LA POLÉMICA MARTIN SHKRELI

Este empresario es "la encarnación del diablo": lo que va mal en los jóvenes ricos

Tras adquirir el pasado verano Turing Pharmaceutics, el joven inversor ha decido aumentar un 5.000% el precio de uno de sus medicamentos contra el sida, lo que ha levantado ampollas en EEUU

Foto: Una imagen subida por el propio Martin Shkreli a su cuenta de Twitter.
Una imagen subida por el propio Martin Shkreli a su cuenta de Twitter.

Aunque la industria farmacéutica es objeto recurrente de crítica, muy pocas veces sus responsables suelen dar la cara en público, conscientes de que resulta mucho más útil que la gente cargue las tintas contra algo tan absracto como “la industria”. Martin Shkreli, el CEO de Turing Pharmaceuticals, se ha saltado la regla de oro no sólo al adoptar una medida altamente impopular, sino sobre todo, al convertirse en un personaje público que no ha dudado en responder con insultos y condescendencia a sus críticos.

Shkreli, de 32 años, ha saltado a la fama (o infamia) internacional después aumentar el precio de un medicamento llamado Daraprim de 13,50 dólares por tableta a 750, es decir, un crecimiento del 5.500%, como explicaba un artículo de The New York Times. Ello ha provocado una catarata de críticas por parte de profesionales médicos e incluso figuras de primera línea de la política estadounidense como Hillary Clinton, que calificó de “intolerable” la subida. Tan fuertes han sido las críticas que finalmente ha aceptado bajar el precio del medicamento, como confirmó la noche del martes 22 a ABC News. Shkreli señaló que estaban dispuestos a hacerlo "hasta el punto de que sea asequible y permita a la compañía sacar beneficios, aunque sean pequeños".

La compañía fue adquirida por Shkreli el pasado mes de agosto por 55 millones de dólares, y una de sus primeras decisiones ha sido aumentar el precio del Daraprim (pirimetamina), un medicamento destinado a los enfermos de sida que tiene como objetivo tratar la toxoplasmosis, una infección parasitaria que suele afectar a pacientes inmunodeprimidos. Algo que provocará que muchos pacientes y hospitales deban buscar una alternativa para tratar dicha enfermedad. Si este caso resulta aún más polémico es porque el Daraprim lleva utilizándose de manera regular y eficiente desde finales de los años 50.

Según el CEO de la farmacéutica, la única manera de rentabilizar el medicamento es subir su precio en un 5.000%

Según una carta abierta enviada por la Sociedad de Enfermedades Infecciosas estadounidense y reproducida en Healio, estos nuevos costes provocarán que el coste anual del tratamiento de la toxoplasmosis sea de 336.000 dólares para pacientes que pesen menos de 60 kilos y 634.500 para los que pesen más.

Esto es lo que hay

Shkreli ha defendido su posición en Bloomberg recordando que la espectacular subida tiene como objetivo recuperar la inversión y “sacar beneficio del medicamento”. Según explicaba el empresario, es complicado que dicho fármaco sea rentable, puesto que apenas se utiliza en el sistema de salud. Además, ha defendido que los beneficios serán reinvertidos en investigación sobre la toxoplasmosis: “No se trata de la avariciosa farmacéutica intentando ahogar a los pacientes, sino de intentar seguir en el negocio”.

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El precio del Daraprim ha seguido un ascenso imparable. Hace años, una tableta tan sólo costaba un dólar, pero la adquisición de CorePharma hizo que el precio se disparase. Como señala el reportaje de The New York Times, a cada año que pasa, más rentable resulta este fármaco: en 2011, produjo 6,3 millones de dólares, frente a los 667.000 del año anterior. En 2014, las ventas supusieron 9,9 millones… Y ello a pesar de que las prescripciones se redujeron en un 25%. Shkreli ha manifestado que el precio actual del medicamento se encuentra en línea con los que suelen tener los destinados a paliar enfermedades raras.

Pero el escándalo no tiene que ver únicamente con el aumento del precio del fármaco, sino con la actitud que Shkreli ha mantenido en las redes hacia aquellos que han criticado la medida y que cada vez ha dado lugar a mensajes más virulentos. El primero fue John Carroll, el editor de FierceBiotech, una página sobre la industria farmacéutica. Este preguntó en un tuit por qué el precio había ascendido de manera tan rápida, y este respondió “es una gran decisión de negocio que beneficia a nuestros accionistas. No espero que gente como tú sea capaz de entenderlo”.

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Carroll volvió a tuitear la respuesta del CEO añadiendo “tenemos una respuesta”, algo que volvió loco a Shkreli, que respondió “eres un gilipollas” (moron). No paró ahí, sino que el empresario le definió como “un mal periodista que no comprueba los hechos ni piensa lógicamente”. Pero no se trata, ni de lejos, de la única respuesta insultante que Shkreli ha expresado durante los últimos días.

El niño rico contra todos

Twitter se ha llenado de mensajes en contra de Shkreli, como bien recoge un artículo publicado en Mic. La activista y bloguera Parker Molloy aseguraba que “hay un sitio en el infierno para gente como Martin Shkreli”. Perez Hilton señalaba: “¡estoy tan disgustado por que este inversor de hedge funds haya subido el precio de una medicación para el sida en un 5000%!” Kurt Eichenwald, periodista de The New York Times y autor de El confidente: una historia real (Galaxia Gutenberg), le llamaba “la encarnación del mal”. Incluso Hillary Clinton publicó el lunes un tuit en el que aseguraba que pronto propondría medidas para evitar casos como el del Daraprim, una declaración que propició que el Nasdaq de biotecnología se desplomase en cuestión de segundos.

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Algunos de estos comentarios han recibido respuesta directa por parte del propio Shkreli: “¿Quizá estás sacando tu frustración de otras partes de tu vida?”, respondía a a uno de ellos. El CEO llegaba a defenderse con su cuenta de Reddit, afirmando que “se trataba de un medicamento extrañamente barato, y ahora tiene un precio parecido al de sus semejantes”.

Además, ha tuiteado la letra de una canción de Eminem llamada «The Way I Am» (“parece que los medios de comunicación inmediatamente me señalan con un dedo / así que yo les señalo también, pero no con el índice ni el meñique”). En otro tuit, Shkreli recordaba que había donado cinco millones de dólares a varias causas recientemente. “Estoy esperando a que todos vosotros habléis de eso”, añadía. En contraataque, algunos han recuperado un viejo tuit publicado en octubre de 2012 en el que decía “cada vez que un medicamento pasa a ser genérico, me apeno. No lloremos por los queridos que han partido, celebremos en su lugar los beneficios y nuevos activos que nos traerá”.

La insistencia de Shkreli en trolear no sirve para nada más que para hacer a la gente más consciente de lo grotesca que es la industria farmacéutica

La corta vida laboral de Shkreli ha estado rodeada por la polémica. Proveniente del mundo de los hedge funds, en 2012 fue acusado de intentar influir en las regulaciones de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense) para manipular los precios en su propio beneficio. Además, como señalaba la acusación, Shkreli había “extendido rumores infundados e inexactos sobre los medicamentos propiedad de la compañía que estaba cortocircuitando”, lo que provocó que el valor de sus acciones descendiese sensiblemente.

Además, en 2011 Shkreli hizo algo muy parecido con Retrophin, que adquirió los derechos de algunos fármacos para subir sensiblemente su precio, algo que según Fusion ocurrió con un medicamento llamado Thiola que se utiliza para tratar una enfermedad del riñón y cuyo precio fue inflado en un 2.000%. Hace un año, el actual CEO de Turing fue despedido, y el pasado mes sus antiguos socios lo demandaron acusándolo de haber saqueado la compañía para pagar a los inversores de su fondo de inversión MSMB. Por su parte, este ha afirmado que Retrophin aún le debe 25 millones por su despido.

No se trata simplemente de una cuestión de avaricia, ni siquiera de admitir (o defender) los propios errores, sino de tomar una decisión polémica que probablemente empeore la vida de miles de personas y, además, alardear de ello. Como señalaba un artículo de Gawker, “la insistencia de Shkreli en trolear a cualquiera que se dirija a él no sirve para nada más que para hacer a la gente más consciente de lo grotesca que es la industria farmacéutica al completo, y la locura que es nuestro sistema de precios comparado con el de cualquier otra nación saludable”.  

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