Tránsfugas, fraude, caciques: la loca historia electoral y el reparto de poder en España
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Tránsfugas, fraude, caciques: la loca historia electoral y el reparto de poder en España

La campaña electoral más sucia de los últimos tiempos en Madrid recuerda a la época de corrupción y falta de representatividad de la Restauración y la Segunda República

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Elecciones generales en España en 1933.

Alianzas de Gobierno que se rompen, mociones de censura fallidas por tránsfugas que abandonan la disciplina de partido, sospechas de compra de votos, convocatoria de elecciones en mitad de una bronca política, avisos de fraude en el voto por correo... La campaña electoral de la Comunidad de Madrid ha comenzado como una de las más sucias que se recuerdan en España justo en el mes que se conmemoran 90 años de otras elecciones locales claves de nuestra historia, las municipales de 1931 que dieron lugar a la proclamación de la Segunda República y más importante aún, las de junio de ese mismo año que sirvieron de base para consolidarla: las constituyentes de 1931, unas de las menos transparentes de nuestra historia de las que están verificadas por los historiadores. Su importancia fue capital porque se elegía a los representantes que debían elaborar la Constitución: la izquierda y la derecha republicana aplastaron a los conservadores durante un proceso irregular.

¿Cuándo comenzaron en España las verdaderas elecciones representativas y cómo evolucionaron? Las diferentes leyes electorales y el método escogido arrojaron diferentes escenarios, el de la Segunda República, que ha acabado por parecerse en resultado por el fraccionamiento de las cámaras y la necesaria búsqueda de bloques, a la derecha y a la izquierda, exactamente lo mismo que ha marcado los últimos comicios en España bajo la actual ley electoral y que los grandes partidos como el PP de Ayuso y el PSOE de Gabilondo pretenden romper ahora en las autonómicas de la CAM de cara a sus electores, algo que parece imposible en la práctica incluso con la caída en picado de Cs y UP.

Tanto en 1931 como ahora se beneficiaba la mayoría pero el resultado fue el fraccionamiento

La necesaria formación de bloques de partidos con diferencias notables y la irremediable fragilidad del Gobierno resultante, como se ha comprobado en Madrid, ha forzado ahora un adelanto electoral. Antes, el Gobierno de Rajoy cayó en 2015 por una moción de censura inédita en la historia del periodo constitucional que comenzó en 1978. ¿Salud democrática o fragilidad?

Si algo caracterizó a España en el siglo XX fueron los periodos de interrupciones de elecciones democráticas; sin embargo, fue uno de los primeros países en adoptar el sufragio universal masculino en el camino hacia la verdadera democracia. Suspendido entre 1876-1789, 1923-1930 y 1936-1977 por sendas dictaduras, lo cierto es que durante el siglo XX se alcanzaron cotas importantes de representatividad que culminaron con el sufragio femenino en 1933, una de las más representativas de toda nuestra historia antes de la Transición.

Escaños automáticos

También fue una época de irregularidades y presencia de cacisquismo, compra de votos y fraude en mayor o menor medida según el momento. Un camino intrincado porque la ley electoral de 1907, presente durante toda la Restauración, preveía, por ejemplo, que si en una de las circunspriciones se presentaba un solo candidato este adquiría automáticamente el escaño, lo que favorecía el caciquismo.

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Elecciones durante la Segunda República.

Cuando se enmendó la ley tras la proclamación de la Segunda República en las primeras elecciones de junio de 1931, las presiones del Gobierno en algunas circunscripciones, como indica el historiador Javier Tusell, provocaron que solo se presentaran candidatos republicanos en muchas de ellas, que obtuvieron el escaño por las urnas, sí, pero también de forma automática en la práctica, puesto que no competían con ninguna otra lista debido a que la injerencia del Gobierno provisional fue mayor de la deseable para unas elecciones limpias.

Durante la Restauración se recurrió al 'encasillado' por el cual las coaliciones se repartían los escaños

¿Cómo había comenzado todo? En el siglo XX, tras la experiencia de la Primera República, durante la Restauración se articuló un sistema que se fue perfeccionando a bandazos y que tuvo una importante acción de palanca en el método del 'encasillado', por el cual las coaliciones preelectorales se repartían los escaños. ¿Se imaginan ahora que Cs y PP concurrieran en un bloque y uno de ellos decidiera cederle un escaño para asegurar otros? Según el historiador Roberto Villa:

"En España, el turno era un mecanismo de alternancia. Se iniciaba cuando el partido gobernante perdía la mayoría parlamentaria (por divisiones internas, escisiones, etcétera). Entonces, el presidente del Gobierno dimitía y aconsejaba al Rey llamar al líder de la oposición al poder. El nuevo presidente disolvía las Cortes y convocaba elecciones. Para asegurar que el futuro Parlamento fuera gobernable, este pactaba con el anterior presidente (ahora jefe de la oposición) una coalición electoral. El encasillado era el reparto de las candidaturas dentro de esa coalición: al partido en el Gobierno lo aseguraba un número de candidatos que le hiciera posible competir por la mayoría de los escaños; y al principal partido de la oposición, un número de candidatos que le asegurara poder competir por un número de escaños que le permitiera vigilar y contrapesar con eficacia al Gobierno. Se hacía entonces porque, hasta que no terminara de activarse el sufragio universal, los electores solían abstenerse o votar al partido en el poder. El turno aseguraba que hubiera alternancia y que un solo partido no se quedara para siempre con el poder, que es lo que antes de 1875 había provocado revoluciones, golpes militares, motines...".

Rupturas y transciones

La revolución de 1917 hizo saltar por los aires 'de facto' el sistema de la alternancia. La amenaza contra la monarquía de sindicatos, nacionalistas y hasta del ejército generó un clima de inestabilidad que abundó en una división total entre los partidos y la consecuente fragmentación parlamentaria de la que no se recuperaría ya el país a pesar de que se modificase el reparto a partir de la Segunda República con la intención inicial de favorcer a los partidos más votados.

Tras la interrupción de la dictadura de Primo de Rivera entre 1923 y 1930, que avaló el propio Alfonso XIII, el monarca viró después hacia una teórica transción de nuevo democrática liberal que se vio truncada porque culminó precisamente en el descalabro monárquico de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, de las que se cumplen ahora 90 años y que iniciaron el periplo de la Segunda República.

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Gobierno provisional de la II República.

La cita clave fue la convocatoria de elecciones constituyentes, es decir, representantes para una asamblea que elaborara una constitución, las reglas del juego democrático. En la historiografía tradicional es el comienzo de la democracia en España, pero el propio diseño del funcionamiento institucional acabó lastrando con múltiples problemas al país al constituirse la figura del presidente de la República –que recayó en el conservador republicano Alcalá Zamora durante cuatro años de los cinco de su existencia– de forma casi más omnipresente y arbitraria que la del propio Alfonso XIII durante la Restauración. El resultado es fácilmente comprobable: presidentes del Gobierno como Manuel Azaña, Portela Valladares o el mismo Alejandro Lerroux que estaban muy lejos en las urnas de representar la voluntad popular ya que en el bloque de la derecha el más votado había sido Gil Robles.

La figura del presidente de la República resultó más omnipresente y arbitraria casi que la del propio Alfonso XIII

El historiador Ángel Viñas también ha recalcado la negativa participación en la política, por arbitraria, que tuvo el presidente de la Segunda República, provocando una inestabilidad aún mayor, aunque explica que en el caso de Gil Robles no le entregaba el Gobierno porque temía que modificase la Constitución republicana. ¿Por qué ocurría esto? Una explicación es que la propia elaboración de la misma por parte de las Cortes resultantes estaba muy sesgada y no respondía al verdadero mapa electoral debido a las elecciones de junio de 1931, que fueron más que irregulares. Así, la Constitución técnicamente más legalista de toda nuestra historia, la de 1931, ya que se elaboró tras una convocatoria para elegir a los representantes que debían votarla –no como ocurrió en el 78, ya que fueron para el Gobierno– quedó también en gran medida tocada.

Injerencia en las elecciones

"A pesar de las buenas intenciones manifestadas repetidamente por el ministro de la Gobernación, Miguel Maura, la verdad es que el examen de la elaboración de las candidaturas provincia por provincia, atendiendo especialmente a la correspondencia entre el ministro de la Gobernación y los gobernadores civiles, así como a los datos que nos proporciona la prensa provincial, parece demostrar que, en primer lugar, hubo intervención del Gobierno como tal en la confección de las candidaturas, y es muy probable que esa intervención, en parte favorecida por la carencia de reacción social de la derecha, en ocasiones supera lo habitualmente permisible en unas elecciones en un país con instituciones democráticas estables" –Tusell, Manjón, Queipo de Llano, 'Las constituyentes de 1931: unas elecciones de Transición'–.

Aunque no se pueden calificar ni mucho menos de fraudulentas, el consenso general entre los historiadores es que, debido a las irregularidades y la intervención estatal, el resultado distó mucho de representar realmente al electorado, a lo que también ayudó el hecho de que la derecha conservadora monárquica no fue capaz de aglutinar el voto por diferencias entre los partidos, que no llegaron a ninguna coalición, que sería clave en las listas de todas las elecciones de la Segunda República. ¿Por qué? Debido al sistema que se eligió para el reparto de los escaños. Se escogieron circunscripciones provinciales y una decena de circunscripciones urbanas aparte que se crearon con las ciudades mayores de 100.000 habitantes.

La lista ganadora, aunque fuera por un voto, se llevaba el 75%; la segunda, el 20%; y el resto nada

Los electores votaban a un número menor de candidatos que de escaños en juego, pero como las circunscripciones suelen tener muchos escaños, el efecto resultó en que la lista ganadora, aunque fuera por un voto, se llevaba del 75 al 80% de los escaños; la segunda más votada, del 20-25%; y el resto nada. Todos los candidatos debían sobrepasar el 20% de los votos emitidos para obtener el escaño y, tras la reforma electoral, al menos uno de ellos tenía que reunir el 40% de los votos emitidos. Las vacantes que se producían se jugaban en una segunda vuelta, donde se imponía ya el vencedor.

Estaba concebido para dar una gran mayoría al que ganara y reducir al máximo los escaños de la oposición; pero ocurrió que, tal y como explica Roberto Villa, al haber circusncripciones grandes y por tanto muchos escaños en juego en las provincias donde las fuerzas estaban equilibradas, los pqueños partidos con pocos votos podían decantar la victoria y que partidos que hubieran obtenido ese 20% pasaran al 75-80%, lo que favorecía las coaliciones y al final un reparto dentro de las mismas". El resultado fue que hubo nada menos que 30 partidos con representación parlamentaria, 19 gobiernos y tres elecciones generales en tan solo cinco años. Por motivos diferentes la CAM se enfrenta a hora a unas elecciones en las que si Cs y UP superan el 5% del umbral de votos con la Ley D'hondt ,se volverá a un Parlamento fraccionado y la necesaria formación de bloques post elecciones, precisamente lo que los candidatos mayoritarios más temen.

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