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Estados Unidos vs. China: ¿al borde de una guerra nuclear?

Desde la revolución de Mao, Estados Unidos ha intentado controlar el crecimiento de China en un enfrentamiento soterrado que vive una escalada imprevisible en los últimos años

Foto: Xi Jinping y Donald Trump frente a frente en una cena en Buenos Aires.
Xi Jinping y Donald Trump frente a frente en una cena en Buenos Aires.

Primero, no se asusten. O sí. Eso ya depende del fatalismo —¿o previsión?— de cada uno. Explica Steve Starr, profesor del Programa de Ciencia Clínica de la Universidad de Missouri, que en caso de que China y Estados Unidos se enzarzasen en una guerra nuclear usted, yo y el vecino del quinto acabaríamos, más o menos, como en 'La carretera' de Cormac McCarthy. "Las consecuencias ambientales de la guerra nuclear, a largo plazo, pueden acabar con la raza humana", avisa en el documental 'La nueva guerra en China' (2016), disponible en Filmin, y que se puede recuperar para entender el contexto de las hostilidades estratégicas entre ambos países que un día sí otro también se cuelan en las páginas de internacional: las disputas arancelarias, el veto de Estados Unidos a Huawei —que tiene consecuencias globales— o la respuesta china en forma de investigación y posible sanción a FedEx y la creación de una lista de "entidades extranjeras no fiables" para los intereses chinos.

La hipotética detonación de "una ojiva china de cuatro o cinco megatones" "prendería fuego a una superficie de casi 100 km cuadrados y en 20 o 30 minutos todos esos fuegos se fusionarían en una sola tormenta de fuego gigantesca. No habría escapatoria, así que toda la gente de allí perecería. Estados Unidos, con cientos de armas nucleares en las ciudades chinas, si se combinara todo el humo de estas armas nucleares detonando se crearían millones de toneladas de humo de carbono negro que se elevaría por encima de las nubes en la estratosfera, y el sol lo calentaría y actuaría como un colector solar. Y ese humo permanecería allí durante 10 años o más, y bloquearía el calentamiento de la luz solar, que no llegaría a la superficie de la Tierra, y haría tanto frío en cuestión de sólo un par de semanas que las temperaturas caerían bajo cero todos los días durante uno a tres años. Demasiado frío para cultivar alimentos durante, al menos, diez años o más". Una distopía alentadora.

Una imagen de las bases estadounidenses en el mundo. (Filmin)
Una imagen de las bases estadounidenses en el mundo. (Filmin)

Precisamente, también en 2016, el politólogo estadounidense Graham Allison publicó su libro 'Destined for War: Can America and China Escape Thucydide's Trap?', en el que relaciona la escalada de tensión geoestratégica entre ambas potencias con los desencadenantes de la Guerra del Peloponeso que analizó Tucídides en el siglo V a.C. "La guerra era inevitable, por el ascenso de Atenas y el miedo que eso inspiró en Esparta", parafraseaba Allison en un artículo en 'El País'. "El proyecto de historia aplicada que dirijo en Harvard ha encontrado, en los últimos 500 años, 16 casos en los que el ascenso de una gran nación trastocó la posición de otra nación dominante. Doce de ellos terminaron provocando una guerra".

China es el país que mayor porcentaje representa de la facturación del mercado económico mundial (18% en 2016)

Y es que, en las últimas décadas, China se ha destapado oficialmente como la principal amenaza a la hegemonía de Estados Unidos. Porque el país asiático, el gigante dormido, ha despertado. Ya no es sólo una potencia demográfica con más de 1.300 millones de habitantes. Sino que su apertura al libre mercado durante el gobierno de Deng Xiaoping a finales de los 70 da sus frutos más de tres décadas después, cuando se ha convertido en la primera economía en términos de paridad de poder adquisitivo, es el país que mayor porcentaje representa de la facturación del mercado económico mundial (18% en 2016) y el que más multimillonarios alberga, superando a Estados Unidos en 2015. Una patada en el ego de una nación acostumbrada a dictar el ritmo desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

China se ha desarrollado como una potencia económica. (Filmin)
China se ha desarrollado como una potencia económica. (Filmin)

Pero lo que le falta a China, como demuestra el documental dirigido por John Pilger, es la hegemonía en el relato. 'La nueva guerra en China' desvela como Estados Unidos ha construido una narración que ha calado en todo el mundo occidental con China como principal antagonista, como la amenaza a la estabilidad internacional. "A menos que haya una reforma dramática dentro de China algún día será nuestro enemigo", avisa el General retirado Franklin Blaisdell. el historiados estadounidense Theodore H. White, asesor de la Casa Blanca, también dijo en 1960 que “quizás China es demasiado grande para ser gobernada con misericordia”. Y de la boca de Nixon salió que "China es la causa básica de todos nuestros [sus] problemas en Asia", y de uno de sus colaboradores que "en aras de nuestra seguridad, podría ser necesario prepararse para la posibilidad de un ataque chino con misiles".

Trump: "No podemos permitir que China ‘viole’ a nuestro país. Y eso es lo que está haciendo. Es el robo más grande de la historia del mundo"

Estados Unidos, cuna de Hollywood, entiende muy bien los malabarismos discursivos que llevan al triunfo de la imagen, de la marca. Mientras Obama predicaba la necesidad de desnuclearizar el planeta, la inversión armamentística en Estados Unidos crecía como nunca desde la Segunda Guerra Mundial hasta los 600.000 millones de dólares anuales. Y la teoría de Pilger —y de muchas de las voces del documental—, es que ambos países viven una especie de Guerra Fría que en cualquier momento, y sobre todo con líderes como Trump —quien dijo "No podemos permitir que China ‘viole’ a nuestro país. Y eso es lo que está haciendo. Es el robo más grande de la historia del mundo"—, puede encenderse como una bomba de hidrógeno.

Estados Unidos ya 'colonizó' China en 1900.
Estados Unidos ya 'colonizó' China en 1900.

De vuelta al relato, el documental de Pilger recuerda que, mientras el mundo acusa a China de explotación laboral —correcto—, Gobierno autocrático —correcto—, falta de libertades —correcto— y una política económica agresiva que necesita contención. Y un reducto comunista, un apelativo bastante cuestionable. Desde China, la autodescripción oficial es la de un país que ha abrazado el libre mercado, pero no el capitalismo. "China es una economía de mercado vibrante, pero no un país capitalista", porque "no hay manera de que un grupo de multimillonarios pueda controlar el politburó" y porque "el capital no está por encima de la autoridad política"; "el capital no tiene derechos consagrados".

China no es un país capitalista" porque "no hay manera de que un grupo de multimillonarios pueda controlar el politburó"

Tampoco se habla en los medios occidentales se habla menos de las mil bases militares de Estados Unidos fuera de su territorio —ahora han desarrollado las 'bases nenúfar', más precarias y secretas y que no cuentan como tales de cara a la galería— o las 32 bases militares esparcidas por Okinawa, desde las que se ha bombardeado Corea, Camboya, Vietnam, Afganistán e Irak. Ni de la política de hostigamiento desplegada por Estados Unidos en el Pacífico desde principios del siglo XX, primero por el control del contrabando de opio —como curiosidad, el abuelo de Roosevelt, Walter Delano, fue algo así como un narco decimonónico, el mayor traficante de opio de todo Estados Unidos— y luego con la colonización por fideicomiso de las islas de la zona y los diferentes conflictos bélicos con los países de la zona en la segunda mitad del siglo XX.

Bombardero estadounidense busca objetivo japonés.
Bombardero estadounidense busca objetivo japonés.

No todo es Vietnam y Corea. Entre 1946 y 1978 Estados Unidos lanzó "el equivalente a una bomba de Hiroshima cada día durante 12 años” en las Islas Marshall, sin evacuar a la población. Una isla entera se desintegró y la mayor parte de los habitantes, descritos como salvajes —el hombre blanco trajo dinero, religión y mercado a su isla—, han padecido trastornos graves por la radiación después de que los experimentos convirtiesen la zona en "el lugar más contaminado del planeta". Tampoco se publicita mucho que una cuarta parte de los habitantes de Okinawa murieron en la invasión de la isla japonesa por parte de Estados Unidos en 1945, ni que en una segunda invasión en 1955 los soldados americanos se apoderaron de tierras, quemaron granjas y mataron al ganado.

Si la guerra del Peloponeso, que enfrentó a Esparta y Atenas durante más de 26 años, estuvo precedida de décadas de hostilidades, muchos de los analistas que aparecen en el documental parecen advertir de que la historia es susceptible de repetirse. "Lo que hizo la guerra inevitable fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que eso causó en Esparta". Pero un conflicto armado entre ambas potencias sería fatal, y es muy improbable que los organismos internacionales permitan que se pase de las hostilidades soterradas, de la fría discordia. Esperemos. Y, los más agoreros, que vayan construyendo el búnker.

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