Balas sin sobres: así fue la campaña electoral más violenta de la historia de España
  1. Cultura
Historia

Balas sin sobres: así fue la campaña electoral más violenta de la historia de España

Ocurrió en febrero de 1936 y entonces los proyectiles no llegaban por correo sino disparados por militantes de partidos contrarios

placeholder Foto: El cadáver de José Calvo Sotelo a las puertas del cementerio de La Almudena.
El cadáver de José Calvo Sotelo a las puertas del cementerio de La Almudena.

Mucho tiempo antes de que las balas llegaran por correo, como le ha ocurrido a algunos candidatos durante la reciente campaña autonómica en Madrid, lo hacían disparadas por los propios militantes enfrentados de los distintos partidos políticos. La tensión ha sido en realidad una desgraciada constante solo rota los últimos años en toda nuestra historia y, a pesar de todo, prácticamente nadie se plegó a hacer caso del ruido real de entonces. Ninguna violencia política es comparable a la de la banda terrorista ETA, liquidadora habitual de oponentes. Solo pudo superarse puntualmente en las elecciones de febrero de 1936, preludio de la Guerra Civil, cuando hubo la friolera de 37muertos por actos de violencia y asesinatos por motivos políticos.

Aún así el hispanista Stanley G. Payne explica que "la gran tensión política y social del verano de 1936 oscureció el hecho de que la mayoría de los españoles llevaba una vida relativamente normal e incluso disfrutaba de un número importante de diversiones. Las grandes huelgas, los motines o las manifestaciones violentas inevitablemente alteraron el clima social, pero en la mayor parte del país estas cosas no pasaban (...) La radicalización había afectado directamente solo a ciertas minorías, aunque algunos de sus efectos alcanzaron inevitablemente a más gente".

placeholder Elecciones 1936.
Elecciones 1936.

Uno de los paralelismos indudables fue que, al igual que han hecho ahora los candidatos de izquierdas, en las elecciones de febrero de 1936 se constituyó una campaña similar identificando como 'fascistas' a todos los de la derecha. En concreto, a la CEDA que era el candidato a batir y no tanto los monárquicos, mucho menos aún los falangistas que ni siquiera obtuvieron representación. Así el ruido de los extremistas polarizó la campaña aunque sin llegar a trastocar de forma inevitable, todavía no, la paz pública

Agresiones de falangistas

"La mayor parte de las agresiones surgió de las izquierdas, aunque un aspecto nuevo de 1936 fue la presencia de una derecha radical, principalmente falangista, que con frecuencia participó en actos violentos. Desde el 1 de enero hasta el 16 de febrero -día de las elecciones- varios asaltos e incidentes produjeron 37 muertes: 10 derechistas, 14 izquierdistas, 3 miembros de las fuerzas de seguridad y 10 fallecidos de afiliación no identificada" -Stanley G. Payne 'El camino hacia el 18 de julio' (Espasa). El historiador se basa fundamentalmente en los estudios de Roberto Villa y Manuel Álvarez Tardío 'Fraude y violencia en las elecciones de 1936' (Espasa) que resumen también el clima de violencia que se vivió en las elecciones más definitivas de nuestra historia, pucherazo incluido por parte del Frente Popular, que de otra forma no habría logrado la victoria, según afirman ambos historiadores en sus investigaciones.

La CEDA no protagonizó apenas actos violentos, pero sufrió la mayor parte de los ataques

En cualquier caso, lo más relevante de todo el periodo fue que la violencia falangista impulsó también los enfrentamientos para un partido que ni siquiera tendría representación parlamentaria, lo que indica claramente que la mayoría de los españoles no estaban inmersos en la violencia. Es también la opinión del catedrático del Pensamiento Político de la UCM, Fernando del Rey, que afirma que el brazo de las JAP –las juventudes de la CEDA el partido mayoritario de la derecha– no eran violentas y no protagonizaron asesinatos aunque en cambio sí matarían a algunos de sus miembros. En ese aspecto los pistoleros falangistas destacaron por su brutalidad, lo que explica, según Payne, que los ataques de los radicales de izquierda se dirigieran precisamente contra actos y mítines de la CEDA, que no estaban preparados para corresponder.

placeholder Santiago Casares Quiroga.
Santiago Casares Quiroga.

Pero sin duda, la mayor amenaza cumplida contra un político en España fue el asesinato de José Calvo Sotelo, monárquico de Renovación Española, quién había protagonizado varios encontronazos con sus rivales en la bancada situada a la izquierda. En concreto recibió dos amenazas en el hemiciclo, una de ellas bastante indirecta por parte del mismo presidente del Gobierno Santiago Casares Quiroga, que sin embargo, en el mismo discurso de investidura se mostró extremadamente agresivo: "Estando yo en este banco azul, prometo que durará lo menos posible. La táctica de la simple defensa no basta. Es más eficaz el ataque a fondo (...) Al enemigo declarado lo aplastaremos".

Bronca y crispación

Se ha explicado durante las últimas semanas de campaña, después de la bronca en redes y los medios por parte de los candidatos, que no conviene airear las amenazas que reciben los políticos por una cuestión de contagio de la crispación, de imitadores. Parece, sin embargo, un escenario muy lejos de nuestra actual convivencia a pesar del ruido. No ocurrió lo mismo en el 36. Tras las veladas amenazas de Casares Quiroga, un grupo de Guardias de Asalto fue a buscar a su domicilio a Calvo Sotelo y poco después de llevárselo en un coche le pegaron dos tiros en la nuca y lo tiraron a las puertas del cementerio de la Almudena. Para entonces, el clima de violencia en Madrid se había elevado ya a asesinato político. El propio líder del PSOE Indalecio Prieto, cuyo guardaespaldas personal, Condés, estuvo implicado, decía que tenía miedo de la guardia asignada por el propio parlamento:

Guardias de asalto fueron a buscar a su domicilio a Calvo Sotelo y poco después de llevárselo en un coche le pegaron dos tiros en la nuca

"El Gobierno se empeña en protegerme mediante fuerte escolta policiaca y yo en burlar esa protección que, aparte de constantes molestias solía ocasionar desventajas bien conocidas de mi experiencia (...) Por eso, el viernes 10, cuando finalizaba la sesión del Congreso, burlé a mis custodios y me puse en camino a Bilbao por carreteras extraviadas. Aunque los policías adivinaron mi rumbo no consiguieron dar conmigo". Así explicaba Prieto en sus memorias 'Convulsiones de España. Vol 1' (Oasis)' precisamente el asesinato de Calvo Sotelo. Cuando detuvieron a los asesinos resulta que su guardia personal el capitán Condés estaba entre ellos por lo que se le recomendó que volviera a Madrid. Allí habló con él:

–El sumario por la muerte de Calvo Sotelo evidencia que fue usted quien detuvo a la víctima –le advertí.

–Lo sé –me contestó –pero nada me importa ya de mí. Abrumado por la vergüenza, la desesperación y el deshonor estoy dispuesto a quitarme la vida.

Suicidarse le atajé sería una estupidez. Van a sobrarle ocasiones de sacrificar heroicamente su vida en la lucha que, de modo ineludible, comenzará pronto, dentro de días o dentro de horas.

Prieto temía por su vida pero a quien habían amenazado, y públicamente en el mismo parlamento, era a Calvo Sotelo. No parece que exista ese clima ahora, pero mejor no seguir el juego ni airear, no digamos ya proferir, amenazas.

ETA en campaña

El mismo día del tercer aniversario del 23F, Enrique Casas se acercó a comer con su familia en su domicilio de la calle Alondra en San Sebastián después de una intensa jornada de campaña electoral: Casas era el candidato número uno por Guipúzcoa del PSOE en las elecciones autonómicas vascas de 1984. A las 14:45 llamaron al timbre del domicilio y los extraños se identificaron como obreros de una obra de canalización que se estaba llevando a cabo cerca del edificio. El entonces senador y candidato abrió la puerta y se encontró frente a dos individuos, uno de ellos encapuchado, que comenzaron a dispararle. Retrocedió para intentar ponerse a salvo pero uno de los asesinos le siguió hasta dentro donde le remató en el suelo de un disparo, 'Vidas rotas', VVAA (Espasa).

Ocurrió exactamente tres días antes de las elecciones al Parlamento vasco de 1984. Una rama de ETA –que reivindicó el atentado– los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA), acababan de asesinar al candidato socialista después de que sus jefes pidieran públicamente el voto para su brazo político Herri Batasuna. Elecciones con muertos encima de la mesa, con amenazas y coacciones constantes que se cumplían y cuyos responsables concurrían en realidad a las mismas elecciones.

placeholder Gregorio Ordóñez.
Gregorio Ordóñez.

Aunque parezca increíble ocurrió en España y no hace tanto tiempo, en plena democracia. Mientras esta semana se ha formado una inmensa bronca política por cuenta de la denuncia de amenazas por parte de los candidatos y políticos de la izquierda, que comenzó con la de Pablo Iglesias, candidato de UP a la Asamblea de Madrid, palidece frente a lo que han sido realmente elecciones sin libertad. Balas en un sobre o balas en el cuerpo.

Once años después, en 1995, la misma banda terrorista asesinó de nuevo a un candidato libre, esta vez del Partido Popular. Gregorio Ordóñez, candidato a alcalde de San Sebastián en las elecciones municipales de mayo de 1995 fue abatido de un tiro en la nuca por el etarra ‘Txapote’ en el bar La Cepa de San Sebastián unos meses antes. Ordóñez estaba amenazado por ETA, que cumplió su palabra.

Campañas electorales Guerra Pablo Iglesias Noadex Terrorismo
El redactor recomienda