La piqueta amenaza Ciudad Lineal: en riesgo el legado de un genio del urbanismo
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La piqueta amenaza Ciudad Lineal: en riesgo el legado de un genio del urbanismo

En 1894, el urbanista Arturo Soria puso en marcha un proyecto visionario en el que primaban los espacios verdes. Hoy, sus casas de principios de siglo están en vías de demolición

placeholder Foto: La casa derribada en López de Hoyos 370.
La casa derribada en López de Hoyos 370.

Cuando sales de la boca del metro de Arturo Soria, se oye el trino de los pájaros. A solo unos metros circulan los coches, pero en este barrio al noreste de la capital el arbolado les hace una fiera oposición. Los cedros, robles y pinos, muchos de ellos centenarios, absorben pitidos y rugidos de motor. De alguna manera es lo que deseó su creador, el urbanista Soria, cuando presentó el proyecto de Ciudad Lineal en el Ateneo en 1882: un lugar en el que primara lo verde —se plantarían 30.000 árboles—, donde hubiera más espacio para las personas que para la locomoción, con comercios cercanos, y donde todo el mundo tuviera su propia casa “con huerto y jardín”, conectada con el centro mediante el tranvía. En definitiva, una ciudad ecologista y de proximidad, palabras que más de un siglo después no nos quedan tan lejos, sobre todo en estos tiempos de pandemia. Le llamaron visionario. Ni el ayuntamiento ni el Gobierno le dieron un duro, pero consiguió sacar adelante 5,3 kilómetros de los 48 proyectados. No está mal para una utopía.

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Hoy, sin embargo, este diseño urbanístico, innovador para su época, corre peligro. Así lo denuncia la Asociación Cultural Legado Arturo Soria, creada en octubre de 2019 por arquitectos, urbanistas, historiadores, ingenieros y demás personas interesadas en el barrio, con el fin de preservar este proyecto, crear un museo sobre cómo se llevó a cabo y evitar que muchos de los hotelitos que se construyeron hace un siglo —los había de lujo, pero también de clase media y para la clase trabajadora— pasen por la piqueta, como está ocurriendo en los últimos tiempos. De hecho, hace solo unas semanas cayó el que había en Lopez de Hoyos 370. “Son casas que no están protegidas. Y son de particulares, por lo que, con la ley en la mano, pueden hacer lo que quieran con ellas”, se lamenta Cristina Keller, que está al frente de la asociación, que ha planteado ya varias alternativas tanto al ayuntamiento como a la comunidad. “Se está devaluando el valor patrimonial a favor de la especulación y estamos borrando la historia”, añade.

placeholder Lo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.
Lo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.

Paseamos por las calles en las que se encuentran algunas de estas casas que están en riesgo de demolición. Como la que hay en Ulises, 1, que hoy pertenece a una orden religiosa. Todavía queda la puerta original y los muros típicos. “Es muy posible que la tiren puesto que ya han tirado las de alrededor”, manifiesta Keller. En Belisana 9, aunque se construyó algunas décadas después del proyecto original, una casita se mantiene en pie, “pero también sabemos que está en la lista de las que van a caer”. De la que no hay ninguna duda es de la que hay en Arturo Soria, 188: ha desaparecido el tejado, las ventanas están abiertas, su aspecto es ruinoso. “Es lo que suelen hacer, las dejan, y como no están protegidas, las tiran, se vende el terreno y se construye otra cosa”, sostiene Keller. Y por esa cadena de acontecimientos pasan unos cuantos millones de euros.

placeholder Sin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.
Sin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.

“De todas maneras, ya ni aunque estén protegidas. En 1985 se tiró Villa Fleta, que estaba protegida”, comenta. Era una casa de principios del XX, de las primeras que se construyeron. Primero se llamó Villa Filomena y después la compró el tenor Miguel Fleta, que con el tiempo se convertiría en ferviente falangista. Se encontraba a la altura de Arturo Soria, 265 y fue un centro de encuentro de la cultura madrileña. Hoy no quedan ni los recuerdos, como ocurre con Villa Sol, Villa Marichu o Villa Rosita, algunas de las casas que ya solo aparecen en alguna foto vieja.

Sin embargo, Keller insiste en que sería posible su salvación. De hecho, ha ocurrido con otras construcciones que no se han convertido en una montaña de ladrillos y piedras. Ahí está Villa Rosario, en Arturo Soria, 65, que era una vivienda de lujo que se rehabilitó y hoy aloja la oficina de la sección cultural de la Embajada de China. O Villa Sotera, en Vizconde de los asilos, 5, otra vivienda de lujo en la que hoy se encuentra la Fundación Psicoballet Maite León. También se mantiene la vivienda lujosa que hay en la esquina entre General Aranz y la calle Lombillo. Y, por supuesto, Villa Rubín, en Arturo Soria 124, que fue la vivienda del urbanista y que hoy aloja dependencias oficiales de la Comunidad de Madrid.

placeholder Villa Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.
Villa Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.

El proyecto de un revolucionario

El proyecto de Ciudad Lineal, no obstante, abarcaba mucho más que las viviendas. Y desde la asociación también creen que el propio diseño está en riesgo, puesto que, según explican, las normas de su construcción se respetan cada vez menos. “Era un proyecto humanista que se hizo en una época en la que Madrid estaba hacinado, había epidemias y muchas desigualdades. La difteria, el cólera se expandían fácilmente y había una altísima mortalidad infantil”, explica Keller. Un Madrid que Benito Pérez Galdós retrató muy bien en novelas como ‘Misericordia’. “Y este era un proyecto higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, bien ventilado”, añade. También nos suena bastante esto ahora.

"Era un proyecto humanista e higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, ventilado"

El historiador de arquitectura Pedro Navascués tiene varios artículos en los que cuenta cómo se llevó a cabo este diseño urbanístico que se pensó para una zona en la que a finales del XIX solo había eriales que pertenecían a aristócratas y personas muy adineradas. Por aquel entonces, Madrid estaba en pleno crecimiento. Se había puesto en marcha la construcción del barrio de Argüelles, el de Salamanca para las clases pudientes y el de Pacífico para las clases más bajas con las casas baratas de La Constructora Benéfica que costeaban la Casa Real, el Banco de España y el Ayuntamiento de Madrid. Por curiosidad hoy quedan dos en pie en la calle de la Caridad (números 26 y 28).

Pero la ciudad pedía más —la emigración desde el sur no dejaba de aumentar— y salieron dos ideas: la construcción de la Gran Vía y la Ciudad Lineal de Arturo Soria.

Foto: Urbanismo de la Ciudad Lineal.

Esta última se consideró poco menos que una locura. El planteamiento de Soria, quien, por otro lado, era un hombre que siempre se había movido en ambientes bastante revolucionarios y radicales, era crear una vía de circunvalación, que hoy podría asemejarse bastante a la M-30, por la que pasara el tranvía y a ambos lados jardines y viviendas independientes de tres alturas como máximo. Las casas solo podrían ocupar una quinta parte de la parcela —el resto debía ser para un huerto y para la cría de animales domésticos— y debería haber cinco metros entre el muro del solar y la propia vivienda, lo que llamó el retranqueo. “Para cada familia, una casa; en cada casa, una huerta y un jardín”, fue el reclamo publicitario, a la contra de las viviendas comunitarias del centro, que para Soria eran aglomeraciones de miseria (y, sobre todo, muy poco higiénicas).

Arturo Soria es la segunda calle más grande de Madrid después de la Castellana, pero la sensación no es la misma que en Serrano

La calle del tranvía —lo que hoy es Arturo Soria— ocuparía 40 metros, divididos en el espacio para el transporte —de ida y vuelta—, cinco metros para los peatones a cada lado y otros cinco metros, también a cada lado, para carros y bicicletas. Así se construirían 48 kilómetros y podrían vivir 30.000 personas. En la actualidad no es exactamente este proyecto, pero es la segunda calle más grande de Madrid (5,3 kilómetros), después de la Castellana (seis kilómetros), y la sensación que tiene el peatón no es la misma que la de una calle Velázquez, Serrano o Acacias, llenas de ruido y humo.

placeholder Este era el proyecto original de Ciudad Lineal.
Este era el proyecto original de Ciudad Lineal.

Ningún organismo público quiso apoyar esta idea, por lo que a Soria le tocó convencer uno a uno a los posibles inversores y buscarse la vida por su cuenta. En 1894 creó la Compañía Madrileña de Urbanización (CMU), de la cual sería el director. Era la empresa encargada de comprar los terrenos, montar el tranvía, llevar el agua y la luz y construir las manzanas a ambos lados de una calle que sería indefinida. Ese mismo año colocaron la primera piedra en el Camino de la Cuerda, que pertenecía al pueblo de Canillejas, y asistieron el arzobispo-obispo de Madrid-Alcalá, José María de Cos, los alcaldes de Canillejas y Canillas y de otros pueblos colindantes, ya que las obras potenciaron mucho el empleo en la zona. Al principio muy poca gente se fio, pero para 1897 ya había hasta 600 accionistas —también le apoyaron mucho los profesores, principalmente los que creían en el krausismo y en la Institución Libre de Enseñanza— y, poco a poco, los más pudientes que habían invertido allí y los que habían vendido terrenos porque creyeron en el diseño, se trasladaban a pasar el verano en las nuevas villas que aparecían en cada manzana. En 1905 todos los accionistas de la CMU decidieron que la calle del tranvía se pasara a llamar como su director, Arturo Soria, mientras que las perpendiculares fueran de los inversores (un 12% fueron mujeres). Y así está en la actualidad.

Parque de diversiones, teatro, velódromo

El diseño de Soria era muy moderno porque incluía elementos en los que por aquel entonces ni se pensaba. Incluso se hacían festividades que se podrían considerar hippies, como la fiesta del árbol que consistía en plantar semillas y esquejes —de los que hoy son grandes troncos— y también había especial atención a los animales. Se llegó a poner en marcha una cooperativa de consumo para que los productos salieran más baratos que en el centro de la ciudad. Se construyeron viveros —hoy queda el de la familia Bourguignon, aunque este llegaría en la década de los treinta— y también los quioscos como el árabe, que servían de parada de tranvía, de puesto de vigilancia, de puesto telefónico (cuando nadie tenía teléfono) y de merendero. No es la campaña de ningún partido político, fue hace más de un siglo.

placeholder Parque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.
Parque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.

Enfrente de la casa de Soria se construyó un Teatro-Escuela, un frontón, un restaurante y un parque de diversiones en el que había juegos de tiro de pistola y carabina, bolos americanos, un teatro de títeres, tiro al blanco, un tobogán gigante y lo que se llamaba la máquina voladora. En el teatro se hacían espectáculos de luchas grecorromanas. Al lado había un velódromo y hacia la calle López Aranda una plaza de toros. Entre 1910-1912 fue su época de mayor esplendor. Se hacían fiestas, se construían colegios. Pero el fin comenzaría en 1914 con una guerra. Hoy de todo esto ya no queda nada más que viviendas, oficinas y un concesionario.

“En la I Guerra Mundial España no participó, pero afectó mucho porque había menos suministros de todo. La Ciudad Lineal seguía en construcción, pero la CMU se declaró en suspensión de pagos. Además, como ya se veía por dónde iba a ir el proyecto, muchos de los dueños de los terrenos empezaron a vender más caro. La propia familia de Soria vendió algunas villas para pagar a los acreedores. Pero Soria ya estaba mayor y aunque quería seguir no fue fácil”, explica Cristina Keller. Por ejemplo, aunque se daban facilidades de pago a veinte años no compraron viviendas tantos trabajadores como se pretendía, en gran parte por la inestabilidad del trabajo. “Y nunca hubo dinero público”, ataja Keller. Todo lo contrario que ocurrió con otras colonias como la de Cruz del Rayo, al lado de El Viso, apoyada por organismos públicos desde el principio, a finales de los años veinte, y protegida desde finales de los setenta.

placeholder El velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.
El velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.

En 1920 moriría Arturo Soria y su proyecto de los 48 kilómetros de ciudad ecologista se acabó. Las construcciones también irían desapareciendo. El parque de diversiones, el teatro y el frontón acabaron cerrando en 1932 cuando pasaron a manos de la Cinematografía Española Americana (CEA), la productora de los hermanos Álvarez Quintero, que convirtió todo en platós y que estaría en funcionamiento hasta 1966. En 1950 se construyó allí el famoso puente de la CEA por el que debajo pasa la A-2. El velódromo pasó a ser el campo de fútbol en el que jugó el Real Madrid en 1923 hasta la construcción del estadio de Chamartín; luego fue el del equipo Plus Ultra.

Con el paso del tiempo, sobre todo a partir de los años treinta, las ideas de Soria se desvirtuaron. Las viviendas dejaron de tener ese espacio de cinco metros de retranqueo, se construyeron edificios de más de tres alturas, se empezaron a vender algunas de las villas y se especuló con sus terrenos, se reformó la calle y llegaron los coches. A día de hoy, no obstante, todavía pervive el ideal de un tipo que ciertamente fue un visionario. Quedan la arboleda, quedan algunas de las villas y quedan esos espacios que muestran que todavía es posible una ciudad a escala humana. “Y nos están llamando de otras ciudades como Tokio porque quieren copiar el proyecto de Ciudad Lineal, que era eso, una línea indefinida, donde pudieran convivir diferentes clases sociales y tenga esa razón humanista”, señala Keller. Mientras tanto, aquí cada vez se escucha más el ruido de la piqueta.

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