El otro lado del pelotazo 'blockchain': "¿Un disco por un millón? Con 8 euros es bastante"
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¿QUIÉN GANA CON LOS NFT?

El otro lado del pelotazo 'blockchain': "¿Un disco por un millón? Con 8 euros es bastante"

El 'boom' de los NFT presenta una irónica paradoja: que la música pase a convertirse en pura especulación, en la que los menos beneficiados sean los propios artistas

placeholder Foto: Kings of Leon ha sido uno de los primeros grupos en recurrir a las criptomonedas.
Kings of Leon ha sido uno de los primeros grupos en recurrir a las criptomonedas.

Los NFT, ‘non-fungible tokens’, se han convertido en la comidilla criptoeconómica de las últimas semanas, especialmente desde que el gif de ‘Nyan Cat’, el gato volador, se subastase por más de 500.000 dólares. Los NFT son productos digitales pero coleccionables, 'tokens' que registran quién posee un activo digital único. Más parecido a tener un Picasso original que una lámina de Picasso, pero que pueden asociarse virtualmente a cualquier producto, sea una obra de arte, un cromo, una canción o un disco.

¿Un disco? A muchos artistas, en especial a DJ y productores, se les ha dibujado el símbolo del dólar en las pupilas. El DJ 3LAU ha vendido 33 'tokens' de discos digitales por más de 11 millones de dólares. Kings of Leon han publicado una serie de 'tokens' que dan acceso a distintas ediciones de su último disco, como entradas para sus futuros conciertos o diseños especiales del álbum. Shawn Mendes ha diseñado versiones digitales de algunos de sus accesorios, como sus guitarras o anillos, y Grimes obtuvo seis millones de dólares en sus obras de arte. Hay mercado. ¿Hay mercado?

"El optimismo es pura propaganda, como los conciertos en Second Life"

Unos números que han hecho que más de un optimista tecnológico lo haya interpretado como la salvación de la música. En una interesante explicación, Mikel Jolett, escritor y líder de Airborne Toxic Event, recordaba que los NFT pueden ser una herramienta interesante para restablecer el valor perdido de la música. “Una de las formas en que puede revolucionar la actual industria musical es permitiendo a los músicos vender sus obras de arte a los fans que las quieran”, explicaba. “¿Cuánto pagarías para tener la edición original de ‘Poker Face’ de Lady Gaga, junto a una obra de arte visual que haya hecho?”.

Corte a la verdadera realidad de la industria musical. No se puede decir que Francisco Nixon sea un principiante: lleva 30 años en el mundo de la música, primero al frente de Australian Blonde, más tarde en La Costa Brava y en otros proyectos como su carrera en solitario o junto a The New Raemon y Ricardo Vicente. El asunto de los NTF le pilla a pie cambiado. “Me parece una opción interesante, pero no creo que por sí misma vaya a generar ingresos comparables a los que tenía la industria musical a finales del siglo XX”, responde. “Lo veo más como un objeto de ‘merchandising’, una fuente de ingresos extraordinarios, que un sustento”.

Foto: Pablo Rodríguez-Fraile. (Imagen cedida)

Está de acuerdo José Luis de Vicente, investigador cultural en Sónar, CCCB e IAAC y director artístico del último disco de María Arnal i Marcel Bagés, ‘CLAMOR’. “En relación con el mundo de la música, me parece anecdótico, porque no va a cambiar las dinámicas fundamentales”, valora. Para De Vicente, las visiones optimistas como la de Jolett son “clara propaganda-'marketing', ‘hype’ puro, como en su día fueron los conciertos de ‘Second Life”.

Como añade Ainara LeGardon, música, asesora de propiedad intelectual, https://legardon.net/ y coautora de ‘SGAE: el monopolio en decadencia’, “lejos de ser una ‘tecnología salvadora’ en pos del arte digital se puede convertir en otra herramienta más para la especulación”. La enésima revolución que va a cambiar la industria musical de arriba abajo y que queda en nada. En agua de borrajas o, simplemente, en beneficio para especuladores. Ahí está la paradoja: puede hacer ricas a algunas personas, pero no a la mayoría de artistas. La música no es el objeto, sino la excusa.

Especular con la música no es bailar

El caso de los NFT relacionados con la música es excepcional porque, al contrario de lo que ocurre con otros ejemplos como el arte o los cromos, la industria musical se basa en la difusión y no en la escasez. Como explica Guillermo Farré, músico en bandas como Wild Honey o Mittens, “es un mundo de ciencia-ficción donde falseas que puede existir la escasez en el mundo digital”. “Creando unas reglas del juego determinadas, es una convención para especular sobre algo a lo que todo el mundo ya tenía acceso”, añade

El ‘streaming’ no funciona para casi nadie, así que buscan otras alternativas

Por eso, el entorno en el que los 'tokens' no fungibles tiene mucho más sentido es el del arte, puesto que no se trata más que de otra prolongación de su exclusividad por otros medios. Por eso, como recuerda De Vicente, el 90% pertenece al mercado del arte. “Las mecánicas del mercado del arte se basan en un modelo de escasez, y no de producción en masa”, añade. “Las peculiaridades del digital se adaptaban mal a estas lógicas, donde la reproductividad es un problema, y esto aporta una solución”. Como matiza, “puede ser que, si no te interesa el arte, a lo mejor, puesto a especular, lo hagas con material que está vinculado con nombres que para ti significan algo más, como la música”.

Justo lo contrario que ocurre con la industria de la música, donde la clave se encuentra en la difusión del contenido, clave para el directo, su principal vía de ingresos en los últimos años: “No es casualidad que haya ocurrido este año con el hundimiento de la música en vivo, porque el ‘streaming’ funciona para muy poca gente”, recuerda el investigador cultural. “Por lo tanto, están buscando toda clase de estrategias, de igual manera que se ha producido el frenesí de los grandes artistas por vender sus catálogos, otros que no tienen esa capacidad están sondeando estas posibilidades”.

placeholder Fran Nixon, en directo con Australian Blonde. (EFE/Oscar L. Tejada)
Fran Nixon, en directo con Australian Blonde. (EFE/Oscar L. Tejada)

Se trata de un problema de escala: la mayoría de artistas no es que no puedan aspirar a vender su disco por cantidades astronómicas en forma de NFT, es que ni siquiera se plantean que sus discos puedan tratarse de objetos de coleccionismo. Como bien matiza De Vicente, Grimes no ha vendido ningún álbum, sino sus obras de arte. Para la mayoría de músicos, es más una versión alternativa de las tiradas limitadas de discos, de ‘merchandising’ o de eventos como los ‘meet & greet’ (conoce a tu artista preferido después del concierto) que de una verdadera alternativa de negocio. “Como pasa con las cartas Magic, solo se revalorizan unas pocas”, añade Nixon.

“La música está devaluada debido a muchos factores, uno de los más importantes, que no es posible establecer unos derechos de propiedad bien definidos, y ningún mercado puede funcionar sin derechos de propiedad”, añade. “Los NFT pueden producir objetos únicos difíciles de replicar, pero eso es algo que ya se puede hacer ahora con las tecnologías estándar. La escasez nunca fue el problema o, mejor dicho, era solo una parte del problema. ¿Por qué está el catálogo de los Beatles disponible en ‘streaming’? No es solo por una cuestión de dinero, es que si no estás ahí la gente no te escucha. Y esa es la cuestión, cómo conectar con tu audiencia. Hoy la música sucede en TikTok, YouTube... Si quieres estar solo en Bandcamp y que la gente pague por escucharte, ya lo puedes hacer, pero incurres en un coste: la visibilidad”.

"Lo haría en el caso de que alguien me diera mucho dinero, que no creo"

¿Estarían dispuestos a intentarlo? ¿Es una alternativa real? “A lo mejor los fans locos de Grimes pueden pagar 150 dólares por algo así, para la clase media, que alguien esté dispuesto a pagar ocho euros por un disco en Bandcamp ya es bastante”, explica Farré. “No me lo planteo porque no hay mercado”.

“Lo haría si pensara que aporta algo a la propia música o en el caso de que alguien me diera mucho dinero, que no creo”, añade Nixon. “Hacerlo por probar, o como argumento de 'marketing', pues, como no lo conozco, me da un poco igual. A mí me suena todo un poco a lavadero de dinero, la verdad. Pero vamos, que si alguien quiere hacerlo, me parece bien”.

La devaluación de la música

Desde hace décadas, los artistas han tenido que enfrentarse a un problema de difícil solución: la devaluación de la música. Jolett explicaba en su hilo cómo la infravaloración económica de los productos musicales ha beneficiado a la industria y perjudicado a los artistas, que apenas reciben un 12% del total (y, en algunos casos, como en Spotify, mucho menos). El modelo está roto: si el 70% de los ingresos de los artistas provienen de la música en directo, un año sin música en directo ha sido letal.

"Lo más positivo es que permiten que el autor reciba un porcentaje por cada reventa"

“Quizá lo más positivo de los NFT es que permiten que la persona autora reciba un porcentaje por cada reventa de la obra, algo muy parecido al llamado derecho de participación reconocido en la Ley de Propiedad Intelectual para quienes crean obras de arte gráficas o plásticas, siempre que los ejemplares estén numerados, firmados o debidamente autorizados”, valora LeGardon, que recuerda el caso de Wu Tang Clan y su disco ‘Once Upon a Time in Shaolin’, del que solo se hizo una copia, que adquirió el magnate Martin Shkreli por dos millones de dólares… y que solo escuchó él.

La diferencia, en este caso, es que la música no deja de estar disponible. Se trata de una cuestión de coleccionismo y especulación, es decir, del acceso a productos exclusivos que pueden revalorizarse rápido. Como recuerda De Vicente, “hay gente que tiene una determinada cantidad de ethereums en su cartera y ven que se pueden revalorizar más rápido con el NFT que como moneda de cambio”. Un nuevo Arco, en forma de ‘blockchain’: “El arte ha sido un gran refugio de la inversión en los últimos 25 años porque tenía una gran capacidad para aparcar capital”.

Hay una última observación, pero no por ello menos importante para muchos artistas: el enorme consumo energético causado por la minería de criptomonedas. Joanie Lemercier explicaba, por ejemplo, cómo la publicación de seis trabajos de criptoarte habían consumido en 10 segundos más que su estudio en dos años. Ahí será clave el paso del 'Proof of Work' al 'Proof of Service', que reduciría el coste energético en un 99%. Lo que, entre otras cosas, aliviaría los remordimientos de artistas que saben que sus ventas millonarias son un desastre medioambiental.

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