¿Existen Cuenca, Cáceres, Zamora o Huesca? La España que a nadie le importa
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¿Existen Cuenca, Cáceres, Zamora o Huesca? La España que a nadie le importa

Sergio Andrés Cabello publica 'La España en la que nunca pasa nada. Periferias, territorios intermedios y ciudades medias y pequeñas' (Akal) del que adelantamos auí un capítulo

placeholder Foto: Barrio del Castillo de Cuenca nevado en el invierno de 2021. (EFE)
Barrio del Castillo de Cuenca nevado en el invierno de 2021. (EFE)

En 2019, y siguiendo las cifras del Instituto Nacional de Estadística, el 40,1 por 100 de la población española vivía en municipios de más de 100.000 habitantes mientras que un 39,8 por 100 lo hace en localidades de 1.001 a 10.000 y el 20,1 por 100 en municipios de menos de 1.000 habitantes. Si nos fijamos en las ciudades españolas que superan los 600.000 habitantes (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza), el total de su población apenas alcanzaba los 7 millones de habitantes, el 14,89 por 100 de los más de 47 millones de españoles y españolas. Claro que, las cifras se complejizan cuando se tiene en cuenta las diferentes coronas metropolitanas, varios millones más en el caso de Madrid o Barcelona, o situaciones más específicas con el «Gran Bilbao», que concentra casi 900.000 habitantes. En las coronas metropolitanas de Madrid y Barcelona están algunos municipios con elevadas cantidades de población, como Hospitalet de Llobregat, Badalona, Mataró, Leganés, Getafe, Móstoles, etc., sin olvidar otros cercanos como Tarrasa y Sabadell en el caso de Barcelona. Es decir, que cuando hablamos de las ciudades medias y pequeñas vamos a centrarnos en aquellos municipios periféricos con respecto a las grandes metrópolis españolas, pero que no forman parte de sus áreas metropolitanas; no son un conjunto homogéneo, sino que cuentan con grandes diferencias entre ellas.

[Ofrecemos aquí por su interés el adelanto de un capítulo del nuevo libro del sociólogo Sergio Andrés Cabello: 'La España en la que nunca pasa nada. Periferias, territorios intermedios y ciudades medias y pequeñas' (Akal). Entre la "España vaciada" (antes "España vacía") y la "España metropolitana" hay una tercera España, la de las ciudades medias. Este libro quiere ser una reivindicación de esa tercera España y dar a conocer una realidad desconocida para muchos.]

placeholder 'La España en la que nunca pasa nada' (Akal)
'La España en la que nunca pasa nada' (Akal)

Son ciudades en las que viven millones de personas y forman parte del día a día de un país. Si tuviésemos que hacer una comparación funcionalista y orgánica del territorio, un tanto forzada, las ciudades medias y sus habitantes posiblemente no serían el corazón o el cerebro (que cada uno elija, no me pongo en esa tesitura), pero serían órganos vitales para el funcionamiento del organismo. Por lo general, estas ciudades suelen ser olvidadas por las grandes ciudades o las agendas públicas. Incluso sólo aparecen en los medios de comunicación cuando ocurre alguna desgracia, crimen, etc., o se produce una situación anecdótica, costumbrista o estrambótica. ¿Cuenca?, ¿Cáceres?, ¿Zamora?, ¿Huesca?... Y las que son turísticas o destacan por su valor patrimonial, tienen más opciones de alcanzar un protagonismo del que carece el resto. Seguramente, el argumento de este ostracismo es que en estas ciudades «no pasa nada». No pasa nada dependiendo de qué cánones, pero lo que sí que pasa es la vida de sus habitantes. El escritor Alberto Olmos, en un artículo sobre un viaje a Extremadura para unas charlas con escritores, recogía las dificultades para llegar a la localidad de Don Benito, donde tenía lugar el evento literario, ya que las conexiones por tren con Madrid son complicadas, y decía sobre estos territorios que «todos los que no nacimos en Madrid, sino en sitios que a nadie le importan, volvemos a casa cuando vamos a cualquiera de esos sitios que a nadie le importan». Porque esa es la percepción que se tiene, que «no importan».

Estas ciudades suelen ser olvidadas por las grandes ciudades o las agendas públicas

Las ciudades medias y pequeñas cargan con una serie de visiones que no son fruto de un momento ni se remontan a unos pocos años atrás. No, son escenarios forjados por décadas y siglos, y por factores económicos, políticos, sociales y culturales. Si el proceso de la despoblación obedece al éxodo rural provocado por la industrialización, la urbanización y la mecanización del campo, la situación de las ciudades medias, receptoras de parte de esa inmigración procedente de pueblos, está sujeta a lógicas de concentración, tanto de población como de actividades económicas, así como a la configuración de centros de poder en todas sus dimensiones, fundamentalmente el político y el económico.

placeholder Casco antiguo de Cáceres (EFE)
Casco antiguo de Cáceres (EFE)

En España, la consolidación de las grandes ciudades y de sus coronas metropolitanas, algunas de ellas muy amplias, vino marcada por la industrialización en zonas de Barcelona y su entorno y del País Vasco; contando el resto de territorios con una escala menor, aunque la industria ha estado presente en distintas zonas. En cuanto a Madrid, capital de España y ubicada en el centro del país, han sido estas dos dimensiones las determinantes en su crecimiento y expansión. Con el éxodo rural, estas grandes ciudades eran algo así como la «tierra prometida» que aseguraba un futuro mejor. Y lo mismo ocurría con las ciudades medias, que llevaban a cabo, a su escala, su propia expansión, en la mayor parte de los casos para los habitantes de los pueblos de su propia provincia y/o región. Ocurre que, ya en esos momentos de industrialización y crecimiento de las ciudades del siglo xix, se empiezan a marcar las diferencias, que se van a intensificar desde entonces, cubriendo el siglo XX y lo que llevamos del XXI: «la inversión pública y la inversión extranjera que penetraron masivamente en España durante los años sesenta se concentraron casi exclusivamente en Madrid, Barcelona y Bilbao. Estas tres regiones metropolitanas siguen siendo los lugares más importantes para el comercio, los bancos y las sedes de las más importantes empresas industriales, nacionales y extranjeras» (Colino et al., 2020: 18).

En la segunda mitad del siglo XX las ciudades medias quedan en segundo plano

La segunda mitad del siglo XX, especialmente en sus tres primeras décadas, es un momento en el que las ciudades medias se van quedando en un segundo plano. A pesar de la instalación de fábricas, industrias, polos de desarrollo, etc., simbólicamente han perdido la partida. Es el momento también en el que el medio rural entra en una fase de estigmatización y «caricaturización» todavía mucho mayor. En cierto sentido, medio rural y ciudades medias y pequeñas cuentan con algunos elementos en común; pero en la actualidad, mientras que el medio rural ha sido puesto en valor y reivindicado, las ciudades medias no lo han sido tanto o esta valorización se ha realizado de forma paradójica.

Y es que, si hay un paralelismo que también funciona, es el que se da entre las ciudades medias y las clases medias. Las ciudades medias vendrían a ser las clases medias en la dimensión municipal, estando marcadas por una aspiración de superar su posición. Y la forma de hacerlo será a través de elementos de estatus. Por que las ciudades medias también entran en competición entre ellas mismas. El estatus es uno de los motores más importantes en las historias personales y colectivas, y las ciudades medias han intentado acercarse, a su escala, a las grandes ciudades. Como a las clases medias, en los noventa también a ellas se les dijo que iban a ser cool. Es el momento en que se transmite que el tamaño no importa, que el futuro estará en la sociedad de la información y en las ventajas de lo smart (inteligente). Son años en los que, con la modernización del país, se «ponen guapas». Cambian su fisonomía e incluso crecen con la «burbuja inmobiliaria». Las ciudades medias comienzan a tener sus palacios de congresos, nuevos estadios, obras emblemáticas, ponen un Calatrava o alguna obra de otro arquitecto estrella en su núcleo urbano, organizan festivales de música de pop y rock... Se sitúan en el mapa y sueñan con seguir creciendo. Interiorizan que no importa el tamaño; que su accesibilidad, tranquilidad, proximidad, etc., son valores muy apreciados a partir de esos momentos. La impresión que da es que lo que era una debilidad se ha transformado en fortaleza.

Y aparece el turismo; el turismo es otro punto de inflexión, porque todo, absolutamente todo pasa a contar con un potencial turístico. Y lo explotan. Llegan grandes cadenas y comercios que antes sólo estaban en las grandes ciudades. Sus aperturas son acontecimientos. Se levantan nuevas circunvalaciones y viales que las rodean y articulan. E incluso a no pocas ciudades medias y pequeñas llega el AVE, símbolo de la modernidad, o les ponen un aeropuerto. Los ciudadanos se sienten orgullosos de sus municipios; ya no son esos lugares que describía Carmen Maura al hablar de Logroño.

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