás dentro del barullo no tienes la perspectiva.

"Por causa de la pandemia hay un cansancio en el debate. Con la irrupción de Podemos y después de Vox había una virulencia retórica a todas horas"

P: En la novela hay un padre comunista y otro padre fascista durante el franquismo. Y los dos son igual de machistas y maltratadores… ¿Este sustrato de educación machista que recibieron los hombres durante una época sigue presente y determina el machismo de hoy en día?

R: No lo creo. Además me abstendría de hablar de hombres y machismo porque son sacos muy grandes que no nos permiten matizar. Yo me crié en esa sociedad de esos padres que ahora son abuelos o ya murieron donde el concepto del machismo no existía. Todo lo contrario: lo varonil tenía mucho prestigio y tratábamos de imitarlo. No por querer ser machistas. Este concepto ha cobrado popularidad con la democracia y ahora tiene un contenido muy concreto, pero entonces no. Y había una violencia, pero didáctica. ¡Mi madre fue al colegio a decirle al profesor que me pegase porque yo era malo! Consideraba que los niños teníamos que crecer rectos como árboles y para eso el castigo formaba parte de la educación. Y yo lo tenía muy asumido. Por otro lado, yo y muchos jamás compartimos aula con una chica. La primera vez que yo estuve con una chica en un aula fue en la universidad y me costó meses concentrarme. No está mal contar todo esto para saber en la situación en la que estábamos. Pero conceptos como machismo y feminismo tienen sentido cuando estamos construyendo una democracia de calidad.

El feminismo actual es una reclamación legítima en una democracia. No puede haber una democracia con una parte de la ciudadanía discriminada. Los logros del feminsmo favorecen en primera linea a las mujeres, pero nos favorecen a todos porque nos permiten construir una sociedad más justa hasta llegar a un punto en el que los genitales de una persona no sean relevantes. España ha dado unos saltos hacia delante maravillosos, y yo creo que es uno de los lugares más propicios para ser mujer… Eso no quiere decir que estemos en una situación paradisiaca y tampoco hay que bajar la vigilancia porque en esto estoy con la señora Merkel: la democracia se hace todos los días.

placeholder Fernando Aramburu (EFE)
Fernando Aramburu (EFE)

P: ¿Entonces de dónde viene el resentimiento que Toni siente hacia su mujer? ¿De dónde viene el machismo?

R: ¡Ah, pues de la pérdida de poder, por favor! Eso está clarísimo. Si uno tiene ciertos privilegios, si es el alimentador de la familia, si tiene la última palabra en todo, si tiene mayor facilidad para acceder a puestos de dirección, de jefatura, y de repente tiene que competir con unas personas con las que no solo no competían sino que estaban al servicio del varón, cocinaban, limpiaban etc, pues eso te descoloca. Y aquí se abre un campo para la literatura muy fructífero y que quizá no se está tratando del todo porque estamos tan concentrados en el feminismo que no nos percatamos de…

P: ¿De la inadaptación del hombre?

R: Sí, de que primero tiene que aprender a respetar. Y a cumplir otras funciones y otros roles… Hay muchos que se adaptan y ya vemos que en casa cuidan a los niños… Esto es un cambio muy grande que no se hacen en dos días. ¿Y cómo vive el varón esto? El varón no violento, porque el violento a mí no me interesa. Ahí hay mucha novela.

"España es uno de los lugares más propicios para ser mujer… Eso no quiere decir que estemos en una situación paradisiaca"

P: Adentrándose en ese tema aparece el tema de la prostitución de una forma muy normalizada. Un país que se va de putas, parece.

R: La prostitución en mi novela cumple esa función de seguir siendo el macho... pagando. Pero el caso extremo en esto para mí es el de la muñeca erótica, que no es una presencia cómica. Ahí ya entramos en un terreno donde el varón me da un poco de pena porque convierte un objeto en una protección simbólica donde a escondidas él imagina que sigue practicando la prevalencia del varón. De hecho, mi personaje no trata mal a la muñeca. Remarca su soledad y claramente tiene un comportamiento terapéutico. En algunos países, sobre todo asiáticos, está muy extendido el uso de muñecas, pero no para el desfogue sexual sino como compañía.

P: En la novela hay una presencia del sexo notable. Hombres que acuden a prostitutas, muñecas, pero también que se regodean en fantasías eróticas y a veces un tanto violentas. ¿También pretendía remarcar algo primario en el hombre de dominación?

R: Yo quería mostrar a un profesor de filosofía en principio propenso al análisis, el discurso lógico, que domina la expresión escrita… Y dentro de ese mismo cuerpo un hombre que alberga unas pulsiones de tipo natural, instintivas que no ha superado nunca. Y eso en él forma una especie de desgarrón que le impide tener un equilibrio en la vida.

P: ¿Esta inadaptación de los hombres ha dado pie, en parte, al impulso de partidos que remarcan la cosa viril como Vox?

R: No, no lo creo… Yo creo que Vox es una filial de otros partidos europeos en España. A mí me extrañaba que no hubiera en España. En Alemania sí porque recuerdan al nazismo directamente. En España estas personas de ultraderecha estaban un poco camufladas en otros sitios, pero me extrañaba que no hubiera porque el franquismo cumplió su ciclo y ya es una utopía gastada. De hecho, la ultraderecha española suele distanciarse del franquismo y lo entiendo porque es como si vas al bloque del Este. No te vas a encontrar con partidos comunistas de la vieja onda. Creo que hay una concomitancia entre estos partidos ultraconservadores de extrema derecha en Europa y de base nacionalista en el sentido de hacer del país un espacio cerrado para los autóctonos y que considera invasores a las personas que llegan huyendo de situaciones muy desfavorables, que considera que el país tiene que vivir con directrices culturales ancladas en epocas pasadas. Y, además, en el caso de Vox, Cataluña es su gasolinera donde repostan adeptos. Pero las actitudes de revalorización del varón son comunes a todos estos partidos en toda la Unión Europea.

"Vox es una filial de otros partidos europeos en España. Y Cataluña es su gasolinera donde repostan adeptos"

P: Se lo decía porque una vez me dijo el profesor José Luis Villacañas que lo de Vox era un estado mental, esa forma de pensar que dice: esto lo arreglo yo por mis narices.

R: En parte sí. Hay mucho votante cabreado, que protesta, que trata de castigar a los partidos establecidos votando a un partido de este tipo… gente ofendida, etc.

P: Hay un personaje en la novela, Patachula, que dice algo así: “Soy de izquierdas pero voy a votar a Vox”.

R: Sí, sí, está cabreado…, pero fíjate que a la hora de votar a mí no me parece un tipo estrafalario. Imagino que aquí será igual, pero hay mucha gente en Alemania que dice que va a votar a una cosa y luego vota a otra.

P: Aunque cada vez da menos vergüenza decir que se vota a un partido de extrema derecha…

R: Sí…, pero tampoco me parece muy astuto combatirlos diciendo que son fascistas y proyectándolos sobre partidos del pasado porque entonces dejamos de entenderlos y los sacamos del debate. Yo creo que es más eficaz desmontar sus argumentos.

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Aramburu (EFE)

P: ¿Eso se ha hecho en Alemania? Porque creo que AfD ha bajado su impulso…

Estaban subiendo mucho, pero vamos a decir que han llegado a un techo del 12-13% y no tienen posibilidad ninguna de gobernar. Allí hay más armonía política y es posible que un partido de centro-derecha y un partido socialdemócrata gobiernen juntos. La política está mucho más desideologizada que aquí. Se centra más bien en temas.

P: La famosa ‘Grosse Koalition’ que aquí ni se menta.

R: Somos resultado del pasado y allí cualquier afirmación antisemtida, xenófoba, racista trae al recuerdo a los nazis y hay un freno total.

P: En este sentido, en la novela habla mucho de la educación y de las leyes que se han hecho en este país. Entre unos y otros y siempre sin consenso. Una cosa que, al menos en la novela, critica bastante. ¿Es nuestro gran lastre como país?

R: Totalmente. Si me pidieran un ranking de problemas de España pondría la educación en primer lugar. Lo que estamos viendo es la repercusión negativa de la educación en nuestros jóvenes. Siempre que llega el Gobierno de turno lo que hace son reformas administrativas de la Educación, que si esta asignatura es optativa, que si ahora se va a suprimir la educación basada en la memoria… ¡pero eso no tiene que ver con la cotidianidad en los colegios! Yo he trabajado 24 años, pero dentro del sistema educativo alemán, que es mucho más estable. ¿Por qué? Porque se llegó a un consenso y eso que es un país federal. Y como decía la directora de un colegio en el que trabajé: lo que funciona no se debe tocar. ¡Yo no sé cuántas reformas se han hecho en España desde que estoy en Alemania! Hasta tal punto que le tuve que pedir a un profesor que revisara la novela.

"Si me pidieran un ranking de problemas de España pondría la educación en primer lugar. ¡Yo no sé cuántas reformas se han hecho ya!"

P: Hay quien dice que en Alemania se puede llegar a consensos porque aunque tuvieron a Hitler, el nazismo, pero al final ocupó a todo el país y se hizo memoria de todo el país. Aquí, sin embargo, tuvimos una guerra civil y eso es muy distinto.

R: Sí, eso pesa mucho… Alemania es un país muy comprometido con la democracia donde la educación está encaminada a generar ciudadanos libres e independientes que creen sus propios criterios en la vida. Luego tienen una base industrial enorme que necesita gente de calidad, gente bien formada… Ahora, una guerra civil te lo estropea todo. Sobre todo si un país tan temperamental y tan poco sosegado como este donde un conflicto horroroso de hace más de 80 años todavía sigue generando polémica. Esto quiere decir que desde un punto de vista pedagógico todavía no se ha hecho la tarea. Cuando yo era joven sí que hubo un intento en la Transición de poner un punto final de alguna manera para no hipotecar a las siguientes generaciones. Pero eso se ha vuelto a romper. Evidentemente se olvidó mucho, los franquistas seguían…, pero qué vas a hacer, ¿matarlos? También cedieron poder… Yo creo que todas estas discordias habría que delegarlas en historiadores y eruditos.

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Fernando Aramburu (EFE)

P: Usted es un escritor citado por el PSOE y el PP, normalmente para bien. ¿Es usted el consenso ahora?

R: Ah, bueno, allá ellos. A mí me da igual. Yo no voy a lamerle la mano a nadie. Yo he dicho muchas veces que los escritores, intelectuales, somos personas que sostenemos un discurso público y los ciudadanos puede buscar en los escritores crítica u otra manera de ver los hábitos sociales, Pero esto no quiere decir que yo a la hora de votar no vote a uno, pero a mí no me tira aquello de postularme a favor de un partido ni decir que soy de derechas, de izquierdas… No sé, a veces tengo días un poco derechistas, pero luego tengo otros donde me noto muy de izquierdas. No sé, ¡yo es que no lo tengo todo claro! Además a mí la política no me interesa salvo como el teatro del comportamiento humano. Ahí sí me interesa mucho. Pero yo no le voy a hacer gratuitamente la campaña electoral a nadie.

P: Ha escrito sobre el País Vasco, sobre Madrid, ¿va a escribir sobre Hannover, la ciudad en la que vive, o sobre Alemania en general?

R: Solo he escrito un libro sobre Alemania y lo hice porque llevaba tres décadas y no había escrito más que tres articulitos. Es curioso, ¿por qué no escribo sobre Alemania? Desde luego que yo no vivo Alemania como problema, pero en segundo lugar mi infancia y mi adolescencia no transcurrió allí. Hablo alemán, pero no tengo el instinto del idioma. Es como tocar el piano con guantes. Estoy muy agradecido a Alemania, pero a mí me sigue tirando España y particularmente el País Vasco, que llevo por dentro, a menudo en forma de herida… Y esto probablemente sea así hasta el final.

"Angela Merkel me recuerda un poco a Manuela Carmena. Esta cosa de mujer bondadosa, pero con sus ideas y bastante claras"

P: Por cierto, usted que vive en Alemania y ahora se celebrarán elecciones en este país. ¿Echaremos de menos a Angela Merkel?

R: La vamos a echar de menos, no por razones políticas, sino porque ha llenado un hueco muy grande que quien venga después no lo va a poder llenar. Es un personaje que no se entendía nada bien al principio en España por aquello de izquierdas y derechas, pero en los últimos años ha obligado a soltar algún que otro elogio a gente políticamente alejada. Ella ha ejercido de madre de la patria y tiene una virtud que le reconoce incluso la oposición y es que lo que dice lo dice con convicción. Puedes discrepar, pero cree en lo que dice. Es incapaz de insultar, nunca pierde las formas, es sincera… No tiene mucho carisma, no entusiasma al personal, pero su presencia es ya casi como folclórica. Y nunca ha gobernado en solitario, siempre con los socialdemócratas. Pero cuando llega a acuerdos, luego los cumple.

P: ¿A quién cree que se parecería aquí en España?

R: Es difícil que haya una presidenta que vaya al supermercado y pague con las moneditas. Pero me recuerda un poco a Manuela Carmena. Esta cosa de mujer bondadosa, pero con sus ideas y bastante claras.

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) está de vuelta con una novela, lo que en sí mismo es un acontecimiento. Después del exitazo de 'Patria' -más de un millón y medio de ejemplares vendidos, una serie en HBO y un reconocimiento casi mundial- regresa y no con un texto menor: 'Los vencejos' (Tusquets) es una historia de casi 700 páginas que cuenta el día a día de Toni, un profesor de Filosofía resentido, hastiado del mundo (y sobre todo de su exmujer, y su hermano, y su madre y su padre y sus alumnos) que ha decidido poner fin a su vida. Demasiadas piedras en la mochila y un cierto pasotismo.