"No hay dinero para pagarle al Estado todo lo que ha hecho por ti"
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"No hay dinero para pagarle al Estado todo lo que ha hecho por ti"

El filósofo y profesor cordobés publica 'Filosofía ante el desánimo' (Destino): "La sociedad actual no está infantilizada, lo que está es exhausta"

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José Carlos Ruiz. (Destino)

Afortunadamente, esta entrevista con el filósofo cordobés José Carlos Ruiz fue presencial. Nos conocimos enmascarillados en la cafetería de un hotel madrileño y menos mal que esta no fue una charla telefónica ni una videollamada, tan propias de los tiempos pandémicos. Era importante verse porque al autor del libro 'Filosofía ante el desánimo' (Destino, 2021) le preocupa mucho "la brecha entre el yo virtual y el yo real". Sostiene Ruiz que además de escritor es profesor en la Universidad de Córdoba, que el mundo digital está creando "un idiota hipermoderno". Mejor no correr el riesgo.

La gran preocupación de Ruiz es fomentar el pensamiento crítico en la sociedad. Dice, como Foucault, o más bien como don Quijote, que lo suyo es la 'microresistencia'. "Hago lo que puedo en mi entorno para cambiar las cosas", explica. "Mi obsesión es que los niños y adolescentes aprendan a hacerse buenas preguntas, que no pierdan la capacidad de asombro, la curiosidad y el cuestionamiento". Por eso ha puesto en marcha un proyecto con varios colegios en Canarias para implantar una asignatura llamada Pensamiento Crítico, de una hora a la semana, entre los chavales de 1º a 4º de Primaria. También lo ha impulsado en Córdoba, con un grupo de maestros voluntarios, cuyo resultado recogió en su libro ‘El Arte de Pensar para niños’ (2019). "Si consigo que 100 maestros puedan influir en 30 alumnos cada año, eso sería un efecto mariposa de microresistencia".

placeholder 'Filosofía del desánimo'. (Destino)
'Filosofía del desánimo'. (Destino)

Ruiz, que terminó de escribir su último libro durante el confinamiento, ya criticaba mucho antes de la pandemia "esa obsesión de ahora por salir de la zona de confort, porque con lo que cuesta construirse una, una vez que la tengo lo que quiero es disfrutarla. De mis amigos, mi familia, mi rato de lectura… Tener que romper eso constantemente en búsqueda de nuevas experiencias no tiene sentido más que como estrategia de consumo. Hemos perdido la capacidad del deleite y el reposo. Y eso le ha hecho muy difícil a la gente acostumbrada a acumular siempre nuevas experiencias tener que quedarse en casa". Y añade, mientras se quita un momento la mascarilla para darle un sorbo a la cerveza: "En un mundo donde las opciones se multiplican al infinito, se genera mucha ansiedad por acumular nuevas experiencias en vez de disfrutar de las que ya conocemos que nos gustan".

Critica el "optimismo inconsistente" por irreflexivo. Sin embargo, aunque escriba sobre el desánimo, en el fondo Ruiz es positivo. Está convencido de que "la pandemia puede que nos ayude a jerarquizar de nuevo la vida. Antes todo parecía importante todo el rato. Ir a un restaurante, no perderse un estreno… Era agotador". Por eso el filósofo cordobés sostiene que "la sociedad actual no está infantilizada, lo que está es exhausta. La gente llega al final del día sin energía, sin capacidades, sometido a tantos estímulos que lo que necesita es que lo entretengan y lo relajen. Cuando la gente se para a pensar, es capaz de hacerlo. Pero no es fácil encontrar el momento".

Para explicar los vicios del "idiota hipermoderno", sujeto muy habitual en las redes sociales, como buen filósofo Ruiz empieza por Atenas. "En la educación entendida como ‘paideia’, en la Antigua Grecia se ponía siempre por encima del individuo el criterio social. Ahora nuestra pedagogía está destinada a sacar el máximo potencial de cada individuo, pero olvida la relación del individuo con el colectivo. Y eso es atroz. En nuestras notas, a los que hicimos EGB y BUP, todavía nos evaluaban aspectos relacionados con el grupo: si el alumno trataba el material adecuadamente, si respetaba a sus compañeros… Cuando éramos niños la educación era una línea continua, que se prolongaba desde la intimidad hasta la calle, porque el vecino te podía llamar la atención si te veía haciendo una trastada. Nos educaban en el valor de lo público. Ya no. Eso ha desaparecido, ya no hay ningún criterio de evaluación en el boletín de notas en el que se intente evaluar la interacción del sujeto con los demás, para evaluar su responsabilidad, su sociabilidad… Ahora la educación se ciñe a lo privado y solo evalúa el desarrollo individual de competencias, pero desatiende su relación con el grupo".

El idiota hipermoderno

Mientras seguimos bebiendo cerveza, la conversación nos lleva a lo que el autor llama la bulimia virtual y emocional. De ahí que las redes se llenen de idiotas que solo buscan a aquellos que piensen como ellos para darse mutuamente la razón o, en caso contrario, bloquearse previo insulto: "Existe toda una industria de la felicidad para idiotas que les ofrece incentivos emocionales a modo de experiencias. Así el idiota siempre se termina reafirmando a sí mismo".

El idiota hipermoderno, explica Ruiz, es hijo del individualismo: "Es el que está más preocupado por oírse a sí mismo que en escuchar a los demás. Es el que expresa su opinión en redes sociales sin el menor pudor, sin escuchar al otro y de forma furibunda", afirma Ruiz, que da clases en Magisterio a los maestros del futuro a los que enseña pensamiento crítico.

Ruiz, que dedicó su tesis doctoral al individualismo y reconoce la influencia de ‘La era del vacío’ de Lipovetsky, no demoniza internet ni mucho menos: "Uno de los enormes beneficios que ha traído internet es un fomento de las redes de solidaridad y el compartir. Internet no es ni bueno ni malo". Sin embargo, advierte que no somos conscientes de hasta qué punto las redes sociales traen un cambio en el paradigma de la construcción de la identidad. No implica que seamos peores personas, sí más frágiles: "El individualismo lo que te hace es más vulnerable al desánimo, porque ya no tienes cerca al grupo que te hacía de parapeto. Antes la atención no estaba exclusivamente en ti y el desánimo era más fácil de sobrellevar. Ahora el desánimo, al tener menos lazos de conexión reales, está más presente que nunca. Tenemos una soledad mayor por habernos ido desligando de las señas de identidad de lo real".

"El problema no solo son los 'likes'. Es que hemos ido duplicando el esfuerzo que supone la construcción de una identidad"

PREGUNTA. ¿Acaso no son reales los amigos de los grupos de WhatsApp? ¿O la gente que nos sigue en Facebook, Twitter e Instagram?

RESPUESTA. Nos hemos ido construyendo una identidad digitalizada, pero el desánimo no es virtual sino real. Y si no has cultivado esos lazos en el mundo real, con la familia y con los amigos, cuando te encuentras con el desánimo lo digital no te va a ayudar. Lo digital potencia una idealización del yo que después no se corresponde con el yo real.

P. ¿La gente se desilusiona porque espera que le vayan dando un 'like' por cada cosa que hace?

R. El problema no solo son los likes. Es que hemos ido duplicando el esfuerzo que supone la construcción de una identidad. Antes la fuerza del carácter se hacía solo en el plano real y ya era, hablando en plata, muy jodido de construir. Pero ahora encima nos hemos echado el sobrepeso de construir un avatar digital que nos acompaña las 24 horas del día que reclama atención, tiempo e intensidad. Eso duplica la construcción de la identidad.

P. ¿Y esta diferencia entre el yo real y el yo digital no será una diferencia que está destinada a desaparecer? ¿No es una división mental que solo nos hacemos los que crecimos en el siglo XX? ¿No crees que los más jóvenes no diferencian una cosa de otra?

R. Es verdad que la gente joven con la que trabajo le da mucha importancia a su yo digital. Y cuando se conocen ya no se piden el número de teléfono, se piden el Instagram. La clave es que cada vez se va hibridando más y sin tener el pensamiento crítico desarrollado para saber diferenciar lo que es real de lo que no lo es. Mi obsesión es fomentar el pensamiento crítico para que cada vez que te acercas a una red social entiendas que el que actúa ahí es tu yo virtual.

"Mi obsesión es fomentar el pensamiento crítico para que cada vez que te acercas a una red social entiendas que el que actúa ahí es tu yo virtual"

P. A lo mejor da igual que algo sea virtual o físico, el caso es que no sea mentira. ¿Y si lo que actúa es un ‘deepfake’ de Lola Flores? Cada vez es más difícil diferenciar la verdad de la mentira.

R. El anuncio con ‘deepfake’ de Lola Flores plantea otro dilema ético. ¿La voluntad del muerto cómo se gestiona? ¿Cómo puede ser que no estemos educando la mirada?

Con cada narrativa tienes una actitud distinta. No tienes la misma actitud cuando te acercas a una película que cuando te acercas a un videojuego que a un libro. En la pantalla debería ser igual. Deberíamos educar a la gente a acercarse a las imágenes. Y no entiendo que a los políticos no se les ocurra convertirlo en una prioridad en un mundo eminentemente visual en el que las pantallas nos acompañan a todas partes.

P. No ayuda que se margine la filosofía en los planes educativos cuando más se la necesita…

R. No lo entiendo. Hace un año aprobaron por consenso que la Filosofía iba a volver y este año han vuelto a abandonarla. La sociedad va por el camino del pragmatismo. Solo cuenta si el proceso de aprendizaje se puede llevar al plano material. No si se está enseñando a pensar al alumno.

P. Se arrincona la Filosofía al mismo tiempo que hay tantos 'bestsellers' de autoayuda. En tu libro dices que esa moda de prometer felicidad con el "conócete a ti mismo" es rastrera y vil, que es un timo.

R. No creo que este mundo se interese mucho por la felicidad, sino por venderla. Es un producto estereotipado. Se impone la presión de asumir una identidad exitosa normalmente muy alejada de la realidad. Y se manifiesta en una especie de bulimia emocional que nos empuja a acumular experiencias para vomitarlas 'ipso facto' en las redes sociales. No se disfruta lo vivido, se almacena y se expulsa inmediatamente. Digo que es bulimia porque te va desgastando el organismo. La obsesión está en la acumulación y no da tiempo a volver a la experiencia. No se revisa ni se repite lo vivido. Eso ha cambiado la pedagogía del placer. Antes el placer tenía unos ritos y una repetición. Mis padres me llevaban de niño al campo a jugar con los amigos o a comer pollo al ajillo una vez al mes a un restaurante que me gustaba y a partir de ahí aprendías por repetición. El deseo iba detrás del placer. Ahora al ocio se le pide sacarle el máximo rendimiento y a diferenciarnos.

Foto: Gilles Lipovetsky. (Manuel Castells/UNAV)

P. Veníamos de una búsqueda constante de nuevas experiencias y, de pronto, la pandemia nos encierra en casa.

P. Es cierto. De hecho, ha habido una eclosión de divorcios y parejas rotas a raíz de los confinamientos. Teníamos unos rituales volcados en el exterior y con los focos de atención fuera de la pareja. No hacía falta prestarle atención a la persona con la que vives, porque la agenda estaba repleta de planes de puertas para afuera entre extraescolares, cumpleaños, bautizos, cenas… Cuando la pareja se encontraba por la noche ya estaban ambos extenuados y no existía la mirada hacia el otro… El problema es que si la identidad de la pareja la has construido de cara al esparcimiento, cuando nos encierran a todos en casa muchas parejas no estaban preparadas para el recogimiento. Y han descubierto que lo que tienen en frente cuando levantan la vista de la pantalla no les interesa.

P. Al mismo tiempo que encerrarse con la pareja ha provocado divorcios, poder conectarse por videollamadas con la persona ausente ha permitido a muchas relaciones mantenerse vivas.

R. El 'streaming' o las videollamadas están generando la falsa sensación de que eso es una relación. En realidad no creo que el 'streaming' sea una relación, sino una conexión. Una relación necesita compartir vivencias y eso se hace en vivo y en directo.

P. Pero si tu hijo está conectado jugando al Among US o al Fornite en una partida, ¿acaso no está compartiendo la experiencia de esa partida aunque sus amigos estén en otra habitación?

R. No estaría compartiendo una experiencia. Más bien exhibiéndola. En una partida de eSport no hay dos personas jugando, son dos avatares jugando.

placeholder El filósofo José Carlos Ruiz. (Destino)
El filósofo José Carlos Ruiz. (Destino)

P. ¿Y qué diferencia hay entre compartir una partida 'online' que en persona?

R. Es muy diferente. En una partida de cartas presencial entran los cinco sentidos. En la pantalla te tienes que conformar con la vista y el oído. Pasa con la educación 'online'. Hemos visto que no funciona, sobre todo con los niños pequeños. Necesitas presencialidad, porque es lo que te da la riqueza incluso. Hay muchos procesos inconscientes de acumulación de información para la conformación de identidades que empobrecen las pantallas.No digo que las conexiones sean malas, pero no las confundamos con las vivencias. Hemos tomado cervezas virtuales con amigos durante el confinamiento por necesidad, pero esas amistades estaban cimentadas en vivencias previas. El problema es cuando confundes los planos o no los separas. Y cada vez le está pasando a más gente, que tras idealizar un yo virtual siente mucho desánimo con su vida real cuando se miran a un espejo.

P. Habría también que educar en la gestión de expectativas…

R. Es que si te dicen continuamente que puedes conseguirlo todo y te lo crees, luego tienes un problema cuando descubres que no es verdad. Se ve también en el plano de la relajación de la simbología estética. Antes los ricos se vestían de forma muy diferente de los demás. Ahora ves a Steve Jobs vestido con vaqueros y un jersey negro y te crees que tú puedes ser igual que él. Si coges la excepción y la conviertes en norma, estás falsificando lo real. La gente tiene que darse cuenta de que aunque Jobs lleve tu mismo teléfono y tus mismas zapatillas, sus posibilidades están a años luz de las mías. Y es importante ser consciente de ello. Pero como todo se va hibridado perdemos perspectiva. Antes las modas estaban pensadas para un 'target' de edad y un anuncio iba para alguien de 35 a 55 años y el que no estaba interpelado no se daba por aludido. Ahora el sistema ha sustituido la moda por la tendencia, de modo que todos los anuncios te interpelan. Eso permite que mi madre de 75 años vaya a hacer pilates con mi alumna de 21 y ambas lleven las mismas mallas puestas. Esto hace 25 años era impensable. O que mi padre tenga el mismo 'smartwatch' que mi amigo Raúl que tiene 35 años menos que él y lleven los mismos vaqueros. La tendencia se ha convertido en un espacio ilimitado que universaliza al consumidor.

"Aunque Steve Jobs lleve tu mismo teléfono y tus mismas zapatillas, sus posibilidades están a años luz de las tuyas"

P. Seguramente con la pandemia estemos viviendo el mayor acontecimiento histórico de nuestras vidas y, sin embargo, empieza a ser habitual la saturación informativa. ¿Hemos perdido la capacidad de asombro?

R. Hemos perdido la capacidad de asombro por saturación. Estamos tan saturados de lo virtual que hace que lo real cada vez nos sorprenda menos. Los criterios de atención están cada vez más educados en lo digital, que implica más velocidad en la imagen, más cambio… Y eso hace que estemos perdiendo interés en la realidad porque todo parece más lento, más intrascendente. El mundo digital está colonizando el mundo real.

P. ¿Pero el mundo virtual de los youtubers no tendría que pagar impuestos en el mundo real? Entonces es el mundo real el que coloniza el virtual.

R. Hoy discutía con mi hijo, de 15 años, sobre esto. "Es que su dinero lo ha ganado él solo, papá", me decía. Pero tú no puedes crear tu patrimonio solo, que es el argumento que más han utilizado los youtubers. Desde que se levanta El Rubius, ¿cuánto dinero hemos invertido como Estado en la carretera que él ha pisado cada día, en la policía que le ha dado seguridad, en los colegios que lo educan a él y a sus espectadores? No hay dinero en el mundo para pagarle al Estado todo lo que ha hecho por ti desde que naces. Nos beneficiamos de infinidad de cosas que han hecho por nosotros los que vinieron antes, pero la gente no lo ve por la miopía del individualismo. No me digas que te has hecho a ti mismo porque desde que naces te mueves en una sociedad que te ha permitido desarrollarte. Hay jueces, hospitales, cultura… ¿Y eso cuánto vale? La gente se llega a creer que se ha hecho a sí misma porque ha desaparecido la ‘paideia’.

P. ¿Y qué te dijo tu hijo?

R. Al final me daba la razón. Cuando lo analizas, te das cuenta. La gente no es tonta.

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